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Vida judía


Estar en paz consigo mismo
Por. Rav Elchanán Hertzman Z



La paz de un hogar no empieza entre marido y mujer cuando ya se tiene casa propia, sino que ha de iniciarla la propia persona, consigo mismo. En un principio, habrá tenido que encauzar las características del animal que llevaba dentro, para que no irrumpan en su boca desgarradora. Atar las manos del animal que hay en el ser humano para que no destroce a otras personas con sus garras; amarrarle los pies para que no pisotee a los transeúntes que van tranquilos y confiados por la calle; y, sobre todo, sus cuernos, para que no ensarte y destruya cuanto se ponga en su camino.

Al igual que sucede con el lugar donde viven animales salvajes, que si se quiere fundar en él un pueblo no se puede hacer más que extirpando antes del bosque todos los árboles silvestres que hay en los alrededores y expulsando las fieras del lugar, tampoco al hijo deben los padres que enviarlo al exterior, casarlo y que forme una familia hasta que no haya pulido sus características salvajes, porque destruirá a su esposa y a sus descendientes.

Padres y maestros tienen que sentir la gran responsabilidad que les incumbe cuando llevan al palio nupcial a un hijo salvaje y sin educar ya que la otra parte les echará la culpa y no podrá perdonarles su sufrimiento y su infortunio. Los padres y maestros que así se comportan, no atraen sobre sí ninguna bendición, haciendo la desgracia de una familia buena por haber sido perezosos y no haberse tomado la molestia de vigilar a su hijo, educarlo y enmendar sus defectos para que no creciera salvaje destruyendo y pisoteando groseramente todo lo bueno que le rodea. Aunque ese hijo sepa dominar por un rato sus malos rasgos de carácter y en el momento de encontrarse con la candidata sepa vestirse bien, ayudarse de buenas palabras y de las admirables fotos de sus abuelos de ensalzada estirpe, inmediatamente después de la boda, la fiera que hay en su interior recuperará su estatura, saldrá al exterior y arrojará lejos de sí los ropajes humanos que se puso sólo para la ocasión y por el qué dirán, y se destrozará a sí mismo y a su cónyuge.

Se cuenta de un ciervo que se le enredaron los cuernos en un espeso bosque y no podía liberarse. Empezó a meditar sobre cómo salvarse de la trampa en que había caído y llegó a la conclusión de que tenía que talar el bosque entero y así podría atravesarlo a salvo sin que los cuernos volvieran a enredársele en las ramas de los árboles. Empezó, pues, a hacer un hoyo con las patas ayudándose de los cuernos para echar abajo los árboles. Hasta que alguien lo vio y le dijo: "Tus esfuerzos son en vano. Toda tu vida y toda tu fuerza no bastarán para derribar los árboles del bosque entero. Lo único que puedes hacer es cortar tus propios cuernos, y de esa forma podrás atravesar el bosque sin daño".

Efectivamente, si la persona no asume que tiene que corregir sus propios defectos, no le valdrá de nada echar la culpa a los otros.

Desdichadamente, hay personas ignorantes, frívolas y sin contenido real, que lo único que poseen es una lengua afilada que utilizan como un puñal, que se ríen de los demás, faltan al respeto, humillan y rebajan al prójimo. Pasan por la vida pisoteando a sus víctimas con pie orgulloso. Como el que rema por la superficie del agua golpeando a diestro y siniestro y así logra mantenerse flotando.

Así son esas personas, que golpean a derecha y a izquierda arrasándolo todo con las palabras vanas que sus bocas profieren. La flecha de sus bocas se dispara contra todos; a éste lo desprecian y del otro se ríen. El contenido de su vida consiste en humillar a los demás. A simple vista parecen contentos y felices, pero la verdad es que se asemejan a un cacharro de barro roto que cualquiera tiraría a la basura.

Se dice que hay un animal que hace mucho ruido al caminar y cuando él lo oye, no sabe que son sus propios pasos en la tierra, sino que cree que alguien que se acerca y eso le llena de terror. Por eso, se siente constantemente perseguido y huye sin lograr nunca el descanso. Así es la persona que echa la culpa de sus desdichas a los demás en lugar de buscar en su propio interior y reconocer que él es el culpable de todo lo que le ocurre.

Las personas correctas y honestas sólo se culpan a sí mismas y tratan de corregirse en lugar de despreciar y criticar a los demás. Cuando se esfuerzan en mejorarse a sí mismas, logran corregirse y alcanzar la plenitud espiritual. No pierden un solo momento, aprovechan cualquier oportunidad y logran hacer oro del barro. En cambio, el ignorante y vacío, convierte el oro en barro. Así como vemos en la realidad diaria que un amigo malo puede estropear y arrasar la vida de una persona buena y recta, también puede un malvado acabar con la tranquilidad y la nobleza de la vida familiar.

Un rey tenía un mapa único en su género donde estaban todos los países y las ciudades. En él podían verse con la mayor claridad los pueblos o aldeas de todos los países, el sendero más apartado y el puente más pequeño. Con su ayuda se podía conquistar fácilmente cualquier país o ciudad. Por eso lo tenía en mucha estima y lo guardaba con sumo cuidado.

El rey tenía un hijo único. Y sucedió que un día, este mapa maravilloso cayó en manos del niño que, travieso, lo rompió en mil pedazos, mezcló los trozos y lo convirtió en una montaña de pedacitos de papel. El rey se entristeció mucho y su ánimo decayó. Empezó a cavilar qué hacer. Entretanto, el niño vio la tristeza de su padre, se acercó y le prometió que pegaría todos los trozos de papel del mapa uno por uno en el lugar apropiado y se lo devolvería completo tal como estaba previamente, sin que faltara ni una sola pieza.

El niño cumplió su promesa. Con ímprobo esfuerzo pegó los fragmentos y los volvió a poner en su lugar apropiado hasta que devolvió a su padre un mapa completo como estaba al principio, en el que no faltaba ni la línea más pequeña. El rey se asombró y preguntó a su hijo: "¿Cómo has logrado volver a pegar los trozos, con lo pequeños que eran y lo esparcidos que estaban, con tanta exactitud en el lugar que les correspondía?". Contestó el niño: "vi que en el reverso del mapa estaba representado el retrato de un hombre y me dije que todo lo que tenía que hacer era mirar sólo la segunda cara, poner las partes del retrato en el lugar donde iban y cuando el retrato del hombre estuviera completo, también lo estaría el dibujo del mundo entero que estaba en la otra cara del mapa".

De esta misma forma, el mapa del mundo, es decir, el mapa de la vida familiar, está roto y estropeado. No podemos pegar los trozos y hacer que en el mundo y la vida no haya heridas, problemas y tragedias. Lo que sí podemos hacer es curar al ser humano, esforzarnos en corregir sus rasgos de carácter y -hacerlo completo; el resultado de ello, todo se arreglará, el mundo estará entero, la vida familiar será plena y todas las rupturas y las heridas desaparecerán del horizonte.

Este es el único camino. Vayan por él.

Este artículo esta tomado del Libro "Aura Hogareña" publicado con la autorizacion del editor en español Rav Moshe Samsonowitz

 

 

Biografía del autor:

Nací en Janucá del año 1916 en el pueblo de Assina/ Nissana cerca de Dubenka. En el pueblo no había más que diez familias judías. Las dos ciudades más grandes de las cercanías eran Jelmo y Robashov, en la provincia de Lublin. Debido a mi origen, en las yeshivot me llamaban "der Dubenker".

Mis padres fueron Rab Shmuel y Tzipora (nacida Waikerman) Hertzman z"l. Mi padre era "melamed" y enseñó a muchos niños en la ciudad de Tishevitz.

Estudié con "melamedim" en Nissena. Recuerdo sobre todo a Reb Moshe Ehrlich que vivía en Dubenka. También estudié con Reb Libe Segal de la ciudad de Sparish. Después proseguí mis estudios en las yeshivot Novordok de Jelmo y Ichiutzmir y, más tarde, en la yeshivá de Karlin en Lunentz, bajo la dirección de Rav Yosef Berkowitz. Asimismo, estudié con el Rav Eljanan Wasserman en Baranowitz y con el Rav Boruj Ber Lewovitz en Kamenitz. Tras un período en la yeshivá Jajmei Lublin, me integré a la de Mir y con ella, me radiqué en Shangai durante la Segunda guerra mundial . En esa ciudad pasé a formar parte del círculo de allegados de mi querido maestro, Rav Yejezkel Levenstein z"zl. Por misericordia del Todopoderoso, sobreviví a la conflagración en Europa y me instalé en Estados Unidos donde tuve el privilegio de enseñar a generaciones de estudiantes.

Deseo presentar una ofrenda ante Hashem, bendito sea, para su misericordia con mis martirizados padres z"l así como con quienes se han encargado de imprimir mis obras. Que el mérito del esfuerzo de estos últimos por diseminar valores genuinamente judíos, acerque la Redención Final.

Rav Hertzman z"zl falleció sin dejar hijos, su pedido fue que si sus escritos aportaron algo de valor que estudien por su alma Mishnayot y que reciten los Salmos 16, 32, 41, 42, 59, 77, 90, 105, 130, 150 y con el mérito de esto obtengan satisfacción de sus hijos, misericordia y éxito en cuanto deseen.

Le Ilui Nishmat, para el eterno recuerdo de Rav Eljanan ben Shmuel Hertzman.





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