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Para reflexionar


Cambio de eje 2
Por. Rav Isaac Sakkal



La Emuná

 

Pasemos ahora al segundo tema de la Emuná, el gran tema de Emuná; la metamorfosis más importante por la cual atraviesa Yosef, se podría decir que tiene que ver con el traslado del eje ¿Qué significa esto?. El traslado del eje, podría decirles que a mi opinión es la mejor definición de “Avodat Ashem” (Servicio Divino) o para ser más shokeante y pretencioso aun, afirmaría que el traslado del eje es nuestra meta existencial, es el “para qué” de nuestra vida.

Veamos en forma más detallada ¿qué significa el traslado del eje? La Tora insinúa (al menos en el nivel literal) que Yaacob se “equivocó” en la educación de Yosef, pues la Tora pretende que aprendamos no sólo de las hazañas  y grandeza de nuestros patriarcas, sino también de sus errores. Los sabios aprenden de aquí que un padre no debe mostrar preferencia por un hijo más que los otros.

Imaginemos lo que sucede en esa escena. Todos los hermanos de Yosef están con una remera cualquiera pero Yosef tenia una camisa Polo, y para colmo, Yosef no era uno de esos muchachitos humildes que se sacaba la camisa y prefería estar como el resto de sus hermanos, sino que por el contrario, se lo describe como un poco ostentoso y presumido. No es para menos, él era el preferido de papá, hijo único de su madre por mucho tiempo. Papá era sólo para él.

Les puedo recomendar una película bastante útil para entender lo que ocurre entre Yosef y sus hermanos, se llama: “Yosef el rey de los sueños” .   En ella se puede palpar mejor algo que ya es obvio, Yosef era el centro de todo –o al menos así se sentía él- y su eje, era él mismo. Todo lo que lo rodeaba, me refiero al ámbito en el que vivía, contribuía a alimentar esa sensación, su mamá, su papá, incluso él mismo así lo proyectó en sus sueños donde su gavilla está en el centro mientras que las de sus hermanos giran a su alrededor y se postran ante ella. También el sol, la luna y doce estrellas se postran ante él. Todos lo rodean a él. Él es el centro del mundo y del universo. En realidad, esto nos pasa a todos, en mayor o menor medida.

Cuando nacemos, naturalmente somos el eje, aquellos que tengan noción acerca de psicología evolutiva entenderán a qué me refiero. Mamá es parte nuestra. El primer gran trauma que tiene un chico es cuando se da cuenta que su mamá no es él. No hay peor trauma para un chico que la aparición de un hermano. Hasta ahora, si bien ya entendió que mamá no es parte de él, tanto ella como papá y todos los demás, giran al rededor de él, él es el centro. Cuando aparece un hermanito, todo eso cambia y comienza a ver que ese eje se empieza a mover un poquito. Hay mucha gente, diría muchísima gente en el mundo, que nunca logra salir de esa percepción de verse como eje. Existen individuos que toda la vida piensan, suponen o se comportan como que los demás son parte de la periferia y en el centro esta él. Dicho de otra manera, creo que hay poca gente que no se concibe a sí misma como el centro. No es algo que sucede a nivel conciente, más bien esto ocurre a nivel subconsciente. No es que uno elige ser el eje de todo y que todos giren alrededor de él, pero en la práctica, así nos comportamos, así percibimos la realidad. Nuestra sensación de la realidad es que somos el centro de la existencia, el eje de realidad somos nosotros.

Yosef no fue la excepción, todo su escenario lo ayudaba a sentirse así, lo vivía en sus sueños, lo proyectaba en su subconsciente. Pero la vida le fue enseñando que él no es el eje. Quizás una de las manifestaciones explícitas de que él no es el eje, es cuando Yosef observa a sus dos compañeros de cárcel que están preocupados. Su reacción fue preocuparse por ellos, preguntar qué les ocurre. Esto no es un detalle menor, Yosef se  interesa por el otro. Esta es la mínima expresión de traslación del eje. Te preocupas por el prójimo, es decir, quiero conocer “su” realidad. Ya no lo estoy viendo al otro en función mía y nada más. Esta nueva manera de pensar de Yosef, es lo que hará que interprete los sueños del faraón.

¿Qué es lo que sueña el faraón?  No me refiero a las vacas o las espigas, quiero detenerme en el lugar en el que se ve el faraón a sí mismo. En realidad en el sueño  el se ve sobre el Nilo, en medio del Nilo, pero cuando se lo relata a Yosef, dice que estaba a orillas del Nilo, cambia la versión.

Si recurrimos al Midrash, veremos que allí nos relata ¿qué es lo que los adivinos de Egipto le presagiaban, cómo ellos le interpretaron el sueño? Algunos decían que se refiere a siete hijas que faraón iba a engendrar y que las siete morirían. Esto es así porque respondía  exactamente a lo que el faraón les dijo. Él en medio del Nilo, y es por eso que se lo atribuían a él, algo personal que le pasaría, porque el faraón era el que estaba en el eje, por lo tanto el sueño debería referirse a algo que le pasara a él como eje. Yosef puede interpretar que el faraón esta a orillas del río y que no es él el eje, sino que el eje es el río Nilo. El Nilo, representa a Egipto. Egipto depende del Nilo, es decir que Yosef ve que el sueño se refiere a Egipto. Gracias a ese traslado de eje, Yosef puede ver su propio problema, antiguo, reflejado en el faraón y es ahí mismo en donde se lo ve a Yosef en otra posición, ya no se ve como el centro del eje. Tratemos de vivir este momento, Yosef se presenta ante el faraón, el rey de la máxima potencia mundial y el país más desarrollado, bien podría hacerse lucir o alabarse ante el faraón y así impresionarlo, al fin y al cabo nadie parece descifrar los sueños  del faraón y él sí; la situación se presta perfectamente para el escenario de ser el eje, el centro. Sin embargo, no ocurre así, Yosef ya no esta en la posición de creerse el eje, y lo vemos reflejado en las primeras palabras que declara ante el faraón: “Biladai” –fuera de mi, tal cosa, -no soy yo, sino- Dios quien responderá por el bienestar de faraón-. Sublime.

Esa traslación del eje, le permitirá entender que el centro no es el faraón, sino Egipto. La última realidad no es el faraón, como él se creía, sino algo superior, en este caso Egipto.

Esta historia termina de una forma muy emotiva. Cuando se presentan los hermanos de Yosef, después de mucho tiempo, lo primero que les dirá a sus hermanos es: “Yo soy Yosef... ahora, no se angustien que me vendieron, pues Dios me envió aquí para alimentarlos a ustedes.”

Es un cambio de postura formidable. Él ya se da cuenta que los hilos de la realidad son movidos por otra realidad con mayúscula y se concientiza de que él estaba en el centro, no para recibir pleitesía, sino para servir a los demás. ¿tremendo cambio, verdad? De una concepción egoísta -todo hacia mi- a una concepción totalmente altruista, hacia el otro. Un giro de ciento ochenta grados.

Creo que estas dos cosas tienen que ver con la Emuná. La primera es la Emuná en donde no todo lo podemos saber, que Dios  tiene propias cuentas, mientras que uno mismo tiene que vivir haciendo su máximo esfuerzo, pero pensando, sabiendo y creyendo que lo que sucede es para bien, y que lo que me pasa es para bien, siendo concientes que tal vez, no lleguemos a verlo nosotros mismos. Ojo, no debe malentenderse y pensar que esta e una ideología fatalista, por supuesto que el individuo debe hacer todo lo que esta a su alcance para que las cosas ocurran como mejor entendamos que deben ocurrir, pero parte de la Emuná es tener esa tranquilidad y paz interior, característica de las personas con Emuná, a diferencia del que se desespera por todo lo que le pasa o deja de pasarle, aun después de haber hecho todo su esfuerzo, como si en realidad todo dependiera de él…

La segunda cosa que tiene que ver con Emuná, creo que es más trascendental todavía, pero para ello es necesario recurrir al Rambam, en Moré Nebujim, la teoría principal de Maimónides es que existen tres niveles espirituales, por así decirlo, en los cuales el ser humano puede vivir, el primero es el nivel de la imaginación, que es el peor –el menos elevado- de los tres. El segundo nivel, es el de la razón, y el tercer nivel, superior a todos, es el de la nevua –profeta-, (que no necesariamente implica profetizar). Mientras que los dos primeros niveles pueden ser alcanzado por toda la humanidad, el tercer nivel es exclusivo del pueblo de Israel.

El segundo nivel es factible de ser alcanzado por cualquier persona, no obstante, el 99,98% y un poco más, vivimos en el primer nivel el de la imaginación.

¿Qué se entiende por el nivel de imaginación? Para comprender mejor, qué significa el nivel de imaginación y el de la razón, podríamos  ilustrarlo con un ejemplo, digamos que tiene que ver con la percepción de la realidad. Más arriba, cuando mencionamos que la mayoría de la gente supone que el eje es uno mismo, eso obviamente no es el campo de la razón, sino el de la imaginación. Desde la realidad real, desde el ángulo de la realidad verdadera, es incorrecto afirmar  que el eje de la realidad sea yo. Esto más que formar parte del ámbito de lo verdadero, pertenece al espectro de la imaginación. No existe actitud más imaginaria que esta. Es decir, pensar, percibir y comportarme de forma tal que la realidad tiene que ver exclusivamente con lo que gira alrededor de mi mundo.

Una manera de superar este nivel y alcanzar uno superior sería, trasladar el eje un poquito, dar un primer paso que puede ser pensar en el otro. Quizás sea este el primer paso para alcanzar la traslación de eje.

Algo que nos puede ayudar a alcanzar este primer paso, es tratar de entender con mayor profundidad el precepto de amar al prójimo como a uno mismo. Haciendo a un lado los problemas psicológicos , podríamos decir que en nuestro “software” viene programado ya el hecho de querernos a nosotros mismo. Como alguien mencionó una vez, “Amar al prójimo como a uno mismo” significa: tal como nosotros nos queremos a nosotros mismos, y nos queremos a pesar de nuestros propios defectos, análogamente debemos amar al prójimo con sus defectos, no quererlo solamente cuando se comporta bien con migo o en su perfección, sino como  me  quiero a mi mismo, como me acepto a mi mismo.

Creo que se podría hablar mucho acerca de la definición de amor, se me ocurre una definición, no tienen por qué compartirla si no están de acuerdo. Tiene que ver con la manera en que se expresa el amor, “preocuparse por…”, “pensar en…”, “poner en primer lugar a…”, creo que actitudes como estas expresan indudablemente un grado de amor genuino.

Por naturaleza, cada uno cree ser el eje. Si no trabajamos esa naturaleza, el eje se queda en ese punto toda la vida. Estaba sosteniendo que el suponerse uno mismo el centro de cuanto lo rodea, es producto de la imaginación, esa no es la realidad. La realidad tiene que ver con la verdad.  Por lo tanto el primer paso que podemos dar para dejar de suponernos el eje es cuando lo traslado a otro ser humano. Y es por eso que el precepto de “amar al prójimo como a uno mismo” es crucial para este primer paso.

Una vez que trasladamos el centro a otro ser humano, todavía no estamos en el nivel de la razón. Para acercarnos más a este nivel hace falta otro paso hacia la realidad.

Para lograrlo debemos antes cuestionarnos ¿Cuál es la realidad de verdad?, me estoy refiriendo a la última realidad, ¿cuál es el eje de la verdad? La última realidad, es la primera, ¿en qué sentido es realidad?, estoy hablando de la realidad existencial.

Les propongo un ejercicio. Mírense ustedes mismos, desde el yo, es decir, el eje yo. Luego véanlo desde arriba, por encima del espacio y del tiempo. ¿Qué tan real es esa realidad del “eje yo”. Creo que a esa altura, ya será sencillo verlo como algo meramente imaginario. Avancemos más aun. Traslademos ahora el eje de esa realidad a mi familia. Es un paso más adelante, pero sigue siendo un producto de la imaginación en función de la realidad.

Cuando yo tengo una visión exterior a mi mismo y me quiero ver dentro de esa realidad, el único eje real es Él, es el principio, el único centro real, que es el que tiene que ver con: “En el principio creo Dios los cielos y la tierra” El eje tiene que ver con lo existencial.

¿Qué significa lo existencial? Se preguntarán. Permítanme ilustrarlo con un ejemplo. Tomemos un bolígrafo. ¿Cuál es la realidad de ese bolígrafo?, me refiero a ¿cuál es la realidad existencial de ese bolígrafo? Obviamente que escriba, sirve a una función exterior al propio bolígrafo. Imaginémonos ahora que este bolígrafo puede pensar; si tuviera que pensar en su existencia, ¿qué pensaría de sí mismo? No podría concebirse sólo para escribir; lo más probable es que se viera a sí mismo como un eje. Sintetizando, si el bolígrafo pudiera pensar, se vería a sí mismo como una realidad que se auto sostiene, que se auto justifica. Sin embargo, la realidad de este bolígrafo, vista desde afuera, es que este bolígrafo está para algo que es exterior a él mismo. Esta existencia tuvo que ver con alguien que lo hizo con un propósito. Entonces, si este bolígrafo se concibe a sí mismo como el eje, eso es síntoma que esta en el ámbito de la imaginación. Ese bolígrafo tiene un propósito existencial muy claro, que es escribir, que él mismo quizás no lo entienda ni lo pueda descubrir.

Ahora bien, todo lo que esta en este sub-mundo, tiene una razón de ser. Todo lo que nos rodea, tomemos cualquier cosa que esté a nuestro alcance, el reloj por ejemplo. Cada botoncito que tiene es para algo, alguna función cumple, cada seña que posee me indica algo. Un walkman también tiene una razón de ser cada botón hasta la marca roja que hay en le botón o la flechita tiene una función y me indica algo. Aun las personas que me rodean puedo encontrarles un motivo de por qué están ahí y hacen lo que hacen, todo tiene una razón de ser; todo menos aparentemente qué… obviamente, lo más importante, yo. Así no es difícil creerse el centro de la realidad.

Si bien esto es algo difícil de comprender, hay algo que es más difícil aun, y es vivirlo, es decir, vivir de forma coherente con esta idea. Vivir la vida sabiendo que no soy el eje.

Para entender esto más cabalmente debemos comprender antes qué significa el concepto: “Leshem shamaim” -actuar para el cielo, desinteresadamente-. Cuando lo que hago lo hago en función de otro eje, que es Dios, la realidad existencial, la última realidad de todas.

La traslación del eje parece algo sencillo, pero en realidad es algo muy complejo, lleva toda una vida lograr trasladar el centro.

Esta traslación del eje que venimos hablando, significa abandonar el nivel de la imaginación y llegar al mundo de lo racional, algo que es lógico, algo que es verdadero. Es el ámbito de la verdad, no es la imaginación.

Antes de seguir avanzando es menester ahondar un poco más en el concepto: “Leshem shamaim” -actuar para el cielo, desinteresadamente- Para entenderlo en forma plena, debemos cambiar una palabra, en vez de “para” utilicemos “hacia”. Cuando realizamos algo “Leshem shamaim”  no se trata de un favor que le hacemos a Dios, sino de entender que el centro de la realidad es Él y que somos simplemente un punto en la periferia cuyo sentido puede estar en la medida que reconozcamos al eje.

El extremo más fantasioso que existe es ignorar al eje real y concebirme a mí mismo como mi propio eje. Es importante recalcar que todo el mundo vive con esta percepción, más aun toda la sociedad esta armada para que vivamos así; es decir para que el hombre nada más reciba.

Si le preguntamos a la gente en la calle ¿para qué vives? La respuesta comúnmente es: “para ser feliz”. Viven para ser feliz, o sea, la existencia se auto-justifica. No es que viven para algo exterior a ellos, cuando decimos: “para ser feliz” nos asemejamos al ejemplo del bolígrafo, pues sería ridículo  que suponga tener un sentido fuera de aquel para el cual fue concebido. Análogamente pasa con el ser humano.

Es menester aclarar, que este problema del eje, lo tenemos únicamente aquellas personas que creemos en Dios, los demás no lo tienen; ellos no tienen ningún problema, pues todo comienza desde “Bereshit” –En el comienzo- si no existe creación, entonces el eje somos nosotros mismos,  hay que vivir para ser feliz y no hay que prestarle atención a nada más, no hay nada que importe más que yo. Pero si creemos en la creación y un Creador como la última realidad, entonces se plantea la cuestión de ¿en función de qué vivimos?, ¿qué es lo que está en el centro de mi vida, de mi accionar diario, de mi pensamiento? Es muy difícil llegar a este nivel. Es el ideal al cual podemos llegar. Creo que las palabras del sueño de Yaacov, “Rosho maguia shamaima” –Su cabeza llegaba al cielo- nos habla de esta idea, la cabeza en el cielo y los pies en la tierra. No hay que ser astronauta para creer o vivir de acuerdo a esto, sino que hay que ser realista, esto no significa ser extremista, sino ser objetivo.

Existe un Midrash muy bonito que habla acerca del “Olam Habba” -mundo venidero-, y dice que en el mundo por venir,  los justos se sentaran con las coronas sobre sus cabezas y bailaran en una ronda al rededor de Dios. Ahora bien, para hacer una ronda es menester hacer un círculo y como es sabido, todo círculo posee un centro. En este caso, los justos están bailando y Dios esta en el centro. Ellos son los que llegaron a entender y a vivir en función de ese eje, son como los que se conciben a sí mismos como que están en la periferia de esa ronda y que el centro-eje, es Dios, es por eso que antes mencioné que a esto se refiere cuando decimos servir a Dios, es decir, trasladar el eje hacia Dios, eso es algo muy difícil

Los sabios hablan de una evolución en la persona, entonces concientes de que nuestro primer eje somos nosotros mismos, nos hablan “Zajar baonesh” -recompensa y castigo-. Ahora bien, todos sabemos que servir a Dios por amor, es un nivel superior y eso implica no acatar los preceptos por temor al castigo o para recibir la recompensa, “Leshem shamaim” -actuar para el cielo, desinteresadamente- justamente es cuando uno hace las cosas no para recibir un premio.

Aquel que acata los preceptos meramente  para recibir su recompensa, si bien es una actitud  tolerada por los sabios y hasta justificada en primera instancia, no obstante, ellos mismos consideran que esta se encuentra muy lejos del ideal.

A propósito, acerca de este tema, es posible que mucha gente tenga ese gran problema en su Emuná. Si acato los preceptos para no enfermarme o para que me vaya bien en el comercio –conozco gente que coloca la mezuzá en su hogar, para que no se le incendie la casa, o que se colocan los Tefilín, para que les vaya bien, o que dan Tzedaká, para recibir más dinero, o que se acuerdan de Dios, cuando necesitan pedir algo. ¿Quién está en eje? Sigo siendo Yo el eje. Y así, aun los observantes de los preceptos, los cuales, son una herramienta muy preciada para ayudarnos a trasladar el eje, puede ser que no sea Dios el centro, sino que ellos mismos sigan siendo el eje y que simplemente “lo usen a Él” haciendoLo orbitar alrededor del yo como eje.

Resumiendo, la verdadera labor consiste en hacer el traslado del eje y que en el centro este Él, labor bastante difícil, pero al lograrlo, se arriba a la cúspide más alta a la que puede llegar el común de la gente. Es más, en palabras de Maimónides, es la última manera de sobrevivir la muerte.

¿De qué forma podemos sobrevivir a la muerte o mejor dicho a esta vida? El cuerpo esta condenado a morir. Definitivamente, el cuerpo ha de perecer. Aun la idea de la resurrección de los muertos, nos habla de muertos. Maimónides es más categórico. Él dice algo así como que aquella persona que fue únicamente cuerpo, es decir, únicamente yo, muere cuando muere su cuerpo. Esto no es un castigo a su actuar y pensar, sino una consecuencia natural. Maimónides es más tajante aun al afirmar que aquella persona, al morir va al mismo lugar que van las vacas cuando mueren, o sea a ningún lado.

Al morir, queda aquello de mí que se aproximó al eje. ¿Cuánto de mí fue eje Yo y cuánto de mí fue eje Dios? Aquello que fue eje Yo, desaparecerá irremediablemente pues ya murió, pero  aquello que fue eje Dios, quedará porque Dios perdura. Puede ser mitad y mitad, 50 y 50, o sea, 50 % fui eje yo y en otro 50% de cosas, actitudes o concepciones, el eje fue Dios, entonces, mitad  de mi desaparecerá y mitad quedará. No obstante alcanzar el nivel de mitad y mitad ya de por si es algo bastante bueno. Pero también puede ser solo el 5% eje Dios y entonces el  95% desaparecerá. Puede que suene como  un ejemplo tonto, pero es muy útil  para entender esta idea de Maimónides, la única  posibilidad de supervivencia es esa, pues para ello estamos aquí, mientras el eje sea yo, y como es sabido ese eje yo indefectiblemente muere, no queda nada, no sobra nada, o mejor dicho, sobra todo. Digámoslo así –DESAPARECEMOS-, es difícil explicarlo, otro tanto entenderlo, pero lo más complicado es asumirlo, poder vivirlo; para ello hay que superar muchas cosas.

A pesar de lo complicado del tema, mi intención es apuntar hacia dónde está el norte en este sentido y cómo creo que lo aprendemos de Yosef, cuando él llega a la Emuná de que él está para servir. Observemos ¿qué es lo que hace después? Sirve a Egipto, salva a Egipto. Es notable ver en qué se transforma ese joven “egocéntrico”.

Es un error  asumir que seré más cuando más piense en mí mismo, todo lo contrario. Cuando más soy conciente de que mi misión está fuera de mí, de que no estoy sólo para ser feliz, que no soy existencialmente autosuficiente, entonces estaré subiendo un escalón. Habré superado el nivel de la imaginación, pues me acerqué y percibí la última realidad, la verdad, aquello que está por encima del espacio y del tiempo

Si somos de los pocos afortunados que lograron percibir la “realidad real” –valga la redundancia- y luego de una ardua y difícil tarea alcanzamos superar el nivel de la imaginación,  eso no implica que automáticamente estamos en el nivel de la razón, sino que estamos en sus portales, ahora hay que adentrarse en él.

Escrito por Rav Isaac Sakkal basado en la disertación de R. Yosef Bittón

< Primera parte

 

 




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