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Torá y ciencia


CREACION Y CIENCIA
Por. Rabino Iosef Bitton



Dos libros escritos por el mismo Autor

Desde chico sentí un gran interés por la ciencia, especialmente por todo lo relacionado con la Creación (BERESHIT), los orígenes del universo, el origen de la vida y de la inteligencia humana.  Como judío observante, el tema de Creación vs. Evolución siempre me apasionó. Y también me confundió. ¿Es posible encontrar una armonía entre lo que explica la ciencia moderna y lo que dice la Torá?  
 
Muchos jóvenes judíos universitarios creen en nuestra Torá, pero se sienten afectados por la dificultad de obtener respuestas inteligentes a interrogantes como Creación o Big Bang, la edad de la tierra, la teoría de la evolución, etc.  La ausencia de explicaciones serias hace que muchos jóvenes judíos piensen que las diferencias entre la Torá y las teorías científicas son irreducibles. Y se cuestionan entonces ¡su creencia en nuestra Torá! Este fenómeno es obviamente muy preocupante. Y como educador me motivó a dedicarme un poco más profundamente a este tema.

Creo que lo más importantes que aprendí con el correr del tiempo es una idea que debo atribuir a Maimónides: LA TORA Y EL UNIVERSO SON DOS LIBROS ESCRITOS POR EL MISMO AUTOR. Y por lo tanto, no puede existir una contradicción entre estas dos obras. Y por lo tanto, cuando se presenta un conflicto entre estos dos libros, es porque estamos leyendo incorrectamente alguno de estos dos libros. El problema, entonces, no está en los libros (ni en el Autor!) sino en nosotros, los lectores. Hay algo que estamos leyendo incorrectamente…

A veces, como lo voy a explicar hoy, puede suceder que leamos la Torá sin la precision o la profundidad necesaria, y no nos demos cuenta que la Torá, que no es moderna sino eterna, anticipó algunas cosas que la ciencia recién ahora descubre. En los próximos días me gustaría ofrecer al lector algunos ejemplos de este tipo de casos.

Cuando leemos superficialmente la Torá, pasamos por alto algunos puntos de contacto entre Creación y ciencia. 

Por el otro lado, las lecturas que muchos científicos hacen de la realidad, pueden ser una interpretación más ideológica que empírica. Veremos también algunos ejemplos que muestren cómo algunos científicos tratan de adaptar sus teorías a una ideología preconcebida, sin admitir que se trata de una interpretación subjetiva de la realidad. El presunto “objetivismo” científico se ha convertido en un tema muy controversial en nuestros días. Y una visión respetuosa pero crítica sobre este fenómeno es absolutamente necesaria para comprender mejor, por ejemplo, el delicado tema “Creación vs. Evolución”. 


LAS COINCIDENCIAS QUE PASAMOS POR ALTO

El segundo Pasuq de la Torá “Y la tierra estaba deshabitada y desolada, y la obscuridad cubría los abismos….” es absolutamente revolucionario. ¿Por qué? Porque es inesperado y contra-intuitivo. Olvidemos por un momento que conocemos su contenido y pensamos en lo que hubiéramos esperado que diga un libro normal (un libro humano) luego de afirmar que “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Creo que lo más lógico hubiera sido algo así: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra . Y la tierra era hermosa, llena de vegetación, con deliciosos frutos, numerosos animales, aves y peces.”  Describir un mundo perfecto, creado por el Creador Todopoderoso hubiera sido lo más normal y predecible. Una creación ya finalizada y perfecta refleja a un Creador perfecto y omnisciente. Si un ser humano hubiese escrito la Torá ¿qué sentido hubiera tenido inventar una historia donde un Dios Todopoderoso crea un mundo incompleto? ¿Por qué describir un planeta oscuro (según Rambán y Eben Ezra: “tóxico”) y como explica el Targum (Tsadyá vereqanyá) sin vida animal ni humana? En la historia bíblica de la Creación todo va siendo creado después: la luz, la atmósfera, la lluvia, la tierra firme, los vegetales, los animales y el hombre. 

Nuestros Rabinos observaron este fenómeno, y explicaron que si bien HaShem pudo haber creado el mundo “completo” en un solo acto de Creación, el Creador lo hizo en etapas. Más precisamente, dijeron, en 10 actos (o enunciados) de creación.  Y más allá de la razón por la cual el Creador decidió crear su mundo en etapas, es importantísimo observar un punto del que no se habla mucho. La Torá nos presenta un planeta tierra que se va formando de a poco. Y que va (si se quiere utilizar esta palabra tabú) “evolucionado”, por orden del Creador, a través de una serie de actos creativos, un proceso que va de menor a mayor complejidad. Primero lo inorgánico, luego la vegetación, luego los animales, y al final la vida inteligente.  

Si observamos lo que la ciencia explica respecto a “la evolución del planeta” nos daremos cuenta que ciencia y Torá definitivamente coinciden. O mejor dicho, la ciencia moderna descubre hoy lo que la Torá afirmó miles de años atrás.

Pero paciencia porque todavía queda mucho por explicar. En el próximo email B’H presentaremos una primera aproximación´ al tema de le edad de la tierra. ¿Es posible encontrar un punto de coincidencia también allí?
Creo que sí.

La Edad de la Tierra
Otra interesante coincidencia entre ciencia y Torá, que se relaciona con la "evolución" y la "edad" del planeta tierra, se puede ver de un texto del libro de Yiob (Job). Yiob fue un hombre bueno y honesto que sufrió la muerte accidental de todos sus hijos. El libro de Yiob, 42 capítulos, trata sobre el tema de la justicia divina y cuándo le las cosas malas le pasan a las personas buenas. Hacia el final del libro, capítulo 38, HaShem se revela a Yiob y le muestra lo poco que los seres humanos podemos saber sobre la realidad que nos rodea. Y si nuestro conocimiento escapa a la comprensión de la realidad física -material, visible y accesible-, cuánto más remoto es nuestro acceso potencial a la dimensión del Conocimiento Divino, en este caso, la administración de la Justicia Divina. Dios le demuestra a Yiob las limitaciones inescapables del conocimiento humano, y así disuade a Yiob (y al lector) de la comprensión de la Justicia Celestial. En este capítulo, que es un monólogo porque Yiob no tiene respuestas, Dios confronta a Yiob con una serie de preguntas fascinantes sobre cuestiones relacionadas con la Creación, la armonía del cosmos, el misterio de la luz, los secretos de la vida en el fondo marino y mucho, mucho más. Es en este contexto que encontramos un versículo (38:38) donde Dios desafía el conocimiento de Yiob sobre la formación de la tierra. El texto dice: «[¿Dónde estabas ...] cuando [el planeta] se fusionó en una masa, y las capas de la tierra se adhirieron entre sí?» Esta última expresión [בְּצֶקֶת עָפָר לַמּוּצָק] llevó a los rabinos a afirmar (Yoma 54b) hace dos mil años que nuestro planeta está compuesto de varios estratos y no, por así decirlo, de una sola pieza. El Beur, un comentario contemporáneo sobre el Bereshit Rabbá escrito por el Rabino Abraham Shteinberger (Midrash Bereshit Raba HaMobar, Jerusalén, Makhon HaMidrash haMeboar, 1980, página 13), indica que "el hecho de que nuestro planeta haya sido creado por estratos y capas, hace que la Tierra parezca más antigua de lo que realmente es, y esa es la razón por la cual algunos hombres de ciencia suponen que deben haber transcurrido millones de años entre estrato y estrato ".

Es interesante saber que esta coincidencia entre el texto bíblico y la geología fue evidente sólo en la modernidad. Durante miles de años los científicos no sospecharon que debajo de la superficie, nuestro planeta está formado por diferentes capas. Solo mucho tiempo después el "uniformismo", un concepto desarrollado por James Hutton (1726-1797), el padre de la geología moderna, "descubrió" que el Planeta Tierra se formó paso a paso y consta de numerosas capas.

Para resumir, el texto bíblico establece que, si bien nuestro planeta fue creado por el Creador en un solo acto, fue creado compuesto por diferentes estratos, desde el centro hasta la superficie de la tierra.
Ahora bien, si un geólogo examina la composición de nuestro planeta y "descubre" sus numerosas capas, seguramente atribuirá esta composición a un proceso evolutivo que demandó millones de años.

Curiosamente, desde el punto de vista bíblico, el geólogo no está descubriendo algo que contradice a la Torá, sino algo que realmente la confirma. El único elemento en conflicto es la "interpretación" de que los estratos terrestres implican un proceso que duró millones de años. Y esta "interpretación" se basa en sacar de la ecuación un acto de Creación inicial.
Sin embargo, cuando examinamos los hechos partiendo de la premisa de un acto inicial de la Creación, el descubrimiento de los estratos de la tierra, ¡es exactamente lo que esperábamos encontrar!

¿El huevo o la gallina?
La Creación fue un proceso completamente diferente al “nacimiento natural”. En el nacimiento y en el desarrollo natural la edad, digamos, de una persona, se comienza a contar desde que uno nace. Así, a los 50 años desde el momento del nacimiento uno tendrá 50 años. El acto de creación, sin embargo, nos presenta con una realidad diferente. Veamos. 

La creación Divina es un acto que escapa nuestro análisis y hasta nuestra imaginación. Nunca hemos visto ni experimentado un acto de creación mientras sucede. Pero sabemos sin embargo un par de detalles. Primero, que la Creación fue ex nihilo, es decir, a partir de la nada. Crear (el verbo libró, en hebreo), significa traer algo material a la existencia desde la nada. Este verbo sólo se encuentra aplicado a acciones Divinas, y nunca a acciones humanas.

En segundo lugar, sabemos que cuando Dios creó las cosas, estas aparecieron ya desarrolladas, y no en un punto cero.  Si bien la Torá no abunda en detalles superfluos, y mucho menos durante el brevísimo capítulo destinado a la Creación, la Torá describió el estado de una de sus creaciones en el momento de su aparición: los árboles. En Génesis 1:12 la Torá dice “Y produjo la tierra vegetación: hierbas que dan semilla según su género, y árboles dando fruto con su semilla en él, según su género….” .Los árboles no fueron creados como semillas o arbustos incipientes, sino como árboles ya maduros, en su plenitud, y cargados de sus frutos.

Hace más de 1700 años, los Sabios del Midrash formularon la siguiente idea basándose en el detalle provisto por la Torá sobre los árboles: כל מעשה בראשית בקומתן נבראו . “Todo lo que Dios creó fue creado en su plenitud” . Si bien la Torá circunstancialmente mencionó la madurez de los árboles, en realidad todo fue creado por Dios en su estado de madurez y plenitud. Esto no solamente resuelve el enigma del huevo o la gallina (finalmente podemos destrabar el enigma :), sino que también nos ayuda a comprender que no solo es posible sino más bien necesario que la ciencia le atribuya al mundo y lo que éste contiene una edad mayor a la que tiene. 

Si viajamos en el túnel del tiempo hasta el día en el que Dios creó los árboles y examinamos el primer árbol cinco minutos después de su creación, nos encontraremos con un árbol lleno de frutos. Y si talamos el árbol encontraremos, digamos, cincuenta anillos. Cuando evaluamos este árbol desde la perspectiva científica, concluiremos necesariamente que este árbol tiene cincuenta años de edad.… ¿Estaremos equivocados? Sí. Y No.  Y esta es la paradoja que se produce con la Creación. El árbol fue creado hace 5 minutos, pero tiene 50 años.  

Una vez más: es inevitable entonces que exista una diferencia entre la medición científica de la edad del árbol (desarrollo desde el punto cero) y la perspectiva bíblica / rabínica (creación madura) sobre la edad del árbol. La diferencia entre los cinco minutos y los cincuenta años, es un efecto directo e inevitable del «excepcional» acto de Creación. 

Si la Creación se llevó a cabo del modo en el que la Torá lo describe entonces, inevitablemente, dos edades distintas coexistirán en toda cosa creada: 1) la edad cronológica, estimada desde el momento de su Creación/aparición, que en el ejemplo del árbol serían cinco minutos, y 2) la edad interna y aparente, cincuenta años; es decir, la edad virtual o hipotética del árbol —el tiempo que le habría tomado al árbol desarrollarse desde un punto cero hasta su estado actual, de no haber sido creado.  Lo mismo ocurre con una montaña, con el planeta tierra y con una estrella que dista 1 million de años luz de nuestro planeta.

En conclusión: Lo que la ciencia afirma acerca de la edad del mundo, sin importar de cuántos millones de años se trate, no contradice lo que afirma la Torá.

La diferencia está en el punto de partida: Si partimos de la premisa científica que el mundo se auto generó —nació por sí mismo y no existió ningún acto de Creación (dicho sea de paso: no existe ninguna evidencia científica para negar un acto de Creación)— entonces, las diferencias de edad entre lo que diga la ciencia y lo que diga la Torá son insalvables. Pero cuando nuestro punto de partida es el acto de Creación Divina, tal como lo describen nuestras fuentes (ex nihilo y creación madura), las diferencias de edad son lógicas y necesarias. ¡Encontramos exactamente lo que teníamos que encontrar!

 




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