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Para reflexionar


Amarás a tu prójimo como a ti mismo
Por. Rav Salomón Michan



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Amarás a tu prójimo como a ti mismo

Es una obligación de toda persona amar a cada Yehudí como a sí mismo, tal como está escrito en la Torá: “Veahabtá Lereajá Kamoja” – “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. [1]

Por medio del amor entre los Yehudim, Hashem posa entre nosotros. Hashem nos pide que nos amemos entre nosotros.

El mandamiento de “Veahabtá Lereajá Kamoja” – “Amar a otro judío”, es uno de los valores más conocidos del judaísmo. Tal como proclamó Rabi Akibá: ¡Éste es un principio fundamental de la Torá![2]

Y sin embargo: ¿Cómo podemos amar a nuestro compañero como nos amamos a nosotros mismos?

El Sefer Hajinuj enseña que esta Mitzvá incluye proteger la propiedad ajena, evitar que la otra persona sea dañada, hablar del otro sólo cosas buenas, respetarlo y por cierto no glorificarnos a costa del otro.

Explicaciones del Pasuk

Explica el Rambam: La Mitzvá de “Amarás a tu prójimo como a ti mismo, “Es una mitzvá que incumbe a cada persona, amar a cada judío tanto como se ama a si mismo, tal como indica el versículo: “Y debes amar a tu prójimo como a ti mismo”. Por lo tanto, se debe alabar a los demás y ser cuidadosos con la propiedad ajena como se es cuidadoso con lo que uno mismo posee y como se desea ser honrado”.[3]

El Eben Ezra explica: “En mi opinión, el significado del versículo es exactamente aquello que dice; esto es: que uno debe amar a su semejante de la misma manera que se ama a si mismo”.[4]

Analizando el tema [5]

Sobre el Pasuk que dice la Torá: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.[6] Vamos a mencionar algunas preguntas esenciales para entender el Pasuk:

1. Primera pregunta: ¿Cómo el amor puede ser una obligación? ¡O amas a alguien o no lo amas! ¿Es posible legislar una emoción? ¡Es algo que no puedes obligarle a hacer a otro!

Si nosotros pensamos acerca de esto, nos daremos cuenta que, de hecho, hay ciertas personas a las cuales los obligamos a amar, e incluso nosotros pedimos a otros que amen a alguien. Por ejemplo: Imagina que tienes dos hijos, y uno de ellos te dice, "yo odio a mi hermana".

Tú le dirás: ¡No hables de esa manera! ¡Tú tienes que amar a tu hermana!".

Él te dirá – “Pero yo sólo te digo la verdad. ¿Cómo puedo amar a esa pequeña mocosa?”

Entonces, tú le dirás: ¡Tienes que amar a tu hermana!

Nosotros sabemos que nuestros hijos deberían amarse unos a otros. Entonces tú le preguntas: "¿Por qué odias a tu hermana?".

"Porque ella se comió el pedazo más grande de pastel", o "ella tomó mi lapiz sin pedirme permiso" (tienes que tener hijos para entender esto). Y si esto sigue así perderás tu paciencia y le dirás: ¡¿Esta es la razón por la cual odias a tu hermana?! ¡No tiene sentido! ¡Tú debes amar a tu hermana!”

El padre no está sugiriendo que el hermano ame a su hermana, él está ordenándole. Entre hermanos y hermanas, el amor no es algo que preferimos que ocurra, es algo que esperamos que ocurra. Nada en el mundo debe impedir este amor.

A pesar de que a primera vista, demandar “amor” suena imposible, es algo que la mayoría de nosotros hacemos en nuestra vida diaria.

Por ejemplo, pregúntale a cualquier pareja que están esperando un bebé si ellos planean amarlo. Ellos contestarán: ¡Por supuesto!

Pero ¿cómo ellos saben que van a poder amar a ese niño? ¿Qué pasaría si el niño sale tan travieso como el hijo del vecino?

¡No importa! - ellos dirán - ¡Nosotros encontraremos algo por lo cual amarlo!

No importa cómo el hijo salga, los padres serán capaces de encontrar algo por lo cual amarlo, pues los padres están naturalmente comprometidos a amar a sus hijos, y es por eso que ellos deciden pensar principalmente en las cosas buenas que tiene el niño.

El secreto para amar al compañero:

El judaísmo define al amor como: "El placer emocional que uno siente al encontrar virtudes en otra persona e identifica a la persona con esas virtudes".

Es por eso que la emoción del amor depende de cómo uno ve a la otra persona. Si nosotros escogemos enfocarnos en las virtudes del otro – lo amaremos, pero si escogemos enfocarnos en sus deficiencias – nos desagradará.

Esto explica cómo la Torá puede obligarnos a amar. La manera que nosotros elegimos ver a los demás está completamente bajo nuestro control. Para lograr sentir amor, la Torá nos obliga a mirar las virtudes de los otros, y por extensión, nosotros los amaremos, pues cuanto más conozcamos a alguien y sus virtudes, más profundo será nuestro amor.

2. Segunda pregunta: ¿Por qué el versículo dice "Ama a tu prójimo como a ti mismo"? La Torá nunca usa palabras extras, la frase "como a ti mismo" ¿qué viene a agregar?

El Talmud[7] nos enseña cómo evitar vengarnos.

Si estás cortando una zanahoria y accidentalmente cortas tu dedo, ¿tomarías el cuchillo y deliberadamente te cortarías tu otra mano para vengarte? Claro que no, porque tu otra mano es parte tuya.

Cuando nosotros apreciamos que todos somos un solo pueblo, entonces herir al otro, es tan ridículo como herirse a uno mismo. Es por eso que la Torá dice: Ama a tu prójimo "como a ti mismo". Si yo me doy cuenta de que yo y el otro somos parte de una misma unidad, entonces la venganza es tan tonta como cortarse la otra mano con el cuchillo.

Esto es tan importante que si nosotros no lo logramos por nosotros mismos, una fuerza externa nos hará darnos cuenta de que somos un solo pueblo. Por ejemplo: Los nazis (y Hamán también) no diferenciaron entre los distintos tipos de judíos. Nos vieron a todos como un solo pueblo. Obviamente tener que aprender esto de nuestros enemigos es algo muy duro. Es por eso que debemos aprenderlo por nosotros mismos. Nosotros debemos aprender a amarnos unos a los otros como hermanos y hermanas.

3. Tercera pregunta: En hebreo “Veahabtá Lereajá” – "Ama a tu prójimo", es mejor traducido como "ama a tu enemigo" (ya que la palabra Reajá, tiene como raíz “Rá”, malo), ¿Por qué la Torá se refiere a nuestro prójimo judío como enemigo? ¿Acaso la Torá nos pide que amemos a nuestro enemigo?

Debemos entender el mensaje que la Torá nos quiere transmitir: Si la Torá nos pide amar a nuestros padres, ¿Acaso diríamos que eso es complicado? Seguramente no, ya que tenemos muchos motivos para amarlos. Así mismo a la esposa o a los hijos, ya que son parte nuestra y nos conviene que les vaya bien.

Pero cuando la Torá nos pide que amemos a un extraño o incluso a un hombre que nos ha hecho algo malo, es en ese momento que estamos rompiendo con la naturaleza y el sentimiento de amor de lo más profundo de nuestro corazón sale al exterior. Si somos capaces de amar a nuestro peor enemigo como lo pide la Torá, es cuando Hashem se siente nuestro padre, y es por eso que al final del versículo dice “Yo soy Dios”: “Veahabtá Lereajá Kamoja, Aní Hashem” – "Ama a tu prójimo como a ti mismo, yo soy Dios”.

Ver por el otro

Dice Rab Eliahu Desler:[8]

La persona debe imaginarse el sufrimiento o la falta que tiene su prójimo, y la felicidad que éste sentiría al ver aliviados sus problemas o al conseguir aquello que le falta. Cuando la persona entiende que tiene la capacidad de beneficiar a otro cubriendo sus necesidades, entonces le resulta mucho más fácil dar de sí mismo.

¿Acaso sabes qué necesita tu compañero?

Contó Rab Moshe Leib Misabob, que él descubrió el significado del amor verdadero entre dos personas, después de ver una escena entre dos personas.

Se encontraba Rab Moshe Leib Misabob afuera de un salón de fiestas, donde miró a dos amigos muy contentos abrazados entre sí y uno le preguntaba al otro: ¿realmente tú me quieres de verdad? El amigo le contestó: ¡Seguro que te quiero y mucho! Le volvió a preguntar: ¿Cómo puedes decir que me quieres de verdad, si no sabes que necesito, si no sabes que me hace falta?

En ese momento, dijo Rab Moshe Leib Misabob: Aprendí de esa escena, que para amar a alguien es necesario saber qué le falta…

Toda la Torá se rige sobre una sola regla

Cuenta la Guemará[9] una historia de un gentil que se presentó ante Shamai y le dijo: “Estoy dispuesto a convertirme al judaísmo si me enseñas toda la Torá mientras estoy parado en un pie”. Shamai lo alejó con la regla de carpintero que tenía en la mano. El gentil fue entonces con Hilel, quien lo ayudó a convertirse. Hilel le dijo: “Todo lo que no te gusta que te hagan, no se lo hagas a tu amigo. Esa es toda la Torá. El resto es su explicación. Ahora debes estudiar”.

“Éste es un principio fundamental de la Torá”, refiriéndose a que muchos preceptos están relacionados con éste, en cuanto que alguien que ama a su prójimo no va a robar las pertenencias del otro, no va a ser infiel con la mujer del prójimo, no lo va a estafar ni a insultar, no va a usar sin permiso de su propiedad ni lo va a dañar de ninguna manera. De esta manera, el cumplimiento de muchos otros preceptos depende del cumplimiento de éste.[10]

Cuando hay amor, Hashem reposa en nosotros.

Escribió Rab Shalom de Belz, que por medio del amor entre los compañeros (Veahabtá Lereajá Kamoja), se endulza el juicio y Elokim (el nombre de Hashem que figura el juicio), se convierte en Hashem (es el nombre de Hashem que demuestra amor).

Esto se aprende del Pasuk “Veahabtá Lereajá Kamoja Ani Hashem” – “Amarás a tu compañero como a ti mismo yo soy Dios”.[11] Si realmente amas a tu compañero, “Kamoja”, que es el mismo valor numérico que “Elokim” (juicio), entonces se convierte en “Ani Hashem”, (amor).

Esto también lo podemos ver de las palabras de Rab Jaim Vital, que dice sobre este Pasuk: Vean qué grande es el amor entre 2 personas. Cuando 2 personas se aman y existe cariño entre ellos, Hashem reposa en ellos; esto se aprende de este Pasuk, ya que “Ahabá” – “Amor”, suma 13, y si las 2 personas se aman, entonces se suma 13 + 13 y llegamos a 26 que es el nombre de Hashem. Cuando existe amor entre 2 personas, reposa Hashem en ellos 2.

Y es lo que dice el Pasuk: “Veahabtá Lereajá Kamoja Ani Hashem” – “Amarás a tu compañero como a ti mismo yo soy Dios”,[12] cuando se llega a ese amor entre 2 personas, “Ani Hashem” – “Yo soy Dios” que reposo en ustedes.

Primero ama a tu compañero

En la Torá está escrito 4 veces la palabra “Veahabtá” – “Amarás”. Vamos a mencionarlos en orden según la Torá.

1. La primera vez se refiere amar al compañero: “Veahabtá Lereajá Kamoja”. [13]

2. La segunda se refiere amar al Guer (convertido): “Veahabtá Lo Kamoja”. [14]

3. La tercera vez, se refiere al amor a Hashem: “Veahabtá Et Hashem Elokeja”. [15]

4. La cuarta, también se refiere al amor a Hashem: “Veahabtá Et Hashem Elokeja”. [16]

La Torá nos obliga primero amar al prójimo, antes que amar a Hashem. Nos dicen los Jajamim, que para llegar a amar a Hashem, es necesario amar primero al compañero. De aquí, entendemos lo que dijo el Ari Z´l, que antes de la Tefilá debemos decir: “Ahora recibo sobré mí, cumplir con la Mitzvá de “Veahabtá Lereajá Kamoja”; ya que por medio de esto, se llegará al amor a Hashem.

Vemos de aquí, que cuando no hay un amor entre los compañeros, existe un juicio en el cielo y por medio del amor entre nosotros, podemos endulzar el juicio y convertir el nombre de Elokim en Hashem.

Explican los Jajamim, que por este motivo murieron los 24,000 alumnos de Rabí Akibá: Por cuanto que no había amor entre ellos, el juicio de Hashem dominó y llegaron a la pena máxima.

Cuando hay amor, Hashem está con nosotros

Cuentan sobre Rab Naftali Tzbi de Rufshitz, que cuando era niño de 3 años, estaba estudiando en la escuela. Cuando le iban a enseñar a leer el nombre de Hashem, el maestro le dijo que cuando vea 2 puntos juntos, tendrá que leer el nombre de Hashem (en algunos libros, está escrito el nombre de Hashem con 2 Yud juntas). Cuando el niño acabó de leer el versículo, se encontró con 2 puntos, y dijo el nombre de Hashem; pero estos, eran dos puntos que demuestran que ahí termina el versículo. El maestro le dijo que eso no era el nombre de Hashem; a lo que el niño le preguntó, cuál era la diferencia entre 2 puntos juntos y 2 puntos uno arriba del otro. El maestro inteligentemente le explicó lo siguiente: Cuando hay 2 puntos uno junto al otro, es el nombre de Hashem; pero cuando un punto está arriba del otro, no es el nombre de Hashem; así como los Yehudim: Cuando un Yehudí le ayuda a otro Yehudí y siempre está a su lado; ahí se encuentra Hashem; pero si un Yehudí está encima de otro Yehudí, ahí Hashem no reposa.

Por eso dice el versículo: “Veahabtá Lereajá Kamoja Ani Hashem” – “Amarás a tu compañero como a ti mismo yo soy Dios”.[17] Cuando hay amor entre los Yehudim, entonces “Yo soy Dios”, Hashem dice que está con nosotros.

Ganamos mucho al cumplir esta Mitzvá

Cuando se cumple la Mitzvá de “Veahabtá Lereajá Kamoja”, estamos ganando mucho.

El mundo se maneja con la regla de: “Midá Kenegued Midá” – “Moneda por moneda”, es decir, de la misma manera que uno se comporta, así mismo Hashem se comporta con él.

Cuando la persona se comporta con el compañero amándolo, entonces Hashem lo amará de la misma manera que él ama al compañero.

Por eso vemos mucha gente que incluso no se comportan como lo pide la ley judía, Hashem los ayuda, ¿por qué? Ya que ellos aman al prójimo, entonces Hashem se debe comportar de la misma manera, entonces, Hashem también lo ama.

Es muy sencillo cumplir esta Mitzvá

No podemos imaginar el sufrimiento que pasaron los Yehudim en la Shoá. Los sufrimientos físicos y morales que pasaron fueron tremendos.

Un hombre contó que fue testigo de dos hombres que no tenían muchas esperanzas de vivir por mucho tiempo, si no fuera por un gran milagro que les debía suceder para vivir.

¿Qué puede hacer una persona de fe en esos momentos? Únicamente aumentar en Mitzvot para tener méritos suficientes para recibir piedad de Hashem.

Le dijo un hombre a otro: ¡Debemos hacer una Mitzvá muy grande para ser salvados! Los nazis nos han tomado todas nuestras pertenencias; nos han prohibido ponernos el Tefilín, nos han privado de rezar, etc., pero tenemos algo que no nos han quitado, ni nos quitarán: Es la Mitzvá de “Veahabtá Lereajá Kamoja!” Vamos a reforzarnos en esta Mitzvá tú y yo y veremos milagros. Mientras estemos juntos tú y yo, cumpliremos esta Mitzvá lo máximo posible. Cualquier necesidad que tengamos, nos ayudaremos y nos apoyaremos mutuamente.

Estos dos hombres pasaron muchos años en la Shoá ayudándose mutuamente en cualquier necesidad y a pesar de tantos sufrimientos, sonreían entre sí para darse ánimos entre ellos. Cada vez que se veían se sonreía el uno al otro. Y tuvieron la suerte de salvarse de la Shoá.

Aprendemos de esta historia que no es necesario tener dinero, ni bienes, etc., para poder ayudarle al compañero.[18]

¿A quién debemos amar?

Escribió el Jazón Ish:[19] La Mitzvá de “Veahabtá Lereajá Kamoja” – “Amarás a tu compañero como a ti mismo”, [20] se refiere amar a “todos” los Yehudim, incluso los Yehudim que no cumplen con la Torá y Mitzvot, y no solo eso; sino también a quien traspasan la Torá, ya que se siguen considerando como “Reajá” – “compañeros”, así como dice la Guemará, [21] que si un malvado merece la pena de muerte, el Bet Din (la casa de juicio), le escogen una muerte fácil, para que no sufra; esto por la Mitzvá de: “Veahabtá Lereajá Kamoja” – “Amarás a tu compañero como a ti mismo”. [22]

Y lo que dice la Guemará[23] que es Mitzvá odiar a un malvado, es únicamente cuando ya se le reprochó al malvado e hizo el pecado; pero debido a que hoy en día no sabemos reprochar correctamente, cualquiera que peque, se considera como que no se le ha reprochado y es prohibido odiarlo.¿Qué nos pide Hashem?

Dice el Midrash: Le dijo Hashem al pueblo de Israel: ¿Qué les pido? Únicamente les pido, que se amen entre ustedes y se respeten entre ustedes.

No dañar a los demás:

El hecho de dañar a otros, es como si en verdad uno se dañara a uno mismo.[24]

Imagina a una persona sentada cortando un pedazo de carne, quien accidentalmente corta con el cuchillo su propia mano. ¿Sería lógico que para vengarse, él le pegara a la mano que sostiene el cuchillo?[25]

Dice la Guemará: “Kol Israel Arebim Ze Laze” – “Todo el pueblo de Israel depende uno del otro”,[26] por cuanto que todos dependemos de todos, es decir, todo Israel tiene parte de la misma Neshamá. [27]

Si alguien nos daña, y nosotros queremos vengarnos de esa persona, nos estamos dañando a nosotros mismos, ya que todo el pueblo de Israel tenemos parte de la misma Neshamá.

Por amar al compañero, tendremos un gran pago

Nos dice el Midrash:[28] Cuando estaba muriendo Rabí Eliezer, entraron sus alumnos a despedirse de él y le pidieron un último consejo. Les dijo Rabí Eliezer: “Cuiden el respeto de sus compañeros, ya que por medio de esto, Hashem les pagará, y tendrán el mérito de entrar en el mundo venidero; así como está escrito: “Veahabtá Lereajá Kamoja Ani Hashem”, es decir, si ustedes quieren a su prójimo, entonces “Ani Hashem”, Hashem es justo en pagar y meterlos en el mundo venidero.

Manera para no regresar en reencarnación

Escribió el Arí Z´l, que cada Yehudí debe cumplir con las 613 Mitzvot que están escritas en la Torá, así mismo las 7 Mitzvot que implantaron los Jajamim. Si la persona no pudo cumplir con esas 620 Mitzvot, deberá regresar en reencarnación a este mundo para completar a cumplir todas estas Mitzvot.

Aparentemente esto está incomprensible, ya que es imposible que la persona pueda cumplir con las 620 Mitzvot en este mundo, ya que existen Mitzvot que sólo las pueden cumplir el Yehudí que es “Cohen”, otras únicamente los “Leviím” y otras Mitzvot únicamente los que son “Israel”. Entonces la persona debería regresar en reencarnación mínimo 3 veces; una como Cohen, otra como Levi y otra como Israel.

Entonces, ¿cómo es posible cumplir con todas las Mitzvot en una sola vida?

Dcien los Jajamim que es precisamente lo que quería ese Guer (persona convertida al judaísmo) cuando llegó con Shamai, que le dijo: ¡Enséñame toda la Torá mientras estoy parado en un sólo pie!, es decir, en una sola vida; para no tener que regresar a este mundo en reencarnación. Shamai le contestó que eso no es posible, sino realmente es necesario regresar en reencarnación varias veces para cumplir todas las Mitzvot en este mundo.

Este Guer salió de la casa de Shamai y fue a la casa de Hilel y le preguntó lo mismo. Hilel le contestó que no es necesario regresar en reencarnación a este mundo y la manera es la siguiente: “Lo que odies que te hagan, no se lo hagas a tu compañero”, que ésta Mitzvá es “Veahabtá Lereajá Kamoja” – “Amarás a tu compañero como a ti mismo”, que esta es toda la Torá.[29]

Esto quiere decir, que cuando la persona cumple con la Mitzvá de “Veahabtá Lereajá Kamoja”, y ama a cada Yehudí como a uno mismo, está sintiendo que todo el pueblo de Israel están unidos (Kol Israel Arebim Ze Lazé), como un solo cuerpo y un solo corazón; entonces, cuando el compañero cumple alguna Mitzvá, incluso que él no la puede cumplir, se considera como si él la está cumpliendo.

Esto se compara a un hombre que se pone el Tefilín en la cabeza y en la mano. ¿Se puede decir que únicamente la mano y la cabeza cumplieron con la Mitzvá y no los demás miembros del cuerpo? ¡Seguro que no!, ya que todos los miembros están conectados uno al otro, por eso se considera que todo el cuerpo (todos los miembros) cumplieron con la Mitzvá del Tefilín.

Entonces cuando el Yehudí cumple con la Mitzvá de “Veahabtá Lereajá Kamoja”, se considera como que todo el pueblo de Israel está unido y si algún Yehudí cumple alguna Mitzvá, se considera como si él mismo la cumplió. Incluso si alguien no es “Cohen”, cuando un “Cohen” cumple con una Mitzvá específicamente de “Cohanim”, se considera como si él la cumplió, ya que se considera como una sola persona y un solo corazón.[30]

CONTINUA>>>




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