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Vida judía


El mejor pago
Por. Mijael Polaj



El mejor pago

“Justicia, justicia perseguirás”

Esta historia paso hace más de 150 años, pero su enseñanza es tan rica hoy como lo fue entonces.

R’ Zimel Epstein y R’ Kapel Halperin eran dos ciudadanos ricos y poderosos conocidos en Polonia y Lituania por tener grandes negocios y contratos con el gobierno. Construían caminos, puentes y fortalezas practicamente no había licitación oficial que no pasara por sus manos. Tenían cientos de trabajadores, ingenieros, capataces y le daban sustento a cientos de familias judías engrandeciendo el nombre de estos socios en todo el país.

Al margen de su trabajo, los socios eran grandes benefactores y en todo acto caritativo tomaban parte. Es fácil imaginarse que donde aparecían ambos eran recibidos con el mayor de los honores.

En cierta oportunidad, mientras revisaban sus libros y cuentas, llegaron a un punto del contrato de sociedad donde no pudieron determinar con exactitud cual de ellos tenía razón y cual obtenía un privilegio sobre el otro.

Sin discutir sobre el tema decidieron recurrir al Rabino de Bialyostok Rabi Moshe Velvel Pariente del Gaón de Vilna y amigo de Rab Jaim Voloschiner, conocido mundialmente por su integridad, sabiduría y justicia. Grandes rabinos de la época lo llamaron “corona de la generación, conductor de Israel”; mucha gente se acercaba a el para pedir consejos y su juicio acerca de distintos problemas.

Los dos socios llegaron a las once de la mañana donde el Rabino. Rabi Velvele como lo llamaban, con su talit y sus tefilim puestos, estaba dedicado a su estudio, cuando a través de la ventana su ayudante vio llegar un rico carruaje del cual vio descendieron dos importantes judíos. Confundido corrió donde el Rab y exclamó:
-¡Rabi: vinieron R’ Zimel y R’ Kapel ¡
Pero Rab Velvel no se asombró en absoluto, con gran calma le ordenó a su ayudante ir a recibirlos y averiguar el motivo de la visita.

Al volver, el ayudante le dijo: Han venido para un juicio.
-Hazlos entrar le dijo Rab Velvel y llama a los otros miembros del Tribunal Rabínico.

Rav Velvel con gran seriedad deslizó su talit de tal forma que le cubriera la cabeza y los ojos e invito a los jueces a sentarse junto a el hacer lo mismo.

Cuando los socios entraron no fueron saludados, Rab Velvel no los invito a sentarse ni siquiera miró a donde ellos estaban y dijo con gran frialdad:
-Zimel y Kapel, que el demandante hable primero.

Cuando ambos notaron la frialdad del recibimiento y para peor el Rab los llamo solo por sus apellidos sin anteponer señor o reb, como si fueran simples atorrantes, se sintieron profundamente alterados, no se imaginaron nunca un recibimiento de este tipo.

Manteniéndose apenas sobre los pies y muy alterado R’ Zimel murmuró: Yo soy el querellante.

Escuchemos tus argumentos – dijo Rab Velvel.

R’ Zimel murmuró nuevamente desanimado, el Rab ni siquiera lo trata de usted. Le parecía que el suelo se le movía bajo sus pies. Ya casi había decidido dejar al rab con los jueces y escaparse del lugar, pero el no podía permitirse tal vergüenza, así que se contuvo y se fortaleció para exponer el caso. En forma breve explicó la causa del pleito deseando terminar lo más rápido posible para salir de ese lugar.

Después de oír los argumentos de ambos, Rab Velvel les indico retirarse a otro cuarto hasta que hubiese tratado el caso con sus jueces.

Los querellantes, dos socios que nunca habían tenido problemas juntos estaban sentados con sus cabezas entre las piernas con un sentimiento de amargura y sin articular palabras.

Decidida la sentencia, el Rab le pidió a su ayudante que trajera a los dos querellantes y los hiciera pasar. Al entrar vieron que el Rab todavía mantenía su talit sobre los ojos y dirigiéndose a ellos les dijo: De a cuerdo a la Ley de la Torá el fallo es el siguiente explicándoles todos los detalles… Bien Zimel ¿lo aceptas? … Si Rabi contesto R’ Zimel y tu Kapel, ¿aceptas? …Si Rabi contesto R’ Kapel afirmativamente.

En cuanto el Rab escuchó estas palabras, hizo descender el talit de encima su cabeza y extendiendo la mano a sus visitantes los saludo amigablemente con todos los honores que se merecían estas importantes visitas.

Bienvenido R’ Zimel, bienvenido R’ Kapel los saludó cordialmente, siéntense por favor.

Les indico donde acomodarse y con gran cariño se puso a conversar sobre sus familias y negocios con los visitantes, como un padre que extraña mucho a sus hijos tras largos años de separación. Luego comieron juntos, en un ambiente elevado y de celebración.

¿Que pasó, donde quedo toda la indiferencia, la falta de respeto a estos honorables huéspedes, el frío recibimiento que el Rab les dio?

Antes de despedirse los socios quisieron pagarle al Rab sus honorarios por los servicios de acuerdo a la costumbre. Rav Velvele se negó a recibir el dinero.

Para que necesito el dinero les dijo, la comunidad me paga mi salario y como dice el Rey Salomón “muchas riquezas, (son) muchas preocupaciones”
De todos modos los socios no quisieron irse sin dejar algo y le pidieron al Rab que lo repartiera para caridad según su criterio.

Bien dijo el Rab, dáselo a ese rabino y el buscara un estudioso que pueda hacer buen uso de este dinero.

R’ Kapel, impetuoso por naturaleza, no podía seguir conteniéndose, la vergüenza que paso durante el juicio y la falta de respeto que el sintió cuando el Rab los recibió era algo que no podía olvidar, solo estaba esperando el momento para sentirse aliviado y en eso exclamó:

Rabi discúlpeme por la pregunta que le voy a hacer, con todo respeto, me puede contestar si ese estudioso que recibirá nuestra donación cuando se convierta en un Dayan (juez rabínico) va a recibir a los querellantes de la misma forma que el rab nos recibió.

Todos los presentes se estremecieron, también R’ Kapel se ruborizó, el único que se mantenía calmado era el Rab como si se le hubiera hecho una simple consulta de cashrut; se quedo pensativo por un momento y después contestó.

Queridos amigos, les dijo, veo que sienten un resentimiento por la forma en que los recibí, un enojo por que no les di el debido respeto cuando los acogí al principio. Pero que sepan mis amigos que esta es la forma que la Torá no enseña no actué con orgullo ni con indiferencia, es así como esta escrito en el tratado de Avot respecto a los jueces: “ Cuando los querellantes se presentan ante ti deberás tratarlos como culpables, pero cuando ellos acepten tu sentencia deberás tratarlos como carentes de culpa alguna” Aparte de esto la Torá nos enseño “No temas ante una persona, no reconozcas a la persona durante el juicio” El sentido de esto es simple, si el juez toma a cada persona como justa creerá cada palabra que le dicen, se dejará influenciar por el que tenga el mejor argumento aunque este no tiene que ser necesariamente la verdad, de esta forma no llegarás a la veracidad del litigio. Por otra parte si viene un poderoso ante mi y cree que con su dinero o su influencia puede comprar el juicio, la Torá nos obliga a cubrirnos los ojos, no podemos ver quien es quien, ante el juicio de la Torá son todos iguales, ricos y pobres, influyentes y mancillados. Díganme ahora hay alguien mejor para poner en practica la ley de la Torá que ustedes.

El Rab les explicó ampliamente demostrándoles lo correcto de su conducta con la siguiente acotación Mientras se realiza un juicio ante sabios, mostrar un rostro amistoso no es bueno porque eso puede ser perjudicial para la justicia del mismo.

Y por eso mis queridos amigos así como ustedes aceptaron el juicio de acuerdo a la Torá así también deben aceptar los detalles; si, mi alumno también se tapará los ojos y recibirá friamente a los rivales en el juicio tal como lo hicimos hoy en día.

Tranquilícense y no estén enojados conmigo.

Todos los presentes se conmovieron al escuchar las palabras de Rab Velvele sintiendo un gran alivio.

Durante un largo rato reino el silencio en la sala, más la emoción hizo reaccionar a R’ Zimel y dijo: Rabi, este ha sido el momento de más satisfacción en mi vida, quede asombrado al ver la sabiduría y la ejemplar conducta del Rab que ni siquiera quiso aceptar el pago por sus honorarios.
Yo le pagare de otra forma, decidí dedicar a uno de mis hijos completamente al estudio de la Torá y que no intervenga en nuestros negocios, que se siente y estudie hasta convertirse en un gran sabio; este será mi pago. Y así fue, Rab Yudl Epstein su hijo, se convirtió en un gran sabio y escritor de literatura talmúdica el fue el fiel amigo de Rab Israel Lifshitz autor del famoso comentario sobre la Mishná “Tiferet Israel.




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