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Vida judía


Onaat Dbarim - Dañar o engañar con palabras.
Por. Rav Yosef Bitton



Dañar o engañar con palabras.
לֹא תוֹנוּ אִישׁ אֶת עֲמִיתוֹ וְיָרֵאתָ מֵאֱלֹקיךָ

La Parashá  Behar, incluye una Mitsvá que creo que no es muy conocida.  En hebreo nuestros Sabios la llaman "ona-at debarim", que significa dañar o engañar a otras personas a través de nuestras palabras.    

Nuestros Sabios distinguieron entre "daños materiales", es decir,  cuando algo que yo hago, intencional o accidentalmente, daña la propiedad de otra persona, y "daños emocionales", que yo puedo causar a otra persona con mis palabras.   Rabbi Shimón bar Yojai dijo que los daños emocionales son más severos que los materiales, pueden tener un impacto mucho más serio en la víctima, y son mucho más difíciles de reparar....

Una aclaración importante. Cuando hablamos de la prohibición de dañar al prójimo con nuestras palabras, NO nos estamos refiriendo a Leshón haRá, hablar mal de otra persona (lo cual también daña y es un prohibición gravísima) . La diferencia entre "dañar con palabras" y "hablar mal de otra persona" es que esto último ocurre cuando "el señor A le habla mal del señor B al señor C". Eso es Leshón haRá.  Mientras que ona-at debarim  se refiere a cuando el señor A le dice algo directamente al señor B que es engañoso, ofensivo, que lo hiere, o que lo afecta emocionalmente.  No hay un señor C de por medio. A menos que se trate de un testigo presencial C, lo cual por cierto magnificaría exponencialmente la seriedad de la ofensa.

El área que cubre la prohibición de ona-at debarim es muy amplia. Tan amplia que el Sefer haJinuj dijo que no puede ser definida con una simple fórmula, más allá de recordar que incluye daños y engaños, y a veces estos dos actos se dan simultáneamente y a veces no. Es por eso que tanto la Mishná como la Guemará nos traen ejemplos que ilustran esta prohibición.

Vamos a presentar a continuación el primer caso que menciona la Mishná (Babá Metsiá 4:10).

La Mishná primero discute largamente el tema de "engaños y daños materiales". Un ejemplo, un vendedor debe ser honesto. No debe "embellecer artificialmente su mercadería" para venderla a un mejor precio (piensen en un vendedor de autos usados, que "reduce" el número del cuentakilómetros del automóvil que quiere vender para que parezca menos usado...). Luego de traer muchos ejemplos de este tipo, la Mishná se refiere a ona-at debarim, y nos trae un ejemplo "de transición" muy sofisticado, un caso que está en la frontera entre engaños materiales y emocionales.

Dice la Mishná (con mis propias palabras): "Un consumidor no puede ingresar a un negocio y preguntarle al vendedor ¿cuánto cuesta esto, cuánto cuesta aquello? cuando no tiene ninguna intención de comprar. "

Analicemos este caso:
1. Por un lado, aquí no existe un daño material a la mercadería del vendedor, pero sí existe un daño material al tiempo del vendedor, lo cual podría hacerle perder una venta. Ya que si el vendedor piensa que este cliente tiene la intención de comprar, es posible que desatienda a otro cliente que SÍ tiene la intención de comprar.

2. Por el otro lado, está también el daño emocional, la decepción: el cliente engaña premeditadamente al vendedor haciéndole creer que va a realizar una compra...

3. La primera razón por la cual este acto se enmarca dentro de "daños o engaños con palabras" es porque todo el daño fue causado a través de palabras: "¿Cuánto cuesta esto, cuánto cuesta aquello?

4. Pero creo que la razón principal por la cual este caso se enmarca dentro de daños emocionales y no materiales es porque este caso no puede ser "juzgado" por un tribunal. A diferencia del caso del cuentakilómetros, que técnicamente se podría verificar si fue alterado, en este tipo de casos es imposible presentar evidencias de engaño, sólo el cliente sabe cuál si su verdadera intención fue o no fue comprar ( דברים המסורים אל הלב).    

Este caso nos sirve para entender el elemento más característico de ona-at debarim.  La mayoría de estos casos no pueden ser "juzgados" por cortes humanas, ya que el acusado siempre puede alegar, con o sin razón, que no fue su intención engañar o dañar a nadie. En última instancia, sólo el Todopoderoso que conoce nuestros pensamientos  e intenciones, sabe la verdad. Por eso, dicen nuestros Sabios, el versículo que se refiere a ona-at debarim termina diciendo  "Y temerás a HaShem, tu Dios" ya que en estos casos, Él es el único Juez que podrá juzgar.  

Como el lector podrá apreciar, el standard de la ética judía que impone esta Mitsvá es muy elevado, y a lo mejor un poco avanzado para la sociedad de consumo contemporánea.  Mañana BH veremos el segundo ejemplo de la Mishná.


FYI: Para evitar una situación de ona-at debarim en un caso como el que recién presentamos, el cliente simplemente le debería aclarar al vendedor que su intención no es comprar sino solamente examinar los precios.  

ONA-AT DEBARIM: Recordarle a alguien su oscuro pasado...
Como explicamos anteriormente, ona-at debarim es engañar, o dañar a otra persona a través de nuestras palabras.  Este tema está presentado en el Talmud (Babá Metsiá 58b) de una forma inusual:  a través de numerosos ejemplos, que a medida que los vamos  examinando, descubrimos otros aspectos de esta importante Mitsvá.  Ayer aprendimos, por ejemplo, que a diferencia de daños materiales, estos daños emocionales no pueden ser juzgados en una corte terrenal. Hoy veremos otro caso, que describe cómo podemos herir a otras personas a través de nuestras palabras.

El segundo ejemplo de ona-at debarim que trae la Mishná es ofender o avergonzar a un Ba'al Teshubá, a una persona que en el pasado obró incorrectamente, en el ámbito religioso, moral, o comercial, etc. y ahora se rehabilitó completamente. Por ejemplo: un individuo que cometió una estafa comercial. Fue juzgado y pasó un tiempo en la cárcel. Luego, salió, pagó sus deudas y con el tiempo rehizo su vida: se casó, formó una familia  y ahora es un ciudadano totalmente decente.  Imaginemos ahora que uno de sus socios le dice a este hombre algo así.., "¿Quién eres tú para decirme lo que debemos hacer con nuestro negocio? Eres un ex convicto, hiciste muchas cosas malas en tu pasado."  

Otro ejemplo parecido. Nuestro penitente está jugando un partido de football con unos amigos, y en forma de burla, uno de sus amigos le recuerda su pasado en la cárcel...  
En estos dos ejemplo,  recordarle el pasado a este individuo es totalmente innecesario y negativo. Nuestra Mishná lo considera una forma de daño emocional, ya que esas palabras lo avergüenzan, lo degradan, lo hacen sentir mal.

¿Qué tiene de especial este caso? ¿Por qué la Mishná trae el ejemplo de un Ba'al Teshuba?
 
Yo creo que lo que tiene de especial este caso es que lo que le dicen a esta persona rehabilitada "es verdad". Este es un caso de "daño sin engaño". Los hechos --que estuvo en la cárcel-- no son discutibles, y no dejan lugar a ninguna interpretación. Uno podría pensar que mientras que lo que yo diga sea verdad, no me tengo que preocupar por el daño que causen mis palabras...  Sin embargo, al igual que en el caso de Leshón haRá (hablar negativamente de otra persona) nuestra Mishná nos enseña que cuando lo que digo daña innecesariamente (ver aclaración abajo) a otra persona, está mal ¡aunque sea verdad!   En nuestro caso, recordarle a este individuo rehabilitado su oscuro pasado, es totalmente innecesario y causa un gran daño emocional... Lo que es más:  justamente por el hecho de ser verdad, el rehabilitado no tiene forma de defenderse .. y eso hace que su vergüenza y su dolor sea mucho mayor.

Este punto lo aclara el Rab Aharón haLevy cuando en su Sefer haJinuj hace una importante aclaración sobre ona-at debarim: él dice, "No hay que recordarle a otra persona algo que lo hiere, y de lo cual no puede defenderse".

Como el lector podrá apreciar, el tema de ona-at debarim es difícil de describir con una simple fórmula, ya que la frontera entre lo bueno y lo malo es muy sutil. El efecto negativo de nuestras palabras  depende en primer lugar del contexto y también de la intención, de la situación emocional del interlocutor,  y hasta del tono con el que se dicen las palabras. Imaginemos que un amigo le recuerda a nuestro penitente su oscuro pasado con estas palabras: "La verdad que te admiro. Yo se que el pasado tuviste problemas y hasta estuviste en la cárcel...pero mira ahora que alto que has llegado. Tienes una familia ejemplar y todos te quieren y te aprecian. Te felicito"  En este caso, mencionar el pasado se transforma en parte de un halago, más que en una declaración difamatoria.   

En conclusión, con este segundo ejemplo de la Mishná seguimos viendo que debemos ser muy sensibles cuando hablamos con otra persona, y tenemos que hacer el máximo esfuerzo posible para no dañar, ofender o avergonzar con nuestras palabras.


* En el caso de Leshón haRá hay ciertas excepciones. Por ejemplo, si yo sé fehacientemente acerca del pasado delictivo de un individuo y alguien me pide referencias sobre él para un trabajo o para un Shidduj, etc. debo revelar lo que sé.
 
¿Cómo NO consolar a quien sufre?
Ena Parashat Behar , en Vayiqrá 25:17, se nos advierte que debemos tener mucho cuidado con lo que decimos a otras personas. Si bien con nuestras palabras podemos consolar, aliviar, expresar nuestro cariño etc. también podemos engañar, avergonzar y causar un gran dolor emocional a los demás. Ya escribimos acerca del daño que causa recordarle a una persona rehabilitada su oscuro pasado. 

Otro ejemplo que trae la Guemará (Babá Metsiá 58) se refiere al caso de una persona  que sufre: enfermedad, pobreza, la muerte de un familiar, etc. Los Sabios dicen que no podemos decirle a alguien que sufre: "Por algo será..."  o "Seguramente cometiste algún pecado y ahora estás pagando por eso". En este caso los Sabios explican, hay dos errores simultáneos.

En primer lugar, nos da a entender la Guemará, esas palabras insensibles no ayudan, sino que hieren y le echan sal a la herida abierta de la persona que sufre. La Torá nos enseña a ser compasivos y empaticos con aquellos que están pasando por momentos difíciles y "acompañar" a quien sufre con nuestra presencia y con palabras de aliento y consuelo (biqur jolim, nijum abelim, etc.) lo cual es parte de la importante Mitsvá de Guemilut Jasadim.

En segundo lugar, muy sugestivamente los Sabios mencionan aquí como ejemplo de esta transgresión a los amigos de Job. Brevemente; cuando Job perdió a sus hijos, a sus bienes y a su salud, lo vinieron a visitar tres amigos. Y las palabras de "consuelo" que utilizaron no fueron las más acertadas. Ellos, con buena intención, quisieron defender la justicia Divina y le dijeron a Job que HaShem nunca castigaría a alguien inocente   (זכור נא מי היא נקי אבד) y que Job merecía ese castigo porque seguramente había hecho algo muy malo.    Job, por el otro lado, insistía en su inocencia.    Al final del libro de Job, y luego de un fascinante debate que se desarrolla durante casi 40 capítulos, dos cosas dramáticas suceden:  

1. HaShem interviene y le explica a Job que hay muchas cosas que un ser humano no está capacitado para entender, y una de ellas, quizás la más difícil de comprender, es por qué las cosas malas le pueden ocurrir a las personas buenas. HaShem le explica a Job mediante una serie de ejemplos que no está en nuestra limitada capacidad intelctual saber de qué manera exactamente el Todopoderoso administra Su justicia en este mundo.   En una de las Mishnayot de Pirqué Abot, 4:17, Rabbi Yanai basado en la conclusion del libro de Job dice: "No está a nuestro alcance entender por qué los malos triunfan o los buenos sufren".

2. Contra todas las predicciones, HaShem recompensa a Job y ¡amonesta a sus amigos,  a los que supuestamente "defendieron" a HaShem!  El pasuq 42:7 lo dice claramente: "Porque ustedes (los amigos Job) no hablaron correctamente de Mí, como Job, Mi siervo".  Muy sugestivamente, los amigos de Job tuvieron que traer un qorbán jatat, un sacrifico que se ofrecía cuando alguien comete una transgresión involuntariamente....  Esto nos da a entender que, de acuerdo al libro de Job, el único libro del Tanaj (la Biblia Hebrea) que se enfoca en el dilema de la teodicea,  el sufrimiento humano no es exclusiva o necesariamente el resultado de transgresión > castigo divino.  Y que "defender" a HaShem de esta manera es un error conceptual y moral. Pretender que nosotros, simples seres humanos, podamos explicar a Dios o a Su justicia infinita que se manifiesta más allá de la terrenalidad y de nuestra propia mortalidad, es una forma (quizás involuntaria) de arrogancia y soberbia.

Para resumir, no debemos herir, avergonzar o aumentar el dolor de otras personas con nuestras palabras, eso se considera onaat debarim, aunque lo que digamos sea la verdad, o pensemos que es verdad.

Rabino Yosef Bittón
Sitio web: www.halaja.org



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