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Desde Elul Hasta Yom Kipur


Visita del Rey - Dos parábolas



¿Qué Pediremos en Nuestras Oraciones?

Es frecuente que se relate la siguiente parábola antes de Rosh Hashaná.

Un rey tenía que castigar la desobediencia de su hijo desterrándolo a una tierra lejana. El príncipe, que no había aprendido nunca algún oficio, no sabía cómo sustentarse, y vagaba de pueblo en pueblo, viendo qué podía hacer para ganarse la vida.

Finalmente, decidió ser pastor, puesto que esto no requería de alguna destreza especial. Pero tenía que estar largas horas bajo el ardiente sol en los apacentaderos y, por ende, sentía que el trabajo era insoportable.

Luego, el príncipe notó que los demás pastores se construían pequeñas cabañas con ramas y palos; hizo todo lo posible por imitarlos, pero no logró nunca fabricarse una. Como no se le había enseñado jamás trabajos manuales, todos sus intentos fracasaron. Y así pasó el príncipe los meses y los años, sufriendo la crueldad del sol.

Un día, el príncipe se enteró por los habitantes del pueblo de que iba a suceder un gran acontecimiento: el rey iba a viajar a una ciudad cercana donde habría una parada, y toda la gente de la región se congregaría allí. Existía una tradición que permitía a cualquiera pedir un deseo en un pedazo de papel y tirarlo dentro del coche real, cuando éste pasase. Entonces, el rey leería y otorgaría las peticiones.

El día de la parada, el príncipe se unió a los habitantes del pueblo que se dirigían a dicha ciudad. Pidió en un pedazo de papel que se le diera una pequeña cabaña para poder protegerse del sol, y lo tiró dentro del coche real; su petición cayó a los pies del rey.

Al abrir la pequeña nota, el monarca reconoció de inmediato la escritura de su hijo y se puso a sollozar amargamente. "A lo que ha llegado mi hijo", lloraba. "Ya ni recuerda que es príncipe. No pide volver a la corte real donde no le faltaría nada Sólo aspira a tener una pequeña choza para estar menos incómodo en la posición a que se ha resignado."

En Rosh Hashaná se nos da acceso al Rey Divino para presentarle nuestras peticiones. Uno pide riqueza; otro, deshacerse de algunos opresores; otro, anhela mejorar de una enfermedad; y éste pide una morada más cómoda. Todos han olvidado que son príncipes. No piden ser liberados del exilio y aceptados nuevamente en la corte donde todo sus deseos serían realidad. Cuan grande debe ser el dolor de nuestro Padre al recibir estas peticiones y ver que hemos olvidado el único lazo que tenemos con El, y nos resignamos a niveles degradantes, en que nuestras aspiraciones no van más allá de "una choza de paja".

En verdad, muchos no sabemos realmente cómo rezar.


Aprovechemos estos Días

"SI GUARDAREIS BIEN TODA ESTA PRECEPTIVA QUE YO OS PRESCRIBO HOY PARA QUE REALICÉIS, DE AMAR AL SEÑOR, VUESTRO D'OS, ANDAR EN TODOS SUS CAMINOS Y APEGARSE EN EL…"
(Debarim - Deuteronomio XI, 22)

Tratemos de entender este mensaje mediante una parábola.

El dueño de una hostería prosperó tanto que sus vecinos menos ricos se volvieron envidiosos y se propusieron desterrarlo y apoderarse de la hostería. Se dirigieron a ciertas autoridades de gobierno y dejaron constancia de falsas acusaciones en contra de él. Luego, sobornaron a las personas "adecuadas" para asegurarse de que todos iban a creer en ellos. Sin ni siquiera mandar a llamar e interrogar al hostelero, la corte oficial del emperador lo sentenció a cadena perpetua con trabajo forzado.

El pobre hombre hizo lo imposible por tratar de hacer revocar su sentencia. Contrató a los mejores abogados de la región. Pidió a gente que conocía los jueces de la corte que intercediera en su favor. Movió cielo y tierra, pero todo fue en vano. Nadie logró cambiar o levantar la sentencia.

Pero sus amigos le pidieron que no perdiera la esperanza. "Aún queda algo por hacer", le dijeron. "Vemos que lo único es ir donde el emperador y presentarle tú mismo el caso. Todos sabemos que es justo y misericordioso y que siempre escuchará la petición de uno de sus súbitos. Si llegas a convencerlo de tu inocencia, puedes estar seguro de que no dejará que la blasfemia caiga sobre ti."

El emperador acostumbraba una vez al año a sacarse sus vestimentas reales y vestirse con ropa ordinaria, para viajar de incógnito por sus tierras; así, nadie lo reconocía. De esa manera podía ver qué acontecía realmente en su país, y cómo prosperaban y se llevaban sus súbditos entre ellos.

Por casualidad del "destino", llegó a la ciudad donde vivía el hostelero y se hospedó incluso una noche en su hostería. Pero nadie supo quien era él. Sólo se descubrió la verdad después de su partida.

Cuando el hostelero se enteró de que el propio emperador había estado en su posada, se puso fuera de sí. Necesitaba desesperadamente ver al emperador para exponerle su caso y convencerlo de su inocencia…¡y él se había hospedado en su hostería! Podría haberse dirigido directamente a él y el emperador lo hubiera escuchado. Y había dejado pasar la oportunidad.

Empezó a rasgar su ropa, con gritos de agonía. "Ay de mí; Ay de mí. El gran emperador vino aquí mismo, a mi posada. Podría haberle planteado mi caso, implorando su misericordia. Y dejé pasar la oportunidad. ¿Como podré acceder a él ahora? Está lejos, encerrado en su palacio, bajo la guardia de cientos de centinelas que cuidan dentro y fuera del recinto, para que nadie pueda acercarse a él."

Esto es exactamente lo que sucede en la tierra con los seres humanos. Durante los diez días que tenemos antes de Yom Kipur, Hashem está con nosotros, esperando nuestro arrepentimiento.

Es el mejor momento que tenemos para acércanos a El e implorarle, mediante nuestras oraciones, que cuide de todos nuestras necesidades, ya sea con respecto a nuestros hijos, salud o dinero. Cuántos dejan pasar esta oportunidad. Ya no pueden hacer Teshuvá, cuando intentan verlo en su morada celestial, en el Más Allá. Es incluso muy poco probable que puedan acceder a El.

Ojalá tenga todo judío esto en mente para poder aprovechar sus oportunidades, mientras el Soberano Divino esté con él, en su posada.

¿Cómo puede una persona admitir sus pecados en la víspera de Yom Kipur? Debe decir lo siguiente:" Admito todo el mal que haya hecho ante Tí. Seguí el camino erróneo. No volveré a hacerlo. Pueda ser tu deseo Señor mío perdonar todos mis pecados."


Extraído de la Revista “El Kolel” con la autorización de sus editores.




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