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Para reflexionar


Sentir el sufrimiento del compañero - Parte 1
Por. Rav Salomón Michan



Sentir el sufrimiento del compañero

Sentir el sufrimiento del compañero

Cargar con el yugo del compañero

El Pirké Abot nos menciona 48 condiciones que debemos llevar a cabo para poder adquirir la Torá. Una de ellas es: “Nosé Beol Im Jaberó” – “Cargar con el yugo del compañero”, es decir, sentir el sufrimiento del compañero, así como explican los Jajamim: “Cuando vemos al compañero sufriendo, debemos sufrir con él”.[1]

Explican los Jajamim que debemos sentir lo que el compañero siente, ya sea sufrimiento económico, alguna angustia que tenga, problemas con su familia, etc., es decir, cualquier situación difícil que tenga el compañero, debemos estar con él y sentir lo que él mismo siente, esto, para poder ayudarlo de alguna manera.[2]

Como si tendría ese mismo sufrimiento

Sentir el sufrimiento del compañero, no sólo es escuchar que algún Yehudí está enfermo o tiene problemas económicos y basta con decir un Tehilim por él y seguir nuestro camino; sino sentir el sufrimiento del compañero, es realmente sentir su sufrimiento y sufrir con él y apoyarlo en lo que se pueda, de la misma manera como si uno mismo tendría ese mismo sufrimiento.

El liderazgo de Moshé

La Torá únicamente nos cuenta cuatro historias de Moshé Rabenu y es suficiente para saber quién era y cuál era su categoría. En cada una de las historia se demuestra cómo Moshé Rabenu vivía con esta cualidad de “sentir el sufrimiento del compañero”.

· “Vaigdal Moshé Vayetzé El Ejav Vayar Siblotav” – “Y creció Moshé y salió a ver a sus hermanos y vio sus sufrimiento.[3] Al ver Moshé el sufrimiento de sus compañeros, deseaba ser él en vez que ellos sufran. Moshé sufría al ver a sus compañeros sufriendo.

· “Vayar Ish Mitzrí Maké Ish Ibrí Meejav” – “Y vio un egipcio que estaba golpeando a un hebreo de sus hermanos”.[4] Moshé sufrió mucho al ver a un Yehudí ser golpeado por un egipcio.

· “Vayetzé Bayom Hashení Vehine Shené Anashim Ibrim Nitzim” – “Y salió al día siguiente y vio que esta vez dos hombres hebreos se peleaban”.[5] Moshé Rabenu vio que entre hermanos se peleaban (refiriéndose a Datán Y Abirám) y sintió ese dolor de desunión.

· Cuando Moshé Rabenu se escapa de Egipto se va a Midián y observa que hay algunas mujeres que no pueden darle de tomar a unas ovejas, y Moshé Rabenu se involucra y les da de comer a esas ovejas, así como dice la Torá: “Vayakom Moshé Vayoshian Vayashk Et Tzonam” – “Y se paró Moshé y les auxilió y luego le dio de comer al ganado de ellas.[6]

Incluso que ninguna de las 4 historias Moshé tenía que ver, él fue y apoyó e hizo algo para resolver la situación.

¡Eso es liderazgo! Quien se une al dolor del compañero y hace algo para minimizar ese dolor, se llama un verdadero líder.

Vemos que Moshé tenía esa virtud de sentir el sufrimiento del compañero y fue uno de los motivos que Hashem vio en él para sacar a los judíos de Egipto.

Hashem también sufre con nosotros

La Torá nos cuenta que Hashem se descubrió a Moshé en una zarza ardiente. Preguntan los Jajamim: ¿Qué tiene de especial la zarza? ¿Por qué Hashem escogió ese lugar precisamente para que ahí sea donde repose?

Contesta Rashí algo hermoso: Hashem no quiso reposar en otro árbol incluso que había mucho más bonitos y grandes; sino quiso específicamente en la zarza, ¿por qué? por cuanto que está escrito: “Imó Anojí Betzará” – “Yo estoy con él (Israel) en el sufrimiento”.[7] Ya que el pueblo de Israel vivirá esclavizado, también yo poso ahora en una zarza pequeña, en un lugar de sufrimiento, como lo es la zarza, llena de espinas, para demostrar que estoy con el pueblo de Israel unido y sintiendo su sufrimiento.[8]

La Torá nos dice específicamente que Hashem sufre cuando nosotros sufrimos.

Vio Hashem el compañerismo

Cuenta la Torá que cuando los Yehudim estaban sufriendo tanto en Egipto, Hashem vio algo, y dice así la Torá: “Vayar Elokim Et Bené Israel, Vayeda Elokim” – “Y vio Hashem al pueblo de Israel y supo Hashem”.[9]

Preguntan los Jajamim: ¿Qué vio Hashem? Contesta el Midrash algo hermoso:

Hashem vio que cuando los Yehudim estaban trabajando haciendo los ladrillos que el Faraón ordenaba que hagan; al terminar un Yehudí su porción de ladrillos del día, este Yehudí iba con otro compañero para ayudarlo a terminar su porción de ladrillos que debía realizar, en vez de irse a descansar de un día tan pesado. Al ver esto Hashem, tuvo misericordia con los Yehudim y fue cuando comenzó la salvación del pueblo de Israel, ya que después de este Pasuk, cuenta la historia que Hashem se presentó con Moshé y le dijo que saque al pueblo de Israel de Egipto.[10] Así como dicen los Jajamim: “Todo que el se apiada de las personas, Hashem se apiada de él”.

¿Quién fue el que lloró?

Cuando la hija de Paró (Batiá) llegó al río para salvar la vida de Moshé Rabenu que se encontraba en una canasta, dice el Pasuk: “Vatiftaj Vatirehu Et Hayeled Vehine Hanaar Bojé Vatajmol Alav Vatomer: Miyaldé Haibrim Ze” – “Y abrió (la canasta) y vio al niño, y el joven estaba llorando, y se apiadó de él, y dijo: es uno de los niños judíos”.[11]

Vamos hacer dos preguntas:

¿Por qué al principio dice “vio al niño” y enseguida el Pasuk dice “y el joven estaba llorando”? ¡Lo lógico es que el mismo niño que era Moshé, era el que estaba llorando!

Y segunda pregunta: ¿De dónde supo la hija de Paró que ese niño es uno de los niños judíos? ¡No había ninguna señal que era judío!

Dice el Baal Haturim algo hermoso: “Efectivamente el niño que estaba llorando en la canasta era Moshé, pero el joven que estaba llorando, era Aharón, el hermano de Moshé; y ciertamente estaba llorando por su hermano ya que Aharón sintió el sufrimiento de su hermano Moshé, y sufrió de la misma manera que estaba sufriendo Moshé en la canasta”.

Y por eso mismo dice el Pasuk: “Y dijo: Es uno de los niños judíos”, ya que la hija de Paró vio que Aharón estaba llorando por su hermano. Batiá sabía que la cualidad que tenemos los Yehudim es pensar en el compañero y sentir su dolor. ¿Quién llora por su hermano en momentos difíciles? ¡Los Yehudim!

Dile lo que quiere escuchar

Cuenta la Guemará,[12] que un pequeño animalito que le iban a hacer Shejitá (lo iban a matar para comerlo), se encimó sobre los hombros de Rebi Hakadosh para que lo ayude y no lo maten. Ese animalito estaba llorando que iba a morir; pero Rebi Hakadosh le dijo: ¡Ve con el Shojet, ya que para eso fuiste creado!

Cuenta la Guemará, que por cuanto que Rebi no se apiadó de él, Rebi recibió 12 años de sufrimientos.

Preguntó el Mashguiaj de Lakewood, Rab Nathan: ¿Qué hizo mal Rebi? ¡Realmente ese animal había nacido para que le hagan Shejitá y Rebi le dijo la verdad absoluta!

Contestó el mismo Mashguiaj de Lakewood: Cuando alguien viene a pedirte alguna ayuda, no debes rechazarlo o decirle algo que lo hagas sentirse mal. ¡Incluso que sea verdad! Cuando alguien pide tu ayuda, ofrécesela, incluso que no sea propicio para eso o tenga algún motivo para rechazarlo. Es prohibido cerrarle un ojo o decirle ¡Ve con el Shojet, ya que para eso fuiste creado!

El dolor de Rab Mordejay Mearnistopoli

Cuentan sobre un Tzadik muy grande, Rab Mordejay Dob Tabarsky Mearnistopoli, que se enfermó muy grave de la espalda, y su única curación era poniéndole pedazos de hierro al rojo vivo en la espalda. Rab Mordejay no tuvo otra opción, más que aceptarla.

El tratamiento constaba de tres etapas de calor en la espalda. Si en la primera puesta de hierro en la espalda lo aguantaba el paciente, se seguían con más calor, y si ésta también lo aguantaba, pasaban a la última etapa, y era la más dolorosa, y la más caliente. La mayoría de los pacientes, sólo llegaban a la primera etapa, ya que era demasiado el calor, y no aguantaban seguir con la segunda etapa.

Al comenzar el tratamiento, Rab Mordejay aguantó muy bien la primera etapa, a tal grado, que cuando le pusieron el hierro, no sintió nada, y se quedó callado. El médico se impresionó, y pasó a la segunda etapa. En esta segunda etapa, igualmente no hizo ninguna señal de dolor, e igualmente se quedó callado. En la tercera etapa de calor, se repitió la actuación de quedarse callado, sin mostrar dolor alguno.

El médico tanto que se impresionó, dijo en voz baja en su idioma, que era ruso: ¡Este Rab es un ángel o un ser extraño, ya que es imposible que un ser humano, no sienta nada!

El Rab se volteó con el traductor, y le preguntó qué había dicho el médico; cuando le dijo lo que había dicho, dijo el Rab: ¡Díganle que cuando vienen conmigo gente con papelitos de Refuá Shelemá, Parnasá, problemas de Shalom Bait, que no pueden tener hijos, etc. y no los puedo ayudar, eso duele mucho más de lo que me hizo este médico, e igualmente es necesario quedarse callado![13]

Los 10 rublos, ¿donde quedaron?

Cuentan sobre Rab Binyamin Zeeb, que tenía 10 rublos, y le pidió a una persona que los guarde en un lugar seguro, para que nadie pueda encontrarlos, y robarlos.

¿Que hizo ese hombre? Fue al Midrash, y agarró un Jumash y dentro de las Aseret Hadiberot puso ahí el dinero, junto al Pasuk “Li Tignob” – “No robarás”, para que la persona que vea el dinero ahí, también vea el versículo de “No robarás”.

Vino otra persona, abrió el Jumash, y tomó 5 rublos de ahí, y los otros 5, los dejó en el Pasuk que dice: “Veahabtá Lereajá Kamoja” – “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Cuando el Rab quiso buscar su dinero, se dio cuenta lo que había sucedido, y se dijo a sí mismo: “Qué mal me siento ahora. Cuando tenía el dinero conmigo, lo único que hice fue pensar en mí, y no en alguna persona que realmente necesitaba el dinero más que yo”.

Quien siente el sufrimiento por su compañero

“La persona que siente el sufrimiento por su compañero, y lo acompaña en su angustia, ningún ángel ni el mar rojo podrá dañarlo”.[14]

Sufrir por una hija, o por todo el Klal Israel

Cuentan que la hija de Rab David Milelub, tuvo una enfermedad muy grave. Se enteraron los alumnos de ese Jajam de la situación, y se juntaron para ayunar y aumentar mucho en Tefilot. Por medio de tantas Tefilot, la hija del Rab se curó, hasta estar totalmente curada.

Para agradecerle a Hashem por la curación de la niña, los alumnos organizaron una Seudá de agradecimiento. Vieron los alumnos al Rab que estaba sentado y llorando.

Le dijeron los alumnos: ¡Rab! ¡Debe estar alegre, ya que su hija se alivió, y está sana!

¿Cómo no lloraré? Les preguntó el Rab a sus alumnos. Mi hija se curó por medio de todas sus Tefilot, y no pararon de rezar hasta que estuviese sana; me ayudaron los doctores, y toda la ciudad con sus Tehilim. ¿Que pasará cuando Bar Minan alguien del pueblo de Israel se enferme y no haya una congregación como la que me ayudó para que se cure esa persona, y no haya tanta gente para que diga Tehilim? Díganme, ¿No es un motivo para llorar?

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