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Shabat Shalom


Parashat Mishpatim
Por. Rav Arie Natan



El Primer Pacto.

El sistema de acontecimientos que precedieron a la entrega de la Torá envuelve una serie de hechos cuya importancia es trascendental, tanto para el entendimiento de los acontecimientos mismos, como para la internalización de los conceptos que comprende la revelación en el monte Sinaí.

El tema de la entrega de la Torá se extiende en el libro de Shemot en dos secciones principalmente, en la sección Yitró y en Mishpatim. Mientras que en Yitró escuchamos los diez mandamientos, en nuestra sección semanal observamos el proceso que siguió a la entrega de los mismos y las circunstancias que acompañaron a la revelación.

Para poder introducirnos en el estudio del pacto realizado entre el Creador del mundo y el pueblo de Israel, haremos un poco de memoria sobre los hechos relatados en la parashá de Yitró: la Torá nos relata (Shemot 19,1) que en el primer día del tercer mes (Siván) el pueblo de Israel acampó frente al monte Sinaí en el desierto del mismo nombre, acentúa la Torá el hecho que dicho acampar fue acompañado de un sentimiento de unidad, reflejo de una profunda madurez y entendimiento de lo que habría de ocurrir, así Rashí señala: "como un hombre, con un solo corazón".

El segundo día del mes, por primera vez Moshé asciende al monte para escuchar las palabras que el Creador quiere comunicar por medio de él, todas las veces que Moshé ascendió al monte fueron de madrugada para recalcar la conducta de los hombres piadosos que procuran cumplir sus deberes lo antes posible, entonces Hashem le indica que hay ciertos mensajes que deben ser entregados a Israel en tanto pueblo, dentro de los cuales se encuentran las mujeres denominadas "la casa de Yaakov" y los hombres llamados "hijos de Israel", así queda de manifiesto la participación de todo el pueblo en los sucesos que estaban ocurriendo. Moshé baja ese día con una propuesta clara, Israel deben a través de la Torá transformarse en una congregación de sacerdotes y un pueblo santo, es decir los conceptos espirituales que serán entregados en el Sinaí moldearán la entidad histórica del pueblo para identificarlos desde entonces como una congregación de intermediarios entre el Soberano del universo y toda la humanidad, en esto radicará la santidad de Israel. Los ancianos de Israel reunidos aceptan la propuesta divina y todo el pueblo responde que todo lo que Hashem comunique será cumplido: "y respondió todo el pueblo juntos y dijeron: todo lo que hable Hashem haremos" (Ibíd. 19,8).

Al día siguiente, el tres del mes de Siván, Moshé sube por segunda vez al monte para informar a Hashem sobre lo dicho por el pueblo, y aunque era innecesario tal informe, debido a la omiscencia divina, no obstante aprendemos una importante regla de urbanidad del hecho que Moshé informó personalmente sobre lo pedido. En esta ocasión nuevos mensajes fueron comunicados, el plan divino consistía en que una nube bajaría sobre el monte, Moshé entraría dentro de ella y el pueblo sabría de este modo que Hashem está hablando con él, luego Moshé comunicaría los mandamientos al pueblo. Cuando este plan fue expuesto por Moshé frente al pueblo de Israel, estos prefirieron que fuese Hashem mismo quien hablaron con todo el pueblo, sin necesidad de intermediarios: "una respuesta sobre esto he escuchado de ellos, ellos quieren escucharlo de Ti, no es lo mismo escuchar por boca de un ministro que escuchar por boca del rey... nuestro deseo es ver a nuestro rey" (Rashí a ibíd. 19, 9).

Moshé sube por tercera vez, la madrugada del día cuatro de Siván, e informa a Hashem el deseo del pueblo. Simplemente Hashem acepta y le ordena una serie de normas que acompañarán la entrega de la Torá, entre ellas cabe destacar la necesidad de la purificación y del distanciamiento del monte, así debían los hombres de Israel apartarse de sus esposas y guardar por dos días (el cuatro y el cinco de Siván) reglas de extrema pureza, junto con la prohibición de no acercarse al monte ni tocarlo. Esta preparación sería la disposición anímica y espiritual que el pueblo debería adquirir para poder recibir los mandamientos que serán expresados por Hashem, y de tal modo Moshé comunica al pueblo sobre las normas dispuestas como preparativo para el día seis de Siván, en el cual la presencia divina bajará sobre el monte y hablará a todo el pueblo. La sección de Yitró relata posteriormente la entrega de los diez mandamientos, la cuarta vez que Moshé subió al monte Sinaí, el día seis de Siván, y su posterior ascenso por quinta vez para internarse en el grosor de la nube y permanecer con el Creador por cuarenta días estudiando la Torá, período que culminará cuando reciba las primeras tablas escritas por el propio Creador del mundo.

Después que en nuestra parashá se mencionan diversas reglas que giran en torno a la convivencia social y a la fundación de una nueva sociedad, esta vez edificada sobre las bases de los mandamientos divinos; los versículos nos introducen nuevamente en el proceso previo a la revelación del Sinaí, siguiendo la explicación de Rashí que nos enseña que esta sección ocurrió antes que fueran entregados las leyes mencionadas en el principio de nuestra parashá. Comienza el capítulo veinticuatro a recordarnos aquello que sucedió el día cuatro de Siván, después de informar los deseos del pueblo de escuchar todo directamente de Hashem, al descender del monte escribe la historia del mundo y del pueblo, "escribió Moshé todas las palabras de Hashem" (Ibíd. 24, 4), los sabios maestros nos han enseñado que Moshé escribió bajo inspiración divina desde el libro Bereshit hasta ese momento en el que se encontraba (cf. Rashí), este libro será denominado en los siguientes versículo "el libro del pacto" y tendrá una relevancia suma en los momentos previos a la entrega de los mandamientos.

Al día siguiente, es decir el cinco de Siván, también muy temprano Moshé construye un altar (ese día no subió al monte) y lo rodea de doce piedras, una en representación de cada una de las tribus. Sobre el altar edificado en las faldas del Sinaí fueron ofrecidos dos tipos de sacrificios, holocaustos, o sea sacrificios que se quemas por completo y ofrendas de paz, cuyas normas prescriben que parte del animal sea quemado, parte lo reciba el que hace la ofrenda y parte el dueño. Los animales que fueron presentados en ofrenda fueron toros, un toro será holocausto y otro ofrenda de paz, y los encargados de realizar los sacrificios fueron los primogénitos de Israel, como tributo a la salvación que vivieron en Egipto donde no murieron como el resto de los primogénitos del lugar, serían ellos los encargados de servir en el Templo como ministros del pueblo delante de Hashem, y esta vez frente al monte comenzaron con su ministerio. Después de haber realizado los sacrificios, Moshé separa la sangre de las ofrendas y la mitad rocía sobre el altar, mientras que la otra mitad la deposita en vasos especiales, procede Moshé a leer el "libro del pacto" delante de todo el pueblo y como respuesta terna de las almas presente en aquel acontecimiento, el pueblo aceptan recibir la Torá que vendrá desde el cielo: "y dijeron: todo lo que hable Hashem, haremos y entenderemos" (Ibíd. 24, 7). Ante la reacción del pueblo de Israel, Moshé toma la sangre de los vasos y la esparce sobre la congregación, como señal del pacto entre ellos y Hashem, este es el primer pacto que Israel realiza con el Creador, el segundo ocurrirá antes que Moshé muera, cuarenta años después de este momento.

Este proceso por medio del cual el pueblo se comprometió en el acto a aceptar la Torá, marcó la personalidad de Israel para siempre, el largo camino que los patriarcas habían recorrido y el sufrimiento de los hebreos en la fragua de hierro que fue Egipto, llegaban a su momento máximo, aquí frente al monte de Hashem, después de haber pasado revista a la historia de la humanidad y a la suya propia, absorbiendo las señales del compromiso eterno, "la sangre del pacto", este pueblo amarra su designo a los mensajes espirituales que serán comunicados el día siguiente. Tres etapas podemos percibir en este proceso, durante el día cinco, aquel día que Moshé permaneció en el campamento, como señal de iniciativa humana pura dentro de los planes divinos. Una primera etapa fue el sacrificio de los toros y la separación de su sangre: "dos vasos hubo, uno para la mitad de la sangre del holocausto y otro para la mitad de la sangre de la ofrenda de paz para rociar sobre el pueblo" (Rashí a ibíd. 24, 6), esta etapa simboliza la expresión del alma, en tanto néfesh (la parte espiritual conectada con las actividades biológicas de la persona) dentro de la realidad del pacto. La segunda etapa consistió en la lectura del "libro del pacto" y se relaciona con el espíritu humano, el rúaj, cuya expresión mayor se ve reflejada en el estudio de la Torá y en la manifestación de la voluntad humana "haremos y entenderemos". La última etapa de este proceso previo fue el rocío de la sangre que estaba en los vasos, siendo finalmente el punto que selló el pacto, está aludida su conexión íntima con la vida espiritual en el hecho que se relate este momento en el versículo ocho, en hebreo "shmoneh", adjetivo numeral que contiene las mismas letras de la palabra "neshamá", alma, así este pacto en su sello se introduce profundo en el alma, parte más elevada de la vida espiritual humana. Es decir, todas las partes principales del alma de cada uno y uno de Israel estaban presentes en el primer pacto, en ese momento como también ahora lo internalizaron, lo expresaron y lo mantuvieron.

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