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Entendiendo


La Torá es dulce
Por. Rav Salomón Michan



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Mucha gente puede pensar que la Torá es una carga para cada uno de nosotros y “tenemos la obligación de cumplirla, con o sin gusto”, pero después de analizar lo que es la Torá, nos daremos cuenta que la Torá es muy dulce y realmente sí tenemos la obligación de cumplirla, pero será con mucho amor y mucho gusto.

Si no tiene Yetzer Hatob, ¿por qué estudia Torá?

Contó Rab Yaakob Galinsky en el Bar Mitzvá de su nieto, el siguiente suceso:

Cuando fue el Bar Mitzvá del nieto de Rab Yaakob Kaminetzky, toda la familia estaba disfrutando de la comida que se realizó en honor al joven del Bar Mitzvá y su abuelo Rab Yaakob Kaminetzky interrumpió la comida, haciendo una pregunta a todos los invitados y preguntó lo siguiente:

Está escrito que el Yetzer Hatob no existe en un niño, sino hasta que cumple los 13 años; si es así, ¿Cómo mi nieto se sabe la Guemará de Babá Kamá, Babá Metziá, Babá Batrá y Sanedrín si es que no existe el Yetzer Hatob?

Después de hacer la pregunta, el Rab se sentó y no contestó. Toda la gente estaba esperando la respuesta, pero el Rab no quiso contestar.

Pasaron 4 minutos y el Rab volvió a preguntar a toda la gente otra pregunta:

Si llega un maestro a una clase de niños de 6 o 7 años y les pregunta a todos los niños: ¿Quién quiere un chocolate? Los niños contestarán que todos quieren el chocolate.

La pregunta es: ¿Por qué los niños contestarán que todos quieren el chocolate y no contestan que uno mismo quiere el chocolate?

La respuesta es, que por cuanto que el chocolate es dulce y delicioso y seguramente a todos los niños les gusta el chocolate y no hay que presionar a ningún niño para querer algo dulce y sabroso.

Continuó el Rab diciendo: Así como el chocolate es dulce y no es necesario tener un instinto bueno que lo atraiga a comerlo, así mismo la Torá; no es necesario tener Yetzer Hatob para estudiarla, ya que la Torá es algo dulce y es lógico que a cualquier niño, joven y adulto le guste. [1]

Yo tengo más satisfacción en este mundo que tú:

El famoso Moshe Raijman, en una ocasión, fue hasta Bene Berak en Israel, para entrevistarse con el Gadol Hador: Rab Elazar Menajem Man Shaj más conocido como Rab Shaj.                      

El objetivo de la entrevista era, que el Millonario Canadiense, le diera a Rab Shaj 100 millones de dólares, como donativo, para ser repartido entre el mundo de las Yeshibot.

Esta noticia fue un gran Kidúsh Hashem y un alivio para la golpeada economía de las Yeshibot.

Al concluir la entrevista, Moshe Raijman le pregunto a Rab Shaj: Dígame, con todo respeto: ¿Quien tiene más mundo venidero, usted o yo que doy tanto soporte al estudio de la Tora?

Rab Menajem Man le respondió: Holam Haba (mundo venidero), no sé, pero Holam Hazé (mundo presente) yo tengo mucho más, porque estoy dedicado a estudiar Torá.

Rab Shaj sentía la dulzura de la Torá y sentía que la satisfacción más grande en este mundo es el estudio de la Torá Kedoshá.

El regalo a papá, el ejemplo del padre:

El papá cumplía 50 años.

La familia, para demostrarle su amor, organizó una fiesta a la que nadie debía faltar. Hijas, hijos, sobrinos… La consigna era que cada uno llevara un sencillo regalo para papá.


Llegado el momento, el salón de la casa, iluminado para el acontecimiento, se llenó de risas y murmullos. El clima festivo se sentía en el aire, todos, desde el más grande al más pequeño, esperaba ansioso la llegada de su turno para entregar su obsequio…


Uno le compró un libro recién salido de la editorial. Otro, un bolígrafo elegante y cómodo para escribir. Aquel, una agenda donde registrar sus compromisos…


Pero la gran sorpresa fue cuando le llegó el turno al hijo de 14 años.

La familia cuenta, que cuando le pidieron que se acercara a entregarle su regalo al papá, se puso de pie, extendió sus manos vacías, y mientras un torrente de lágrimas cubría su rostro dijo: Papá, tu sabes cuanto te amo, y cuanto me debo a ti. Por eso, cuando me dijeron que debía traerte un regalo, dediqué mucho tiempo a pensar cual sería el presente que mayor satisfacción te produciría. Pensé y pensé… y llegué a la conclusión que siendo tú un apasionado de la Torá, y que durante todos los años de mi vida me enseñaste que la Torá es lo más dulce, y que estudiarla es lo mejor que le puede pasar a una persona, decidí que mi obsequio debía ser en ese sentido…


El joven hijo declaró frente a todos los presentes: Yo quiero anunciar aquí, que dediqué todo este día la estudio de la Torá, en honor y por el mérito de mi papá, comenzando a las 8:30, sin interrupción estudié hasta las 16:30, durante ocho horas continuas, y para que nadie perturbara mi estudio, me fui a una pequeña Yeshibá en la que casi no había gente, y donde nadie me conoce, para concentrarme en mi tarea.


Estudié sin pausa, y este es mi especial regalo para nuestro padre, que nos educó en el amor a la Torá. ¡Este es el regalo que te traje, papá! [2]

¿Cómo la vida se convierte en dulce?

 

Nos relata la Torá, que después del acontecimiento de la partida del mar, los Yehudim continuaron su rumbo en el desierto y no encontraron agua para beber y nos dice así la Torá: [3]

 

“…Vayeleju Sheloshet Yamim Velo Matzú Maim, Vayabou Marata Velo Yajelu Lishtot Maim Mimara, Ki Marim Hem; Al Ken Kara Shema Mará” – “…Y caminaron 3 días en el desierto y no encontraron agua, llegaron a Mará, pero no pudieron beber las aguas de Mará, pues ellos eran amargos; por eso lo llamaron Mará”.

 

Explican los Jajamim: Las aguas, que son comparadas a la Torá eran “amargas”, porque ellos eran “amargos”. ¿Y por qué ellos eran amargos? Ya que habían pasado varios días que no tenían Torá ni Mitzvot con ellos. [4] Cuando uno está sin Torá, todo el alrededor se vuelve de la misma manera, es decir, amargo.

 

¿Cuál es la solución?

Nos continúa contando la Torá: “Vailonu Aam Al Moshé Lemor, Ma Nishté, Vaitzak El Hashem Vayoreu Hashem Etz Vayashlej El Hamaim Vaimteku Hamaim” – “El pueblo se quejó ante Moshé, diciendo: ¿Qué beberemos?, Moshé clamó ante Hashem y Hashem le mostró un árbol; él lo arrojó al agua y el agua se volvió dulce”. [5]

Explican los Jajamim algo hermoso: Hashem “les mostró un árbol”; el árbol representa la Torá y las Mitzvot, así como explican los Jajamim, que en ese momento se dictaminó leer la Torá cada tercer día para que no pasen 3 días sin estudiar Torá, y también se les dio algunas Mitzvot a los Yehudim en ese momento, [6] y al recibir eso, el agua se volvió dulce; es decir, ellos pasaron de ser amargos a ser dulces.

Vemos de estos versículos, que lo único que endulza a la persona, es la Torá y las Mitzvot, ya que la Torá es dulce.

 

La miel siempre es dulce, pero no siempre para quien la consume:

 

En una ocasión, un alumno de una Yeshibá que no tenía mucho gusto por estudiar Torá, pidió entrar con Rab Shteinman para hablar con él y esta fue la conversación dentro del cuarto:

 

Entró este alumno con el Rab y le preguntó lo siguiente:

Jajam: ¿A usted le gusta un helado de 3 pisos?

El Rab no entendía qué quería este joven, le contestó que no sabía qué era eso.

El alumno le preguntó si quería comer un helado de esos y el Rab le contestó que no estaba interesado.

El alumno volvió a preguntarle lo mismo, pero ahora en vez de helado, se refirió a una carne grasosa, gruesa y sabrosa. Y la respuesta del Rab fue la misma, que no conocía ese tipo de carnes.

El alumno le volvió a preguntar si le interesaría comer una carne de esas, a lo que el Rab le contestó que no tenía interés de probarla.

Imaginemos la escena, el Gadol Hador hablando ese tipo de cosas con un alumno.

 

Cuando el alumno escuchó esto, le hizo una muy buena pregunta al Rab: Si a mi no me gusta la Torá y no me da gusto estudiarla, ¿por qué me obligan a estudiarla y a cumplirla?

 

El Rab le contestó algo hermoso:

¿Tú sabes cuál es la comida más dulce que existe en el mundo?

El alumno le contestó que la miel.

El Rab le aprobó la respuesta y le volvió a preguntar: ¿Tú crees que exista alguna persona en el mundo que la miel no le sepa dulce?

El alumno muy seguro le contestó: La miel es dulce y a todo el mundo le sabe dulce, y no hay nadie que le sepa amarga.

El Rab le contestó lo siguiente: Sí existe alguien que la miel no le sabe dulce, y hasta le sabe amarga; es esa gente que tiene aftas y fuegos en la boca. Aunque la miel en sí es dulce, no cualquier persona tiene el sentimiento de sentir la dulzura de la miel.

Tal vez tu problema son esas aftas o fuegos. Si cuidaras más la boca y te comportas mejor, seguramente podrás sentir la dulzura de la miel.

La Torá en sí es dulce, sólo que mucha gente no tiene la fortuna de sentirlo. Le pedimos a Hashem que los ilumine para sentir la dulzura de la Torá

¿Qué nos impide sentir la dulzura?

Vamos a explicar lo que verdaderamente nos impide sentir la dulzura del estudio de la Torá.

En el siguiente ejemplo vamos aprender dónde está la fuente de ese impedimento.

Una persona que está invitada a un banquete donde se sirven los más exquisitos manjares no podrá disfrutarlos si antes de sentarse en la mesa come algo muy amargo o algo muy picante. Esto le altera la capacidad de sentir el gusto de lo que comerá después.

Es exactamente lo que ocurre con el estudio de la Torá. Si antes de estudiar estamos “metidos” en cosas externas que desvían nuestra mente de la espiritualidad, nunca sentiremos que la Torá es más dulce que la miel. Estos “gustos extraños”, amargos y picantes a la vez, dentro de nuestras almas, no dejan que podamos disfrutar de la dulzura de la Torá.

La cultura griega fue la primera que trajo cosas extrañas, introdujo el deseo de buscar “otras cosas”, gustos extraños y externos, que nos alejaron del amor por la Torá, y nos provocaron dejar de sentir la dulzura que estaba preparada para nuestra vida.

Debemos “trabajar” sobre este punto, alejarnos de las ocupaciones “extrañas”, de las satisfacciones “exteriores”, y así poder volver a la dulzura del servicio al Boré Olam, en el estudio de la Torá y en el cumplimiento de los preceptos. [7]

Las Mitzvot son una dicha:

Siempre al cumplir alguna Mitzvá, debemos bendecir antes de cumplirla. Los Jajamim implantaron un texto base y luego dirigieron un contexto relacionado a cada Mitzvá.

Vamos a explicarlo.

El texto que implantaron los Jajamim es la siguiente: “Asher Kideshanu Vemitzvotav Vetzivanu…” – “Que nos santificaste con sus Mitzvot y nos ordenaste”.

La palabra “Asher”, puede traducirse como “Que…” o se puede explicar diferente. Explican los Jajamim, que la palabra “Asher” viene de la palabra “Osher”, que quiere decir: “Dicha”.

Esto quiere decir, que es una dicha poder cumplir con una Mitzvá que Hashem nos impuso.

Qué más bello sería que pensemos esto al cumplir cada Mitzvá que hacemos en el día, por ejemplo, Al Netilat Yadaim, Leitatef Betzitzit, Leaniaj Tefilín, etc…

Si es con gusto, no es una carga:

 

Cuentan sobre Rab Zalmale, hermano de Rab Jaim Mivoloshin, que era un hombre muy débil. Cierto día, estaba buscando un libro, y después de un rato, supo que se había caído detrás del librero, necesitaba el libro con suma urgencia, pero hacían falta cinco hombres fuertes para poder mover el librero. Y Rab Zalmale, con toda su debilidad, pero con su gran amor a la Torá, y con el deseo de consultar urgentemente el contenido de ese libro, movió la biblioteca sin ninguna ayuda, y se puso a estudiar del libro con tranquilidad.

Preguntan los Jajamim, ¿cómo hacen los muchachos que estudian Torá todo el día para realizar el “mishmar” (estudiar durante toda una noche)?

Pueden, porque le encontraron el “gusto” al estudio. El gusto, las ganas de estudiar dan fuerza para permanecer estudiando toda la noche. Si lo que hacemos no nos gusta, o si lo que estudiamos no nos interesa, podemos quedarnos dormidos en menos de cinco minutos. Así podemos traer al Bet Hakneset una persona de la calle, una persona fuerte y musculosa, lo hacemos sentar y le pedimos que estudie durante toda la noche, al no estar interesado en el tema que se estudia, sentirá aburrimiento y se quedará dormido en unos minutos, por no haberle encontrado el “gusto” al estudio.

Primero, hay que saber que la Torá es “dulce como la miel”. Y cuando le sentimos el gustito, nunca sentiremos que es una carga estudiar o que nos provoca cansancio. Y si vemos que, sentimos cansancio y nos falta la fuerza para estudiar, es simplemente porque nos faltan las “ganas”, el gusto todavía no apareció. Necesitaremos entonces, por las mañanas, en las bendiciones de la Torá, poner más “intención” al recitarlas y pedirle al Hashem que nos revele el gusto de la Torá.

 

Contó un Jajam: En una fiesta de “Bar Mitzvá”, me acerqué al muchacho y le di una bendición: “que sea merecedor a sentir el gusto en el estudio”. Se me acercó después el Rab Hagaon Yehezkel Levinshtein y me pidió que le dé a él la misma bendición.

 

El Maguid Midubna compara esto con un comerciante que llega al puerto con las mercancías que compró en el exterior y le pide a uno de los muchachos que trabajan allí que lleve sus paquetes a su casa a cambio de una suma de dinero. Llega el muchacho a la casa del hombre y le pide el dinero pactado. El comerciante le dice: estos no son mis paquetes, trajiste los de otra persona en lugar de los míos, los míos eran livianos, no hubieras necesitado sudar para traerlos... Así dice Hashem, “no se verá cansancio en Israel”, cuando encuentren el “gusto”, no sentirán el esfuerzo, como los justos que estudian sin que sea una carga, porque disfrutan del cumplimiento de los preceptos. [8]

 

La Torá es más dulce que la miel:

 

El Rey David en el Tehilim dice: “Irat Hashem Tehorá Omedet Laad Mishpeté Hashem Emet Tzdaku Yajdav, Hanejemadim Mizahab Umipaz Rab, Umtukim Midebash Venofet Tzufim”  “El temor a Hashem puro perdura para siempre, las leyes de Hashem son verdad, se justificaron (todas) juntas. Las que son deseadas más que el oro, y que el oro puro (y) abundante, y (son) más dulces que la miel y el chorrear de los panales”. [9]


La Torá es comparada con la miel, y aun más dulce que ella. Pero cabe preguntar, ¿qué tipo de comparación hace el Rey David?, ¿es realmente correcto que la Torá es más dulce que la miel? La miel es tan dulce que a lo máximo uno podría comerse dos cucharadas; tres como máximo… ¿y la Torá?, ¿acaso también nos “empalagamos” de tanto estudiarla?

El Jafetz Jaim Z”L responde que la miel tiene la particularidad de ser tan dulce que si se sumergiera un trozo de pan o carne dentro de ella y se lo dejara un tiempo importante, este se transformaría totalmente en miel. Y aun más, según algunos “poskim” (dictadores de leyes), si colocamos un alimento no Kasher dentro de la miel, cuando este se transforma en la propia miel, es totalmente Kasher.

Quizá ahora entendamos un poco más la comparación de la Torá con la miel.

Nos enseña que aun una persona que por su naturaleza no posee buenas acciones o cualidades, al estudiar Torá y aferrarse a ella, se convierte en un ser de buenas cualidades. La dulzura de la Torá convierte a lo “no Kasher” en el propio “Kasher”.


Y tal vez allí irradia el secreto. Comprometerse más con el estudio de la Torá es la garantía que nos permite luchar contra el mal instinto.

Hashem es como el azúcar:

Cierto día la Morá le pregunto a los alumnos quién sabía explicar quién era Hashem.

Uno de los Alumnos levanto la mano y dijo:

- Hashem es como nuestro padre. El hizo la tierra y el mar y todo lo que ella contiene, y Hashem nos crió como si fuéramos sus hijos.

La Morá siguió preguntando:

- ¿Cómo ustedes saben que Hashem existe si nunca lo vieron?

En el aula se hizo silenció.

Marcos, un pequeño niño, muy tímido levanto su mano y dijo:

-Mi mamá dice que Hashem es como el azúcar en la leche que ella me prepara todas las mañanas. Yo no veo el azúcar que esta dentro de la taza mezclada en la leche, pero el azúcar le da sabor a la leche.

- Hashem existe y siempre esta en medio de nosotros. Ya que si Hashem no estaría, nuestra vida no tendría sabor.

La profesora se rió, - Muy bien querido. Yo les enseñe muchas cosas a ustedes, pero ustedes me enseñaron a mí algo más profundo que todo aquello que hasta ahora sabía.

Ahora se que Hashem es para nosotros como el azúcar y endulza nuestra vida.

Que Hashem nos de el mérito de sentir la dulzura de la Torá y seguramente viviremos más felices, Amé



[1] Escuchado de Rab Shlomo Levinshtein Disco 112.

[2] Maor Hashabat, un regalo especial.

[3] Shemot 15, 22 – 23.

[4] Torá Temimá Shemot 15, 22.

[5] Shemot 15, 24 – 25.

[6] Torá Temimá Shemot 15, 22, Rashí Shemot 15, 25 en nombre de la Guemará en Sanedrín 40.

[7] Rab Shimshon Pinkus.

[8] Darké Musar.

[9] Tehilim 19, 10 – 11.




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