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Entendiendo


Bienvenido a Casa
Por. Shmuel Kaffe




Una búsqueda por la verdad que comenzó en Ramala

Base Shneler, Jerusalem Agosto 1992, me han llamado nuevamente a Miluim, servicio de reserva obligatorio en el ejército de Israel.
Como muchas otras veces mis pensamientos están en qué tipo de arma nos darán, a dónde me mandarán esta vez, qué tipo de trabajo tendré que hacer, en qué tipo de base nos alojarán, y con quiénes compartiré el servicio este mes.

Después de dos horas de trámites y entrevistas con oficiales, nos entregan el equipo. Para mi sorpresa esta vez no hay granadas ni pala, sólo un arma corta, la famosa Uzi con cuatro cargadores, casco y el chaleco antibalas. Esto para mí no es convencional - pienso - estando acostumbrado a la famosa M16 y al pesado arnés de combate, ¿qué están planeando hacer con nosotros en este mes?

Como siempre antiguos amigos de una vez por año se juntan a conversar, algunos nuevos se presentan y yo, que no correspondo a este contingente me siento a un lado a esperar mis órdenes.

No es fácil adecuarse a esta situación, nos sacan de la casa, de nuestras familias, del color de la ciudad, del estudio, del trabajo y en unos instantes todo se pone verde.

Recuerdo muy bien ese momento en que uno de los soldados del grupo se me acercó; él era parte de los cotidianos; bajo, agradable apariencia y muy carismático, recuerdo que desde que nos saludamos con Alex en la base no paramos de conversar hasta que llegamos un par de horas después al campo de entrenamiento.

No mucha actividad física, el hincapié estaba en el tiro, repetíamos constantemente el tiro al blanco, una vez de pie, una vez agachado y lo hicimos hasta que oscureció para practicar tiro nocturno.

Al llegar a las carpas estábamos agotados de tanta tensión, pero de buen humor, habíamos pasado nuestro primer día en algún lugar de Shomrón (Samaria), pero aun no sabíamos qué nos esperaba para el resto del mes.

En mi caso y el de muchos más en el grupo, siendo un judío observante, el día comenzó a las 5:30 con la plegaria matutina de Shajarit. Esta fue la primera y una de las pocas tefilot con minian durante este mes.

Finalmente después del desayuno llegaron las órdenes, recuerdo que el comandante nos preguntó cuánta experiencia de combate habíamos tenido en el pasado y si había en el contingente alguien que tenía problemas personales que le impedían servir en una unidad de combate.

Bueno… les contaré que yo ingrese al ejercito a los 29 años, lo que en el ejercito israelí se llama “clase b”, me dieron 10 días de entrenamiento militar y muchas horas de guardia en la ciudad de Jerusalem, por lo general todo el equipo que nos daban incluyendo las granadas y la famosa pala plegable contenidas en el saco, quedaba en la base y las usábamos de vez en cuando para la presentación matutina; pero ahora, esto es serio… vamos en rumbo a Ramala y… parece que se olvidaron que nunca fui entrenado como soldado.

Por supuesto me levante y le hice saber a mi comandante sobre mi magro entrenamiento… la respuesta llego muy rápidamente, …si no conoce el arma que le dimos, ¡vuelva al campo de tiro y dispare otras 100 balas para que se acostumbre!

Alex era una persona muy interesante a quien aprendí a conocer bastante bien en este mes que compartimos. Nos mandaron a la Guarnición de Ramala que en esos días era la gobernación militar de la región. Nuestro comandante, el coronel del campamento era un Druso llamado AbuZait raramente visto y cuando nos llamaba era para resguardar a algún prisionero que fue capturado por tirar piedras, botellas Molotov o…

Nuestro trabajo consistía básicamente en hacer guardia, cuidar el orden mientras los árabes del lugar venían a pedir permisos de tránsito para entrar en Israel, y por las noches apostados en las torres externas del campamento, cuidar que no nos ataquen los locales, cosa que desgraciadamente me tocó durante mi estadía en el lugar.

El buen humor de mi compañero me ayudo a pasar el mes, Alex era no sólo carismático, era un payaso, los árabes le preguntaban cosas y este les contestaba en Yidish, cuando estábamos trabajando con el detector de metales yo muy serio y cuidadoso los controlaba y él con sus pocas palabras de árabe les contaba chistes. No había momento en que su humor no resaltaba, incluso cuando nos contó sobre sus heridas recibidas durante la Guerra de Yom Kipur.

Pero algo raro había en este hombre, como aprendí de él, era PHD en Historia, Profesor de cátedra de una de las universidades más importantes de Israel, Orador internacional e investigador en Arqueología y descubrimientos de la época del Segundo Templo, ni más ni menos. Yo, por otro lado, soy diseñador gráfico y mi herramienta es la computadora.
Como les conté anteriormente estábamos siempre juntos, pero, que nos relacionaba, la verdad es que no me lo imaginé hasta que comenzamos las discusiones sobre judaísmo.

Alex me contó sobre su vida, nació en una familia polaca de sobrevivientes del holocausto, creció como muchos de ellos, los que se mantuvieron observantes después de la guerra en un ambiente de jeder (escuela básica donde estudian los niños observantes) luego después de su Bar Mitzva estudió en la Yeshivá y siguió sus estudios por 8 años en este ambiente, estudió en una de las Yeshivot más prestigiosas de Jerusalem.

Pero… algo paso después de esto, algo que quebró esta estructura, miró el mundo exterior y pensó, “con mi inteligencia, hoy en día soy de los mejores alumnos, y con el entrenamiento mental que llevo por tantos años puedo llegar muy lejos; tal vez honor, tal vez dinero, tal vez la búsqueda de nuevas experiencias o la búsqueda por el respeto. ¿quién soy yo hoy en día, un yeshive bojer, uno más del montón”.

Y Alex salió de su mundo. Como era de esperar, termino sus estudios de bachillerato en un par de meses, lo que por lo general hubiera durado más de dos años y postuló a la Universidad. En 4 años termino su BA y de ahí todo es una corta historia de éxitos académicos uno tras otro. A los 26 años tenía su PHD.
Pero que pasó con él, este payaso no parece un PHD, no parece un ex Yeshive bojer, no parece que toma la vida seriamente como debe ser. Estamos en Ramala, cuidando a los prisioneros árabes que nos quieren atacar, cuidando que no entren a la base con armas o explosivos y este se ríe con ellos, no toma nada serio y siempre me trae argumentos en contra del judaísmo observante. Nuestras conversaciones sobre el tema continuaban por horas y horas.

Recuerdo que en cierta oportunidad, tuvimos un tiempo libre después de varias horas de duro trabajo bajo el sol de Agosto, y decidimos ir a la cantina.
Le ofrecí una Coca cola, me dijo rotundamente NO, eso es kasher y yo ni me acerco a eso, o a nada que tenga un sello de kasher ….
¿Qué pasó, a dónde se fue su buen humor? Parece que toqué un nervio muy sensible.

El día que terminamos el servicio lo invite a tomarse un cafecito en una fuente de soda en el barrio de Gueula, uno de los barrios religiosos de Jerusalem, me dio una mirada de enojo, pero después de unos minutos con un tono de voz muy bajo me dijo que si.

Me pidió mi boina del uniforme, se la puso y fuimos al café. Shmuel - me dijo con una voz quebrantada…, yo viví en este barrio, hace más de 20 años que no he estado por acá.
Hablando sobre esta experiencia con mi rabino, le conté lo que había pasado en este servicio. Le pregunté si debería mantener el contacto con Alex, tal vez él esta buscando un puente de regreso al judaísmo. La respuesta no tardó en llegar: No! un apóstata es peligroso. Tú viviste lo que él vivió, estudiaste en la universidad, viviste en el mundo secular, y fuiste parte de esa cultura. Entraste al judaísmo observante y al estudio de la Torá porque viste en él algo mejor de lo que hay afuera. Este te está tratando de agarrar y sacarte afuera. Después de este último encuentro no vi a Alex por casi 12 años.

Hace un par de meses decidimos cambiarnos de lugar de estudio, llegamos a un nuevo Beit haKneset donde hay un grupo de adultos que estudian todas las mañanas, varios profesionales, entre ellos que reparten su día entre el estudio de la Torá y el trabajo. Nos sentamos en la parte de atrás y recorrí el lugar con mi vista para ver si conocía a la gente. Al lado de la ventana habían dos hombres mayores, uno de barba blanca estudiando muy animadamente, que pensé que lo conocía de alguna parte, me fue difícil recordar de donde, y comenzamos con nuestro estudio. Al día siguiente nos saludamos con la gente y nos sentamos en el mismo lugar. Poco después se me acerca este hombre mayor de barba blanca y con una sonrisa me pregunta si conozco a un tal AbuZait …. La pregunta me pareció extraña y fuera de lugar, no le di mucha atención y continuamos con lo nuestro; nuevamente me preguntó si había estado alguna vez en Ramala. En ese momento comencé a tiritar, no podía creer lo que estaba viendo, los recuerdos de Alex se me pasaron por la mente como si hubiéramos terminado el servicio hace algunas horas, Doctor Alex - le dije… ¿qué pasó?… lo vi avergonzado, no quise seguir preguntando, le pedí su número de teléfono… y me contestó suavemente: mi nombre es Abraham, este es mi nombre de nacimiento. En ese momento pensé, cuán lejos puede llegar una fantasía, Abraham se convirtió en Alex, su héroe histórico, Alejandro Magno.

Alex llegó muy lejos, honor, orgullo, dinero, respeto, llegó a codiciar a otros, se salió de su mundo para conquistar un mundo que no le pertenecía, así como lo hizo su héroe Alejandro, pero al final cayó derrotado por la verdad.

"Tuve de todo - me dijo - por haber aprendido a estudiar Talmud muy bien en la Yeshivá, me reía de los otros profesores a los cuales yo les tenía que enseñar y explicar, los profesores me preguntaban y yo no tenía que seguir estudiando para llegar a su nivel, yo sabía todo esto antes de llegar a la universidad. No era más que una máscara vacía, sólo faltaba poner la cabeza en su lugar para poder mostrar mis colores".

"Volví, dejé de ser un payaso, no puedo esconder más mis sentimientos, pobrecitos ellos que nunca tuvieron la verdad para ver la realidad.
Yo ahora les puedo demostrar en qué mundo vacío viven, los grados académicos y las condecoraciones no hacen a la persona".

"Ahora puedo entender mejor las palabras del Pirkei Avot : “tres cosas sacan al hombre del mundo: la codicia, el deseo y el honor”. Aquel que busca estas virtudes sale de su propio mundo, trata de vivir una realidad que no es la de él".

Lo único que le pude decir, tratando de contenerme fue: Bienvenido a casa Abraham!




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