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Shabat Shalom


SOY YO, PAPA, ABRIME LA PUERTA!!
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



Los diez días de arrepentimiento se comparan con un mercado que se levanta para una venta especial. Solamente unos días en los que se ofrecen ofertas “imposibles” para que todos saquen mejor provecho. Los compradores, para obtener los artículos que necesitan a mejor precio, y los vendedores, al reunir en poco tiempo gran cantidad de compradores, podrán conseguir grandes ganancias...

Los que tomen conciencia y no dejen pasar la oportunidad, sin desperdiciar el tiempo, ganarán más. Lo mismo ocurre en estos diez días de arrepentimiento, nuestras ganancias pueden ser muy importantes, cambiar nuestro estado espiritual para mejor, arrepentirnos de lo que no hicimos bien y elevarnos en el Servicio al Creador, y es realmente como ese mercado donde los días son contados, y no podemos “enfríarnos” y dejar que el tiempo pase. Cuanto sufrirá el que se “duerma” y recién despierte después de Iom Hakipurim, viendo que dejó pasar tan maravillosa oportunidad, la elevación que los Iamim Noraim nos ofrecen...

El gran orador de Ierushalaim, el rab hagaon Shalom Shevadron ztz”l nos hizo escuchar algunos ejemplos en relación a los diez días de Teshuva.

Un iehudi, de oficio vendedor, se preparaba para la gran venta que se realizaría en unos días. En el patio de la casa ordenaba la mercadería, y todos los integrantes de la familia colaboraban clasificándola y haciendo los paquetes, marcando qué había dentro de cada uno. Cada tipo de producto se envolvía de forma diferente para que el vendedor sepa de que producto se trataba sin necesidad de abrir cada paquete, y también para asegurarse que nadie le cambie el contenido.

Todos colaboraban, y en el momento de la partida al mercado todos lo acompañaban deseándole éxito en las ventas, porque sabían que si papá hacía buenos negocios, traería regalos para todos. El viaje fue muy bueno, sin contratiempos, Baruj Hashem, y llegó a tiempo para rezar el rezo de la tarde, tefilat Minja. Luego se tomó un descanso para reponerse del viaje, y al despertar ya había caído la noche, el cielo estaba repleto de estrellas y a esa hora ya no había gente en el mercado...

Se dispuso a rezar la tefilat Arvit, se sentó a comer y se encontró con algunos amigos con los que conversó de temas generales...

Cuando se fue a dormir ya era muy tarde, por lo cual, no pudo levantarse tan temprano como hubiera preferido, y hasta que terminó sus rezos de la mañana y desayunó, pasó toda la mañana. Al ver que comenzaría sus negocios entrando la tarde, decidió que sería mejor dejar pasar el día y acostarse a dormir temprano, descansar bien, para levantarse al día siguiente con la salida del sol y hacer sus negocios con mayor tranquilidad.

Y fue la noche, y fue la mañana..., finalmente el vendedor pudo levantarse temprano y rezar la tefilat Shajrit con la salida del sol, para aprovechar el día al máximo. Salió rumbo al mercado y se detuvo en un lugar donde discutían sobre algo alarmante que sucedía en el mundo de los negocios. El tema era preocupante y tuvo que quedarse a escuchar las opiniones y también aportar la suya. La discusión se alargó muchísimo, y pasó otro día sin negocios...

Otra vez se fue a dormir temprano, pero ahora, con la firme decisión de no permitir que nada se interponga en sus intenciones: su viaje fue para realizar negocios en el mercado, y no para otras cosas. Nuevamente se levantó bien temprano, y al terminar sus rezos, en lugar de comer algo, como todos los días, fue directamente rumbo al mercado para no tener ningún contratiempo que lo detenga en el camino. Cargó todos sus paquetes, llegó al lugar y no había nadie, ningún vendedor, ningún comprador, todos ya habían vuelto rumbo a sus casas, el día anterior fue el último día que funcionó el mercado...

Difícil describir los sentimientos de nuestro comerciante. En ese instante, pasaron por su cabeza todos los días de preparación, y las grandes esperanzas que tenía de hacer buenos negocios para obtener ganancias que permitirían la manutención de su familia por un tiempo. Sin opción, subió los paquetes a un carro y volvió a su casa.

Cuando se acercaba a la casa, toda la familia, con gran alegría, salió a recibirlo. Vieron que traía gran cantidad de paquetes, era una buena señal, seguramente, pensaron, trajo muchos regalos. Todos se apuraron a bajar las cosas y entrar los paquetes a la casa. Pero al ver los paquetes y los nudos, preguntaron con asombro: ¿cómo puede ser?, ¿acaso no llegaste al mercado? Estos son los mismos paquetes que nosotros preparamos... Sí, sí, llegué al mercado, contestó el padre y los hijos siguieron preguntando: ¿qué pasó? Vemos que no hiciste nada, ni siquiera abriste los paquetes...

Así son los diez días de arrepentimiento, pasan muy rápido, dice rab Shalom, y el que no presta la debida atención, los dejará pasar. Aunque sea hubiera desatado los paquetes...

Hashem golpea nuestras puertas en estos días, al menos tenemos que abrirla, Hashem nos pide que abramos aunque sea muy poco, como para que pase por ella una aguja, para que podamos arrepentirnos antes de llegar a Iom Hakipurim...

Un hombre tenía un único hijo que salió al exterior. Allí se casó y tuvo hijos. El padre, extrañaba mucho a su hijo, quería verlo, conocer a su nuera y jugar con sus nietos. En cada carta que le escribía, lo invitaba a que venga a visitarlo con toda la familia. El hijo no ocultaba sus ganas de ver a su padre, y le contestaba que preparaba su viaje para determinada fecha. Pero algo ocurría, algún impedimento hacía imposible la salida y el viaje se postergaba. Así pasó una y otra vez hasta que el padre escribió: por cuanto que se te hace difícil venir a verme, yo iré a visitarlos...

Y el padre comenzó a preparar su viaje. Estaba ansioso por ver a su hijo, con su familia formada, y a medida que se acercaba el día del viaje su corazón latía cada vez con más fuerza. Y llegó el día, y subió al barco cargado de paquetes, con regalos para todos. Todo el viaje lo pasó pensando cómo sería el gran momento del encuentro, cuando el barco llegue al puerto. Estaba muy nervioso, y a cada rato subía a la torre del barco para ver si se acercaban a destino, si veía tierra a lo lejos. Una mañana, ya se divisaba tierra a lo lejos, y su alegría no tenía límite. El barco entró al puerto, y en unos instantes todos bajarán del barco. Ya se veía una gran cantidad de gente que esperaba a los viajeros, y el padre buscaba entre tantos rostros reconocer a su hijo que debía estar entre la multitud. No lograba ubicarlo, había mucha gente, así que tuvo que esperar a descender de la embarcación para poder buscarlo mejor.

Pero, fue grande la frustración al descender del barco y saber que su hijo no estaba entre la gente que esperaba a los viajeros. Al principio se sintió muy mal, pero enseguida pensó que alguna buena razón existía para que su hijo no esté allí. Habría estado tan ocupado en la preparación de la bienvenida al padre hasta que no pudo llegar a recibirlo al puerto, así pensó. Para no desperdiciar un tiempo tan valioso, enseguida se subió al tren que lo llevaría a la ciudad donde vivía su hijo. Estaba seguro que se encontraría con su hijo en la estación de tren. Cuando el tren arribó a la ciudad, el padre tuvo su segunda decepción: su hijo tampoco lo esperaba allí!!! Otra vez, pensó que algo debería haber pasado, algo impidió que su hijo llegara a la estación del tren.

Con profunda preocupación, el hombre tomó un taxi para que lo lleve a la casa de su hijo. En el camino se tranquilizó un poco, y se imaginó la fiesta de recibimiento que lo esperaba en las puertas de la casa. Pero este sueño también se disolvió cuando, ya bien entrada la noche, llega a la puerta de la casa de su hijo. Aparte de una luz muy débil que se dejaba ver por el agujerito de una ventana, toda la casa estaba a oscuras. Su corazón se estremeció, ¿estarían todos bien?, se preguntó, ¿habrá pasado algo malo, jas veshalom? Temblando golpeó la puerta, una vez, otra vez, hasta que se escucha una voz que pregunta: “¿quién es?” Al escuchar la voz y reconocer a su hijo, se tranquilizó. Todos sus sentimientos volvieron a su lugar, y con alegría contestó:

Soy yo, papá que viene de tan lejos golpea tu puerta, abrime, hijo, abrime la puerta para que te vea!!!

Después de unos segundos de silencio, escucha nuevamente la voz de su hijo: papá, acabo de quitarme las ropas y lavarme las piernas, es muy difícil para mí, ahora, levantarme de la cama, vestirme, y abrirte la puerta. Te pido, por favor, será mejor para vos y para todos, en la vereda de enfrente hay un hotel donde podrás pasar cómodamente la noche, y mañana por la mañana nos encontraremos, si Hashem quiere...

Cuando el padre escuchó esto, casi se queda helado. Su mente empezó a trabajar muy rápido. Tantos años estuve esperando encontrarme con mi hijo, que venga a visitarme. Cuando vi que él no podía, yo vengo a verlo. Estaba seguro que me esperarían en el puerto, y no fue así. Con ingenuidad pensé que se retrasaron, y que me estarían esperando en la estación de tren. Allí tampoco estaban. Llegué hasta la puerta de su casa, encuentro todo oscuro, golpeo la puerta y mi hijo “no tiene ganas” de abrirla, no tiene fuerzas para levantarse y abrirme la puerta. Después de todo esto, ¿tengo que irme a dormir a un hotel?!!! De ninguna manera!

El padre, muy angustiado, detuvo al primer taxi que pasó y volvió a la estación de tren, de allí al puerto y del puerto al barco que lo llevó a su casa.

A la mañana, el hijo despertó sobresaltado, no fue adecuada la sugerencia que le dio a su padre. No se había portado bien con él. Se levantó rápido, se vistió y corrió al hotel para encontrarse con su padre. Pero su padre no estaba, cuánto dolor al saber que su padre volvió a su casa!!!

Durante todo el año, Hakadosh Baruj Hu espera de nosotros, espera nuestro arrepentimiento sincero, que “volvamos” hacia El, que vayamos a visitarlo. Cuando Hashem ve que se nos hace imposible, que las preocupaciones nos tapan los ojos, Hakadosh Baruj Hu decide acercarse, en Rosh Jodesh Elul el Bore Olam viene hacia nosotros. En los días del mes de Elul, el mes de la piedad, es más fácil acercarse a Nuestro Creador, pero no son muchos los que aprovechan la oportunidad que nos brindan estos días tan preciados.

Y Hashem está tan cerca, y no salimos a recibirlo, y llega Rosh Hashana, y también pasa. Llegamos a los diez días de arrepentimiento, Y Hakadosh Baruj Hu, con su gran bondad, se acerca más y más a nosotros: busquen a Hashem y lo encontrarán, llámenlo ahora, que está muy cerca.

¿Hasta dónde puede llegar nuestra indiferencia? Tan grande es la piedad, la misericordia del Todopoderoso, si tampoco prestamos atención a sus llamados, todavía puede acercarse más. En Iom Hakipurim golpea a nuestras puertas, llama dentro de nuestros corazones: soy Yo, Papá quiere verte!

Abrime apenas la puerta, como para que entre una aguja (Midrash Shir Hashirim) y Yo abriré sus corazones para que puedan entrar camiones...

Tan poco nos pide Hakadosh Baruj Hu, y tantas oportunidades nos brinda para acercarnos a El, no despertemos cuando sea tarde...

Lekaj Tov.

Leiluy Nishmat     Iejiel Mejl ben Nisan Arie  ז"ל




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