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Para reflexionar


El Aval es HaShem
Por. Rav Salomón Michan



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El aval es Hashem:

Se cuenta una historia sorprendente. [1]

Había una persona, que sus negocios cayeron muy bajo y tenía la necesidad de pedir un gran préstamo para volver a levantarse. El préstamo del cual estamos hablando, sobre pasaba los cientos de miles de dólares.

Llegó este hombre y fue con su amigo para que le preste el dinero.

El amigo con todo gusto le iba a prestar el dinero, sólo que quería un aval. Ya que con esas cantidades, es necesario un buen aval.

El hombre no quería tener un aval, ya que si la gente se entera que está pidiendo dinero, lo ficharán como que ya no es un hombre de negocios y ya nunca podrá volver a levantarse.

El hombre tomó la decisión, que Hashem será su aval. Los 2 hombres aceptaron y se firmó el préstamo.

Pasaron los 3 meses del plazo del préstamo y el hombre le habla a su amigo para pedirle su dinero; pero se da cuenta que no tiene con qué pagarlo, ni ve muchas esperanzas para recuperarlo.

Volvió a marcarle varias veces, pero no había ninguna respuesta positiva.

Pero recordó que el negocio de su aval si iba bien, así que decidió pedirle el pago al aval, y dijo lo siguiente:

“Hashem, le presté el dinero, por cuanto que tu eras el aval, y en estos momentos estoy requiriendo el pago. El pago que te pido no es dinero, sino te pido que me ayudes y que se case mi hija, que ya es mayor de edad y no ha podido casarse en muchos años de intentos”.

¡Pasaron 2 semanas y se comprometió su hija!

Pasaron muchos meses de esto y el amigo recibe una llamada del deudor, que le agradece por el préstamo, que lo levantó económicamente y ahora le quiere pagar. El amigo le dijo: “Yo ya cobré tu deuda y yo no voy a cobrar doble”. El hombre no entendía nada, ya que nunca le había pagado ni una sola moneda y el amigo seguía en su postura, que ya había cobrado del aval.

Fueron al juicio para ver quién tiene razón y se tomó la decisión, que ese dinero sea usado para los campos que cuidan Shebiit. [2]

Nos narra la Guemará en Masejet Nedarím (40a) que en una ocasión, Rabí Akiva y sus alumnos se encontraban en serios problemas económicos y tomaron la decisión de recurrir a una Ministra Romana muy rica para pedirle un gran préstamo y así, la Ieshivá tendría sustento.

Llegaron hasta ella encabezados por Rabí Akiva y le pidieron el préstamo. Ella accedió a darles el préstamo, después de que fijaron un lapso en el cual se lo devolverían. Sin embargo, al darles el dinero, se dirigió al Rosh Ieshivá, Rabí Akiva, y le dijo: “¿Quién será el garante sobre el préstamo, para asegurarlo?”.

Rabí Akiva le respondió: “El que tú nombres será el aval del préstamo”. “Si es así” dijo la Ministra Romana “Dios y el mar serán los que avalen el préstamo”. “Que así sea” dijo Rabí Akiva, y volvieron a la Ieshivá.

Llegó el día del pago y justo enfermó Rabí Akiva y cayó en cama, quedó imposibilitado para ir a pagar. La Ministra mandó llamar al Rosh Ieshivá y éste no se presentó. La romana se paró junto al mar y empezó a rezar can todas sus fuerzas: “Rey del mundo, cuando yo le presté el dinero a Rabí Akiva, acordé con el sabio judío que Tú serías garante junto con el gran mar. Yo creí en la palabra del rabino y por eso presté el dinero”.

El rezo no quedó sin respuesta y Hashem puso una demencia en el corazón de la hija de un rey qué vivía lejos del lugar. Ella salió del castillo con todas sus joyas y piedras preciosas en una caja y las tiró al mar.

El mar recordó la orden divina y cumplió como aval, sus olas arrastraron la pesada caja hasta la puerta de la Ministra Romana que aún seguía parada ahí rezando, y al ver su petición colmada por completo se llenó de júbilo.

Al poco tiempo, Rabí Akiva sanó y fue con el dinero para cumplir con la Ministra, explicándole la dolencia que tuvo y la imposibilidad de acudir el día pactado. Más cuál fue su sorpresa cuando ella le respondió con mucha emoción:

“Rabí, como no acudiste, le pedí a Dios, rey del mundo, que me pagara lo acordado. Hashem me pagó, por lo tanto el dinero que traes te pertenece. Y no sólo eso, sino que el garante mandó dinero extra, así que por favor llévate el excedente”.

 



[1] Rab Shlomo Levinshtein disco 153.

[2] Rab Israel Zijerman dio el veredicto.




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