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Vida judía


De todo el corazón
Por. Mijael Polaj



Shlomo, Shlomo… ¡Me tienes que ayudar!

Mamá… ¿Estás bien, pasó algo? Cuéntame, por qué estas tan nerviosa….

Hijo… Estoy destrozada; ¿quéé… un accidente? Di-s no lo quiera...

¡No, 3200 Shekels…! ¿QUEEEE? No encuentro el sobre con los tres mil doscientos shekels que saqué del banco para pagar la cuota de la casa en el banco de hipotecas…

Bueno mamá, me asustaste, estarán en alguna parte, tal vez los dejaste en casa, tal vez se cayeron en el auto, o

No Shlomo, sentí que se me caía algo cuando me bajé…, pero miré en la vereda, no vi nada y pensé que fue solamente el viento. Ahora me doy cuenta que al bajar mi cartera, el sobre se cayó… volví al lugar y miré debajo del auto…. Pero… NADA. No había nada…. ¿Ahora que hago, como cubro la deuda en el banco, que les digo…? y tu papá en el extranjero…!

Mamá, tranquilízate ¿te acuerdas donde sucedió?

Si por supuesto. En Bnei Brak.

¿Perdona…? ¿Y tu qué estabas haciendo por esos lados? No es un lugar que frecuentas mucho….

Si Shlomo, tienes razón, pero como el banco esta en Ramat Gan pensé que podía entrar a comprar frutas y verduras a uno de esos lugares baratos, tu sabes… donde nosotros vivimos es carísimo

Si mamá, pero ¡a veces lo barato sale caro!!

Bueno basta… ¿Y ahora que hacemos

Si me dices que pasó en Bnei Brak, seguro lo encontraras…

Um…, no seas ingenuo, esa gente con tantos hijos seguro pensaron que éste es un “regalito del cielo” y les cayó perfecto para la fiesta de Pesaj.

…Pues, la verdad que no creo, pero… veamos. ¿Dónde estás…?

En la calle Jabotinsky, al frente de la verdulería.

Espérame unos15 minutos, le dijo Shlomo, yo te trataré de ayudar.

Encontrar estacionamiento en Bnei Brak no es nada fácil, es una de las ciudades más pobladas de Israel, el promedio de niños por familia es de 6 o más. Hay mucho tráfico, tanto automovilístico como humano; y en esta época de vacaciones de las yeshivot y los colegios de niñas, hay miles de personas en las calles comprando cosas para la gran fiesta que se aproxima. Es la época para cambiar TODO (por supuesto todo lo que se puede y lo que el bolsillo permite) Los negocios de menaje están llenos; los maridos acostumbran a regalarle a sus esposas algo para la fiesta, así que los negocios de ropa y joyerías también están colmados; los niños también necesitan ropa nueva para las fiestas, no hay lugar donde sentarse; en las zapaterías hay gente probándose el calzado incluso en las veredas, por supuesto nadie va a tomar algo sin permiso, todos quieren llegar al vendedor, entran al negocio, piden la mercadería y se la prueban mientras el padre o el marido espera para pagar y…. La cantidad de gente crece y crece.

Estamos a una semana de la fiesta, Shlomo vio a su madre esperándolo nerviosa, pero… ¿dónde estaciono?

Pasé una cuadra, otra y otra, todos los estacionamientos estaban llenos. Después de varios minutos vi que alguien desocupa un lugar. Estacioné frente al Beit Hakneset Itzkovitz… me pareció que era el lugar perfecto para comenzar la búsqueda. ….

Alo, mamá, encontré un lugar para estacionar, en unos minutos estoy contigo.

Me bajo del auto, pongo unas monedas en el parquímetro y miro el letrero delante mío “Tiempo máximo de estacionamiento 2 horas”…, le pongo 10 shekels pensé, no se cuanto me demoraré.

Los que conocen esta ciudad saben que acá los muros y los árboles hablan; hay avisos en todas partes, “se vende…., se arrienda…, se perdió… se encontró…

Comienzo a mirar los avisos en los árboles para ver si hay alguno sobre dinero que se perdió: el primero que vi decía “Encontramos un sombrero el domingo… se devolverá a su dueño con los “simanim” (entregando sus señales particulares como color, forma, nombre interno, etc.) sigo de árbol en árbol, de letrero en letrero y cuando veo algo relacionado a lo que estoy buscando, anoto el numero de teléfono.

Me encontré con mi mama 20 minutos después con 17 números de teléfonos. Le dije: Mamy, ahora nos ponemos a llamar… Mi mamá me miró como si estuviera loco, ¿A quién…qué es eso? me preguntó. Le explique un poco sobre el sistema y con muchas sospechas comenzó su “cómoda” búsqueda. Nos sentamos en un barcito y comenzamos a llamar.

“Shalom… slijá (perdón), eee… ¿Atem (ustedes)…encontraron dinero? La respuesta fue inmediatamente otra pregunta, ¿me puede dar los simanim (las señas)?… slijá… ¿má? (perdón qué)…la interrumpí enseguida…, Mamá, le dije, dile dónde fue, cuánto y cómo estaba envuelto. Después de unas cuantas llamadas, mi mama se quedó muda,… bajo su cabeza poniéndola sobre sus piernas y se puso a llorar.

Shlo…Shlomo, me dijo con la voz entrecortada, en la calle Hashomer con Rabi Akiva… ¿sabes donde queda?....

Tomamos un taxi y llegamos al lugar. El edificio era muy simple. Acá no han pintado en años, pensé. Finalmente, leímos en la puerta de un tercer piso sin ascensor, “Mishpajat Levi”. Golpeamos con mucha cautela y nos recibió el dueño de casa, acompañado de tres de sus hijos, con una gran sonrisa en su rostro.

Un departamento pequeño, un salón lleno de libros como solo se ve en bibliotecas o sinagogas, las murallas cubiertas con fotos de Rabinos y plegarias y en un rincón, un retrato familiar. Debe ser una Bar Mitzva, pensé y comencé a contar a los miembros. Yo estaba en silencio y mi madre me miraba nerviosa mientras Jaim fue a buscar el sobre, comencé a contar los niños de la foto…. 5 niños y 6 niñas…. Ma…. Ma…. Son 11…. ¿Qué?… no… Son 32* billetes de 100 shekels. No mamá, ¡tiene 11 chicos!! Mi mamá miro a su alrededor, nosotros sentados en ese simplísimo salón, tal vez 3 dormitorios pequeños y una cuna en el pasillo.

Jaim volvió con el sobre y se lo entregó a mamá, enseñándoles a sus hijo sobre la gran mitzvá que estaban haciendo ahora “Hashabat Aveidá” (devolución de la perdida). La alegría reinaba en el lugar, otros niños de la familia aparecieron para ver el “gran” acontecimiento.

Al entregarle el sobre a mi madre ella le dijo… No, ¡quédeselo, es suyo!! Ella pensó en ese momento, “esta familia lo necesita mas que yo, tal vez no fue coincidencia que se me cayera el sobre”.

Jaim no entendía que pasaba. El encontró el sobre y después de tanto esfuerzo, después de anunciar el hallazgo en distintos lugares, después de haber encontrado al dueño, después de la preocupación de la dueña, ésta se rehúsa a tomarlo de vuelta.

“Por favor señora, tome el sobre, tómelo, los simanim son correctos, es suyo” le dijo repetidas veces pero ella insistía.

Finalmente Jaim le dijo: no, gracias, el dinero que encontramos es suyo. Y le explicó: “yo soy un Avrej y mi señora es Morá, nosotros cumplimos con lo que nuestra Torá nos ordena; es cierto, como usted ve, que vivimos muy simplemente, pero todos nuestros hijos están contentos, tienen lo que necesitan y viven buscando valores reales. Lo que han presenciado acá, vale muchísimo más que todo el dinero que nos pueden dar, el valor de la mitzvá es la ganancia verdadera. No queremos vender esta gran mitzva por dinero. Le agradecemos mucho la buena voluntad que ha tenido y le pedimos por favor que reciba su sobre y que nos deje cumplir con esta mitzva sin retrazo.

Miriam no tenía palabras, estaba muy confundida. ¿Cómo este hombre se puede negar a recibir aproximadamente 800 dólares? Para ella, la alegría de esos niños valía esa cifra, pero se dio cuenta que la grandeza, la alegría, la honestidad y la veracidad de la Tora no se puede comprar con dinero sólo con un corazón derecho.

*En hebreo la palabra corazón es LeB y en Guematria LeB es 32 (Lamed=30, Bet=2)

El precepto de Hashabat Aveidá - devolución de la perdida:

-Si alguien ve que los bienes de una persona están en peligro, constituye una gran obligación salvar estos bienes o dinero y devolvérselos a su dueño.

-La persona que encuentre un objeto perdido que tenga una señal distintiva, estará obligada a devolvérselo a su dueño. No obstante si una persona ve objetos que es evidente que no se han perdido, sino que su dueño lo coloco en tal lugar para después regresar por ellos, está prohibido tocarlos.

-Si encuentra un objeto perdido y no sabe quien lo perdió – tenga una seña o no la tenga – hay en estas halajot muchos detalles, y es recomendable consultar una autoridad rabínica para saber como se debe actuar.

Este relato esta basado en una historia verídica que el autor escuchó en una emisora de la radio israeli




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