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Vida judía


El regalo más valioso
Por. Rab Israel Golocovsky



A mi hermano judio

    Es sabido desde tiempos inmemoriales que la Torá nos enseña a educar a nuestros hijos de una manera diferente de cómo lo hacen las demás naciones del mundo. Por ello, debemos intentar hoy más que nunca aferrarnos a nuestras raíces haciendo caso omiso a los valores y mensajes negativos que nos proveen los medios masivos de comunicación. Parece una tarea complicada en la era tecnológica y cibernética en la cual nos encontramos, pero con el estudio serio y comprometido de las fuentes originales podremos aprender y poner en práctica el vasto conocimiento que el judaísmo tradicional posee al respecto, inclusive en este confuso siglo XXI.

 

    El siguiente relato nos brindará a padres e hijos de todas las edades y situación socio-económica, como así también a educadores y educandos, material para pensar, pensar en serio.

El regalo más valioso

-Papá, ¿te acordás que dentro de un mes es mi cumple?

-¡Por supuesto, hijo! Parece mentira que ya pasaron 21 años desde tu nacimiento. ¡Ya estas hecho un hombre! ¿Por qué me lo preguntas David?

- Porque esta vez quiero un regalo valioso.

El papá, el Dr. Cohen, lo miró sorprendido. ¿Qué más podes necesitar con todo lo que tenés? Pero bueno, es cierto que en este día recibís fuerte. Ya casi no recuerdo la lista de tus humildes pedidos. Hagamos rapidito memoria:

∙A los 13, hicimos la fiesta de Bar Mitzva en el hotel Hyatt para 500 invitados.

∙A los 14, te compré la bici mountain bike con 21 marchas.

∙A los 15, te instalé la computadora Apple con todos los accesorios.

∙A los 16, encargamos la tabla de wind surf Mistral de competición para cuando vas al mar.

∙A los 17, por fin manejaste la moto de tus sueños: la Kawasaki Ninja negra con un rayo dorado. Y, como si fuera poco, con el casco haciendo juego.

∙A los 18, estacionaste en la cochera tu flamante 4 X 4.

∙A los 19, para esta fecha, te fuiste con tus amigos a pasear por Europa con todos los gastos pagos.

∙A los 20, elegiste el Rolex que llevas en tu muñeca.

-¿Me porte bien no?

- Sí papá y te agradezco por tu generosidad. Pero te repito que quiero algo bueno, algo más que especial.

-No sé qué estarás tramando David porque palco en la cancha desde hace mucho que tenés vitalicio; estudias en la universidad de mayor prestigio del país. ¿Tal vez tarjeta de crédito? Usas la extensión de mi Visa negra...

Pasó una semana y David le volvió a decir al padre:

- Papá, en 3 semanas cumplo 21. ¿Te acordás?

-Sí, hijo. Disculpa, pero en este instante estoy apurado. No me olvidé del regalo. Aunque en realidad no se qué querrás. Ya te compré en Corea el último celular Galaxy y te traje de USA la IPAD. Después decime, ahora me tengo que ir.

A dos semanas de la ansiada fecha vuelve David a la carga.

- Papá, en 15 días es mi cumple. ¿No estás emocionado?

-¿Emocionado? ¡Preocupado! Cada vez que me ves sacás el tema. Decime qué querés, dale. No des vueltas que estoy ocupado.

-No, papá. En un minuto no puedo. Luego te digo.

-David, si querés ir a esquiar de nuevo pedile el número de la agencia de turismo a mi secretaria. Y si necesitas ropa, a pesar de tus roperos llenos, andá a al shopping center y fijate que hay de moda. ¿Quizás algún permiso? Desde chico te dejo hacer lo que te place; vas, venís, entrás, salís, solo, acompañado, en grupo... ¡Qué padre te tocó!

-Sí, padre.

A una semana

- Papá, te tengo una sorpresa. ¿Sabes cuándo te voy a decir lo que quiero de regalo? El próximo sábado en la noche cuando celebremos acá en casa junto a toda la familia, los abuelos, tíos, primos y amigos. ¿Qué te parece?

-¡De ninguna manera! No me gusta este chantaje. Seguramente entendés que con la presión de todos ellos presentes tendré que aceptar a fuerzas tu nuevo delirio. Si pensaste pedir un departamento propio, ya te dije que recién el día que te cases lo vas a recibir. Y si querés irte a vivir solo, anda a alguno de los míos que no esté alquilado. Decime ahora lo que necesitás y por favor no me pongas en compromiso ni me hagas pasar vergüenza. Considero que no me lo merezco Lo que quieras te voy a dar.

-No, papá. Hablé con mamá y me dio permiso para pedírtelo el mismo día.

-Ayyy. Tu madre siempre te consciente. Los dos son iguales...

Y llego el día. Sábado a la noche. Noche estrellada de primavera. Noche singular. Noche distinta. Todos los invitados disfrutaban del acontecimiento en el parque de la mansión de los Cohen. Habían contratado a un catering, barman, fotógrafo y a un pianista que acompañaba con su melodía la velada. La pileta estaba adornada con luces de colores y globos blancos. El jardinero había arreglado el césped, los árboles y plantas. Las distintas flores perfumaban el ambiente.

A media noche en punto el mozo trajo la decorada torta de dos pisos e invitaron a David al tradicional, aunque no costumbre judía, soplido de velas. David, que había estado bastante callado, se acercó con pasos pesados. En su rostro se notaba que algo lo oprimía por dentro y opacaba la fiesta en su honor. Levantó la mirada y con voz firme dijo: "Hoy es un día muy especial, más que especial para mí. Hoy cumplo 21 años y arreglé con mi distinguido padre que no le pediría el regalo sino hasta que nos encontremos en este momento".

David miró de reojo a su tenso padre viendo como intentaba sonreír de compromiso y mantener la postura. En eso se escucha al abuelo interrumpir y decir: "Nieto, Vos sí que sabes hacer las cosas! Se nota que llevas mi apellido". Todos los integrantes de la familia menearon la cabeza en forma de afirmación. Sin dar tregua, Iosi, el sobrino pícaro, murmuro en voz alta: "Tío, ¿preparaste la chequera? ¡No te vas a echar atrás justo ahora, mira que estamos filmando todo y mi primo es vivo!". La verdad es que fue muy divertido. Tal vez, para el honorable anfitrión, el Dr. Cohen, no tanto. Y no podía faltar Rubén, el amigo de oro de David que también acotó: "¿Desde cuándo se le pide al padre de uno la mano de la novia? Ya te enseñé que tenés que hablar con el padre de ella... si no te animas a ir solo, yo te acompaño!". Risas y buena onda.

David siguió con la palabra dirigiéndose ahora al padre. "Papá, desde que nací recibí todo lo que un niño, un adolescente y un joven puede ansiar. Y al ser hijo único y gracias a nuestra posición económica, se potenció aún más. De todas maneras, hoy quiero cumplir mi sueño, como dicen, ´el sueño del pibe´. Mi eterna ilusión".

El homenajeado hizo una pausa, conmovido por la emoción. Entre los participantes se dejo oír un silencio ensordecedor hasta que prosiguió con su peculiar solicitud. "Papá quiero pedirte algo que nunca me lo diste y no me lo puedo aguantar más. Se que te va a ser difícil, o por lo menos eso me imagino, ya que no me lo entregaste ni me lo ofreciste jamás. Te pido perdón por hacerlo de esta manera, pero si no, temía que te ibas a negar, escabullir, o en el peor de los casos, escapar".

La tensión crecía en el aire y las cosas comenzaban a complicarse. Ya nadie sonreía y algunos ya empezaban a preocuparse qué tuviera David en mente que necesitaba un momento tan solemne para pedirlo. David, respirando hondo para contener las lágrimas, tomó coraje y dijo con tono quebrajado acompañado por un dolor muy profundo, muy intenso y secreto que venía reprimiendo y censurando por largos amargos años "Papá, por favor, concéntrate únicamente en mí por un minuto. Si te es imposible dedícame medio. Pero medio minuto para mí sólo. No atiendas el teléfono ni prendas la computadora. No leas el diario ni mires la televisión. Ahora por el amor de D-s te pido que me abraces, me des un beso y me digas que me querés por primera vez en tu vida y en la mía...”

Estimado lector

Creo que conviene dejar estas líneas aquí y dar la posibilidad de que cada uno reflexione a cerca del mensaje tan importante y tristemente cotidiano que estos párrafos contienen.

    Si alguien piensa que esto es irreal y que sólo puede suceder en una relación padre-hijo de un profesional rico y laico, yo, como educador, les aseguro que no es así. Aquí se expusieron adrede ejemplos extremos. De todas maneras, cada persona, en su situación, puede comparar, evaluar, sacar conclusiones y verse reflejado e identificado o no.

    En general, con un poco de sensibilidad de nuestra parte, nos daremos cuenta como los hijos, a pesar de su aparente áspera rebeldía, nos piden a gritos atención. Debemos agudizar el oído para escuchar el eco de su "Por favor, papá/mamá pone tu hombro cuando necesito llorar, tu tiempo y silencio para desahogarme, tu voz para alentarme y consolarme, tu experiencia para alentarme y corregirme y manos para acariciarme…".

    Podríamos seguir, ya que el tema es muy extenso, pero el objetivo de este escrito es sólo llamar a la reflexión sobre cuan importante es la demostración de cariño y amor a todas las personas y en especial a nuestros hijos.

    Quiera el Dios de Israel iluminarnos, guiarnos y ayudarnos en la educación de nuestros hijos.

    Rab Israel Golocovsky

    igoloc@gmail.com




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