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Minisite sobre Elul y los Yamim noraim


¿QUIEN SE SENTO EN MI LUGAR?
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



Dos personas llegaron al Beit Hakneset en la noche de Rosh Hashana, y para la sorpresa de ambos, debido a un error del “gabai”, tenían asignado el mismo lugar. Fueron casi corriendo a ver al gabai, el que con mucho pesar reconoció su error pidiendo sus disculpas. Pero las disculpas no alcanzaban, había que solucionar el problema, pero ¿cómo? No había forma de convertir un lugar en dos ni tampoco había dos lugares que puedan considerarse iguales en importancia, y aunque así fuera, también estaban ocupados. Por eso, el error no podía volver hacia atrás, lo único que podía pedirle a ambos el gabai es que alguno de ellos renunciara por su propia voluntad al lugar que había comprado.

Para los rezos de la noche no había gran problema, el Beit Hakneset no estaba lleno, y resultaba fácil conseguir otro lugar incluso más importante que el que era cuestión de discusión. El problema serio llegaría por la mañana, cuando el Beit Hakneset estaría lleno de punta a punta y no habría lugar ni para un alfiler. Uno de los dos tendría que ceder y aceptar un lugar en el fondo del Beit Hakneset o en un rincón olvidado, y ninguno estaba dispuesto a resignar el lugar honorable que los dos adquirieron. No había razón para seguir discutiendo durante la noche, mejor sería dejar el tema para el otro día…

Y sucedió que durante la noche, uno de los dos hombres que discutían por su lugar tuvo un sueño. Se encontraba aparentemente en un lugar del cielo, solo, en medio de una oscuridad absoluta. Solamente veía delante un largo camino que conducía quién sabe a dónde, no distinguía ni dirección ni destino, y si lograba ver algo, tampoco conocía el lugar, todo estaba muy oscuro, y demasiado extraño.

Empezó a andar por el camino, y de pronto, escucha un ruido ensordecedor por detrás. El ruido se acercaba cada vez más, y cuando vio que algo se acercaba rápidamente por el camino, se corrió a un costado. Era una caravana de carruajes repletos de ángeles blancos, tan blancos como la nieve. Avanzaba a gran velocidad, y así como apareció repentinamente, también desapareció rápidamente entre la oscuridad. El hombre regresó al camino y siguió su rumbo indefinido. Un rato más, otra vez ruido, más ruido, y otra caravana de carruajes llenos de ángeles blancos, aunque esta vez no tan blancos como la nieve, y además ahora había grandes y pequeños, no como antes que eran todos muy blancos y del mismo tamaño. Pero a continuación de la gran caravana con ángeles blancos, venía otra caravana inmensa, llena de ángeles negros que quien los veía solamente podía sentir mucho miedo. Y pasaron, y el hombre volvió otra vez al camino, pero esta vez, empezó a apurarse, porque todo esto le despertó el interés, y quería saber algo más.

Se apuró, corrió, hasta que llegó a un lugar muy amplio, donde estaban estacionados todos los carruajes que había visto pasar. Los ángeles estaban descendiendo de los carruajes y se dirigían a una gran balanza que estaba emplazada en el centro del lugar. A medida que llegaban, comenzaron a subir a la gran balanza.

Y el hombre todavía no entendía lo que pasaba allí, hasta que alguien le explicó: hoy es Rosh Hashana y este es el Tribunal Celestial donde juzgan a cada persona, y ahora mismo están juzgando a alguien. Los ángeles que suben a la balanza fueron creados por este mismo hombre, con los preceptos que cumplió y con los pecados que cometió durante su vida, como está escrito en la Mishna: cuando una persona cumple un precepto “compra” un ángel que lo defenderá en el Día del Juicio, y cuando, lo alenu, peca, también “compra”, pero ahora compra un ángel que lo acusará. Estos son los ángeles blancos, los defensores, y los negros, los acusadores. Y cuando el precepto que cumplimos, lo cumplimos con todos sus detalles, completo, habiendo estudiado bien todas las leyes concernientes al precepto, y cuidando sus pormenores en el momento de la realización, hemos creado un gran ángel blanco, grande y muy gordito, que cuando sube a la balanza hace mucha fuerza para nuestro bien en el Juicio. En cambio, cuando no fuimos detallistas en el cumplimiento del precepto, nuestro ángel será pequeño, o defectuoso, o carente de algunos miembros, o al menos, flaquito.

Algo parecido ocurre con los pecados. Si fueron hechos con intención, o sintiendo provecho al hacerlo, hemos hecho nacer, lo alenu, un ángel negro bien grande y pesado, distinto será cuando el pecado fue sin intención o en un caso de impotencia o emergencia, donde los ángeles serán pequeños o delgados.

Después de escuchar la explicación, se acercó a los carruajes, y efectivamente vio que sobre cada ángel había una tarjeta que lo identificaba, con el nombre del precepto o el nombre del pecado. Sobre los ángeles blancos estaba escrito: estudio de Tora, rezos, honrar al padre y a la madre, favores a sus semejantes, cuidado del Shabat, etc. Y sobre los ángeles negros las tarjetas tenían escrito: anulación del estudio de la Tora, maledicencia, chismes, profanación del Shabat, robo, envidia, etc.

Y los ángeles blancos iban subiendo de un lado de la balanza y los negros en el otro lado. Y mientras la balanza se inclinaba hacia uno y otro lado, el hombre tuvo de pronto interés en saber quién era la persona que se estaba juzgando en ese momento. Y cuando le contestaron que el hombre que ahora juzgaban era él, casi se desmaya, sintió un gran miedo, empezó a temblar y a transpirar, más al ver que casi todos los ángeles ya estaban sobre la balanza, y la balanza estaba demasiado inclinada hacia el lado de los ángeles negros. Y él sabía muy bien, que si todo seguía como hasta ahora, si ese sería el resultado final, su veredicto sería como el de los hombres malvados, por eso su miedo aumentaba, como también sus temblores y su transpiración.

Y allí había alguien que dirigía el Juicio, y preguntó en voz alta si todavía quedaban más ángeles que no habían subido a la balanza. Y se escuchó otra voz que contestó: NO! Y volvió a preguntar: ¿acaso este hombre no tuvo sufrimientos durante este último año? Ya que si los tuvo, puede haber más ángeles que sumen méritos…

Después de hacerse oír esto, apareció una nueva caravana de ángeles blancos creados a partir de los sufrimientos que tuvo este hombre en el año que pasó. Estos ángeles subieron a una balanza separada de la gran balanza, y de acuerdo al peso registrado por ellos, hicieron bajar de la gran balanza igual peso de ángeles negros. Y esto resulta de la explicación: los sufrimientos eliminan o borran los pecados de las personas, por eso de acuerdo al peso de dichos ángeles, sacaron de la gran balanza igual peso de ángeles negros.

Ahora, parecía que la cosa no era tan terrible. Gracias a los sufrimientos que tuvo durante el año, ahora estaban bajando de la balanza montones de ángeles negros, y podría ser, que la inclinación cambie de sentido. Todo iba muy lento, y del estado de desesperación, pasó al estado de tensión, por la incertidumbre al no saber si los sufrimientos fueron suficientes para sacar de la balanza la cantidad necesaria de ángeles negros. No sabía qué podía pasar, había tres posibilidades, podía lograr inclinar la balanza hacia el lado de los blancos, consiguiendo un buen veredicto, o quedaría mitad y mitad, indefinido, o, lo alenu, quedaría como antes, con los malvados…

Y quien dirigía el Juicio volvió a gritar: todo el que rompe sus cualidades (el que deja pasar las cosas sin ser meticuloso con los demás), lo perdonarán de todos sus pecados (tratado de Ioma, hoja 23a). ¿Qué quiere decir esto? Que en un instante, podemos inclinar la balanza, no importa dónde esté, y salir airosos en el Juicio…

Este resulta ser un momento de prueba para cada uno de nosotros. Este hombre que ahora está siendo juzgado, enfrenta la pregunta del millón, deja o no deja pasar las cosas. Y del cielo envían un ángel que está encargado de probar a las personas, para verificar si este hombre es meticuloso o no con sus compañeros. El ángel aparece en escena para probar al hombre juzgado, y para esto crea una situación donde su nombre está anotado en el Beit Hakneset en el lugar donde está sentado otro hombre. Ahora, dicen desde el Cielo, veamos si se mantiene firme o si perdona y deja pasar la situación sin perturbar a nadie (y que se haya creado esta situación no es casualidad).

La “foto” era demasiado clara, no cabía ninguna duda del mensaje, debía aflojar, ceder, no podía mantenerse firme y exigir su lugar. De pronto se despertó del sueño gritando: Yo doy un paso al costado! Dejen el lugar para mi compañero!

Pude comprobar, dijo más tarde, la gran fuerza que tiene el no mantenerse firme y caprichoso, el tener la capacidad de ceder en el momento preciso. Como esta gran cualidad de no ser meticuloso con nuestros semejantes puede inclinar nuestro veredicto en el Día del Juicio!

Por la mañana, se levantó bien temprano, y cuando llegó al Beit Hakneset le pidió al gabai que le dé cualquier otro lugar para sentarse, no importaba cuál. Puede ser que el lugar no haya sido el mejor, pero no cabe ninguna duda que sus rezos llegaron al lugar más alto del Cielo, que desde ese lugar no tan bueno, salió un rezo puro y sincero, de quien supo ceder y así lograr una elevación que no tiene medida

El relato se basa en un hecho real que ocurrió en la época del Rashash ztz”l

Lekaj Tov.

 

Leiluy Nishmat  

Alberto Abraham ben Amalia  ז"ל




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