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Vida judía


Apuesto en vos
Por. Dr. Eduardo Cohen



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El hombre bajó la cabeza incapaz de enfrentar la mirada acusadora de su esposa. Solo atinó, luego de unos segundos que le parecieron una eternidad, a esbozar un tenue "perdón, intentaré controlarme la próxima vez...". El motivo de la rencilla conyugal no nos atañe ni es determinante para el desarrollo de este artículo. Sí, en cambio lo es, la actitud de la persona que se siente en falta, su sincera intención de no reincidir (el esposo) y la postura de quien se siente ofendido, quizá por enésima vez... (la esposa).

 

La literatura talmúdica nos habla de un concepto llamado IEUSH, habitualmente traducido como desesperanza. Es aplicable a muchos ámbitos; hacemos IEUSH sobre cosas perdidas en la vía pública, que al no tener signos que la identifiquen como nuestras, pasan a ser propiedad de quien ocasionalmente las encuentre; bajamos los brazos y perdemos toda esperanza de recuperarlas. Pero, de las puertas para dentro, es decir, en el dominio privado, en nuestras casas por ejemplo, nadie puede alegar propiedad de algo que hemos extraviado, aunque no tenga señales identificatorias, ya que en nuestro ámbito privado no hacemos IEUSH. Esto es lo que Jazal nos enseñan. Los dos pilares de nuestro hogar, no están sujetos entonces al IEUSH. Me estoy refiriendo a la convivencia matrimonial y a la educación de nuestros hijos.Vivimos en una era descartable donde es muy tentador hacer IEUSH y hacer abandono de nuestras parejas o nuestros hijos, sin luchar por ellos. Sea como fuere, la desesperanza implica una aceptación negativa de la realidad (ya no creo más en el / ella!!) y su opuesto, el crédito ,que somos capaces de dar a nuestros conyugues, el combustible necesario para cimentar una convivencia basada en la confianza y en la renovación.

 

Nos abocaremos a intentar entender la psicología profunda de quien reincide sistemáticamente en sus errores y la postura que debe tomar una pareja inteligente ante tal situación.

 

Les propongo abordar el tema a través de 3 preguntas, que sin duda son las que nos planteamos a nosotros mismos cuando enfrentamos situaciones similares a las de nuestra pareja de ficción, en esta nota.

 

1. ¿Podemos cambiar realmente?

 

¿Hasta dónde el cambio está en mis manos? Algunos cónyuges crónicamente irritables se defenderán diciendo "Yo soy así!! Vos me conociste así! Me debes aceptar como soy! Y demás expresiones que no buscan más que deslindar responsabilidades. El Rab Natán Finkel, nos da una respuesta basada en el Sefer Bereshit, donde queda muy clara la importancia que la Tora da al adiestramiento del carácter.

 

Referido a la creación del hombre, está escrito "Naase adam bezalmenu kidmutenu" "Hagamos un hombre a nuestra imagen y semejanza" Encontramos en el midrash Shemot Raba, que Moshé se negó a escribir esta expresión dicha en plural, a nuestra imagen y semejanza, aduciendo con lógica que esto llevaría al lector a la confusión de entender la Divinidad como un ente tripartito o más, provocando un error que socavaría así, las bases mismas del iahadut. Bore Olam le contestó "escribí como Te dicté, ya que de todas formas el que quiere errar, va a errar", dejando un mensaje claro de que ninguna fuerza externa obliga al hombre a equivocarse; incurrimos en errores porque es nuestra voluntad errar y está bajo nuestro total dominio evitarlo. Así que, queridos lectores, cuando nos excedemos verbalmente con nuestras esposas/os, ya no podremos alegar que una fuerza extraña se ha apoderado de nosotros, no busquemos la solución en exorcistas, somos nosotros y nadie más que nosotros los responsables.

 

Ahora que me han cerrado los caminos, me enfrentan con mi peor enemigo, Yo mismo, debo trabajar para quebrar mis malas midot, no tengo opción.

 

2. ¿De qué depende el cambio?

 

Trae el RAMBAM en halajot teshuvá, que el primer paso para el arrepentimiento y la corrección, es reconocer mi error, jatati!! (pequé!)

 

El profeta Irmihau, contemporáneo de la generación que presenció la destrucción del Primer Bet Hamikdash escribe "Ein ish nijam al raato lemor ma asiti?" Ningún hombre se arrepintió de su maldad diciendo: "¿Qué hice yo?"

 

Ya el Ramjal, en su Mesilat lesharim, nos advierte de una patología extraña llamada ceguera voluntaria. Esta enfermedad que el más versado de los oftalmólogos no sabría tratar, se manifiesta por un síntoma cardinal llamado "la culpa la tiene el otro", Yo no hice nada, soy una víctima inocente de una esposa histérica abrumada por la carga del hogar o de un esposo materialista enfrascado en las cuatro paredes de su negocio, una especie de mártir como diría el común de la gente. Esta enfermedad bloquea el primer paso para cambiar una actitud equivocada, que es el reconocer mi error.

 

El Rab Mannis Freedman cuenta el caso de una pareja que fue a consultarlo para encontrar solución a sus dramas de convivencia. Luego de una hora de escuchar cómo uno despotricaba contra el otro, el Rab se paró y les dijo: ¡Basta! ¡Ya tengo al culpable! Los cónyuges, saltaron al unísono diciendo...El!...Ella! No, dijo el Rab, los dos!! Si Uds. creen que la culpa siempre la tiene el otro, los culpables son ambos!! Cuando nos encontramos con alguien capaz de golpear el pecho y decir, sí, la culpa es mía, no solo que lo valoramos sino que empezamos a pensar que el no debe de ser el único responsable!!

 

El reconocimiento debe de ir acompañado de un sentimiento de angustia (no excesiva, ya que la culpa puede llevar a paralizar la teshuvá), ya que si solo se trata de una verbalización del error, no alcanza. Podemos esto entenderlo mejor con un mashal, con un ejemplo. Dicen que una vez un gentil acertó a pasar por la puerta de un bet hakeneset en la hora de Neilá. Estupefacto contemplaba las personas cubiertas con sus talitot e imbuidas en el más sagrado fervor religioso. Solicitó permiso para entrar, el cual le fue concedido con la condición de ocupar en silencio y respeto un lugar en el pulpito. Obediente y respetuoso, se sentó junto a un hombre que estaba confesando sus culpas, rápidamente una tras otra, como muchas veces nosotros hacemos en las tefilot diarias, como un impuesto de labios, sin entender siquiera lo que estamos diciendo...Al finalizar lom Kipur, este hombre, perplejo, pidió intercambiar unas palabras con el Rab, a quien le dijo así: "¿Cómo puede la simple enunciación de las palabras operar un cambio de actitud y un arrepentimiento? Si uds. creen en D-os, Todopoderoso y benefactor sublime, deberían sentirse angustiados, con un sentimiento de "¿cómo pude yo hacerte esto a Vos?" Vos!! Que en forma gratuita me das vida todas las mañanas para que pueda incorporarme de mi lecho! ¡Cómo pude pecar delante de Ti!! Cómo!!! Sólo así, continuó este gentil, podemos esperar no volver a incurrir en las mismas faltas.

 

Llevado este ejemplo al ámbito de la convivencia matrimonial, diríamos que luego del primer paso indispensable de reconocer el error (jatati!!) debo sentir lo que este buen señor decía..." Cómo pude yo hacerte esto a vos, mi querida esposa/o!!" A quien me acompaña por este largo camino, a veces nada fácil, de 70/80 años de caminar por este mundo terrenal!.

 

Un poco de zoología:

 

Es sabido que el avestruz, un ave muy peculiar, tiene la capacidad de esconder su cabeza, de umbilicarla dentro de su cuerpo, cuando se enfrenta a situaciones de peligro, de ahí, el dicho "esconde su cabeza como el avestruz" que reservamos para todos aquellos que no saben enfrentar sus problemas. Y más aún. Maase abot siman labanim, los hechos de los padres son una señal para los hijos! De padres avestruces...hijos avestruces!! Una historia tragicómica nos ayudará a granear lo dicho. Cuentan que una vez, un papá se sentó en la mesa de su comedor a terminar un trabajo. Mientras su hijo pequeño corría en círculos alrededor de él. En uno de sus tantas "hakafot", tiró un jarrón que había sido puesto junto al borde de la mesa. Llamó el padre a su hijo y con un aire docente le dijo "Sabe, hijo mió, que no debes pasar cerca de un jarrón cuando éste está al borde de una mesa".

 

Pasaron unas semanas, y la situación se invirtió, el niño estaba sentado en la mesa, un nuevo jarrón en el borde y el padre fue el que pasó por su cercanía y lo tiró... otro jarrón hecho añicos!.. .esta vez por el padre.. .Nuevamente el papá, llamó a su hijo y con aire profesoral le dijo.. .Hijo mío, sabe que nunca se deja un jarrón en el borde de una mesa... Padres avestruces engendran hijos avestruces!! Hasta donde llega nuestra responsabilidad. Reconocer un error y motorizar un cambio, construye, no solo nuestro hogar, sino también el de nuestros hijos, nietos, etc., que reciben esta enseñanza.

 

3. El rolde la pareja

 

Sin dudas que la pareja juega un rol vital en todo proceso de cambio.

 

Partamos de la base que lo primero que necesita alguien que incurrió en un error, es tener enfrente quien confíe en él. Si percibimos que el arrepentimiento es sincero, estamos obligados a abrir un nuevo crédito, independientemente de créditos anteriores que hayan quedado impagos. El crédito conyugal no es un crédito bancario, debemos apoyarnos en el deseo sincero de nuestra pareja de querer cambiar y esto debe ser suficiente. Un banco no da crédito ante el simple deseo de pagar del prestatario, nosotros sí. No estaremos más que emulando a nuestro Creador, quien todos los lamim Noraim renueva la confianza en nosotros sin mirar nuestra gruesa lista de deudas.

 

De acá podemos sacar una enseñanza maravillosa. Dicen Jazal que Boré Olam nos juzga en esos días (Rosh Hashana), baasher hu sham, es decir, de acuerdo al nivel espiritual del momento, como una instantánea del alma, sin mirar para atrás ni adelante, o sea, que si estamos en el knis, concentrados en la tefilá y la teshubá, EL nos perdona y nos sella para un año bueno y dulce. Pero esto no se entiende. Si yo soy un impostor, cumplo con los requerimientos del baasher hu sham y al otro día vuelvo a mis andanzas! Entonces, hay algo aquí que no entendemos. La explicación es la siguiente. No nos juzga Boré Olam solo por nuestros actos concretos en esos días, sino fundamentalmente por nuestras sheifot, deseos, anhelos de cambio, aunque El sabe de antemano si vamos a poder concretarlos o no, pero si son sinceros, alcanza!!

 

Cuanto más y más nosotros estamos obligados a volver a confiar en nuestra pareja cuando notamos un claro deseo de cambio y un anhelo sincero de mejorar.

 

Se cuenta del caso de un hombre que desconfiaba continuamente de su esposa: ¿dónde estás?, ¿Con quién hablabas por teléfono?, ¿Adonde vas? Revisaba sistemáticamente sus mails y sus mensajes de texto y hasta había pensado en poner un detective privado para controlarla mejor. Luego de comprobar hasta el hartazgo de la futilidad de sus sospechas, decidió pedirle perdón sinceramente (con la vergüenza que esto implica) y asumió iniciar una nueva relación basada en la confianza mutua. Y así lo hizo. A la mañana siguiente, cuando despertó para su trabajo, encontró una carta de su esposa detallando paso a paso y hora por hora los lugares donde estaría durante el día y las persona que frecuentaría.. .al final de la carta decía "como sé que igual vas a desconfiar, te dejo mi cronograma del día, sos un caso perdido!" El hombre relató lo que sintió al leer la misiva. El dolor fue mayor al comprobar que su esposa ya no creía en él, al dolor y la vergüenza de haber desconfiado donde no había motivos para desconfiar.

 

Esta es la piedra fundamental para toda relación humana y cuanto más para la relación de pareja. Confiar y apostar, creer en mi cónyuge y en su capacidad de superarse día a día. Nuestras parejas son una especie de coach, entrenador y maximizador de nuestras potencialidades, ya que si confían en mí, debo esforzarme mas para no defraudar; y a mayor compromiso, mayores resultados. No por nada, la expresión bíblica EZER KENEGDO (una ayuda frente a él) que hace referencia a la creación de Java, encierra el secreto del apoyo incondicional que encuentra el hombre al casarse y sin el cual no logra completarse como ser humano.

 

El shalom bait es una edificación de alto riego.

 

Suele tener sus bases en tierras no muy firmes (expectativas ilusorias de una vida sin problemas) y sus pisos de escasa envergadura (nos conformamos con sobrevivir, vegetando en una relación chata sin aspiraciones) Los consejos milenarios de nuestra sagrada Tora y la experiencia de vida de nuestras familias a través de la historia, exitosas como pocas en el arte de la convivencia, nos enseñan que no debe ser así.

 

Debemos aspirar a la excelencia. Aprender a reconocer nuestros errores, a tolerar los ajenos y fundamentalmente a apostar, confiar y estimular los anhelos sinceros de cambio de todos los que conviven dentro de nuestras cuatro paredes. No estaremos haciendo más que imitar lo que nuestro Creador hace con nosotros. Renovaremos el clima en nuestros hogares y estaremos cimentando las futuras generaciones. ¿Quiere empezar hoy?




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