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Desde Elul Hasta Yom Kipur


Y vivirán vuestras almas
Por. Rav Iaacob Muhafra



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"Y vivirán vuestras almas"

Estudiamos en el Midrash Tanjumá (Tazría cap. 9) Pues no eres Di-s que desea el mal Tú, nos enseña que el Eterno no desea condenar al hombre, por eso está dicho: Dile a ellos. Vivo yo, dijo el Eterno, Di-s, si deseo que muera el malvado, sino que retorne de su camino y que viva; vuelvan, vuelvan, de vuestras malas sen­das, por qué van a morir? (Yehezquel 33,11). Y desea el Eterno beneficiar a sus criaturas, como está dicho: El Eterno lo quiso a él por su justicia... para beneficiar a sus criaturas, no para con­denarlas.

Agrega el Midrash en Beshalaj (cap. 15) sobre el cántico pronun­ciado por Israel al cruzar el Mar Rojo, Tu diestra, oh Eterno! Tu diestra, la que se halla extendida para recibir a los que retornan, Tú le concediste una prórroga a la generación del diluvio para que tornaran en Teshubá, como está escrito: No juzgará mi espíritu al hombre por siempre (Bereshit 6,3), y no los exterminó sino hasta que completaron su maldad.

Asimismo a los hombres de la generación de Babel les tuviste misericordia y tolerancia para que puedan retornar en Teshubá, como está escrito: Y ahora, no será vedado a ellos todo lo que pensarán hacer (Bereshit 11,6), el término "ahora" se refiere a la Teshubá, como afirma el versículo: Y ahora Israel, qué es lo que el Eterno, tu Di-s, pide de ti.

También a las personas de Sedóm les concediste la posibilidad de rectificarse, como dice el versículo: Y dijo el Eterno, el clamor de Sedóm y Amorá que es mucho (Bereshit 18,20). Lo mismo ocurrió con Egipto, fueron castigados previamente con las plagas para darles la posibilidad de tornar en Teshubá, y al no retornar fueron exterminados.

Vemos la tolerancia Divina para con los malvados, a quienes les otorga la posibilidad de que retornen en Teshubá, ya que el desea beneficiarlos y no castigarlos por su maldad; a ello se refiere el profeta (Yehezquel 18,23-32) Acaso deseo la muerte del malvado, dijo el Eterno, Di-s, sino que retornen de sus maldades y vivan. ..Arrojen de ustedes todos vuestros pecados que han come­tido, y hagan para ustedes un corazón nuevo y un espíritu nuevo, por qué habrán de morir, casa de Israel; pues no deseo la muer­te del que morirá, dice el Eterno, Di-s, y retornarán y vivirán.

Y así estudian nuestros Sabios (loma 86a) es tan grande la Teshubá que alcanza el trono celestial, como afirma el versículo: Retorna Israel hasta el Eterno, tú Di-s el Eterno le concede la posibilidad de la Teshubá para poder ser recibido bajo el manto divino, como vemos en el episodio de Eleazar ben Durdeiá (Aboda Zara 17a) cuando ya había caído en los abismos más bajos, propiciaron de los cielos su Teshubá com­pleta, e incluso un eco celestial proclamó Rabí Eleazar ben Durdeiá, estás destinado al mundo por venir! Porque es un rasgo del Eterno conceder el beneficio a sus criaturas y no condenarlas.

EL HIJO REBELDE

Tras este prólogo, debemos analizar el tema del hijo rebelde que describe la Tora, el cual no recibe la muerte por su accionar sino por su final, ya que todavía no ha cometido ninguna acción que lo haga pasible de la pena de muerte, ya que todo lo que hizo fue comer y beber vulgarmente y desoír la orden de su padre y de su madre. Como explica Rash"í (Debarím 21,18): Llegó la Tora a la intención última de este niño, ya que finalmente acabará con el dinero de su padre y buscará saciar su necesidad, y no logrará hacerlo, por lo que se dirigirá a los caminos para asaltar a las per­sonas, por ello afirma la Tora, es mejor que muera inocente y no como malvado.

Esto requiere una análisis, pues estamos hablando de un niño recién de trece años que se comporta incorrectamente, ¿Por qué entonces cerrarle las posibilidades de la Teshubá y condenarlo a muerte aún en su juventud, quizás madure y haga Teshubá?! Más aún, cuando le preguntaron al Eterno, el pecador ¿Cuál es su castigo? Respondió: Que retorne en Teshubá y purifique sus peca­dos. ¿Por qué entonces, en este caso, un pecador tan joven no puede retornar en Teshubá

Y pregunta el Maharsh"á (Sanedrín 72a) en nombre de Rabí Eliahu Mizrahi, encontramos sobre Ishmael, hijo del Patriarca Abraham, que aún que en el futuro sus hijos iban a matar a los hijos de Israel de sed, sin embargo en el momento que Ishmael era joven y estaba por morir de sed, el Eterno le hizo un milagro y le creó para salvar­lo un pozo de agua, como esta escrito: Y oyó el Eterno la voz del joven...allí donde se halla (Bereshit 21,17). Y comentan nuestros Sabios al respecto (Rosh Hashaná 16b) Dijo Rabí lízjak, no se juzga a la persona sino por las acciones de ese momento, como está escrito: "allí donde se halla". Explica Rash"í aún cuando en el futuro renegará.

Si es así, ¿Por qué al hijo rebelde se lo juzga por su final, afirman­do que es preferible que muera inocente, si el hombre es juzgado por su presente, no por lo que hará en el futuro?

Dice el versículo Porque este precepto que yo te encomiendo hoy, no se encuentra lejos de ti... pues se halla muy cerca de ti esto, en tu boca y tu corazón hacerlo (Nitzabim 30,11). De acuerdo a la opinión del Ramba"n y el Seforno, este "precepto" se refiere a la Teshubá, reconocer interiormente el pecado y arrepentirse de lo que ha transgredido ante el Eterno, y aceptar no vol­verlo a hacer.

Esto es realmente asombroso ¿Cómo el versículo afirma "No se encuentra lejos de ti", como que es realmente fácil, si vemos que el precepto de la Teshubá es uno de los preceptos más difíciles de cumplir?

PUEBLO DURO DE CERVIZ, ERES TU

Para comprender todo lo anterior, es necesario analizar lo que hayamos escrito con respecto al pecado del becerro de oro. Cuando el Eterno se enfureció con el pueblo de Israel estando Moshé en el monte de Sinai, declara el versículo; Y habló el Eterno con Moshé, ve, baja, pues ha pecado tu pueblo… se han apartado rápidamen­te del camino que les encomendé, hicieron para ellos un becerro de oro; y dijo el Eterno a Moshé, he visto a este pueblo y es un pueblo duro de cerviz él, y ahora déjame y encenderé mi ira en ellos y los exterminaré, y te convertiré a ti en un pueblo grande (Shemot 32,7-10)

Se repite este pasaje en el libro de Debarím (9,8-14) Y en Joréb enfurecisteis al Eterno, y se airó el Eterno con vosotros para destruirlos...apártate de mi y los exterminaré y borraré su nombre de debajo de los cielos, y te convertiré en un pueblo fuerte y más numeroso que él. Aparentemente también en este caso podemos cuestionarnos lo mismo, ciertamente el Eterno no desea el extermi­nio de ninguna criatura, menos aún del pueblo de Israel, el pueblo elegido, "Que nos escogiste entre todas las naciones", el pueblo denominado "hijos del Eterno" Hijos son del Eterno, vuestro Di-s (Debarím 14,1) ¿Por qué entonces pensó el Eterno exterminarlos, y no le indico a Moshé que vuelvan en Teshubá, para de esta forma perdonarlos?

La respuesta a ello es una sola y ya la enseñó la misma Tora en el versículo citado: "He visto a este pueblo y es un pueblo duro de cerviz".

Escribe al respecto el Seforno "Un pueblo duro de cerviz": No pueden coexistir la justicia y la rectitud de corazón con la dureza de cerviz (terquedad), ya que esta cualidad define a aquel que actúa según le dictan su corazón y sus pensamientos, aún cuando un guía espiritual le indique que sus intenciones no son correctas y lo conducen a la perdición, no lo escuchará, ya que su cerviz es dura como el hierro y no le permite mirar hacia otro lado, hace que se comporte como desea hacerlo.  "Y es un pueblo duro de cerviz él, apártate de Mí y lo exterminaré" porque la dureza de cerviz anula la posibilidad de la Teshubá.

Deducimos de este comentario, que siendo que el pueblo de Israel se encontraba afectado por este rasgo negativo, de la necedad, no podría de ninguna manera atender la verdad, entonces no existían posibilidades de que retornen en Teshubá, por lo tanto no había otra solución que el exterminio, Di-s nos guarde!

De esta manera escribe el Mijtab MeEliahu (tomo 1 folio 63), tras citar el comentario del Seforno, escribe: Todos los castigos que otorga el Eterno están destinados a instruir al hombre y llevarlo a la Teshubá, en tanto que el decreto de exterminio y la muerte sig­nifican que no existen posibilidades para esa persona de que retor­ne en Teshubá, por lo tanto, el único remedio es el exterminio. Por este motivo, en el episodio del becerro de oro Di-s le dijo a Moshé "Apártate de mi y los exterminaré", porque al ver el Eterno que se perdió la esperanza de la Teshubá, es natural que no exista ninguna posibilidad que el hombre terco, duro de cerviz, escoja el bien, el único remedio posible era exterminarlos.

 A ello se refiere la advertencia que hace el versículo Y vuestra cerviz no endurezcan ya (Debarím 10,16), escribe el Seforno al res­pecto: Porque al apartarse de la testarudez que impide aceptar lo correcto, podrán reconocer al Eterno y comprenderán que es malo y amargo abandonarlo, y podrán meditar.

Siendo así, es preciso ahora determinar ¿Cómo rectificaron su acti­tud? ¿Qué realizó Moshé que permitió, a pesar de su terquedad, que el pueblo de Israel hiciera Teshubá?

Ciertamente, lo primero que realizó, previo a incinerar el becerro de oro, fue romper la Tora bajo el monte, éste fue el prólogo para su Teshubá, ya que al romper las Tablas frente a ellos, al ver las letras flotar en el aire, se quebró su obstinación y por lo tanto se abrió el camino hacia la Teshubá.

Ahora hallan respuesta todas nuestras preguntas. Respecto al hijo rebelde se entiende por qué la Tora, llamada misericordiosa, lo con­dena por accionar, sin tener esperanza que vuelva en Teshubá. Porque al apartarse del buen camino y negarse a oír a su padre y su madre, "No escucha (acepta) la voz de su padre y su madre", y aún cuando el tribunal lo ha reprendido, igualmente se mantiene en su porfía a pesar de su temprana edad, ello es síntoma de su total obcecación, demostrando cabalmente que nunca retornará al buen sendero. Como lo dice el Seforno: porque su amarga actitud elimina la posibilidad de que abandone su rebeldía. Quiere decir, que sus ras­gos negativos ya condenan su alma, y de seguro su final será trági­co. Por eso, es preferible para él, y para el pueblo de Israel todo que muera inocente y no culpable, antes de que todos vean y sean víc­timas de su mal accionar.

Lo mismo encontramos en el episodio de Kóraj, cuando éste se reveló contra Moshé y su Tora. En principio trató Moshé, de repro­charlo para hacerlo rectificar de su conducta y atraerlo hacia el bien, habiéndole en forma tranquila. Sin embargo, al ver su actitud porfiada, entendió que debía desistir de él y evitar que las otras tri­bus se le asocien y se pierdan con él.

De acuerdo a esto, halla respuesta lo que cuestionamos con respec­to a la Mitzvá de la Teshubá, pues en realidad el precepto de la Teshubá se encuentra muy cerca de nosotros, sólo depende de nuestra boca y nuestro corazón, declarando ante el Eterno que nos equivocamos y desde ahora retornamos hacia Él. Sin embargo lo que lo dificulta es nuestra testarudez, porque el mal instinto le pre­senta al hombre distintos argumentos para justificar su accionar equivocado y continuar endureciendo su cerviz, para no retornar en Teshubá y rectificar sus acciones.

Se cuenta sobre el gran maestro Rab Jaim de Brisk z"l, que en una ocasión se presentó ante él un lehudi laico, y le dijo al Rab que poseía serios interrogantes con respecto a la fe en Di-s. Le respondió el Rab Jaim, las preguntas que posees sobre la fe, se pueden responder con facilidad, el problema es que tus preguntas no son preguntas, son sólo excusas. Es más cómodo apartarse del cumplimiento de los preceptos, ya que de esa manera, aparente­mente, se puede disfrutar más de la vida. Sin embargo ¿Cómo podrías proceder así con el conocimiento de que existen recompen­sa y castigo por parte del Eterno? Por eso buscas interrogantes que pongan en tela de juicio los principios de la fe, para poder calmar tu conciencia. Ciertamente a tus respuestas llamas preguntas, y yo no poseo respuestas para las excusas!

Ya dijo el Rey Shelomó, el hombre más Sabio entre los hombres: El hombre que al ser reprendido endurece la cerviz, de imprevisto será quebrantado y no tendrá remedio (Mishlé 29,1). Quiere decir, el hombre que requiere reprimenda, si no es porfiado encon­trará remedio para su espíritu; sin embargo, si actúa con terquedad y no acepta los reproches, no existirá remedio para él, ya que no habrá quien lo cure.

Por este motivo nos fue encomendado el precepto: Reprochar reprocharás a tu compañero" (Vaikrá l9,7), porque cada persona necesita de la reprimenda, ya que cada quien considera que su pro­ceder es correcto, como dice el mismo Rey Shelomó Todos los caminos del hombre son rectos a sus ojos (Mishlé 16,2), y el hom­bre no puede ver sus propios defectos, como estudiamos en el Talmud (Negaim cap. 2): Todas las afecciones el hombre puede ver, a excepción de las propias.

Por este motivo, el que abandona el camino del Eterno, rechaza los reproches y se comporta obstinadamente, a él se refiere el versícu­lo cuando dice: Quien odia la amonestación, morirá (Mishlé 15,10), ya que pierde todas las posibilidades de realizar Teshubá.

Lo mismo encontramos en Ytró, quien por medio de su escucha ameritó la vida, como dice el versículo: Y oyó Ytró, sacerdote de Midián...todo lo que había hecho el Eterno con Moshé e Israel (Shemot 18). Aún cuando todos los pueblos de mundo oyeron sobre los milagros y las maravillas que ocurrieron con el pueblo hebreo al cruzar el mar Rojo, y su salida de Egipto, etc., sin embar­go sólo Ytró "oyó" realmente, y sobre él dice el versículo Inclinen vuestros oídos y vengan a Mí, oigan y vivirán vuestras almas (Ishayá 55,3).

Y quién entre nosotros puede considerarse superior al Gaón de Vilna z"l, y él mismo contrató al famoso narrador de Dubna para que lo reproche diariamente.

Y así también testimonia el Jid"á z"l en su obra Shem Haguedolim (Sefarim cap. 200 letra 7) sobre el gran erudito Maharsha"l -Rabbenu Shelomó Luria z"l-, quien mientras ocupaba su puesto como Rab beit-din (decano del tribunal rabínico) le encomendó a un Rab que corrientemente le dirija una represión y reproche. Y cuando este se presentaba, el Maharsha"l se cubría con su Talit y prestaba atención a sus palabras con temor y reverencia.

Y si ellos, los grandes eruditos de las generaciones, no confiaban en sus propias capacidades y no se apoyaron en su sabiduría, sino buscaron quien los reproche, para cumplir con el versículo que dice: El oído que atiende el reproche de la vida, entre los Sabios habitará (Mishlé 15,31). Cuanto más y más nosotros, si deseamos realmente corregir nuestro proceder, debemos incentivarnos con el estudio del musar (ética) y aceptar el reproche. Y quien se acerca a purificarse, lo ayudaran de los cielos!

Extraido del libro Emet LeIaacob con el permiso de su autor

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