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Pesaj


YOM HASHOA
Por. Rabino Iosef Bitton



El papel que jugó el New York Times durante el Holocausto

Muchas veces escribí sobre el error de concebir al judaísmo como “religion”, en lugar de entenderlo como la "constitución del pueblo judío”. Esto puede parecer un simple y superfluo juego de palabras. Pero cuando entendemos el origen de esta distinción, y especialmente sus terribles consecuencias, directas o indirectas, podremos apreciar mejor su magnitud.

La historia de la diferenciación entre pueblo judío y religión judía comenzó cerca de 1840 en Alemania, cuando los primeros judíos reformistas renunciaron deliberadamente a cualquier idea que los pudiera relacionar con la tierra de Israel, elemento fundamental del pueblo de Israel. En una famosa declaración firmada en Frankfurt de Main en 1845, los primeros reformistas renunciaron explícitamente a un Mesias que los llevara de regreso a Israel; a reconstruir el Bet haMiqdash; a rezar por el retorno a Yerushalayim o a llorar por su destrucción. Todos estos conceptos que hacen al aspecto “nacional” del judaísmo fueron deliberadamente eliminados de los libros de oraciones y del nuevo ritual reformista. La idea era muy clara: los judíos reformistas se presentaban ahora como “alemanes patriotas”, como parte integral del pueblo alemán y de su heroica historia. Y como una cuestión de lealtad hacia su “madre patria” renunciaron abiertamente a todo lo que podría ser percibido como una expresión de doble lealtad. Los primeros reformistas (debo mencionar que esto ha cambiado en nuestros días) se llamaban a sí mismos orgullosamente “alemanes” de “religion mosaica” ( trataban de usar lo menos posible la palabra “judío” o “religión judía”). Pretendían así compararse con otros grupos religiosos como católicos o protestantes que no tenían ninguna otra lealtad alternativa, ni nacional ni geográfica.

Las nefastas consecuencias de este aparentemente inocente cambio de paradigma no tardaron en llegar. Un ejemplo: En 1840 hubo un terrible libelo de sangre en Damasco, Siria. La comunidad judía de esa ciudad fue acusada falsamente de haber matado a un niño cristiano para usar su sangre para amasar las Matsot de Pésaj (sic!). Varios líderes comunitarios fueron encarcelados, torturados y obligados a confesar este crimen.

Los líderes judíos de Europa, como Sir Moises Montefiore de Londres, Adolphe Crémieux de Francia, Eliyahu Picciotto de Austria, y muchos otros movieron cielo y tierra para ayudar a liberar a estos pobres judíos, y luego de una inagotable lucha lograron sacarlos de la cárcel. Hubo una excepción a estos esfuerzos: el rabino Abraham Geiger, el líder más importante de los judíos de Alemania. Geiger, considerado por muchos historiadores como el fundador del movimiento reformista, se negó a ayudar a esos Yehudim porque no tenía nada en común con esos “árabes”. Esto NO tenía nada que ver con Sefaradí/Ashkenazí. Geiger se veía a sí mismo como perteneciente al pueblo “Alemán”, y para él, en consecuencia, no existía un vinculo nacional (o emocional) con ningún otro judío fuera de Alemania. El hecho que esos “sirios” practicasen el mismo credo que él, era totalmente circunstancial y secundario. Geiger no les debía nada. Geiger seguramente no fue el primer judío que se negó a ayudar a otros judíos; pero hasta donde yo sé, fue el primero en utilizar este nuevo argumento, la renuncia a la idea de pueblo judío para desasociarse de la tierra y del pueblo de Israel, y justificar así su falta de acción, apatía e indiferencia hacia otros judíos. Todo en pos de ser percibido como un ciudadano alemán ejemplar y patriota.

Pero ¿Qué tiene que ver esto con la Shoah y con el New York Times?
Lamentablemente, muchísimo. Y les anticipo que esta dolorosa historia no es muy conocida, especialmente fuera de los EEUU. Pero es una lección muy importante y creo que relevante para nuestros días, donde la información y la desinformación tienen tanto poder.

Veamos. Entre 1939 y 1945 había alrededor de 5 millones de judíos viviendo en los EEUU. Muchos de ellos muy influyentes, en el gobierno y en la cultura del país. Sin embargo, fue muy poco lo que los judíos norteamericanos hicieron para influir en Roosevelt y salvar así a sus hermanos de Europa, cuando estos más lo necesitaban. Los judíos de Europa pedían desesperadamente que el ejército norteamericano bombardee las vías de los trenes que llevaban a millones de judíos a la muerte, o incluso que bombardearan los campos de concentración. Y como sabemos, nada de esto pasó… hasta que fue demasiado tarde.
Pero, ¿por qué?

Una de las razones que explica esta tremenda inacción es que la gran mayoría de los judíos y los no-judíos norteamericanos, como lo admitió el propio Eisenhower, NO SABIA lo que estaba ocurriendo en Europa: no tenían idea de la magnitud de la masacre que se estaba llevando a cabo…

¿Por qué? Un libro relativamente nuevo "“Buried by The Times” de Laurel Leff, lo explica. En este libro Leff concluye que el responsable número 1 de esta deliberada desinformación fue uno de los hombres más influyentes en EEUU en esa época: Arthur Hays Sulzberger, el editor en jefe y dueño del New York Times (su familia aun sigue al frente de este diario), el periódico más importante del mundo.

Escribimos anteriormente sobre el rol que tuvo al prestigioso periódico The New York Times en la falta de información acerca del Holocausto en la población norteamericana.
 
Cabe destacar que el New York Times, especialmente en la década de 1940 no era solo el periódico más importante del mundo, sino también el periódico "fuente", en el sentido que miles de diarios y noticieros en EEUU y del mundo se nutrían de lo que escribía el Times y seguían su liderazgo (esto, obviamente, está cambiando en el nuevo mundo mediático).
 
A continuación veremos algunos ejemplos que ilustran la actitud tendenciosa del New York Times al reportar las atrocidades que estaban ocurriendo en Europa. 
 
 Un artículo del New York Times del 2 de julio de 1942 reporta el asesinato de 700,000 judíos, "una quinta parte de toda la población judía de Polonia". Incluso menciona campos de concentración y cámaras de gas. El artículo dice: "Niños en orfanatos, ancianos en hospicios, enfermos en hospitales y mujeres fueron asesinados en las calles. En muchos lugares los judíos fueron detenidos y deportados a destinos no revelados o masacrados en bosques cercanos ". El artículo continúa enumerando cuántos judíos habíansido asesinados en cada provincia, y luego dice que" la masacre aún continúa en Lvov ".
Este relato es típico. La información es objetiva, detallada e incluso contemporánea. Sin embargo, el público estadounidense desconocía en gran medida la magnitud de lo que estaba pasando. Entonces eso genera dos preguntas. La primera pregunta es ¿cómo sucedió esto? Y luego la segunda pregunta es ¿por qué sucedió esto?
 
¿Cómo? La respuesta es que estos artículos fueron enterrados en el medio del periódico. El artículo del 2 de julio de 1942 apareció en la página 6 bajo un pequeño subtítulo reservado para material sin importancia.
 
Otro artículo del 27 de junio de 1942 que describe la misma masacre como "probablemente la mayor matanza masiva en la historia", estaba en la página 5 y no tenía ningún título.
 
¿Por qué? Esta tendenciosa minimización no ocurrió porque la portada del periódico estaba llena de noticias trascendentales. El día en que apareció esta terrible historia en el New York Times la primera página presentaba artículos sobre zapatillas de tenis y fruta enlatada.
 
Entonces nos preguntamos nuevamente ¿por qué?
 
La respuesta es: Arthur Hays Sulzberger. Sulzberger era el dueño y editor del New York Times. Y lo que lo hace que lo que hizo fuese tan sorprendente es que Sulzberger era judío.
Sulzberger no sentía ninguna conexión ni religiosa ni emocional con la amenazada masa de judíos europeos. Parecía que, por lo contrario, hacia lo imposible para ignorarlos.
Sulzberger escribió lo siguiente:
"No hay un denominador común entre el pobre y desafortunado judío conducido [a la muerte] en Polonia y ….yo. Ciertamente, en Polonia, este judío es parte de una minoría perseguida. … afortunadamente, yo no estoy en esa categoría ".
 
Según Leslie Leff, el autor de “Buried by the Times ” (“Enterrados por el NY Times”) que denuncia el silencio de Sulzberger, la falta de empatía y la tendenciocidad de Sulzberger hacia los judíos europeos se debió a su ideología reformista. El abuelo político de Sulzberger, Isaac Wise, fue el fundador del movimiento reformista judío en EEUU. En esos tiempos el judaísmo reformista promovía la idea de que los judíos no son una nación sino simplemente seguidores de un credo. 
Sulzberger era un judío asimilacionista: para él los los judíos no son un pueblo, de la misma manera que los católicos o los protestantes no son un pueblo. En diciembre de 1942, en una nota al personal del New York Times escribió: "He estado tratando de instruir a la gente de mi periódico sobre el tema de la palabra ‘judíos'; que no son una raza ni un pueblo, etc." El ex periodista del New York Times Ari Goldman, en su reseña del libro de Leff, escribe: "No cabe duda de que los puntos de vista de Sulzberger sobre el judaísmo influyeron en lo que hizo desde su periódico."
 
Una y otra vez estos puntos de vista de Sulzberger se reflejan en los editoriales del New York Times, en los que la difícil situación de los judíos no se menciona sino que se ignora deliberadamente.
 
Sobre los niños refugiados alemanes, casi todos ellos judíos, el New York Times generalizó: “[esos niños] son de cualquier raza y credo".
 
Sobre el régimen de Hitler, el New York Times escribió: "Es la decencia y la justicia las que están siendo perseguidas [por Hitler], no una raza, ni una nacionalidad, ni una fe".
 
Sobre los millones de refugiados judíos, el New York Times dijo: "No tienen nada que ver con una raza o credo específico. No es un problema judío o gentil ".
 
Y notablemente en una editorial sobre el levantamiento del Gueto de Varsovia en 1943 el New york Times ¡no menciona a los judíos en absoluto!.
 
Leff también examinó las posturas y las actuaciones del personal editorial y de redacción del Times. En Nueva York la actitud tendenciosa hacia los judíos de Sulzberger fue compartida por otros empleados del periódico. Entre ellos algunos e influyentes editores nocturnos quienes decidieron minimizar, enterrar y disimular las noticias sobre las matanzas de judíos.
 
"Los judíos de Europa", concluye Leff, "no tuvieron ningún abogado defensor en la sala de redacción del New York Times” . 



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