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Vida judía


Belleza con integridad
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



BELLEZA CON INTEGRIDAD

El rab “Asbia Lejem” ztz”l comenzó su conferencia con un hecho real.

La hija de un campesino muy poderoso llegó a la edad de casarse. El padre buscaba un novio “Ben Tora” para su hija. ¿Y por qué eligió para construir la casa de su hija un estudioso de la Tora? No porque conociera el valor de la Tora, y no porque para él tuviera tanto valor la persona que fija un tiempo para la Tora y su estudio. Sucedía que su vecino, que era tan poderoso como él y tan ignorante como él, había casado a su hija con un Talmid Jajam, y nuestro hombre vio la diferencia entre un novio campesino y un novio “Ben Tora”. Observó la delicadeza en sus modales, la riqueza espiritual y la tranquilidad que reinaba en la casa de la joven pareja, pudo palpar las palabras conocidas: “un hombre y una mujer, si tienen méritos, la Divinidad estará entre ellos”. Todo esto lo convenció para decidir lo que quería para su hija: la satisfacción que da construir una casa de Tora.

Subió a la gran ciudad, llegó a la casa del Rosh Ieshiva y le pidió un joven “Ben Tora” para su hija, como el marido de la hija de su vecino. Estaba dispuesto a mantener económicamente a la pareja, comerían en su mesa, y les daría todo lo necesario para darle la posibilidad al novio de ocuparse con constancia en el estudio hasta llegar a un lugar muy alto, y convertirse en un rab de Israel.

Se entiende, que la llegada del novio cambió la “vida” de la casa. En la mesa de Shabat comenzaron a escucharse las “Zemirot”, los cantos de Shabat, y se hablaban palabras de Tora, dulces como la miel. Había una gran meticulosidad en el Cashrut de los alimentos. Todos los movimientos y las costumbres de la casa sufrieron grandes cambios, todo se mejoró, todo se elevó y engrandeció. El campesino estaba seguro que esta fue la mejor “compra” que hizo en su vida.

Se acercaba Jag Hasucot. El yerno le preguntó a su suegro: ¿dónde vamos a conseguir las cuatro especies?

Contestó el suegro: estamos  rodeados de árboles de etroguim y palmeras (para obtener los lulabim), hadasim y aravot.

Dijo el yerno: tengo sospechas de que el etrog no sea de lo mejor, puede estar mal por dentro, y tengo el deseo de conseguir un etrog especial para cumplir con el precepto de la mejor forma. Yo le pido que me haga ese gran favor, que viaje a la gran ciudad para traer de allí un buen etrog. Quisiera que busque al Rosh Ieshiva, y le pida un etrog para mí. Y lo que más le pido, no se preocupe por el dinero. Este es un precepto que cumplimos una vez por año, un precepto que se puede hacer con un gran cuidado, y al ser una sola vez al año debemos intentar hacerlo muy bien.

Cuando la esposa del campesino escuchó que su marido viajaría a la gran ciudad, le puso en su mano una larguísima lista de compras para la festividad. El hombre tomó cierta cantidad de monedas y emprendió el viaje.

Fue a ver al rab y le formuló el pedido de su yerno. Llevaba el cuchillo en su mano pensando que el rab le indicaría un lugar donde pudiera cortar el etrog gratuitamente, donde los etroguim estarían esperando a cualquiera que se acerque para cortarlos. Pero el rab le anticipó que habría que pagar.

¿Cuál es el tipo de etrog que está pidiendo su yerno?, preguntó el rab después de escuchar el pedido.

El suegro recordó las palabras de su yerno: lo mejor de lo mejor..., sin pensar en el dinero.

El Rosh Ieshiva sacó de un cajón un etrog y dijo: este etrog está elegido entre los elegidos, y vale miles de veces más que el precio que pagará.

¿Y cuál es el precio?, preguntó el campesino.

Trescientas monedas de oro, dijo el rab.

Al hombre se le oscurecieron los ojos, pensó cualquier cosa, pero jamás se le habría ocurrido semejante suma. Todo lo que tenía en sus manos eran ciento cincuenta monedas de oro, y con eso había pensado comprar todo lo necesario para la fiesta. De pronto, todo ese dinero ni siquiera le alcanzaba para el etrog de su yerno...

De todas formas, no podía fallarle a su yerno. Un precepto es un precepto y él le había asegurado que no habría problemas de dinero.

Tartamudeando, le preguntó al rab: aquí sólo tengo ciento cincuenta monedas de oro, y podría pagarle el resto en mi próximo viaje.

-Todas las bendiciones se posarán sobre su cabeza, le dijo el rab, tiene que saber que su mérito será muy grande, al cumplir este precepto tan importante de la mejor forma posible. Cumplir así el precepto del etrog no se puede comparar con ningún otro precepto...

Abrumado y molesto salió al camino para regresar a su campo, y de pronto, se encuentra con su vecino, que iba en sentido contrario, viajando hacia la ciudad. Ambos se saludaron muy cordialmente, y el vecino le contó, con inocencia, que viajaba hacia la gran ciudad, porque su yerno le había pedido que viaje a ver al rab, para pedirle el mejor de los etroguim, uno de los elegidos, sin preocuparse por el importe a pagar...

Todo tu esfuerzo será en vano, dijo nuestro campesino. El mejor de los etroguim, el elegido entre los elegidos, está en mi poder. ¿Quieres saber cuánto pagué por él?

¿Cinco monedas de oro?, preguntó inocentemente.

¿Cinco? ¡No! ¡Trescientas monedas de oro!

¡¿Qué?! ¿Trecientas? Y yo apenas salí de mi campo con ciento cincuenta monedas de oro.

No te preocupes, a mí me pasó exactamente igual. Salí de casa con sólo ciento cincuenta monedas, y de pronto el Rosh Ieshiva me pide trescientas. ¿Sabes una cosa? Se me ocurrió una gran idea. Vamos a dividir el etrog, lo partiremos en dos, toma una mitad y le pagaré al rab el saldo de mi deuda...

Dijeron y así hicieron... El campesino fue a ver al rab, y le entregó el dinero. Cuándo el rab le preguntó cómo hizo para conseguir el dinero con tanta rapidez, sin decirle nada le mostró la mitad del etrog...

El rab empezó a temblar mientras se arrancaba la barba: ¿qué has hecho?!!!

Ahora no tienes medio etrog, ahora no tienes nada, ya que es mucho mejor un sencillo etrog pero completo, por el cual pagué cinco monedas, que la mitad de un etrog valuado en trescientas monedas...

Un relato como éste nos deja muchos mensajes, uno de ellos se refiere al estudio diario de una hoja de Guemara, al “Daf Haiomi”. Aunque también el estudio de la Tora tiene valor estudiando sólo algunos tratados específicos de la Guemara, igualmente es bueno si agregamos al estudio, inclusive cuando ese agregado es superficial y sin profundizar, lo que puede llevar a un “paseo” por todo el Talmud. Para que nuestro estudio sea completo y no por mitades.

Traducido del libro Maian Hamoed.

 

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 




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