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Shabat Shalom


Emor



Contando el Omer
Levítico 21-24

Una famosa parábola describe cómo un hombre pobre, desesperado por encontrar los medios para mantener a su familia, se embarca en dirección a costas lejanas. Trágicamente, su embarcación se hundió en el tormentoso océano, pero de alguna manera él se salvó y llegó hasta una isla tropical. Para su asombro, cuando llegó a la costa vió que la isla estaba literalmente cubierta con diamantes. Había diamantes en la playa, en los caminos, en todos lados había diamantes.

Con la determinación de regresar a su casa, él encontró un constructor de barcos en la isla y le ofreció pagarle con diamantes para que construya una embarcación para él. El hombre comenzó a reír y le dijo: "Pero, ¿qué voy a hacer yo con estos diamantes sin valor?!".

El extranjero pronto aprendió que el elemento de valor en la isla era la carne de cartílago. Trabajando muy duro durante algunos años, él pudo juntar suficientes cartílagos no sólo para pagarle al constructor del barco sino también para llevarse muchos con él. Cuando su barco estuvo listo, el extranjero lo llenó con cartílagos y comenzó su viaje a casa.

Cuando llegó al destino tan esperado, su familia estaba más que feliz de verlo. Orgullosamente, él anunció: "Somos ricos!". Él abrió el barco y les mostró a ellos… los cartílagos! Un gran silencio había en el aire. El hombre pobre se dió cuenta de su trágico error y comenzó a llorar.

Cada uno de nosotros, de alguna manera, somos ese hombre pobre. Llegamos a este mundo para lograr ciertas cosas y defender y elevar ciertos valores, pero frecuentemente perdemos nuestro camino en el frenético ritmo de la vida moderna. Demasiado frecuentemente, ya sea que escojamos la carrera a cambio de nuestra familia, o que hagamos el trueque entre la conveniencia y los valores, nos encontramos a nosotros mismos canjeando diamantes por cartílagos.

Trágicamente, nunca podremos volver a ganar ese tiempo perdido.

¿Cómo podemos combatir esta confusión?

Una de las herramientas más poderosas que ofrece el judaísmo es el Shabat. En shabat, el judío se libera de las frenéticas y absorbentes actividades semanales - en función de dar un paso hacia atrás y reflexionar sobre los elementos verdaderamente importantes de la vida. En shabat, pasamos más tiempo en el hogar con la familia, y en la sinagoga con nuestro D'os. Vamos a caminar, repasamos los logros de la semana y contemplamos la dirección de nuestra vida.

El judaísmo dice que hay otras dos oportunidades poderosas para trabajar en la evaluación de nuestras acciones: las grandes fiestas y el período entre Pesaj y Shavuot. Este período, descripto en la parashá de esta semana, Emor, es conocido como el tiempo de "contar el omer". Comenzando en el segundo día de Pesaj, la Torá nos ordena contar 49 días hasta Shavuot, la celebración del recibimiento de la Torá en el monte Sinai.

De acuerdo a muchos comentaristas, el propósito de esta cuenta es unir la fiesta de Pesaj con la fiesta de Shavuot. A pesar de que los judíos recibieron la libertad física en Pesaj, esa libertad, esencialmente, no tenía ningún propósito hasta que les fue entregada la Torá en el monte Sinai en Shavuot. Entonces Shavuot es el propósito final del episodio de Pesaj. El hecho de contar los días hacia Shavuot nos recuerda que debemos enfocarnos en metas significativas, así como está simbolizado por la Torá y el monte Sinai.

Otras fuentes (Najmánides y Abarbanel) notan la asociación entre la cuenta del omer y la estación de la cosecha. La palabra "omer" es una medida de peso y se refiere a la cantidad de harina de cebada que era llevada como ofrenda al Templo en el segundo día de Pesaj. Esta ofrenda se ofrecía en el tiempo de la cosecha de la cebada y era una expresión de agradecimiento a D'os. Al final de los 49 días de la cuenta, en el tiempo de la cosecha del trigo, una ofrenda de harina de trigo era también llevada al Templo.

De acuerdo con Abarbanel, la población agraria - inmiscuida en las actividades del campo - podía llegar a compenetrarse demasiado en su trabajo y olvidarse del significado de este período. La cuenta del omer servía para actuar como un freno en ese proceso, y los ayudaba a reenfocarlos en los valores representados por la fiesta de Shavuot.

Durante estas semanas - cuando los judíos de todo el mundo están contando el omer - ésto se ha convertido en otro recordatorio del mundo moderno para que observemos los diamantes de nuestras vidas… y no los cartílagos.

Emor Lej Leja Vaierá



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