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Para reflexionar


Un saquito de tierra



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Eric puso la carta en la mesa y miró la bolsa que tenía ante sí. Sacudía la cabeza y fruncía su nariz llena de pecas. "¡No lo puedo creer!' dijo por quinta vez. "¿Qué tipo de herencia es ésta? ¿Qué se supone que debo hacer con ella? ¿Cultivarla?" Su padre frunció el ceño. No seas irrespetuoso, Eric. Existen muchos tipos de gente en el mundo. Tu bisabuelo no era exactamente lo que tú podrás as llamar moderno, pero era una persona maravillosa y se preocupaba mucho por ti". "¡Pero, papá¡, sí ni siquiera me conocía! El abuelo llegó hace muchos años a Chile, incluso antes de que tú nacieras. El bisabuelo no me vio nunca. Ni siquiera tenemos el mismo apellido ahora".

"Muchas veces queremos a gente que vive lejos o a quien no hemos visto jamás", dijo tranquilamente el Sr. Nickerman. "Siempre he sentido en cierto modo que mi padre haya cambiado de apellido. El nombre Najmias encierra toda la historia de la familia. Nickerman, en comparación, parece desprovisto de todo significado".

Eric se encogió de hombros. No sentía en absoluto que su apellido fuese Nickerman. Si el llegara a pronunciar o deletrear Najmías, ¿qué saldría de boca de sus amigos y profesores del Santiago College con un nombre tan extraño? ¡No quería ni siquiera pensaren ello! Miró nuevamente el saquito. El bisabuelo debe haber sido una persona muy rara. Según lo que Eric recordaba, siempre mandaba cosas extrañas que no usaban nunca; en primavera, unas galletas que parecían cartón y que llamaba "matzá¡"; en el otoño, una cosa que tenía gusto a limones amargos; libros en hebreo con una letra tan chica que nadie podía leerlos; y unas cajas negras llamadas "tefilín" que habían llegado el año pasado para sus trece años.

Y ahora esta extraña bolsita y la carta que la acompañaba que era aún más peculiar. El Sr. Nickerman había pedido a un amigo israelí que la tradujera: "A mi bisnieto, Yerajmiel (Eric) ben Yair Haleví (padre de Eric) ¡Shalom y mi bendición! Pronto me iré de este mundo y devolveré mi alma al D's de nuestros padres, Estás tan lejos, hijo mío, tan lejos de mí, tu bisabuelo, y tan lejos de tu Tora, tu pueblo, tu tierra. Y ahora que me estoy yendo, ¿quién te cuidará¡ y traerá¡ de vuelta? Por lo tanto, te mando este saquito de tierra de la Tierra Santa de Israel. Guárdala. Piensa, pregunta y aprende acerca de ella. Espero que te interese aprender sobre su país de origen. Esta tierra te traerá de vuelta".

¿Por qué dijo su bisabuelo que él estaba lejos de su tierra y de su pueblo? Santiago era su ciudad, Chile su país los chilenos su pueblo. ¿Y que quería decir con "te traerá de vuelta"? Eric no había salido nunca de Chile, ¿Y además, cómo podía una bolsa de tierra llevarlo a alguna parte? Eric (¡nadie le decía jamás Yerajmiel!) se preguntaba si su bisabuelo no estaría un poco, bueno, ya saben... pero no quiso decirlo porque su padre parecía muy apesadumbrado. Era quiz¡s porque su bisabuelo había muerto. Pero hacía muchos años que su padre no lo veía.

Eric recogió la pequeña bolsa de algodón y la apretó con la mano. Se desparramó en la mesa un polvo ligeramente rojizo. "Bueno, lo único que puedo decir es que es la herencia más extraña que se me haya mencionado en mi vida. ¿Qué debo hacer con ella? "No sé qué decirte, hijo. Guárdala por ahora; ya reflexionaremos al respecto".

Pero nunca lo hicieron. En la enseñanza media Eric se unió al equipo de basketball y fue elegido presidente del curso. Y no se dio ni cuenta que ya estaba terminando cuarto medio y planeando ir a una universidad en otra ciudad después de las vacaciones de verano. Pero mientras tanto tenía cosas má¡s importantes de que preocuparse como el picnic de fin de año.

Mami, ¿has visto los anteojos de sol que me compréla semana pasada?", preguntó desde su cuarto."Mira en el cajón de tu escritorio. Creo que los puse allí cuando limpiéla habitación". Eric abrió el cajón y sintió con su mano, en vez del estuche duro y liso de sus anteojos, algo suave y granuloso. Lo sacó y se encontró con que era lo bolsita que le había mandado su bisabuelo. "Había olvidado su existencia", murmuró. "Y nunca averigá¼ésu significado. Quizá¡s me lo lleve a la universidad. Alguien debería poder explicarme quées la "Tierra de la Tierra Santa". Eric la metió en una bolsa plástica que cerró con tela adhesiva. Se la echó luego al gran bolsillo de su traje de trabajo.

Dos semanas, cuando estaba en el picnic, sintió la bolsita al buscar monedas en su bolsillo. La sacó y la dio vuelta de un lado a otro en sus manos.

"Hey, Eric, ¿quétienes ahí?", le preguntó su amigo Pedro. Eric se rascó la cabeza. "Es ... bueno... es un..." Bueno, es un poco difícil explicá¡rtelo. Digamos que es un regalo de mi bisabuelo". ¡No sabía que tenías un bisabuelo!" "¡Ya no!. Murió hace cuatro años. Vivía en Israel". ¿Israel?", dijo Pedro levantando las cejas mientras mordía en una tajada de sandía" "¿Cómo es eso?".¿Quéquieres decir con ¿cómo es eso? Era su país". ¿Nació allí?" Eric trató de recordar... "No, creo que nació en Turquía". "Entonces era turco", dijo Pedro. "No, no era turco", insistió Eric. "Era judío, Turquía no fue nunca su país. Sólo vivió allí. Israel es la tierra de los judíos". Pedro dejó de comer su pedazo de sandía. "No te entiendo muy bien. ¿Eres judío?". "Bueno... creo que se podría decir que sí", contestó Eric lentamente. ¿Entonces Israel es tu país?" Eric miró a Pedro, "No, es decir, no realmente, pero... bueno como te decía, es medio difícil explicártelo".

Pedro se encogió de hombros y se fue a buscar otro pedazo de sandía. Pero Eric se sentía confundido. Ambos sabían que los judíos vivían en el mundo entero, ¿Quéera entonces Israel, o Eretz Israel, como decía su bisabuelo? ¿Era el país de los judíos? ¿Era su país? No podía hablar ni escribir el hebreo y nunca había ido para allá¡. Sabía má¡s sobre India o Islandia que acerca de Israel. ¿Y quétenía que ver una bolsa con polvo con el hecho de ser judío? ¿Ademá¡s, quésignifica exactamente ser judío? Eric tenía muchas ganas de tirar el saquito de tierra al basurero má¡s cercano y así evitarse todos estos problemas. Sin embargo, volvió a meterlo al bolsillo.

De vuelta a casa, su padre no pudo ayudarlo con su dilema. El Sr. Nickerman no sabía mucho más que su hijo al respecto. Pero la Sra. Nickerman, quien era una persona muy práctica, dijo: "Si te preocupa tanto realmente este asunto, compra un pasaje a Israel y ándate para tus vacaciones de verano a ver cómo es. Después de todo, pensábamos mandarte a Europa antes de que entraras a la universidad. Viaja mejor entonces a Israel".

Eric y su padre la miraron asombrados. "Tienes ocho largas semanas de vacaciones hasta que comience la universidad y un pasaje de avión no es tan caro. La familia Najmías sigue viviendo en Israel y muchos de ellos hablan inglés. Podrás así conocerlos y ver el país. ¡Si no te gusta, botas tu saquito de tierra, te vuelves a casa en el primer avión y asunto terminado!"

Tres llamadas telefónicas transatlánticas y unos días después Eric estaba en Tverías cerca del lindo lago Kinnéret, donde entre otras cosas, están enterrados Rabi Akiva, su discípulo el Rabino Meir Baal Haness y el Rámbam. ¡Eric -es decir, Yerajmiel- ya veía que su cerebro explotaba con tanta información nueva! Tverías, Kinnéret, Akiva, Rámbam... ¿Quién había oído hablar de todo esto antes?... Había tanto que aprender, tanto para preguntar, para reflexionar, así como se lo había escrito su bisabuelo. ¿Cómo podía hacer todo en sólo siete semanas? Busco una solución y ncontró en una Yeshivá un programa de verano para estudiantes sudamericanos como él. Empezó a estudiar, a absorber conocimientos, lentamente comenzó a comprender por qué su bisabuelo le había mandado los tefilín y sabía ahora por qué debía usarlos. Mientras más aprendía, más se daba cuenta de que Erezt Yisrael era después de todo, su tierra. Eric Nickerman - es decir, Yerajmiel Najmias- sabía ahora que volvería una y otra vez a Eretz Yisrael.

Ven, guardó su herencia - su bolsita de tierra de la Tierra Santa. Y así como se lo había prometido su bisabuelo, ésta lo llevaría de vuelta o casa, hacía su Tora, su pueblo y su tierra.

Extraído de la Revista "El Kolel" con autorización de sus editores.




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