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Escalera al Cielo



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¿DONDE ESTA JOSE?... ESTA EN EL MERCADO

Rabi Iosef le dijo a su esposa en el día de Shavuot: preparame un buen asadito, y continuó, si no fuera por este día, en que Hakadosh Baruj Hu nos entregó la Tora, ¡Cuántos Iosef habría en el mercado! (tratado de Pesajim, 68b)

También rab Najman festejaba el día de Shavuot con una buena comida y decía, si no fuera por la Tora, ¡Cuántos Najman bar Aba habría en el mercado! (tratado de Kidushin, 33a)

¿Acaso podemos decir que únicamente la entrega de la Tora es lo que permite la elevación espiritual del pueblo de Israel, y que sin ella, rab Iosef y rab Najman no hubieran tenido ninguna diferencia con cualquier vendedor del mercado? Esta pregunta se planteó el rab hagaon Iejezkel Levinstein ztz”l en una de sus conferencias, ya que antes de “Matan Tora” hubo grandes acontecimientos (salida de egipto incluida) con la fuerza suficiente para acercar a la persona al Bore Olam y llenarla de fe.

En realidad, esta pregunta se genera por una equivocación, al menospreciar la fuerza del ietzer hara, que se ocupa permanentemente de torcer nuestro camino en el Servicio al Creador. Creemos, o estamos seguros, que para caer en un pecado hace falta que se den determinadas condiciones, que suceda esto esto y esto, y así llegamos a la conclusión de que si una persona se sienta a estudiar todo el día, no existe, casi, la posibilidad de que caiga en el pecado.

Hakadosh Baruj Hu nos ordena al final de la perashat Nitzavim: “y elegirás la vida”. Esta orden nos pone frente a la verdad, nos enseña qué significa Servir a Hashem. Nos dice que si queremos la vida, si pretendemos ser merecedores de vivir, tenemos que “elegir”, y la elección requiere meditación, dedicación y búsqueda. La fuerza del mal no es algo nuevo en la persona. Es parte de su naturaleza, nace con la persona y crece con ella. Para desprendernos del mal, debemos ir “contra” la naturaleza, con la fuerza de la elección para la vida.

Para hacernos merecedores de la vida y todas sus cosas buenas, la Tora nos aconseja: “y elegirás la vida”. Si el hombre no elige lo bueno y no “trabaja” para su adquisición, entonces, permanecerá en su estado “natural”, sólo con el mal como parte de él. Así nos dice el “Jovat Halebabot”: Tenés que saber que tu enemigo número uno en el mundo es tu ietzer...

Si nosotros no entramos en combate, si no luchamos en esta gran guerra, es señal de que no tenemos razón para luchar, que nos sentimos bien como estamos. Pero, si queda en nuestro ser, una medida tan, pero tan pequeña de “libertad”, entonces la guerra no terminó, y podemos poner todas nuestras fuerzas para inclinarla hacia la vida...

Surge ahora la pregunta, en este estado de guerra permanente, ¿cómo podemos dedicarnos a estudiar Tora?, ¿cómo alcanzar el equilibrio para pararnos a rezar?

La respuesta la tienen rab Iosef y rab Najman: es el regalo que nos dio Hashem con la entrega de la Tora. La entrega de la Tora genera una fuerza nueva en el iehudi, una fe que se transforma en parte de nuestra alma. Tiene tanto poder que provocó miedo en el pueblo, creyeron que si estaban muy cerca podían dejar de existir, por eso retrocedieron...

En medio de ese pánico Israel recibió los Diez Mandamientos, los escucharon del mismo Bore Olam y llegó hasta el interior de sus corazones. Asi dijeron Jazal, que solamente escucharon “directamente” de Hashem los dos primeros mandamientos, “Anoji...” y “Velo ihie leja...”, y eso fue más que suficiente para sus corazones, al punto que dijeron “basta”, ya tenían miedo de seguir escuchando. Tenían miedo de morir, por la magnitud, por la fuerza del acontecimiento, le pidieron a Moshe que él escuche todo el resto y luego se los transmitiera. Era demasiado para una persona...

La fe puede formar parte del alma, de forma que nunca se pueda anular. La historia nos demostró que un iehudi puede seguir siendo iehudi frente a muchas circunstancias, y también en el que, lo alenu, se alejó mucho del camino de Hashem durante su vida, vemos que siempre tiene una “chispa” encendida de fe en su interior.

“Ese Día”, ese día puede ser beneficioso pero también puede ser dañino, ya que entra en la categoría de: “para el que es merecedor, se convierte en fuente de vida, pero para quien no lo merece...” Matan Tora no es algo que nos da una elevación, no es la meta sino el medio, la forma, el camino. Si nos conformamos con decir que llegamos a “sentir de cerca” la fuerza de Matan Tora, no hicimos nada. Lo que nos proporciona Matan Tora es el instrumento para tener la posibilidad de subir más y más. No nos da altura sino la “escalera” para subir. La escalera también nos es útil si alguna vez caemos, nos permite aferrarnos a ella y comenzar a subir de nuevo. Por eso es un grave error suponer que “ese día” trae integridad a la persona, ya que esto provocará que detengamos nuestra guerra con el ietzer...

Esto es lo que dijo rab Iosef: si no fuera por el día de Matan Tora, cuántos Iosef habría en el mercado. La salida de egipto y otras grandes maravillas que Hakadosh Baruj Hu hizo con nuestro pueblo no tienen la fuerza suficiente para “sacar al hombre” del pozo, para “salvar” al hombre, ya que sobre ellos, el ietzer también gobierna. Como escribe el “Jovat Halebabot” en su descripción del ietzer hara: lo único que intenta es matarnos, confundir lo que tenemos claro en cuanto a fe y entendimiento. Solamente “ese día” que genera una nueva creación en el alma de Israel, ese día que es imposible de anular, puede luchar contra el ietzer y sus “amigos”. De ese día el iehudi “chupa” la energía para combatir en esa eterna guerra. Ese día “completa” la fuerza que tienen los demás acontecimientos, decimos que para poder sentir en plenitud la salida de egipto necesitamos también de la fuerza de Matan Tora, la escalera que nos ayuda a subir, con la cual, si nos lo proponemos, podríamos llegar a las alturas de los “tanaim” y los “emoraim” como rab Iosef y no seguir siendo como los vendedores del mercado. Este es el regalo que nos dio el Bore Olam, ese día para el pueblo de Israel, sin el cual rab Iosef no hubiera sido más que un vendedor del mercado.

Ahora, si vimos que siempre debemos estar en guerra, ¿cómo es que tanta gente no siente esa necesidad y siguen estudiando y rezando con normalidad? La respuesta está en nosotros, ese día puede ser la escalera, pero la escalera no sube sola, nosotros somos los que tenemos que subir...                                

 

Lekaj Tov.   

Leiluy Nishmat     Efraim ben Shimon z”l




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