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Vida judía


Honrar y respetar a los padre
Por. Rav Yosef Bitton




¿Honrar o Respetar a los padres?
כבד את אביך ואת אמך
איש אמו ואביו תיראו


En la Torá hay dos preceptos que regulan la relación padres /hijos. El primero es: kabbed et abija ve-et imeja “Honra a tu padre y a tu madre”. Este es el quinto de los Diez Mandamientos.

Hay una segunda Mitsvá en el libro de Vayiqrá -Levítico- 19, 3, que dice ish immó veabiv tira’u, “El hombre debe respetar a su madre y a su padre”. Estas dos Mitsvot son diferentes y de hecho, se complementan entre sí, como veremos a continuación.

Comenzaremos por la Mitsvá de respetar a nuestros padres. El lenguaje que utiliza la Torá, que nosotros tradujimos por “respeto” es tira’u , que literalmente significa “temer”. Pero no se trata de tenerle miedo a los padres sino de respetarlos.

¿Cuál es la diferencia entre el temor y el respeto?
El temor se asocia a la idea de “miedo”, es decir, un sentimiento que está fuera de mi control y que generalmente nos paraliza. El “Respeto”, por el otro lado, es una actitud proactiva: considerar en nuestro comportamiento la autoridad de nuestros padres. 

RESPETAR
Respetar a los padres generalmente apunta a lo que NO debemos hacer .

Algunos ejemplos:

No puedo llamar a mis padres por su nombre particular.

No puedo desobedecer o faltar el respeto a mis padres.

Un hijo o una hija no deben sentarse en el lugar designado para su padre o su madre. Por ejemplo, en el lugar que la madre o el padre se sientan a la mesa o en un sillón o silla especial del padre o la madre; en el asiento del padre en la sinagoga, etc.

El respeto hacia los padres es una forma de establecer las líneas claras: “Yo soy el padre y tu eres el hijo: te amo, pero no somos iguales.”. Esta distancia es absolutamente necesaria para los hijos, no para el ego de los padres. ¿Por qué? Porque estos principios establecen límites y definen la autoridad, sin lo cual un niño no puede ser bien educado. En un sentido práctico, la Mitsvá de “respetar” a nuestros padres se aplica principalmente cuando somos niños o adolescentes y dependemos de nuestros padres. Un niño judío se educa a actuar con disciplina y aceptar la autoridad de los padres lo cual eventualmente lo entrenará para aceptar la autoridad Divina. Solo cuando uno aprende a respetar a sus padres está preparado para respetar a Dios.  

HONRAR
La Mitsvá de “Honrar a los padres” es diferente. No se trata de lo que NO nos está permitido hacer hacia nuestros padres, sino de lo que debemos hacer hacia nuestros padres. Básicamente, honrar a nuestros padres significa cuidar y ocuparnos de nuestros padres. Este es el quinto de los Diez mandamientos.

Nuestros sabios explicaron que honrar a los padres incluye por ejemplo ayudar a nuestros padres, visitarlos, acompañarlos, llevarlos y traerlos, y si fuera necesario, darles de comer y vestirlos. Esta Mitsvá hace hincapié en el deber de gratitud y reconocimiento hacia quienes nos alimentaron, nos vistieron y cuidaron de nosotros cuando éramos niños.

Como el lector podrá apreciar, el respeto a los padres se aplica principalmente cuando los hijos dependemos de nuestros padres. Mientras que honrar a los padres se aplica principalmente cuando nuestros padres son mayores y dependen de los hijos.


Veremos algunos ejemplos de cómo honrar a nuestros padres
 
LOS NOMBRES DE NUESTROS HIJOS

Nombrar a nuestros hijos con el nombre de nuestros padres es considerado una de las formas más significativas de honrar a nuestros progenitores. Esta es una tradición muy antigua (registrada en la Torá por primera vez con Najor, el padre de Téraj, y hermano de Abraham Abinu), y muy cuidadosamente mantenida en las comunidades Sefaradíes. En general, se acostumbra a nombrar primero al padre o a la madre del esposo y luego al padre y a la madre de la esposa.

En la tradición Ashkenazí, sin embargo, NO se nombra a los hijos con los nombres de los abuelos, mientras estos últimos están con vida. ¿Por qué? Es un asunto puramente práctico. Recordemos que no se permite llamar a nuestros padres por su nombre propio. Tenemos que llamarlos respetuosamente “Papá”o "Padre" , “Mamá”, "Madre", etc. Esta restricción, dicen algunos rabinos, incluye mencionar el nombre de uno de los padres, incluso cuando nos estamos dirigiendo a otra persona. Por ejemplo: si el nombre de mi padre es "Ya’aqob" y un amigo mío se llama Ya’aqob, no debería llamar a mi amigo por su nombre en presencia de mi padre, porque va a parecer como una falta de respeto mencionar el nombre propio de mi padre en su presencia. Similarmente, si mi padre Ya’aqob está con vida y yo llamo a mi hijo: “Ya’aqob”, inevitablemente, cada vez que yo llame a mi hijo en presencia de mi padre, de acuerdo a la tradición Ashkenazi se consideraría una falta de respeto hacia mi padre. Y es por este motivo --respeto a los padres-- que los Yehudim Ashkenazim no nombran a los hijos con los nombres de los abuelos, mientras están con vida.
 
VIERNES A LA NOCHE
En muchas familias los hijos le confieren un honor especial a sus abuelos y padres, especialmente el viernes por la noche, pidiendo y agradecido por su bendición. Luego del Quiddush los hijos e hijas se acercan a sus mayores para recibir su bendición. Los padres y abuelos bendicen a los hijos (aún cuando estos ya son mayores, casados, etc.) con la bendición de los Cohanim: “Que HaShem te bendiga y te proteja, etc.” Muchos padres también bendicen a sus hijos diciendo:“Que Dios te bendiga como a Efraim y Menashe, etc.” ,deseándole a sus hijos y nietos que se cumplan todos sus buenos deseos. Este gesto de honor, muy común en las familias sefaradíes, es que inmediatamente después de recibir esta bendición los hijos besan la mano de sus padres y abuelos. Si bien besar la mano es una costumbre que cayó en desuso en la sociedad occidental moderna (recuerdo haber leído varias veces en libros antiguos en español las siglas s.s.q.b.s.m o simplemente "qbsm". ¿saben lo que significa?), es considerado en la familia judía una señal de respeto y amor hacia nuestros mayores.
 
ALIYÁ LATORÁ
También es habitual que en la Sinagoga, cuando el abuelo o el padre son llamados para subir a la Torá, todos los miembros de la familia se levantan de sus asientos en honor a sus mayores. Este gesto de honor también es conferido cuando se llama a la Torá a los hermanos mayores, tíos u otros parientes. Cuando el padre o el abuelo regresan a su asiento una vez terminada su lectora de la Torá, los hijos y los nietos suelen besar su mano en señal de honor. Cuando un patriarca mayor de la comunidad es llamado a la Torá, no es raro encontrar a decenas de personas que se levantan en su honor
 
ASISTENCIA ECONOMICA
El Talmud (Quidushín 32) afirma que los hijos no están obligados a apoyar económicamente a sus padres cuando los padres tienen los medios para mantenerse.

Sin embargo, cuando los padres no pueden trabajar debido a que ya son demasiado mayores, y / o cuando no tienen los medios para mantenerse a sí mismos, es una gran mitsvá apoyar a los padres financieramente y proporcionarles, de acuerdo a los que los hijos puedan permitirse, alimentos, ropa, vivienda, y lo necesario para que vivan con dignidad. El apoyo económico a los padres en estas circunstancias debe ser asumido por todos los hijos, basado en las posibilidades económicas de cada uno.

Honrar a nuestros padres, y mantener su dignidad

כבד את אביך ואת אמך
 
Cuando nuestros padres son mayores y dependen de nosotros , debemos poner mucha atención en mantener su dignidad mientras nos ocupamos de ellos y los asistimos. Esta importante lección se aprende de un pasaje en el Talmud de Jerusalem, que afirma que “es posible que un hijo (o hija) le esté dando de comer a sus padres deliciosos manjares y aún así sea considerado un mal hijo; y es posible que un hijo fuerce a uno de sus padres a trabajar en la molienda, y sea considerado un buen hijo”.
 
El Talmud ilustra esta idea con dos historias reales:
 
En el primer caso, un hijo estaba alimentado a su padre diariamente con comida de lujo: carne, probablemente muy cara, de aves exóticas. Un alimento de reyes. Un día el padre le preguntó al hijo: “Hijo mío ¿de dónde me traes esta deliciosa comida? Y el hijo le respondió muy mal con desdén: ¡Cállate, viejo!. Un perro come lo que se le da en silencio. Y tu debes hacer lo mismo y comer tu comida sin hacer preguntas”. A este hijo, dice el Talmud, le estará destinado el infierno, ya que el esfuerzo material que está haciendo por su padre, no puede compensar por la humillación y el dolor emocional que le está causando a su padre al tratarlo de esta manera.
 
La segunda ilustración, también un caso real, se refiere a un hijo que trabajaba duramente en la molienda de su padre. Un día, el rey convocó a todos los campesinos al palacio y les exigió que vinieran a asistir al gobierno con un trabajo muy difícil, extraer metales de las minas, por ejemplo, que era algo mucho más difícil (y en condiciones humillantes) que trabajar en la molienda. El rey obligó a cada familia a enviar un trabajador. El hijo decidió que él se ofrecería a trabajar para el rey, y le dijo a su padre que tomará su lugar en la molienda de la familia, para que el padre no tuviera que hacer esos trabajos forzados e indignos. La Guemará dice que irónicamente, este hijo que “envió a su padre a trabajar a la molienda”, heredará el paraíso. Porque al ponerlo a trabajar allí, le evitó a su padre una gran humillación. 
 
La gran lección que nos enseñan los Sabios es que en el tema de honrar a los padres (como en muchos otros temas) debemos mantener integra la dignidad de nuestros padres, y saber que por lo general a los padres, en el plano emocional, les cuesta mucho (muchísimo!) aceptar cualquier ayuda de los hijos. Y eso los hace muy sensibles a la forma en que esa ayuda se ofrece y se presenta. 
 
Cuando un hijo o hija ayuda a sus padres debe hacerlo con alegría, y no como una carga, y con un lenguaje corporal positivo. Si un hijo ח“ו hace sentir a sus padres “que son una carga” mientras los ayuda, el dolor emocional que causa a los padres no solo es inmensurable sino también, posiblemente, irreparable…
 
Los Sabios nos exhortaron a hablar a nuestros padres con dulzura, y con el respeto que se le debe a una autoridad superior.
 
 
RAB YOSEF BITTON
Manhattan Beach, NY.

 




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