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Vida judía


Jesed
Por. Rav Salomón Michan



Jesed:

Jesed:

 

Escribió Rab Jaim MiVolojin:[1]

“La persona no nació para sí mismo, sino nació para ayudarle al prójimo, en todo lo que pueda y esté a su alcance hacer”

 

Si quieres, puedes:

Seguramente todos de nosotros, queremos y tenemos la voluntad de ayudar al prójimo, de apoyar a la gente necesitada, etc., pero tal vez pensamos que no tenemos lo medios para cumplir nuestra voluntad.

Tenemos que saber, que el rey Shlomó, nos dice algo muy importante: “Rodef Tzedaká Vajesed, Imtzá Jaim Tzedaká Vejabod” – “Persigue la Tzedaká y el favor, y encontrarás vida, Tzedaká y honor”.[2]

En otras palabras, nos dice el rey Shlomó, que el que quiere hacer favores, lo logrará; y no existe la opción de que no tuvo medios para lograrlo. Si uno tiene realmente la voluntad de ayudar y apoyar al prójimo, Hashem se preocupa por presentarle el camino para ayudar. Y no sólo que le presentará la oportunidad de ayudar, sino que también encontrará vida y honor.

 

 

Es preferible hacer Kidush con pan que con vino:

 

Este relato, fue contado por el nieto del protagonista de la historia:

Hace algunos años, vivió en Yerushalaim un hombre muy Tzadik, temeroso de Hashem y famoso por todo el favor que hacía a la gente. Era un hombre tan pobre, hasta el grado que se alimentaba de los donativos de la gente y aún así, repartía Tzedaká a la gente también necesitada.

Uno de esos días, le tocan la puerta a la casa de este hombre, pidiéndole ayuda económica para una novia que se va a casar y no tiene dinero suficiente para la boda. Este Tzadik, miró en su casa y se dio cuenta que no tenía absolutamente nada para apoyar a esta novia. Le dijo a los Gabaim, que regresen al otro día, y les dará una aportación para la pareja que se casará.

Al otro día, regresaron los Gabaim, y el Tzadik les dio una cantidad de de 288 Liras;  una cantidad muy grande. ¿De dónde sacaste tanto dinero? Le preguntaron los Gabaim. A lo que el Tzadik contestó lo siguiente:

Tomé una decisión para poder ayudar a esta pareja. Cada Shabat, con el dinero que me da la Tzedaká, compro pan y vino para realizar la Seudá de Shabat. Para apoyar a los novios, preferí hacer Kidush con pan durante un largo tiempo y calculé todo el dinero que me voy a ahorrar en no comprar vino, y este dinero lo pedí prestado con la condición de pagarlo a 2 años; cada semana iré pagando lo que me estaré ahorrando en no comprar vino. Y aquí esta este dinero, 288 liras.

Debemos llevarnos de esta historia, un gran sentimiento: ¿Cómo podemos estar tranquilos comiendo banquetes, la mejor comida, y los mejores lujos, sabiendo que existe gente pobre a lado de nosotros?

Seguramente la voluntad de Hashem, es que apoyemos a la gente necesitada y así, siempre tendremos mucha Berajá, Amén.

 

Rab Yudal Hulseman, hizo Kidush con pan por 16 años, ya que el único dinero que tenía, lo repartió para Tzedaká:

 

Rab Yudal Hulseman Z"L era un Tzadik que vivía en Yerushalaim hace pocos años, sobre el que se cuenta la siguiente historia:

Había un Yehudí enfermo que necesitaba realizar una operación que costaba 60 liras, una cifra muy grande para aquellos tiempos. Los encargados de juntar Tzedaká llegaron también a la casa de Rab Yudal, y al explicarle el motivo de su visita, suspiró diciendo: "Ya repartí todo mi diezmo, ¿cómo hago? No tengo un centavo de donde poder dar, incluso pedí prestado a cuenta del Maaser que voy a sacar durante el próximo año".

Al escuchar esto, los encargados de la Tzedaká se retiraban, pero percibieron que Rab Yudal los llamaba corriendo detrás de ellos diciendo: "Ya está, ¡Gracias a Di-s que se me ocurrió esta idea para ayudar a un Yehudí necesitado". Le preguntaron: "¿Qué idea tienes?". Y contestó con sencillez: "Pediré prestado 20 liras, que devolveré con lo que gasto todas las semanas comprando vino para el Kidush de Shabat. A partir de ahora, haré el Kidush con pan y así ahorraré el dinero".

 

Durante dieciséis años estuvo este Tzadik haciendo Kidush con pan para poder saldar la deuda que había contraído para ayudar a ese enfermo, enseñándonos así cuánto debemos preocuparnos por los demás. En nuestro caso particular, si quizás no tenemos la fuerza de Rab Yudal para privarnos de elementos para nosotros indispensables, por lo menos debemos dejar de lado ciertos lujos innecesarios para poder ayudar a gente que no tiene ni lo elemental para poder subsistir.

 

 

¿Cómo luchar contra la avaricia o tacañería?

 

Existe una solución para lograr ayudar y apoyar al prójimo y no abstenernos por ningún motivo, el cual puede ser la avaricia, o la tacañería.

Para dar la solución, vamos a explicar la manera la cuál se saca el diezmo en el campo con lo animales y de ahí, aprenderemos un gran mensaje: Dice la Guemará, que para sacar el diezmo con los animales, es necesario ir pasando uno por uno en un camino angosto e ir contando uno por uno. Mientras van pasando, el dueño de los animales va contando: uno, dos, tres, cuatro, etc., hasta llegar al décimo; a este décimo, lo marcaba con una señal y así tendrá que hacer con todos sus animales. Al final del conteo, el dueño podrá ver cuantos animales tienen la marca, y esos son los animales que se llaman que están diezmados.

Preguntan los Jajamim, ¿por qué no cuenta todos sus animales, y luego saca el 10% y esa cantidad es la que tiene que dar? Dicen los Jajamim, que si la persona va contando uno por uno, se va dando cuenta de todo lo generoso es Hashem, y con gusto dará el 10% de lo que ganó en ese año; ya que estará contando así: el primero – es para mí, dos – el segundo – es para mí, el tercero – es para mí, igual el cuarto, quinto y sexto; incluso el séptimo, octavo y ¡hasta el noveno!, y el décimo con todo gusto que lo damos a Hashem ya que le debo agradecer por el primero, segundo, tercero, etc., pero si la persona cuenta una gran cantidad y luego se le obliga a dar el 10% de una misma vez, tal vez puede pensar que es mucho, y no dará ese porcentaje que nos obliga la Torá.

A lo que quiero llegar, es lo siguiente: Mientras más veamos lo que nos da Hashem, más estaremos dispuestos a dar al prójimo. A solución es ver todo lo bueno que recibimos de Hashem, y mínimo debemos pagarle todos los favores que nos da, con apoyar a sus hijos.

 

Lo mío es mío y lo tuyo es tuyo:

 

Otra solución para ablandar el corazón y siempre hacer favores con la gente y apoyar económicamente, es la siguiente:

Dice la Mishná es Pirké Abot: “existen cuatro virtudes en las personas: el que dice: lo mío es mío y lo tuyo es tuyo, a esta persona se le llama mediana (intermedio) y hay quien opina, que se le llama que tiene cualidades de Sedom (la gente malvada que cuenta la Torá); lo mío es tuyo y lo tuyo es mío, se le llama ignorante; lo mío es tuyo y lo tuyo es tuyo, se le llama Jasid (un grado más alto que Tzadik); lo mío es mío y lo tuyo es mío, se le llama malvado”.

 

Vamos a analizar cada una de estas virtudes:

El que dice: lo mío es tuyo y lo tuyo es mío, se entiende porque lo llaman ignorante, ya que al final se quedará con lo del otro y lo propio, ya no lo tendrá.

El que dice: lo mío es tuyo y lo tuyo es tuyo, se entiende bien porque lo llaman Jasid, ya que está dando todo lo que tiene y lo del prójimo, lo deja sin tocar absolutamente nada.

El que dice; lo mío es mío y lo tuyo es mío, se le llama malvado, ya que quiere quedarse con todo, incluso que no le pertenezca.

Pero el que dice: lo mío es mío y lo tuyo es tuyo, ¿por qué es tan grave, hasta que lo llaman parte de Sedom?

El gran problema de esa gente, es que piensa que el dinero es propio, y no está dispuesto a compartirlo con nadie. Esa gente piensa que el dinero no viene de Hashem y pertenece a quien se “lo ganó” en su negocio o en algún otro lugar.

Si entendiéramos que “todo” el dinero que tenemos, es de Hashem y sólo somos mensajeros del creador del universo, para controlar y administrar bien su dinero, deberíamos de compartir ese dinero que administramos y debemos apoyar a los hijos de Hashem que se encuentran en situaciones complicadas.

Si entendemos este mensaje, nos podemos dar cuenta que el que dice que el dinero mío es mío y lo tuyo es tuyo; se considera una persona sin esa mentalidad de que Hashem es el dueño de todo lo que existe en esta vida; y se cree el dueño de ese dinero.

Incluso es más baja esta cualidad que el malvado, ya que el malvado dice: lo mío es mío y lo tuyo es mío; es decir, aunque le esté quitando el dinero al prójimo, entiende que ese dinero puede ser que no le pertenezca al otro y no se siente como el dueño del dinero.

 

Que tengamos el mérito de siempre dar y apoyar a la gente necesitada.

 

 

 

 

 



[1] En la introducción del libro Nefesh Hajaim.

[2] Mishlé 21, 21.




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