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Entendiendo


Observaciones-5
Por. Rabino Richard Kaufmann



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Dijeron los sabios de la ética: El sabio cuando se equivoca se culpa a sí mismo, mientras que el necio cuando se equivoca culpa a los demás...

Y aún cuando el error no sea culpa del sabio, a través de culparse a sí mismo, podrá encontrar puntos para aprender y mejorar a partir de ello...

El necio en cambio, aún cuando el error sea su culpa, el siempre prefiere ver la culpa en sus semejantes, desentendiéndose de ella y no beneficiándose ni a sí mismo ni a los demás...

Y en este sentido, mientras que el sabio mantiene una constante actitud de aprendizaje, el necio se considera a sí mismo como un sabio que ya no tiene de quien aprender...


Por último, el sabio sabe cómo elaborar su culpa para crecer a partir de ella y no quedarse estancado "revolviendo" en sus errores, mientras que el necio carece de sentimiento de culpa, el cual es la base esencial para comenzar a partir de allí con un verdadero proceso de corrección...


Dijo Rabi Menajem Bar Zeraj: No hay mayor pobreza que la codicia.

Y esto es algo simple de comprender, pues la persona codiciosa constantemente siente que le está faltando algo que su semejante tiene, sintiéndose "pobre" e "inferior" en relación a él.

Y es menester aclarar, que la codicia no es algo que se limita únicamente a lo material, pues se puede codiciar también cierta cualidad física que la otra persona tiene, el status social que la persona alcanzó, o el nivel intelectual que la persona logró, etc.

Y no porque sí el último de los diez mandamientos establece justamente la prohibición de codiciar la casa de tu prójimo, su mujer, su siervo, su criada, su buey, su asno y todo lo que sea de tu prójimo; tanto por el hecho que la codicia puede llevar a la persona a realizar acciones terribles para lograr satisfacerla, como por el hecho que el sentimiento en sí es algo sumamente negativo, pues estamos deseando algo que no nos pertenece, atentando además en contra de nuestra propia felicidad por causa de ello...


Dijo Rabi Shlomó Ibn Gbirol: La más grande de las alcurnias es el buen nombre.

Y por más que una persona tiene derecho a sentirse orgullosa de su linaje y de su ascendencia - y en el caso del pueblo de Israel es sumamente indicado que así sea pues descendemos de nuestros sagrados patriarcas Abraham, Itzjak y Iaacov - , lo principal no es de quién descendemos, sino que hacemos a partir de ello...

Y cuentan sobre un alumno de quién su compañero se burlaba por el hecho que él descendía de una importante familia, a diferencia del primero que descendía de una familia común y simple.

Un buen día, el alumno se cansó de escuchar los comentarios de desprecio de su compañero, a colación de lo cual le dijo: la diferencia entre tu y yo es que contigo la alcurnia se termina, mientras que conmigo -con la ayuda de Hashem- empieza...

Y sin lugar a dudas, lo principal que el ser humano puede adquirir en éste mundo es un buen nombre, pues ello lo acompañará a lo largo de toda su vida, sirviendo también como "tarjeta de presentación" al entrar a los ciento veinte años en el mundo venidero...




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