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Entendiendo


Del reduccionismo al Judaísmo
Por. Anthony S. Fiorino



Un converso describe su camino a la observancia Judía y al desarrollo espiritual.

Creciendo Por Medio de Reglas

En los días de verano del 1989 comencé una travesía de descubrimiento personal, una travesía en la cual, mi olvidada alma, se había transformado de un estado atrofiado a una espiritualidad que abarca todo, hasta tal punto que la característica más predominante de mi identidad es ser un Judío Observante.

Al reflexionar sobre el proceso de mi conversión, he visto claramente que esta transformación se produjo gracias a la observancia de la halajá, la ley Judía.  Mi experiencia ha sido lo que yo pensaba intuitivamente que era un despertar religioso - mi compromiso hacia la religión y la observancia precedieron y causaron mi transformación espiritual.  Ahora intento entender este proceso y obtener una respuesta a la pregunta: “¿Cómo es que la halajá puede causar un crecimiento espiritual?”.

La respuesta requiere de una examinación de lo que me condujo hacia el Judaísmo.  Crecí en una casa italiana católica religiosa, pero nunca tuve sentimiento alguno por el catolicismo.  Desde una joven edad encontré a las imágenes chocantes, los rituales vacíos, y la teología fría.   Nunca sentí que podría ser un católico practicante.  Ya que la educación formaba una parte primordial de mi vida, la religión se convirtió en un asunto que causaba discusiones los domingos en la mañana, cuando disputas acerca de la asistencia a la iglesia se presentaban inevitablemente.

Asistir a un escuela pública en una numerosa comunidad Judía en Long Island (aunque no religiosa) me dio un conocimiento elemental del Judaísmo, y aún más importante que eso, me dio una afinidad tremenda y permanente al pueblo Judío.

Pero lo que realmente puso el escalón para la futura transformación, fue la educación que estaba recibiendo.

El énfasis en el pensamiento racional y el proceso científico de la sociedad Americana tuvo un impacto enorme en desarrollar mi personalidad y visión.   La tecnología es vista como la respuesta a todos las preguntas: el medio, escuelas, el gobierno y el establecimiento científico contribuyen a provocar una ansiedad por un mesías tecnológico - una ciencia que curará enfermedades, alimentará al hambriento, incrementará el tiempo libre y traerá la paz mundial.  Una mente joven y ansiosa premiada con el regalo de la aptitud científica, es particularmente sensible a estas influencias sociales.  Al finalizar la preparatoria, había aprendido a evaluar información científica en comparación con otra información, y lo que hizo de mí la ciencia fue un agnóstico no examinado.

La Visión Reduccionista

La decisión de llevar a cabo una carrera en las ciencias biológicas me llevó al instituto de Tecnología de Massachusetts, donde recibí un entrenamiento riguroso en la metodología de la ciencia, así como una gran cantidad de información.  Este entrenamiento científico intenso expandió mi creencia en el valor supremo de la razón y la racionalidad.  Al mismo tiempo, excursiones a la filosofía existencial llevaron a que mi valoración de la moral sea algo relativo y definido arbitrariamente.  Mientras que mi habilidad de razonamiento estaba desafiada y forzada a desarrollarse más en el contexto de una cosmovisión existencialista, pude llevar mi visión de la ciencia a la inevitable conclusión de que sólo lo que se puede ver es creíble.  Yo creía que los métodos de investigación científica gritaban la “verdad” en el sentido más absoluto, y más aún, todo aquello que no estaba abierto a una evaluación y verificación científica no tenía valor alguno.

Este acercamiento reduccionista proveía algunas respuestas a preguntas difíciles, como por ejemplo, el problema filosófico del cuerpo y la mente - no hay aspecto de “mente” separado del cerebro.  El problema con los dualistas, como yo lo veía, era que erróneamente asignaban estados morales e intencionales a unidades de acción que eran realmente carentes de valor - no hay morales en impulsos eléctricos y reacciones químicas.  Desde esa perspectiva, uno, indudablemente, debe concluir que los seres humanos y el comportamiento humano no pueden tener contenido moral alguno.  Si un solo impulso bioquímico viajando en la neurona en un plato petri no es una acción moral, entonces debe ser lo mismo para el pensamiento y el comportamiento - un sistema complejo de impulsos.  Desde esta perspectiva el “bien” y el “mal” son insignificantes, y Di-s es negado.

Yo creía en esto... sin embargo, todavía era una persona ética.  No era simplemente el miedo a ser visto rompiendo la ley lo que esculpía mi comportamiento, pues me atraían los asuntos humanitarios, invertir tiempo y energía en otros, y a veces a expensas mías.  De hecho, este sentimiento de responsabilidad hacia los demás fue lo que me ayudó a decidir seguir medicina.  Vi en el carácter de Rieux en Albert Camus “La Plaga”, el modelo de un físico, creando valor en un mundo que era visto carente de significado.  Y eso me atraía más que Meursault del “El Extraño”, precisamente porque hacía y evaluaba el bien.  Llegué a la conclusión de que la moral es un producto natural de nuestra racionalidad y razonamiento.

El Proceso Está Puesto Silenciosamente En Movimiento

Lentamente, se empezaron a presentar fallas en mi cuidadosamente construida visión del mundo.  Irónicamente empecé en M.I.T, donde el ambiente de intensa racionalidad había contribuido mucho a mi reduccionismo ateo, en primera instancia.  Dos eventos específicos tuvieron un impacto duradero en mí que fueron el comienzo de mi travesía por el judaísmo.

Primero, leí la crítica de Noam Chomsky de la teoría del comportamiento del desarrollo lingüístico de B.F Skinner.  Después investigué pruebas de inteligencia mientras escribía un ensayo describiendo el uso de los exámenes de IQ para apoyar pólizas de racismo social.  Estos dos casos tuvieron un profundo impacto al ver el efecto que el dogma puede provocar en la razón.  Vi el proceso científico corrupto, científicos interpretando erróneamente el data, haciendo declaraciones sin base alguna; a veces mintiendo, para poder obtener resultados que fueran coherentes con sus nociones preconcebidas.

Me preguntaba si el dogma podría influenciar el proceso científico en las ciencias físicas, que lidiaban con la realidad material del mundo, la verdad última a lo que cualquier cosa tendría que responder.  De hecho, biología, química y física eran el corazón de mi visión reduccionista.  Mi reacción inicial fue “No”.  Ya que la naturaleza misma de las ciencias físicas es objetiva - no estudian ideas, sino materia y la materia no está sujeta al debate de la misma forma que las ideas.

Entré al programa M.D-Ph.D en la universidad de Medicina Albert Einstein, muy seguro de mi reduccionismo, sin reconocer que el proceso que borraría esta visión ya había sido puesto silenciosamente en marcha.

El asunto con el que tropezaría mi reduccionismo comenzó en mis primeros meses en Einstein.  Durante toda la preparatoria y la universidad, y después otra vez en mis clases de grado, había escuchado la explicación biológica clásica del origen de la vida, y siempre lo había visto razonable.  Pero cuando uno considera la increíble complejidad, estructura y orden de cada una de las células, en el contexto de "cómo el dogma puede influenciar a la razón", uno llega a la realización de que la biología molecular también está atrapada por el dogma.  Presenta el origen de la vida como una tremenda serie de eventos complejos, cada uno con una pequeñísima chance de que ocurra.  Forzada por su presentación de negar inclusive una pista de trascendencia, la biología debe explicar el comienzo de la vida como una culminación de eventos cuya posibilidad de ocurrir es tan pequeña que es casi cero.

El ganador del premio Nobel, Jaques Monod ha escrito: “La vida apareció en la tierra; ¿cuáles fueron las chances de que esto ocurriría antes del evento?... Es una probabilidad a priori que sería virtualmente cero”.

Limitado por el reduccionismo, el científico sólo puede llegar a una conclusión.  En las palabras de Salvador Luria: “Cada ser humano empieza en la realización de una chance extremadamente improbable - de hecho, una serie de chances improbables derivadas del evento único que ocurrió hace más de 3 mil millones de años empezó la vida en la tierra en su curso de suerte”.

La biología está forzada por sus premisas básicas a decir que la vida empezó como un “evento único” - un evento que no tenía posibilidad alguna de ocurrir, pero que debía ocurrir - una idea que no es absurda pero científicamente no es satisfactoria.  Liberado de este dogma que me molestaba, podía contemplar el origen de la vida sin intereses.  En lugar de tratar de convencerme de lo irrazonable, tenía que admitir que para que haya una creación - la realidad física de la existencia - probablemente debía haber un creador.

Símbolos y Creencias

Esta visión produjo radicalmente el acercamiento del mundo a mi alrededor.  Ya no podía ver a la ciencia y al método científico como los que proveían la verdad absoluta, ya que si la ciencia daría la verdad absoluta, el dogma no haría un efecto en los resultados.  Pero este no era el caso.  Consecuentemente, como reconsideré el valor de la información científica, me di cuenta de que la ciencia es un sistema de creencias.  Como cualquier otro sistema de creencias, tiene cosas que da por sentado, y una metodología que genera información que es significativa sólo en el contexto de aquellas cosas dadas por hecho.

Entender que cada sistema de creencia tiene su propio lenguaje o simbolismo que le da significado, dentro del sistema de creencias que se mantenga dentro de los resultados de esa investigación, y que hay incompatibilidad entre el simbolismo de diferentes sistemas de valor, fue un paso crítico.  De alguna manera, yo le había dado a la ciencia un gran status, viendo los resultados generados por otros sistemas de creencias que eran inentendibles o que contradecían las bases de la ciencia.  Pero ahora ya no podía rechazar lo que la historia, la filosofía, o la religión podrían decir acerca de la naturaleza del ser humano, simplemente porque estaba en desacuerdo con la visión racional de la ciencia.

Subsecuentemente empecé a examinar aquello que había estado forzado a rechazar con falsedades mientras que mantenía a la ciencia como algo supremo.  Había visto morales, y comportamiento moral únicamente como el resultado natural de la razón.  Pero esta idea se marchitó bajo el escrutinio. Había muchas ocasiones en las que la razón claramente marcaba un curso de acción, pero actuaba de otra forma, la manera “correcta”.  Si las morales fueran el resultado de la razón, ¿cómo podría la razón y las morales demandar un curso de acción contradictorio?

Como racionalista, estaba obligado a negar que cualquier cosa podría trascender o sobrepasar la razón humana, pero esta creencia me había forzado a presentar algo no razonable y falso - las morales deben ser resultado del razonamiento.  Igual que los biólogos, cuando consideraba el origen de la vida, debía rechazar otras visiones y presentar algo irrazonable - el hecho de que la vida exista, debe ser el resultado de un evento bioquímico único.

Liberado de los confines del racionalismo, podía por primera vez considerar la idea de que las morales tenían una existencia independiente - y a veces contrarias - de la razón humana.

Experiencias Inquietas -- y Consideraciones De Conversión

Obviamente, este fue un tiempo de una transición marcada.  Lo que son descritas como experiencias “liberadoras”, en retrospectiva fueron en su tiempo definidas como "inquietas".  Busqué en cajas de libros en el sótano de la casa de mis padres para encontrar la Biblia que había recibido en mi confirmación en noveno grado (todavía no abierta).  Mientras leía el viejo testamento se me hizo claro que el Judaísmo no es simplemente una colección de leyes arbitrarias, una visión que había recibido de amigos de la preparatoria, sino un sistema organizado y práctico. Y no sólo encontré la ética y los valores del sistema precisos, sino también los resultados - los numerosos Judíos observantes que había conocido como compañeros de clase...

Mientras que mi conocimiento crecía, me encontré viendo al Judaísmo no como una persona interesada por fuera, sino como una persona potencialmente dentro - el pensamiento del Judaísmo para mí era atractivo.  Sin embargo, tenía que repetidamente justificarme a mi mismo la idea de ser religioso, años de rechazar todos los métodos epistemológicos inferiores a la ciencia eran difíciles de borrar.

Consecuentemente desarrollé razones prácticas para mi interés continuo.  Vi la cercanía de las familias Judías y la comunidad Judía, y el énfasis que el Judaísmo pone en la educación.  Vi un medio de transmitir una serie de valores y una tradición a mis hijos.  Mi participación, de alguna forma limitada en los rituales del Judaísmo, había sido una experiencia positiva.  Encontré la teología pura y accesible, en contraste al misterioso y complejo pantano que previamente conocía.  Por un intenso rechazo a la actividad misionera, encontré que la visión del Judaísmo acerca del no Judío era muy comprensiva.

Lo que también me atrajo - especialmente después de luchar por años para eliminar los vestigios de la visión católica del placer - fue que el Judaísmo permite e incluso requiere el disfrute en este mundo.  Pero el aspecto más atractivo del Judaísmo era la libertad que el Judaísmo otorgaba - demandando una serie específica de comportamientos, pero permitiendo que tu mente explore, cuestione e inclusive dude - la idea de que "la manera en la que uno actúa es por lo menos igual de importante que lo que uno piensa", hacía sentido en mi mente.

Este no fue un despertar espiritual.  Mi atracción, mi experiencia era puramente pragmática, cuidadosamente razonada y justificada, y lo siguió siendo.  En Pesaj del 1990, asistí a dos sedarim de Pesaj, y después de haber participado en el evento religioso-político-histórico único que es el Seder, decidí que quería experimentar al judaísmo plenamente para ver si mis sentimientos intuitivos de afinidad eran lo suficientemente fuertes como para conllevar tanto el estilo de vida como el stress de la conversión.

El cambió que precedió a esto fue espectacular, si no en calidad en cantidad.  Una fe asumida me llevó a una fe genuina, y ser observante de la ley Judía ha despertado una espiritualidad que ha consumido los límites de mis sistemas de creencia “Judía” y “científica”.  Ha crecido, como una flama ardiente en lugar de una flama lenta, borrando la distinción entre mis dos partes de las cuales no estaba consciente antes del proceso.  Lo que era una dualidad, había sido reemplazada por una nueva, unitaria identidad - una racionalidad fría y una espiritualidad ardiente unidas, nutridas y limitadas por la halajá, la ley Judía.

Santo y Mundano

No es inmediatamente aparente cómo, simplemente comportándote como Judío llegas a un crecimiento espiritual, pero la observación ha sido hecha durante los años.  En el Talmud está escrito que Di-s dijo: “Si no me hubieran abandonado y hubieran cuidado Mi Torá, pues por medio de ocuparse de la Torá, la luz que ella contiene los hubiera traído de vuelta a Mí” (Yerushalmi Jagiga 1;7).  Rabi Yehuda HaLevi observó en “El Kuzari”: “El hombre no puede acercarse a D'os excepto por medio de actos ordenados por Él”.

Rabi Moshe Jaim Luzzato en “El Sendero de los Justos” dice: “Los movimientos externos despiertan los internos... porque como resultado de los deseados apresurados movimientos, habrá en él una alegría interna y un deseo y una ansiedad”.

Las mitzvot constantemente recuerdan a la persona las limitaciones de la ciencia racional, de una ciencia metafísica más allá de su realidad empíricamente definida, y un significado Divino se apega a los objetos y eventos del mundo. Verdaderamente, cada objeto, evento o experiencia tiene significado halájico, por lo tanto el mundo es apreciado no sólo en un sentido físico, sino también como teniendo una cualidad religiosa inherente.  La Halajá demanda una apreciación y una interacción con el mundo desde un plano Divino; con un conocimiento mayor, la realidad física asume un significado siempre en crecimiento.  A pesar de que la visión de Di-s es puesta en el centro de la visión de uno, debemos balancear la racionalidad chocante del hombre cognitivo y mantener su mirada por arriba y más allá de sus actividades mundanas reduccionistas.

Más aún, la Halajá te hace reconocer la presencia de Di-s regularmente y repetidamente.  El simple acto de realizar una bendición tiene implicaciones profundas; es primero un reconocimiento de la existencia de D'os; segundo es una aceptación de que este mundo viene de Di-s; tercero, una sumisión a la voluntad de Di-s.  Inclusive una visita al supermercado casher, reitera el reconocimiento de dependencia y sumisión a Di-s.  De esta forma, la Halajá pone a Di-s como el centro de nuestras actividades.

Sentir la Presencia de Di-s

Por medio de la realización de las mitzvot incrementamos la presencia de D'os en este mundo, y nos sentimos espirituales al sentir la santidad en nuestro mundo y en nosotros mismos.

El camino a la santidad como individuos y como nación es por medio de adherirse a la voluntad de Di-s.

La relación entre las mitzvot y la santificación es reflejada en el texto de la bendición recitada sobre las mitzvot; “Bendito eres Tú Di-s, Creador del universo, Quien nos has santificado por medio de tus mandamientos”.  Todos los actos halájicos están activados con el poder de santificar, ya que son el método por medio del cual cumplimos el deseo de Di-s y el mandamiento de ser santos: son los medios mediante los cuales Di-s nos santifica.  Los actos Halájicos revierten la contracción de la presencia Divina; cada mitzvá santifica al reducir su contracción, al incrementar la presencia de Di-s.  Nuestra conciencia de la presencia de Di-s es espiritualidad.

Mientras que es fácil sentirte espiritual en lugares sagrados - parándote frente al muro occidental o en tiempos sagrados como Yom Kipur - tenemos la habilidad de vivir vidas halájicas al traer espiritualidad y santidad a cada lugar que vamos, traer santidad a nuestras excursiones o cualquier actividad mundana.

La Halajá santifica al regular la actividad humana, limitando las atracciones del cuerpo.  El impulso puede ser conquistado, y hacerlo para cumplir con la voluntad de Di-s es sagrado.

Nuestra apreciación de la síntesis de lo mundano y lo sagrado, nuestra inhabilidad de separar entre lo sagrado y lo profano en esferas completamente no conectadas, refleja la unidad del alma y el cuerpo: "El Creador trae al alma y la junta al cuerpo y los juzga como uno” (Sanhedrin 91b).  La Halajá nos da una expresión de los anhelos trascendentales de un alma atada intrínsecamente a un hombre físico.  Sólo relacionándose al mundo por medio de la Halajá el alma puede estar satisfecha, no como entidad separada sino como una integrada.  Y en esto está el reconocimiento de una imitación de la unicidad de Di-s, una unicidad que podemos reconocer diariamente: “Shemá Israel - Escucha Israel, el Señor nuestro Di-s, el Señor es Uno”.

Mientras mi conciencia espiritual crece, mis acciones son hechas en Nombre de Di-s, no por mi satisfacción.  Lo que no significa que mi satisfacción por hacer las mitzvot haya bajado, sólo que ya no depende de mi satisfacción personal.  Una consecuencia placentera es que mi entusiasmo en ciertas áreas de la halajá ha crecido significativamente.  Este incremento en la devoción a las mitzvot incrementa mi espiritualidad, que a su vez incrementa mi devoción hacia las mitzvot.

Sentir la presencia de Di-s no era parte de mi conjunto de razones pragmáticas para la conversión, pero ha sido el resultado más significativo.

 

Biografía del Autor:

Anthony (Eitan) Fiorino estudió en the Albert Einstein College of Medicine. El artículo fue extraído con permiso de la Jewish Action magazine, published by the Orthodox Union - http://www.ou.org

 




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