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3 preguntas - 3 respuestas
Por. Rav Eliezer Gerwitz



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PREGUNTA: ¿No son las leyes judías restrictivas? ¿No limitan el goce de la vida?

  RESPUESTA: Si, muchas leyes del Judaísmo son restrictivas; casi todas las leyes lo son. Son restrictivas por cuanto tienen por objeto procurar que el hombre evite hacer aquello que lamentaría mañana. Una persona puede gozar momentáneamente de la euforia inducida por el alcohol pero lamentablemente ésta le producirá luego un malestar. Una persona puede permanecer espiritual y moralmente pura únicamente si se limita en sus actividades. Por esta razón el Judaísmo exige del judío que se limite en su dieta, en su modo de vestir, en sus acciones en Shabat y las festividades, en sus relaciones con el sexo opuesto y en su tendencia a privar a los demás de sus derechos. Todo esto no tiene por objeto hacer miserable al hombre sino elevar su felicidad a un plano más alto. Una relación sincera y profunda con el cónyuge entraña mayor júbilo que un encuentro casual.

Algunas personas tal vez sostengan que la libertad absoluta es absolutamente necesaria. Esto podría parecer correcto en teoría pero en la práctica no es viable. La libertad absoluta permite que todos satisfagan sus propios objetivos personales aunque ello signifique pisotear los derechos de los demás. La libertad absoluta puede traer aparejadas olas de asesinatos, robos y violaciones -familias que se desintegran y sociedades que se derrumban-. La libertad absoluta permite a una persona destruir su cuerpo excediéndose con la comida y los estupefacientes. Es evidente que se requieren algunas restricciones por el propio bien del hombre. El judaísmo limita los impulsos dañinos del hombre para permitir que surja su naturaleza noble.

Sin embargo, no debe cometerse el error de pensar que el judaísmo favorece el asceticismo, o las privaciones por simple amor a las privaciones. De hecho, el Judaísmo rechaza la Idea de que el hombre existe para sufrir sobre la Tierra, y de que debe privarse de todo placer. Por el contrario, el Judaísmo cree que los placeres del mundo fueron creados para que el hombre los disfrute, y que cuando se rechazan todos estos  placeres, se rechaza la bondad Divina. Por ello el judaísmo estimula a sus miembros a celebrar jubilosamente muchas festividades, con banquetes y cánticos. Aconseja a sus miembros vestirse bien, comer comidas nutritivas y vivir cómodamente. Alienta a sus fieles a no alejarse del mundo sino a participar en él, a contraer matrimonio y a tener hijos.

"Ivdu Et Hashern" B'Simjá": —Sirve a D's con júbilo—, es una premisa básica del judaísmo. Todo aquél que haya participado en una celebración de Purim, una boda judía, conoce la dicha que pueden experimentar los judíos. Las canciones, el humor y la cocina judías son bien conocidos y disfrutados, aun por los no judíos. De hecho, los judíos religiosos participan en casi todos los aspectos de la vida actual. Sin embargo, siempre evitan la degradación, y recuerdan que su tarea en la vida es mantener la chispa de santidad que Di's les dio.

En tanto que el judaísmo permite a los judíos gozar de las alegrías de la vida, advierte que no ha de caerse en el hedonismo ni el materialismo. Se recuerda a los judíos que no se hallan sobre esta Tierra únicamente para gozar de placeres y bienes. De hecho, la presión por adquirir riquezas materiales, luchar por tener tanto o más que los vecinos ricos, y proteger las riquezas de manos de los ladrones o del recaudador de impuestos basta para hacer que el más tranquilo de los hombres contraiga úlcera. Si bien es cierto que el poseer bienes costosos, o entregarse a la bebida, a los estupefacientes, o al libertinaje, podría causar un breve placer, esta seria una felicidad superficial y pasajera. ¿Qué queda cuando se desvanece ese momento de placer? ¿Qué queda cuando se ha llegado a la adultez y se está exhausto? ¿Qué queda cuando se muere?

Lo que el judaísmo estimula es llevar una vida equilibrada. No privarse de los placeres del mundo, pero mantenerse dentro de límites razonables, sin perder el dominio de sí. Estimula el goce de los comidas y las celebraciones, mas sin atiborrarse. Alienta el logro de la felicidad perdurable que caracteriza a una familia estable, un estilo de vida sin presiones y una constante devoción a D's. Nos alienta a experimentar la satisfacción de ser miembros plenos del pueblo judío, y de saber quiénes somos y de quiénes podemos depender si necesitáramos ayuda,

Tal vez es la existencia ideal. Sólo puede lograrse en el marco estructurado y restrictivo de las leyes de la Torá.

 

PREGUNTA: ¿No son muchas de las leyes de la torá anticuadas y formuladas para la generación anterior? ¿Cómo puede uno ser un judío observante y vivir en el mundo moderno?

  RESPUESTA: Los términos "moderno' y "anticuado" son sumamente relativos.

Lo que hoy se considera moderno puede fácilmente volverse anticuado mañana; lo que hoy parece pasado de moda puede surgir mañana como un furor nostálgico. No es necesario ser historiador para comprender cuan rápidamente cambia la gente la moda en el vestir, el peinar, las diversiones, los valores e intereses. Si el judaísmo modificara sus leyes para ajustarse a cada cambio del gusto público, no podría ser una religión estable. Sus fieles nunca podrían estar seguros de que determinada ley estuviese de moda o no esa semana.

Las leyes básicas del judaísmo guardan relación con la condición del hombre. No hay nada anticuado acerca de advertencias tales como "Honrarás a tu padre y a tu madre", o "No matarás". Son hoy tan válidas como cuando D's se las entregó a Moshé Rabeinu, nuestro maestro, miles de años atrás. Los Mishpatím (las leyes destinadas a mejorar las relaciones entre las personas), siguen siendo, sin duda pertinentes. Los pobres y los enfermos siguen siendo parte de la población mundial, y requieren tanta asistencia hoy como antes. Es preciso que se nos siga recordando que amemos a los demás como a nosotros mismos y que evitemos calumniar o lastimar a nuestros vecinos. Aunque las estadísticas de delitos sean más alarmantes que nunca, es necesario que se nos siga advirtiendo que no matemos, ni engañemos, ni robemos. No hay nada pasado de moda en relación con estas leyes.

Tampoco carecen de pertinencia hoy las festividades judías. Mediante ellas, revivimos gloriosos momentos de la historia de los judíos. Al celebrar Pesaj, Sucot, Purim, Janucá y otras festividades, nos unimos a otros judíos y mostramos nuestro orgullo de ser judíos. Y. en vista de la impersonalidad del mundo moderno y de la soledad que experimentamos en medio de la multitud, nunca hemos sentido mayor necesidad de un D's personal que se interese por nosotros. Por consiguiente, la posibilidad de acercarnos a D's por medio de la plegaria y la observancia sigue siendo vital.

Naturalmente, los nuevos descubrimientos y la tecnología han creado un mundo distinto del que existía en el momento de la entrega de la Torá. Algunas leyes de la Torá, según lo han demostrado los Sabios eruditos, son aplicables a nuevas condiciones, tales como el uso de la electricidad. Los Rabinos se basan en las decisiones de sus predecesores para emitir opiniones respecto de nuevas situaciones, del mismo modo que (l'havdil), los tribunales seculares, se basan en los procedentes de tribunales anteriores para emitir sus decisiones. Los Rabinos siguen siendo un vínculo viviente y dinámico con los códigos jurídicos del pasado, e interpretan la opinión de la Torá en relación con casos actuales, manteniéndose fieles a los ideales eternos de la Torá. Permiten así que el judaísmo haga frente a los desafíos de cualquier época.

Lo que es increíble es el modo en que el judaísmo ha prosperado en tantas naciones y culturas distintas con el correr de los años, y no sólo en Éretz Israel, sino también en Babilonia, España, Marruecos, Polonia, Rumania, Hungría, Rusia, Europa Occidental, Sudamérica, el Canadá y los Estados Unidos. Los judíos de todos estos países lograron convertirse en ciudadanos respetables y respetuosos de la ley, al tiempo que mantuvieron su lealtad hacia la religión. Sobrevivieron como judíos porque adoptaron la cultura que los rodeaba al judaísmo, en lugar de hacer lo contrario. Las leyes e ideales básicos del judaísmo han demostrado ser suficientemente eternas y universales como para poder arraigarse en distintas sociedades en diferentes épocas. No es necesario modificarlas.

No cabe duda de que uno puede ser un judío observante y un miembro pleno del mundo actual. Hay instituciones religiosas que imparten a los jóvenes judíos tanto una sólida formación en materia de judaísmo como una educación secular completa. Los programas de educación física y los campamentos que se realizan con el auspicio de instituciones judías les permiten adquirir capacitación física y atlética. Los judíos ortodoxos no tienen el menor problema para ingresar en universidades o programas profesionales. Han alcanzado cargos elevados en las mejores empresas.

Las organizaciones judas de hoy también ayudan en la capacitación de los judíos para que puedan obtener empleos, prestan servicios a los menesterosos y los ancianos, y ayudan a los nuevos inmigrantes a adaptarse a la nueva vida, como judíos en un nuevo país. Aunque podrían presentarse algunas dificultades, no existen obstáculos importantes que se opongan en el camino de aquél que desee a un tiempo ser religioso y lograr éxito en la sociedad. Con un poco de esfuerzo pueden lograrse ambos objetivos.

  PREGUNTA: ¿Por qué hay algunos judíos que afirman ser observantes pero que no poseen admirables cualidades?

RESPUESTA: Si una casa se derrumba, ello no significa que fue por culpa del proyecto. Podría tratarse de un problema de construcción.

Lo mismo sucede en el caso de un judío que no actúa correctamente. Su proyecto de vida -la Torá- es perfecto. Si todos sus hombres observasen sus leyes y su espíritu orientador, surgirían sociedades modelos. El hecho de que algunas personas que dicen ser judíos observantes actúen de manera incorrecta indica que la persona de que se trata tiene problemas, y no la Torá. En suma, la persona no vive de acuerdo con los elevados ideales de la Torá, Todos podemos caer en el error. Los judíos observantes también pueden dejarse llevar por impulsos de orgullo, codicia, envidia, odio. Tal vez tuvieron una infancia desdichada, o adolecieron de una formación educacional incompleta. Tal vez no se muestren tan amistosos con los demás como deberían hacerlo, ni tan dispuestos a ser bondadosos con sus semejantes como a mostrar su fidelidad a D's. Tal vez a veces resulte más fácil ser más fiel a la letra de la ley que a su espíritu.

Sin embargo, tal comportamiento es inexcusable. Aquéllos que se presentan ante el mundo como judíos ortodoxos tienen la obligación especial de proyectar una imagen positiva de sí mismos ante los demos. Deben esforzarse denodadamente por ejecutar actos de bondad, y evitar la corrupción y la codicia. Después de todo, el mundo juzgará a los judíos según su comportamiento.

Si muestran indiferencia o una actitud sospechosa, los enemigos de los judíos se deleitarán. Serán una prueba viviente para quienes menoscaban la religión.

Extraido de la revista El Kolel con la autorización de sus editores

 

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