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Vida judía


La mano que ayuda
Por. Rav Yoel Schwartz



La mano providencial

La vida humana tal y como la conocemos no sería posible sin la existencia de una providencia especial para el hombre. Un mundo abandonado en su totalidad a la acción de las leyes naturales no ofrecería propósito alguno; se tornaría insoportablemente fútil. Ningún filme o novela tendrá jamás la capacidad para revelar a la gente el misterio de la Mano Invisible que guía sus vidas, de la secreta facultad que nos incita a seguir ciertos caminos y a abandonar otros. Los siguientes ejemplos ilustrarán esta verdad:

En el mes de octubre de 1975, Martín Glatzner, un niño de escasos dos años se trepó sobre el barandal del balcón de la casa de sus padres, situado en el piso octavo de un edificio. Antes de que su madre pudiera sujetarlo el niño perdió pie y se precipitó hacia abajo desde una altura de cerca de 20 mts. Su madre no esperaba ya volverlo a ver con vida. Sin embargo, justo un momento antes un jardinero había acarreado un montón de tierra fresca al lugar situado precisamente debajo del niño; fue sobre esta suave pila que el niño cayó, ileso, a excepción de algunos leves rasguños. El médico del hospital en Viena al cual el niño fue llevado dijo que un ángel debió haber acompañado al niño en su caída para socorrerlo. Conjeturamos que igualmente el jardinero debió haber sido igualmente guiado por otro ángel, para aparecer en el preciso instante en que era necesitado.

En otro suceso, ocurrido el 2 de julio de 1974, una mujer de cincuenta y dos años se encontraba navegando en un barco, cerca de la Isla de las Filipinas, cuando el navio se incendió y se hundió finalmente en las profundidades del mar. La mayoría de los tripulantes se ahogaron. No obstante, dos días después de la catástrofe, un bote de la Marina Filipina que recorría la zona en busca de sobrevivientes, súbitamente detectó flotando a lo lejos un bulto que se semejaba a un cuerpo encaramado encima de un barril. El bote se acercó y lanzó un cinturón salvavidas, al cual se sujetó la angustiada mujer. Conforme ella era jalada en dirección al barco, la tripulación vio al supuesto barril desaparecer lentamente bajo el agua. Sólo entonces comprendieron que el barril no era otra cosa sino una gigantesca tortuga de mar, sobre la cual la infortunada mujer se había estado aferrando por cuarenta y ocho horas consecutivas.

Estos milagros no fueron acompañados por fuerzas trascendentales; su ocurrencia tuvo lugar dentro de los parámetros de la naturaleza misma, más ciertamente no de un modo "natural" o determinista. Si cualquiera de los centenares o más de factores que intervinieron en estos sucesos hubieran sido ligeramente diferentes aquellas personas no hubieran podido sobrevivir. El mero azar no puede explicar estas "excepciones a la regla" que hicieron posible la sobrevivencia de estas dos personas.

Una guía continua

"...El Creador, Bendito Sea, guía a Sus criaturas, (y) El sólo hizo, hace y hará todo lo que existe."(Maimónides)

Di-s es descrito en nuestra literatura como el "Creador", el "Uno que crea", no en tiempo pasado sino en presente, connotando así que el proceso de creación implica una acción continua, un constante devenir de la existencia. Sin embargo, en un sentido riguroso, la creación terminó después de los seis días iniciales, como lo afirmó el Eclesiastés 1:9 : "No hay nada nuevo bajo el sol". Aprendemos de este versículo que el Creador creó el mundo en seis días y que luego interrumpió Su labor creativa. Por el contrario, si toda la existencia se hubiera creado solo -al margen de una Voluntad Superior-, entonces nuevas criaturas seguirían apareciendo aún, junto con la constante emergencia de nuevas leyes naturales. Puesto que no es así, ello implica que el Creador siguió una lógica precisa y sabia en la etapa inicial de Su Creación, según la cual todo aquello que fuera necesario para el desarrollo posterior de la vida y la naturaleza fuera creado en los seis días primeros; y así, en efecto, fue hecho.

No obstante, la creación no continúa su proceso existiendo por sí misma como un reloj al que le ha sido dado cuerda y que puede ser dejado a que funcione por sí solo; antes bien, "El renueva (La Creación) en Su bondad", manifestando en todo momento Su magnánima voluntad de sustentar Su creación. La Creación, pues, depende totalmente de esta manifestación divina.

Este interés continuo en el mundo es la base de la creencia en la Providencia individual y colectiva, la accesibilidad de Di-s y de Su bondad para todas Sus criaturas, particularmente en función del grado de comprensión de Di-s y de su relación con El. En el terreno moral, esto implica la posibilidad de cumplir Su voluntad y cambiar así el curso completo de la propia existencia y la del mundo entero al escoger la adhesión al Creador de un modo dinámico y constante. De esta manera comprenderemos un poco más acerca de los caminos que Di-s utiliza para sostener y guiar continuamente al Universo; así también seremos capaces de hacer brotar a la superficie la fuerza latente que está contenida en nosotros y así haremos algo más que meramente seguir el curso del desarrollo natural del mundo.

El mundo animal nos muestra el sorprendente misterio de las migraciones de las aves. Año tras año, inmensas bandadas de pájaros de todos los rincones del mundo vuelan hacia lugares remotos, utilizando un sistema de guía que nos es desconocido y que incluso las aves más jóvenes siguen sin problemas. ¿Cómo puede explicarse esta gigantesca y continua regularidad? Leemos en el Libro de Job cómo Di-s le reprende con la pregunta: "¿Acaso el halcón remonta vuelo por tu sabiduría y extiende sus alas hacia el sur?". El comentador judío del siglo XIX, el Rabino Meir Leibush (Malbin), explica este versículo señalando que el halcón y las otras aves migratorias son dueñas de una sensibilidad que percibe la proximidad del invierno y en consecuencia levantan vuelo en dirección hacia climas más cálidos durante el transcurso de la época fría. Este fenómeno es más que una simple reacción mecánica a un cambio de temperatura: es todo un sistema de preservación vital que deriva de la Fuente misma de la vida, y que es mantenido en operación año tras año por la misma Fuente que lo creó.

El mundo visto a través de la dimensión estadística nos proporciona abundantes ejemplos, de paradojas ya clásicas en el comportamiento de un gran número de pequeñas partículas, que obedecen, individualmente, a las diferentes fuerzas específicas de las leyes del movimiento, pero que en agregados múltiples mantienen una continuidad bastante predecible, a despecho de esas mismas fuerzas que se agitan en su interior. Por ejemplo, observamos que una mezcla de diferentes tipos de átomos en un gas determinado nunca variará a pesar de su diversidad química y que su presión y temperatura totales permanecerán constantes. Por otra parte, la trayectoria de un cuerpo móvil nunca variará en circunstancias ideales, a pesar de que los átomos que lo constituyen estén en constante movimiento individual. Los investigadores que en el siglo pasado concibieron las leyes de la naturaleza como inflexibles en sí mismas y absolutas, no fueron capaces de explicar este tipo de contradicciones, es decir aquellas en virtud de las cuales diferentes niveles internos son capaces de ensamblarse y de funcionar conjuntamente.

Por otro lado, al descubrirse la existencia de la radioactividad, ninguna de sus leyes hacía posible predecir, por ejemplo, cuándo un átomo individual decaería en energía, a pesar de que el nivel global de radioactividad permaneciera constante. Esto dio lugar al Principio de Incertidumbre de Heisemberg, el cual postula que ambos factores del par objetivo, ya sea la energía y el tiempo, o el momentum y la posición, no pueden ser determinados al mismo tiempo.

Este descubrimiento representó un considerable avance filosófico puesto que incorporó a la ciencia la noción de la inherente incapacidad del hombre para ser omnisciente, y delineó de una manera precisa las fronteras reales de lo que el hombre no puede conocer. Así, después de los avances científicos del siglo pasado, la iniciativa de la naturaleza le ha sido devuelta al Creador al llegarse a la comprensión de que sólo El es capaz de armonizar entre sí estos factores contradictorios merced a Su Providencia como parte integrante de Su manifestación global.


Biografía del autor:

El Rabino Yoel Shwartz es un estudioso y prolífico escritor ha publicado más de 200 libros. Estudió en las grandes Yeshivot de Poneviz y Mir. Tuvo el merito de estudiar con el famoso Rosh Yeshiva de Yeshivat Mir, el rabino Jaim Shmuelevitch zt "l. En la actualidad se desempeña como Ram en la Yeshiva Dvar Yerushalayim. El Rabino Schwartz también ha sido consejero espiritual y educador desde el inicio del programa de alumnos de Yeshiva que se enrolan en el Ejército de Israel. Participó en el proyecto de creación de un tribunal y de la infraestructura para Bnei Noaj. El Rabino Schwartz es también el Presidente de la Corte Suprema, Av Beit Din, de este Tribunal, el Tribunal Especial para Cuestiones Relativas Bnei Noaj, conocido en hebreo como Beit Din L'inyanei Bnei Noaj, o BDBN. Reside en Jerusalén con su esposa, hijos y nietos.




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