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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Yom Kipur
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס"ד

בס"ד

 

 

¿EXISTE LA ESPERANZA?

 

Dijo el rab hagaon Iaacov Galinsky ztz”l: nuestros sabios siempre preguntaron por qué la lectura del libro de “Iona” se realiza en la tarde de Iom Hakipurim, en un momento en que el tiempo “vale oro”, cuando la concentración llega al punto más alto del año. Y nos dieron muchos motivos al respecto. También rabenu Hajafetz Jaim ztz”l habló sobre el tema (Shaar Hatziun 622,6), y escribió que el libro de Iona quiere enseñarnos que ningún hombre puede escapar de la Voluntad de Hashem, tendrá que aceptar siempre la Propuesta y la Orden de Hashem, a pesar de cualquier circunstancia.

Y podemos decir más. Surge la pregunta: imaginemos un iehudi muy importante, justo y poseedor del Ruaj Hakodesh (espíritu de Santidad, que le permite conocer los designios del Cielo), como por ejemplo, el Jafetz Jaim. Llega a una ciudad extraña de un país extraño, donde reina la diversión y el libertinaje. Digamos, por ejemplo, Paris. A pesar de que escuché que Paris es una ciudad donde hay mucha Irat Shamaim (temor a Hashem), porque muchos iehudim llegaron a la ciudad con su temor y su cumplimiento… pero esto es sólo un ejemplo.

Sigamos imaginando… Este hombre justo camina por las calles, avenidas y paseos de Paris, proclamando que en cuarenta días la ciudad será destruida. ¿Existe la posibilidad de que alguien le preste atención? ¿Algún diario podría darle un pequeño espacio para publicar su noticia?

El profeta Iona fue enviado por Hashem para que todos los habitantes de la ciudad de Ninive se arrepientan por sus pecados y vuelvan al buen camino. Hakadosh Baruj Hu estaba enojado por el mal comportamiento de toda la ciudad.

¿Cuál era el temor de Iona? ¿Por qué no quería cumplir la misión que Hashem le ordena? Tenía miedo que los habitantes de Ninive lo escuchen y se arrepientan. Ya que ese arrepentimiento despertaría a los acusadores del pueblo de Israel. Estos acusadores se presentarían frente al Bore Olam y le mostrarían cómo los habitantes de Ninive volvieron al buen camino, mientras el pueblo de Israel…

Por eso Iona no quería ir allí y prefirió escaparse.

Ahora, supongamos que Iona viajaba a Ninive y hacía su proclamación, ¿quién iba a escucharlo? ¡Nadie! Todos seguirían con las mismas malas acciones de siempre. Y cuando se cumplieran los cuarenta días, la ciudad dejaría de existir. Esto sería una prueba, retroactiva, de que las sospechas de Iona eran infundadas, y ningún acusador se presentaría para hablar mal del pueblo de Israel.

Por el contrario, podríamos usar el castigo que recibió la ciudad, como advertencia para nosotros.

Cuentan sobre un comerciante iehudi que vivía en China, que decidió importar (o exportar) por su propia cuenta mercaderías para Europa. Viajó y se relacionó con fabricantes y distribuidores, pero antes de comenzar sus operaciones, viajó a Radin para pedirle una bendición al Jafetz Jaim. Llegó a su casa y se presentó como un residente de China.

China…, la otra punta del mundo…

¿Qué se cuenta por allí?, preguntó el Jafetz Jaim.

El iehudi comenzó a contarle: no es sencillo vivir en China. Los iehudim que viven allí están muy dispersos. No hay educación judía para los niños, no hay Shejita Keshera (carne apta para el consumo). Resulta extremadamente difícil cumplir el Shabat, son muchas pruebas las que debemos atravesar, Hashem nos cuide y nos proteja…

El Jafetz Jaim no se asombró de lo que escuchaba, y contestó: vuestro sufrimiento es el mismo sufrimiento de muchas personas en nuestra generación. En muchas congregaciones, desde Australia, y el sur de Africa y de América, hasta el norte de América. Esta es la situación en gran parte del mundo. Compuse y publiqué para ellos este libro, “Nidje Israel”. Toma y lleva contigo varios ejemplares y repártelos en China. Allí podemos ver cómo mantener nuestro judaísmo cuando las condiciones son difíciles…

¿Y qué más se puede escuchar en China?, volvió el Jafetz Jaim con la misma pregunta.

El iehudi se sorprendió. Sobre la situación de los iehudim ya le había contado, ¿sobre qué otra cosa podría hablar? Comenzó a decir que había salido de allí hace algunas semanas…

Y antes de salir, ¿de qué se hablaba allí?, ¿cuál era el tema central de los periódicos?, preguntó el Jafetz Jaim.

Contestó: los chinos están construyendo una represa gigantesca, y para construirla deben desocupar un valle en que hay una ciudad y muchos campos cultivados. La represa acumulará una gran cantidad de agua que cubrirá por completo el valle, y cien mil chinos pueden quedar bajo las aguas…

Ahora sí el Jafetz Jaim se sorprendió: ¡Llegó la cualidad de la Justicia de Hashem sobre el pueblo chino!

Rabi, dijo el iehudi, ¿puedo hacerle una pregunta?

Seguro que sí…

Cuando le conté sobre la situación tan difícil de los iehudim, el rab me respondió con tranquilidad. Y cuando le cuento sobre la situación de los chinos de esa región, ¿el rab se sobresalta en extremo?

Que todas las bendiciones posen sobre tu cabeza. Dime, ¿has estado en Varsovia?

Seguro, llegué aquí, a Radin, pasando antes por Varsovia.

¿Cuántos iehudim viven allí? ¿Cuál es el porcentaje de iehudim frente a toda la población?

El iehudi seguía asombrado, pero contestó: dicen que hay como trescientos mil iehudim, dentro de una ciudad de un millón de habitantes.

Cierto, le dijo el Jafetz Jaim, eso dicen. Dime, por favor, si tú vieras un hombre parado en la plaza central de la cuidad hablando en Idish, ¿a quién supondrías que le está hablando?

¿Cuál es la pregunta? Seguro que se está dirigiendo a los iehudim que pasan por allí.

Pero tú mismo me dijiste que los iehudim son la minoría…

El hombre sonrió: está bien, los no iehudim son la mayoría, pero ellos no entienden Idish. Si está hablando en Idish, está hablando para los iehudim.

¡Tú lo has dicho! Gritó el Jafetz Jaim. Tienes que entender, cuando un tornado provoca la muerte de cien mil creaciones del Bore Olam, es lo que decimos en las oraciones: “Mi Bamaim” (quiénes morirán en el agua), Hashem nos salve! Este es el lenguaje del Cielo. Un mensaje del Cielo. ¿Y quién entiende este mensaje? De la misma forma que el iehudi hablando en Idish para una minoría. ¿Quién piensa en esas palabras, quién se estremece? Los chinos, ellos no entienden este idioma. Entonces, el mensaje no es para ellos, ¿para quién será? ¡Para nosotros, que sí lo entendemos! Pero nosotros, estamos aquí, en Radin, ¿y cómo podemos enterarnos de lo que sucede en China? Sólo lo podemos saber cuando tú llegas aquí, nada más que para contarme lo que pasa allá.

Esta es la correcta forma de mirar las cosas. La forma de ver del Jafetz Jaim.

Así habría ocurrido si Iona habría cumplido la Voluntad de Hashem. Tampoco nadie lo escucharía, pero Hakadosh Baruj Hu les pidió a los habitantes de Ninive que mejoren su conducta. Y como esa posibilidad no existía, Iona intentó escapar.

Se metió en un barco y se desató una tormenta. La tripulación y los pasajeros rogaron a sus dioses, en vano. Encontraron a Iona en un rincón del barco, y él contó su historia. El pánico se apoderó de todos ellos. Lo lanzaron al mar, y la tormenta cesó de inmediato. Lo subieron nuevamente al barco, otra vez la tormenta. Lo lanzaron por segunda vez, y nuevamente el silencio. Un pez se tragó a Iona. La gente del barco sintió un gran temor a Hashem y le hicieron ofrendas, y formularon promesas (Iona 1,16). Iona rezó desde los intestinos del pez, y el pez lo “vomitó” en tierra firme.

Iona no tuvo alternativa. Fue hasta Ninive, hizo su proclama y el pueblo lo escuchó y creyeron en Hashem. Escribió el Radak, que la gente del barco estaba en la ciudad y atestiguaron sobre Iona, por eso, toda la ciudad creyó en sus palabras y se arrepintieron de sus pecados, acercándose a Hashem.

Y esto sucede siempre, cuando un hombre intenta ser “inteligente” para evitar cumplir la Voluntad de Hashem, Hashem se burla de él, y provoca que su intento de alejarse o escaparse sea lo que lo acerca más. Justamente, lo que ocurrió con Iona en su intento de escapar, fue lo que hizo que la gente de Ninive crea en sus palabras. En resumen, el hombre no puede escaparse de Hashem, por el contrario, cuando pretende alejarse es posible que se acerque más a la Voluntad de Hashem, a través de esa misma huida…

 

           

Traducido del libro Vehigadta.

 

 

 

 

Leiluy Nishmat

 

Israel Ben Shloime z”l

 

Lea (Luisa) Bat Rosa  Aleha Hashalom

 

 

 




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