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Vida judía


CONVIVENCIA - ¿AMAR PARA DAR O DAR PARA AMAR?
Por. Rav Isaac Sakkal



Cuatro aspectos fundamentales intervienen en la convivencia:

     1) Convivir con uno mismo, consistiendo  en la base para la convivencia con los demás; solo aquel que sabe convivir con sigo mismo autoestimándose, conociéndose, queriéndose, será capaz, entonces de querer y estimar a los demás.

     2) Convivencia con la pareja que es el prójimo mas cercano. Cuenta una antigua leyenda que cuando un alma desciende al mundo, la mitad se dirige al cuerpo de una niña y la otra mitad al cuerpo de un niño; finalmente estas dos mitades se unirán. De esta manera nuestra leyenda no estaría hablando de 1 + 1 = 1, cuando se forma una pareja, sino más bien de 1/2 + 1/2 = 1.

     3) Convivencia con los hijos (comunicación) que hoy en día se ve bastante afectada y difícil.

     4) Nuestra relación hacia los demás, amigos, parientes, etc.

La convivencia con uno mismo, es el más delicado y lo que más esfuerzo requiere. Es el trabajo interior.

     Desde épocas tan remotas como en los tiempos bíblicos se nos habla de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Convirtiéndose el acto de amar en un precepto, de esta manera sería imposible amar a otro si previamente no existiera un amor por mí mismo. El amor al prójimo es un reflejo del amor que tengo hacia mí. Por eso, aquel que no  se quiere, no se respeta, no se estima o no se tolera, difícilmente podrá querer, comprender o estimar a su semejante. Al margen de toda esta aclaración, puede ser cuestionable, el mandamiento de amar, ya que normalmente uno tiende a creer que este es un sentimiento espontaneo y que no puede ser forzado, es imposible imponer a otro que ame. Para entenderlo en la entera dimensión en la que fue planteado debe enfocarse desde un ángulo distinto al que estamos acostumbrados. Para esta postura bíblica, amor debe entenderse como dar. ¿Que tipo de relación existe entre dar y amar?  Por un lado puedo entender que yo doy a quien amo, (a mis hijos los amos por eso les doy), y por otro opuesto: amo a quien me da Todo amor que depende de algo no puede ser un amor perdurable, ya que al desaparecer el causante de dicho amor, este desaparecerá.

     En contrapartida, un amor que no depende de nada, es el que no termina nunca. Aquel que posee un amor comprendido bajo estos parámetros, cuando se le pregunte: ¿Por que amas a tal persona? responderá sencillamente: "No se", ya que es poseedor de un amor verdadero, inexplicable, que no tiene ningún motivo.

     Existe una tercera posición con respecto a quien amo: amo a quien le doy. El amor no es la causa del dar sino más bien la consecuencia de esto. De esta manera sí podemos comprender que amar figure en forma imperativa.

     Se debe aprender a dar para poder amar. A un hijo no se lo ama solo porque nació de su propio vientre, sino, esencialmente por todo lo que uno le da. La casa en la que habitamos, nos gusta por todo lo que en ella invertí. El amor se convierte en un producto del dar.

     Si amor es dar, entonces la pregunta es: ¿Cómo dar? Si tengo 100 pesos para dar de caridad es más conveniente dar 10 pesos cada día, porque de esta manera acostumbro mi ser a dar, estoy educándome para dar, aunque sea poquito cada vez. No lo hago solo por el, sino que lo hago por mí. Y no le estoy dando por lástima, sino que lo hago por mi propia educación del amar, porque si sólo doy al que inspira en mí un sentimiento de lástima, entonces algún otro necesitado que recurra a mí y no me despierte ese sentimiento se irá sin recibir de parte mía la más mínima ayuda; esta conclusión es fácil de predecir ya que se trata de un amor selectivo y condicionado por un sentimiento de lástima. Lo que se pretende demostrar que el más alto grado del amor es aquel que no depende absolutamente de nada.

     Aquel que ama da, alguien que da vive. Un curioso ejemplo para ilustrar esta afirmación, es el nombre que fue dado a un mar en la Tierra de Israel, nos referimos al Mar Muerto, este lago recibe sus aguas del río Jordán y este a su vez del lago Kineret en la Galilea, pero contrariamente a los demás mares, el Mar Muerto no vierte sus aguas a ningún otro mar o río, recibe pero no da, por lo tanto fue llamado muerto, pues alguien que no brinda lo que posee es como si estuviera muerto.

     Si analizamos el caso de una pareja tipo, ambos están más preocupados por recibir que por dar.  Por ejemplo, imaginemos un día en esta pareja: EL hombre que llega del trabajo a la casa, ¿Que piensa cuando sube por el ascensor?  Seguramente estará pensando en lo que le servirán de comer en que lo atiendan, en tener un buen recibimiento; en definitiva está pensando en RECIBIR. ¿Y que pasa con su mujer? Ella estuvo todo el día atendiendo y cuidando a sus tres hijos, cocinando, limpiando, todo el día "encerrada" en su casa; ella también estará esperando un poco de paz, una charla con su marido, que le cuente que paso en su día que hizo, en descansar un poco y en tener un poco de paz. Naturalmente los dos están concentrados en recibir y con razón. Pero es ahí donde surgen los conflictos, el hombre después de todo el día en la oficina lo que menos quiere es hablar de eso lo que pretende es descansar y dormir y ella quiere charlar sobre lo que el hizo, cada uno está pensando en su parte.

     La clave de la CONVIVENCIA en general, es entender y saber asumir, practicar y comprender, tenemos una naturaleza pero que tenemos que vencer esa tendencia. EL hombre es sobrenatural puede doblegar sus impulsos, puede ser diferente a como es; porque si siempre se guiase por su naturaleza entonces sería como un ser vivo más, que se guía por su instinto. EL hombre es el único ser que tiene la capacidad de ser diferente, de cambiar, de progresar y no quedarse con su naturaleza. Aquí es donde aflora la libertad del hombre, el libre accionar, en vez de pensar en mí, pienso en ella: ¿Que habrá hecho?, ¿Cómo estará?, ¿Que le gustaría que le diga?, ¿Que la pondría feliz?... En vez de pensar en lo que yo necesito recibir.

     Y el ¿cuando va a recibir? Dijo el rey Salomón con su sabiduría: Tal como las aguas reflejan la faz del hombre cuando en ellas se mira, así el corazón de un hombre se refleja en el otro, queriendo decir que la conducta del ser humano tiende a ser recíproca el hombre se inclina a imitar a sus semejantes. Aprendemos esencialmente del ejemplo y no de la predica. Así como yo me comporte con los demás, mi actitud se verá reflejada en ellos hacia mí, si soy paciente serán pacientes con migo, si sé escuchar me escucharán, etc.

     De esta forma si me preocupo por brindarme, entonces los demás se brindarán a mí, si doy, entonces también se preocuparan por darme, y así estaremos recibiendo. De esta manera vamos a estar dando, es decir que estaremos amando, en definitiva ... estaremos conviviendo en armonía. 




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