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Vida judía


El delicado balance entre el duelo y la alegría
Por. Rabino Iosef Bitton



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ZEJER LAJURBAN:El delicado balance entre el duelo y la alegría

A raíz de la destrucción del Segundo Templo, un gran cambio tuvo lugar en Am Israel. Parecía que después de la destrucción y el exilio ya no sería posible seguir viviendo de una manera normal. El pueblo no podía concebir seguir una vida con alegrías o celebraciones sin el Bet haMiqdash.

El Talmud (Baba Batra 60b) nos cuenta la siguiente historia:

"Cuando el Templo fue destruido por segunda vez (68 CE), muchos judíos comenzar a vivir como ascetas, privándose de comer carne o beber vino. Rabbí Yehoshua les dijo: 'Mis hijos, ¿Por qué no comen carne ni beben vino? Ellos respondieron: '¿Cómo vamos a comer carne, que solía ser traída como ofrenda en el altar (mizbeaj), ahora que el altar está en ruinas? ¿Cómo vamos a beber vino, que solía ser vertido como libación sobre el altar, ahora que el altar está en ruinas?' Él les dijo: 'Si es así, no comamos más pan, porque la ofrenda del pan (lejem hapanim) se ha interrumpido también.' Ellos dijeron: '[Tienes razón, no vamos a comer más pan, y desde ahora] consumiremos sólo frutas!.'

'Tampoco podremos comer las frutas de Israel,[les dijo Rabbí Yehoshua] porque ya no se ofrecen más los primeros frutos (Bikurim).'. 'Entonces, comeremos otros frutos de la tierra (como verduras y legumbres, etc.) dijeron.'. 'Pero, [les dijo] tampoco podremos beber agua, porque la ceremonia del vertido del agua (nisuj hamayim) también se ha interrumpido.' En este punto, ya no encontraron ninguna respuesta posible, por lo que Rabbi Yehoshua les dijo: 'Hijos míos, escuchadme. No llorar del todo por nuestro Bet haMiqdash, es imposible, pero llorar en exceso también es imposible, porque no se pueden imponer restricciones que la mayoría de las personas no son capaces de seguir."

El Rab Yehoshua continuó y les explicó que el principio es que la vida normal debe continuar. No podemos permitir que nuestro gran duelo por la destrucción del Templo Sagrado produzca un estado de duelo nacional permanente y eterno y que mientras el Templo se encuentre en ruinas esté prohibido consumir carne o beber vino, que son los símbolos de celebración. Tenemos que encontrar el delicado balance entre el duelo nacional y la alegria personal. Hay algunas cosas simbólicas y discretas que podemos hacer para recordar la destrucción del Bet haMiqdash, en momentos de celebración y así, mientras nuestro Templo esté en ruinas, nuestra alegría nunca estará completa.

Por lo tanto, los Sabios enseñaron, por ejemplo, que en recuerdo de la destrucción del Templo, en el día de su boda el novio debe tener a Yerushalayim en mente, por encima de su alegría personal, poniendo algunas cenizas en la cabeza del novio en señal de luto. Del mismo modo, cuando se prepara una comida de celebración, hay que poner a un lado una de las comidas, en recuerdo de la destrucción del Templo.

ZEJER LAMIQDASH: Una pared sin terminar

Aunque nuestro luto oficial por el Bet haMiqdash concluye oficialmente el día después de Tish'á beAb, nuestros rabinos mencionaron algunas tradiciones de duelo por el Bet haMiqdash que se mantienen durante todo el año, como un recordatorio permanente que nuestro Bet haMiqdash aún no ha sido reconstruido.

La Gemara en Baba Batra 60b menciona que cuando una familia judía construye una casa no debe decorar las paredes con cerámicas, tapetes excéntricos u otros revestimientos de lujo u ostentosos. Así dice Maimónides: "Cuando se destruyó el Bet haMiqdash, los rabinos de aquella generación decretaron que no se construya jamás una construcción [=residencia privada] revocada y revestida, como las residencias de los reyes. Lo que se debe hacer es que cuando uno aplica la arcilla y la cal, se debe dejar un espacio de una Ama por una Ama sin cal". De aquí se ve que hay dos elementos a cuidar: no revestir las paredes de la casa con materiales lujosos y dejar un espacio sin revestir (Peniné Halajá Ha'am veha-Arets, p. 186, de acuerdo al Bet Yosef Sh. A, 560)

Otros rabinos siguiendo la opinión del Tur (Rabbenu Yejiel ben Asher) fueron menos estrictos, y no limitaron el tipo de revestimiento que una casa judía puede tener. Dijeron que al construir una casa particular se debe dejar en la entrada de la casa, frente a la puerta principal, un pedazo de pared sin terminar y sin pintar. Y así recordar, cada vez que entramos a nuestra casa, que la casa de haShem, aún permanece en ruinas.

La mayoría de los rabinos contemporáneos siguen esta segunda opinion.

El tamaño de este cuadrado de pared sin revestimiento es aproximadamente de medio metro por medio metro. Y ese segmento de pared se debe dejar sin revocar, sin cal y sin pintura. Del mismo modo, si una persona cubre sus paredes con papel en lugar de pintura, debe dejar un cuadrado de medio metro por medio metro sin empapelar.

De ser posible, este pedazo de pared sin terminar se debe dejar en la pared opuesta a la entrada, o lo más cerca posible de la puerta de entrada. Así todo el que entra en la casa lo puede ver. Entre los Ashkenazim hay quienes acostumbran a dejar el cuadrado de pared sin terminar, arriba de la puerta de entrada.

Cuando uno no construye su propia casa sino que compra una casa donde ya vivió otra persona ¿Tiene que remover el revoque y descubrir ese segmento de pared.

Eso depende. Si la persona que construyó y vivió en esa casa era un individuo judío, él tenía la obligación de dejar ese pedazo de pared sin terminar, y si no lo hizo, la obligación recae ahora sobre el nuevo habitante de esa casa, que deberá remover ese segmento de pared. Sin embargo, si el propietario original no era judío, y por lo tanto no estaba obligado a dejar un área de la pared sin revocar, el nuevo propietario judío no tiene la obligación de hacerlo ahora (Shulján 'Aruj, OH 560:1) aunque si quiere, obviamente, lo puede hacer .

En este último caso y en cualquier otro caso en que técnicamente no exista la obligación de dejar un cuadrado de pared sin revocar (una casa alquilada, por ejemplo), se podría colgar un cuadro o una pintura decorativa de Yerushalayim, de sus murallas o con las palabras... "Si me olvidare de ti, Yerushalayim... ", para educarnos y educar a nuestros hijos a recordar el Bet haMiqdash.

Recordando al Bet haMiqdash cuando celebramos

Maimónides (y el Shulján Aruj) escribe lo siguiente en H. Ta'aniyot 5:13, de acuerdo a la Gemara en Baba Batra:

"Y asimismo, [nuestros Sabios] decretaron que al preparar la mesa, cuando se celebra una comida para invitados, se deje algo de comida afuera, y se deje un espacio libre [en la mesa], sin una de las bandejas que normalmente se servirían allí. "

Vamos a explicar algunos detalles de esta Halajá para entenderla mejor:

1. Esta costumbre se limita a comidas de celebración, donde tenemos invitados, y no se refiere a las comidas comunes de todos los días.

2. También se excluyen las comidas de Shabbat o de las Festividades judías, ya que en shabbat y en Yom Tob no puede haber ninguna manifestación de duelo.

3. Existe una discusión entre los rabinos si están incluidas también las comidas festivas en celebraciones religiosas personales (se'udat Mtsvá, como por ejemplo, Berit Mila, Bar Mitsva, etc). Según el Rab Eliezer Melamed y otros, están incluidas. Según el Rab Mordejai Eliyahu z"l y otros rabinos, no lo están.

4. Los Sabios evidentemente no quisieron que hagamos una manifestación muy visible de duelo en una comida de agasajo, sino algo que sea más bien delicado, discreto e indirecto: la ausencia de una comida. El problema, y posiblemente la razón por la cual esta tradición haya caído en desuso, es "cómo" llevar a cabo esta costumbre en nuestros días, manifestando nuestro recuerdo por el Bet HaMiqdash a través de este gesto tan sutil .

Me explico: La manera de servir la comida ha cambiado muchísimo desde los tiempos de la Mishná, Siglos I y II de la EC, hasta nuestros días. En los tiempos en los cuales este decreto fue establecido, había un protocolo totalmente estricto y cerrado respecto a las comidas a servir. Todos, servían siempre exactamente las mismas comidas, y se servían sobre la mesa todas las comidas de una vez. En esos tiempos, por lo tanto, era posible "identificar que faltaba una comida en la mesa". Y así en una comida celebratoria se podia reconocer que un plato particular no estaba allí para manifestar que nuestra celebración no era completa, ya que no tenemos más el Bet haMiqdash. Con el tiempo, digamos en los días de Maimónides (S. XII) el número y la calidad de las comidas fue variando, y ya era difícil identificar que faltaba una comida en la mesa. Entonces, como dice Maimónides, este gesto por el Bet haMiqdash se expresaba también y principalmente dejando un sector de la mesa sin servir, lo cual en esos tiempos era posible identificar como una delicada manifestación de duelo.

Hoy en día, hay tanta variedad de platos y tantas formas diferentes de preparar y servir la mesa, que es imposible que nuestros invitados identifiquen la ausencia de un plato especial o que reconozcan que hay un lugar vacío en una parte de la mesa como un gesto de duelo.

Ahora bien, siendo que este decreto fue mencionado aún por los Sabios contemporáneos, es apropiado que lo practiquemos, aunque sea de una manera que sólo sea reconocible por los anfitriones. Por ejemplo, los anfitriones pueden programar preparar varios tipos de comidas para agasajar a sus huéspedes, y luego, en recuerdo al Bet haMiqdash, decidir no preparar una de esas comidas. También se puede dejar un lugar libre en la mesa. Por ejemplo, si se sirve la comida como buffet, se podrá dejar vacío un pequeño sector en una de las esquinas de la mesa, como dice Maimonides y el Shulján Aruj, aunque este gesto sea reconocido únicamente por los anfitriones.

Basado en Peniné Halajá, p. 189-191. Consultar con el rabino de su comunidad sobre las costumbres locales.

 

 

 




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