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Desde Elul Hasta Yom Kipur


El objetivo verdadero
Por. Rab Israel Golocovsky



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Elul 5772

A mis hermanos judíos:

A pocos días de Rosh Hashana y Iom Kipur, que no son sólo el comienzo del año judío, sino más relevante aún, el Día del Juicio Celestial y el Día del Perdón, cada judío debe hacer un balance personal acerca de cómo pasó espiritualmente el año y fijar nuevas metas para el siguiente.

           A continuación les presentaremos un relato que demuestra la importancia sobre la claridad que uno debe tener al fijar un objetivo, en especial el de la vida misma....

   El Objetivo Verdadero

 A principios del 1900 habitaba en París una joven pareja, que, a pesar de ser gente culta, educada y emprendedora, carecía de los medios materiales para insertarse en la sociedad aristocrática francesa. De todas maneras, la señora, Lisa, desde chica soñaba algún día, con la ayuda de Dios, salir de la pobreza. El esposo, Leo, trabajaba arduamente como cadete en la Embajada de Estados Unidos en Francia. Llegó un día y le dijo a Lisa: "Me enteré que en dos meses va a estar aquí de visita el presidente de Estados Unidos y entre otras cosas van a hacer un banquete de gala para darle la bienvenida con toda la gente de la embajada".

- ¡Que bueno! Ella expresó sin prestarle mucha atención y siguió leyendo un libro.

    A un mes para el evento

Le entregaron a Leo las invitaciones para repartir a todos los invitados de la ciudad. Después de varios días de recorrer todo París le quedaba la última tarjeta. Cuando leyó el destinatario se dio cuenta de que no era ni más ni menos que para él y su señora. ¡Qué honor! Fue corriendo a su casa a contarle la novedad a Lisa y juntos comenzaron a soñar con lo que sería aquella noche inolvidable.

    Faltaban tres semanas

            Le dice Lisa a Leo: "La fiesta de la embajada es sin duda algo importante y único. De todas maneras, te pido perdón, pero no podré acompañarte ya que no tengo ropa apropiada  para la ocasión y no quiero pasar ni que pases vergüenza". Leo se quedó pensando y dijo con seguridad: "Tenemos unos ahorros guardados para cualquier emergencia. Creo que también para situaciones singulares como esta están destinados. Iremos a la tienda y compraremos un vestido de gala". Fueron, y después de buscar, probar y elegir Lisa volvió con un atuendo sensacional.

    A 15 días de la fiesta

Leo encontró a Lisa llorando en el dormitorio. Le preguntó qué pasaba. Ella le contestó que cada vez que veía el vestido se emocionaba, pero cómo iba a ir a la fiesta si sólo tenía zapatos viejos y rotos. Leo, entendiendo que tenía razón, le dijo: "No te preocupes mi amor. Voy a hablar con mi jefe para que me adelante el sueldo de este mes y con eso compraremos zapatos acordes". Y así fue. Lisa también recibió zapatos nuevos.

     A tan sólo una semana de la celebración

Lisa se sentía incompleta. ¿Y ahora qué te falta? Por qué no disfrutas del momento?, preguntó Leo.

-   Estaba pensando cómo iré allí tan bien vestida y sin una gargantilla. ¿Sabes lo que debe tener la esposa del embajador? ¿Y la del Presidente?

Leo, con tono amable, explicó a Lisa: "Nosotros somos una familia humilde. Esta fiesta es sólo una excepción en nuestras vidas. Comprar una gargantilla como la que tú piensas, a parte de que por ahora no tendría uso, nos pondría en deudas que no podríamos afrontar. Pensándolo bien, que tal vez puedes ir a lo de la señora Brown, ya que te conoce por los años que la ayudaste en la casa, y pedirle si te presta algún collar.¿Qué te parece?". Lisa aceptó. Fue y consiguió una hermosa gargantilla de oro y diamantes.

    Y llegó la noche esperada

Todo parecía irreal; el salón y su decoración, la sofisticación de la comida y bebida, la suave melodía del piano y violín, los discursos de las personalidades... La pareja se sintió como reyes; comieron, bebieron y disfrutaron cada minuto del ambiente y de la compañía.

 Luego, volvieron a su humilde hogar felices mientras recordaban todo lo que habían vivido, como si hubiera sido un sueño hecho realidad. Una vez ya en la casa, Lisa guardó el vestido, los zapatos, y, para su sorpresa, cuando quiso sacarse la gargantilla se dio cuenta que no la tenía. Llamó a Leo. Comenzó la desesperación. Buscaron en la casa, pero no aparecía. Leo salió a las 4 de la mañana a buscar al carretero que los trajo, mas tampoco estaba en la carreta. Luego, llegó hasta el salón de la fiesta, pero la búsqueda fue en vano. Nadie la había visto. El costoso collar desapareció. O alguien lo hizo desaparecer.

            Al otro día, Leo y Lisa pusieron carteles haciendo referencia a que el que lo encontrara y devolviese sería recompensado. A todo esto, la señora Brown llamó a Lisa para pedirle su collar. Lisa se disculpó y dijo que se había salido un "perno" y, por ello, que lo había llevado al orfebre para que se lo arreglara. En una semana estaría listo y como nuevo.

            Pasó esa difícil semana y no apareció. En su casa quedaba sólo el amargo estuche, vestigio del precio de las apariencias. Lisa miró a Leo y le dijo con suma tristeza: "Siento mucho lo sucedido. Sé que estamos en graves problemas, pero debemos devolver ese collar. Vamos al negocio que está grabado en el estuche y veremos si tienen el mismo...". Fueron hasta allí y el dueño les dijo que no había exactamente el mismo, pero sí quedaba uno parecido. Realmente era hermoso, casi como el otro. Preguntaron el precio. Costaba nada más ni nada menos que 15.000 francos. No sabían qué hacer, aunque sí sabían... Leo pidió préstamos por donde consiguió, con intereses y súper intereses. Empezó un trabajo nuevo por las noches al igual que Lisa. Compraron el collar y Lisa se lo llevó a la Sra. Brown arrepintiéndose por haber pisado aquella casa alguna vez en la vida.

   Pasaron 10 duros años  

La Sra. Brown y Lisa se encontraron un domingo por la tarde en el mercado. Lisa estaba acomodando los estantes. Ella estaba pálida, avejentada, flaca y con aspecto de enferma. Luego de observarla por algunos minutos, para asegurarse de que era ella, le preguntó la Sra. Brown: “¿Lisa? ¿Cómo has estado todo este tiempo? Pero, ¿qué pasó contigo? ¿De qué te enfermaste?”.

- Lisa alzó su vista con vergüenza y replicó llorando con un llanto histérico que resumía la bronca, cansancio e impotencia: ¡Todo culpa suya. Todo culpa suya!

- ¿Por qué? ¿Qué te hice? Hace muchísimo que no nos vemos y no recuerdo jamás haberte hecho algo malo. Al revés, siempre traté de ayudarte en lo que pude...

    - ¿Se acuerda que hace como 10 años le había pedido prestado un collar fino para una fiesta de gala que tuve?

    - Sinceramente no, pero si tú dices...

    - Bueno, usted me prestó una hermosa y costosa gargantilla. La usé y se me perdió esa misma noche. La que yo le devolví después de una semana en realidad no era la suya original. Tuve que comprar una nueva y estas son las consecuencias; mi vida se destruyó al igual que la de mi esposo...

  - Puede ser que algo me acuerde, pero…

  - Para comprar esa dichosa gargantilla que me costó 15.000 francos nos endeudamos con préstamos que hasta el día de hoy estamos pagando. Trabajamos ambos 12 horas por día en trabajos insalubres con tal de ganar plata para pagar...

   - La señora Brown interrumpió a Lisa sin poder seguir escuchando semejante desdicha. "¿No me digas que compraron un collar nuevo de 15.000 francos? Lamento en el alma decirte que ese collar que yo te había prestado era de strass. Lo compré por cinco francos en una feria de artesanos bohemios. Temí que podías perderla y pensé que vos no sabías distinguir entre una joya verdadera y esa, por eso te la di…

 

 Estimados lectores:

            ¿Qué piensan de este suceso? ¿Podemos acaso imaginar lo que sintió Lisa al saber que tiró a la basura 10 años de su vida y de la de su esposo, persiguiendo un objetivo equivocado? Este relato es obviamente ficticio, aunque debemos aprender de él que si uno no sabe en forma clara y contundente cuál es su verdadera misión aquí, puede llegar a darse cuenta cuando deje este mundo que todos los años pasados y esfuerzos invertidos fueron en vano.

            Debemos comprender que si el judío no cumple con la voluntad de su Creador, pone en peligro todo el bien que le espera en este mundo y en el venidero, tanto en lo personal como en lo grupal. El estudio y cumplimento de la Torá es la vida del judío, su riqueza eterna y la finalidad de su creación y ello compete a cada uno de nosotros.

 Leshaná tová tikatevu! - Buen año para todos!

 Rab Israel Golocovsy

igoloc@gmail.com




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