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Entendiendo


Ama la Paz y Persíguela
Por. Shmuel Kaffe



- “¡A mí no me gustan los autos rojos!”.
- “Pero el auto se lo compró tu hermano” - me dice mi madre – “acaso no vas a aceptar su elección”.
- “No, no me gusta, y se acabó”.
- “Piénsalo bien. A veces hay que hacer concesiones. Es tu hermano y tienes que vivir con él”.
- “Sí, es cierto, a veces hay que hacerlo pero…”.

¿Qué es una concesión? ¿Cuándo debemos ceder y cuándo no?

Imaginemos el siguiente ejemplo:

Una señora entra en un negocio de zapatos. Después de elegir el modelo que más le gusta, le pide al vendedor que le dé un número 38. Unos minutos más tarde vuelve el hombre con dos pares: un par número 40 y el otro número 37.
- “Perdón, pero... esto no es lo que le pedí” – le dice la señora sorprendida.
- “¡Señora, no sea fanática! Es el mismo zapato – le responde el vendedor.
- “¡No soy fanática! Simplemente... el número 38 es el que me calza bien – le responde la indignada señora.

¿Podemos decir en este caso que la señora debería haber cedido?

Ciertamente no. Ella no es una fanática, pues otro número de zapato no le calzará adecuadamente. Un par le quedará chico y el otro muy grande.
Ahora bien, y si el zapato que le trajo el vendedor no era del mismo color que ella pidió, a pesar de que el número era el correcto, ¿qué debería haber hecho la señora? Pensar si existía la posibilidad de combinarlo con algunas de sus prendas de vestir. La posibilidad de la elección existe cuando delante nuestro se presenta una situación en la cual las opciones pueden llegar a ser compatibles con nuestra realidad.

En nuestras vidas, frecuentemente tenemos que tomar decisiones, y no siempre son cosas fáciles de decidir. A veces debemos ser estrictos y otras veces podemos ser flexibles. ¿De qué depende esta decisión?

En primer lugar, debemos entender que en el medio social en el cual nos movemos hay ciertos valores esenciales que tenemos que respetar y que no podemos cambiar. También existen leyes que el país en el que vivimos ha legislado para ayudar a la convivencia entre los ciudadanos, y hay patrones de comportamiento que fueron preestablecidos para mantener la paz y la armonía en el lugar.

¿Qué pasaría si se me ocurre cambiar el orden de los estacionamientos del vecindario? Seguramente algunos de los vecinos se enojarán conmigo. ¿Y si se me ocurre lavar los autos que están en el estacionamiento sin cobrar nada por ello? Seguramente los vecinos me darán un premio por la amabilidad. Pero esto no es una concesión. Esto es una buena acción con el prójimo.

Volvamos a nuestro caso del auto rojo. La madre entra al cuarto de uno de los hermanos y le cuenta que el otro compró un auto en una liquidación y lo pagó muy barato. ¿Ustedes creen que al escuchar esto el segundo hermano se quejará del color? Probablemente no. Muchas veces la reacción depende de la manera en la cual nos informaron la noticia.

Una de las más grandes virtudes es saber cómo evitar conflictos, o por lo menos, saber cómo solucionarlos de manera tal que las partes en conflicto queden satisfechas. La clave para que esto sea posible es decir siempre las cosas en forma clara, y además tener en mente que en caso de necesidad, debemos hacer concesiones para que ambas partes lleguen a un acuerdo quedando satisfechas con el resultado.

La Mishná en Pirké Avot nos enseña acerca de la virtud de la concesión.
Dice la Mishná: “…que seas de los alumnos de Aharón el Cohen; ama la paz y persigue la paz; ama a las personas y acércalas a la Torá” ( Pirké Avot 1-12).

Rashi explica lo siguiente: Cuando Aharón veía a dos personas peleando, se acercaba a cada una y le decía: “Debes saber que el otro ha venido delante mío y me ha pedido que me acercara a ti y te hablara sobre él, y te pidiera disculpas en su nombre por lo sucedido. Él te esperará aquí hasta que lo perdones”. De esta manera; Aharón lograba hacer la paz entre ellos.

Sin embargo, esta Mishná nos enseña que no sólo debemos amar la paz, sino que debemos perseguirla. Debemos buscar la forma de llegar a un acuerdo antes de transformar la situación en un pleito. Debemos ser pacientes y agradables. Debemos buscar siempre la verdad y la justicia. Debemos saber ceder y evitar las discusiones. Debemos aprender a hablar de manera tal que otros no se sientan insultados. Debemos aprender a trabajar honradamente para no dañar a otros. Debemos perseguir la justicia para llegar a obtener la paz.

En estos días que anteceden a Rosh HaShaná, tenemos la posibilidad de arreglar nuestras discrepancias, terminar con los rencores y perdonar a nuestro prójimo. ¡Tomemos la decisión y hagámoslo!

Si queremos ser perdonados tenemos que aprender a perdonar, así como está escrito en la Mishná: “Rabi Janiná ben Dozá dice: ‘...Todo aquel que es agradable con las creaciones, es amado por el Todopoderoso; y todo aquel que no lo es, no es amado por el Todopoderoso’.
Rashi comenta esta Mishná diciendo: “Todo aquel que es amado aquí abajo, seguro que es amado arriba. Aquel que hace la voluntad del Todopoderoso en este mundo, es aceptado por el Creador” ( Pirké Avot 3-10).

“Aquel que hace la paz en las alturas,
hará la paz sobre nosotros y sobre todo Israel”.




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