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Entendiendo


La Amistad, el Amor y la Unidad
Por. Rav Noaj Weinberg ztz"l





“No te vengues ni guardes rencor.  

Ama a tu prójimo como a ti mismo.

Yo soy D'os” (Levítico 19:18).

 

"Ama a tu prójimo como a ti mismo" es uno de los principios fundamentales de la vida judía.

A pesar de que muchas personas, equivocadamente, creen que este principio es un ideal cristiano, realmente es un mensaje que los judíos han transmitido al mundo.  Antes de esto, el mundo vivía bajo la regla de "el poder nos da derecho".  "Ama a tu prójimo" es uno de los 613 mandamientos y es central en la vida judía.  Examinando esta mitzvá en profundidad, descubriremos algunos de los grandes secretos para tener una exitosa relación con el prójimo.

Sin embargo, esta es también una de las mitzvot de la Torá más mal entendidas.

¿Cuál es la definición de esta mitzvá?  ¿Cómo la cumplimos?  Además, el hecho de que "amar a tu prójimo" es una obligación de la Torá despierta preguntas fascinantes:

Pregunta uno: ¿Cómo el amor puede ser una obligación?    O tú amas a alguien o no lo amas.  ¿Es posible legislar una emoción?  Es algo que no puedes obligarle a hacer a otro!

Pregunta dos: El mismo versículo en la Torá que obliga amar al prójimo también dice: “no te vengues ni guardes rencor".  ¿Qué relación tiene vengarse o guardar rencor con amar al prójimo?  ¿Por qué estos mandamientos están juntos?

Pregunta tres: En hebreo "ama a tu prójimo" es mejor traducido como "ama a tu amigo" (reajá), ¿por qué la Torá se refiere a nuestro prójimo judío como amigo?

Pregunta cuatro: ¿Por qué el versículo dice "ama a tu prójimo como a ti mismo"?  La Torá nunca usa palabras extras, la frase "como a ti mismo" ¿qué viene a agregar?

Pregunta cinco: El versículo termina con las palabras "Yo soy D'os".  ¿Qué tiene esto que ver con el tema de amar al prójimo?

Ahora que tenemos todas las preguntas sobre la mesa, comencemos a buscar las respuestas.

 

¿Es Posible Obligar a Amar?

Si nosotros pensamos acerca de esto, nos daremos cuenta que, de hecho, hay ciertas personas a las cuales nos obligamos a amar, e incluso nosotros pedimos a otros que amen a alguien.  Por ejemplo:

Imagina que tienes dos hijos, y uno de ellos te dice, "yo odio a mi hermana".  

¿Tú le dirás: "Entiendo.  Está bien.  Puede pasar"?

"No!!" - le dirás - "No hables de esa manera!  Tú tienes que amar a tu hermana!".

Él te dirá - "Pero yo sólo te digo la verdad.  ¿Cómo puedo amar a esa pequeña mocosa?".

Entonces, tú le dirás: "Tienes que amar a tu hermana!".

Nosotros sabemos que nuestros hijos deberían amarse unos a otros.  Entonces tú le preguntas: "¿Por qué odias a tu hermana?".

"Porque ella tomó el pedazo más grande de pastel", o "ella tomó mi goma de borrar sin pedirme permiso", o "ella me movió la silla" (tienes que tener hijos para entender esto).  Y si esto sigue así perderás tu paciencia y le dirás: "¿Esta es la razón por la cual odias a tu hermana?!  No tiene sentido!  Tú debes amar a tu hermana!".

El padre no está sugiriendo simplemente que el hermano ame a su hermana, él está ordenándole.  Entre hermanos y hermanas, el amor no es algo que preferimos que ocurra, es algo que esperamos que ocurra.  Nada en el mundo debe impedir este amor.

A pesar de que a primera vista, demandar “amor” suena imposible, es algo que la mayoría de nosotros hacemos en nuestra vida diaria.  Aún más, es precisamente aceptando sobre nosotros la obligación de amar a alguien que comenzamos a entender el proceso de cómo amar.

Por ejemplo, pregúntale a cualquier pareja que están esperando un bebé si ellos planean amarlo.  Ellos contestarán: "Por supuesto!".

Pero ¿cómo ellos saben que van a poder amar a ese niño?  ¿Qué pasaría si el niño sale tan obstinado como el hijo del vecino?

"No importa" - ellos dirán - "nosotros encontraremos algo por lo cual amarlo".

No importa como el hijo salga, los padres serán capaces de encontrar algo por lo cual amarlo, pues los padres están naturalmente comprometidos a amar a sus hijos, y es por eso que ellos deciden pensar principalmente en las cosas buenas que tiene el niño.

 

Judíos, Griegos y la Definición del Amor

Antes de comenzar a hablar sobre los elementos que componen el amor, primero necesitamos definir qué es el amor.

El judaísmo define al amor como: "El placer emocional que uno siente al encontrar virtudes en otra persona e identifica a la persona con esas virtudes".

Es por eso que la emoción del amor depende de cómo uno ve a la otra persona.  Si nosotros escogemos enfocarnos en las virtudes del otro - lo amaremos, pero si escogemos enfocarnos en sus deficiencias, nos desagradará.

Esto explica cómo la Torá puede obligarnos a amar.  La manera que nosotros elegimos ver a los demás está completamente bajo nuestro control.  Para lograr sentir amor, la Torá nos obliga a mirar las virtudes de los otros, y por extensión, nosotros los amaremos, pues cuanto más conozcamos a alguien y sus virtudes, más profundo será nuestro amor.  

El concepto judío del amor contrasta muy fuertemente con la noción occidental del amor.  La cultura occidental está muy influenciada por ideologías seculares.  Probablemente la influencia más fuerte sobre nuestra visión del amor viene de los griegos.  La idea griega del amor está representada por el dios Cupido, que se pasea revoloteando con sus alas, dispara una flecha y  listo! -  Jorge y Susy se enamoran perdidamente!  

Jorge no se enamoró de Susy después de haber obtenido un entendimiento profundo acerca de ella y su carácter.  El amor de Jorge hacia Susy no está basado en el compromiso y esfuerzo de revelar sus virtudes.

Este concepto de amor predomina en el mundo occidental y tiene una poderosa influencia en todas nuestras relaciones interpersonales.  Nos lleva a pensar que el amor no es más que una "ocurrencia" mística.  Tú no trabajas para amar a las personas - sólo ocurre o no ocurre.

En la conciencia occidental, el amor es un golpe de suerte sin rima o razón.  No conlleva ningún esfuerzo.  Por lo tanto, tan fácil como te “enamoras”, te puedes “desenamorar”.  Y no es sorprendente que esta filosofía haya producido una sociedad con un porcentaje de divorcios del 50%.

Jorge y Susy se casaron, tuvieron hijos, una casa grande, una hipoteca grande...  Jorge trabaja duro para pagar sus cuentas, quedándose tiempo extra en la oficina.  Una noche, mientras Jorge está trabajando hasta tarde en la oficina con su secretaria Carol, Cupido entra y le dispara una flecha.  Boing!  Ahora Jorge se enamoró de Carol, su secretaria.

Jorge regresa a su casa y le dice a Susy: “¿Qué puedo hacer, mi vida?  Algo me flechó y me enamoré de la secretaria”.

Entonces, Susy sale y entra Carol.

Esto es amor al estilo griego!!  El amor no es algo que escoges, es algo de lo cual eres una “víctima”.  Entonces si quieres estar casado, todo lo que puedes hacer es esperar no ser flechado por Cupido otra vez!  

La visión judía, por otro lado, es que el amor está basado en un entendimiento de las virtudes del otro.  Cuando las personas se comprometen a pensar en las virtudes del otro, ellas no se "desenamoran".  Es exactamente por esto que muy pocas personas abandonan completamente a sus hijos.

Pregúntale a un padre: "¿Alguna vez tus hijos te han despertado en la mitad de la noche?".

"Sí".

"¿Alguna vez has perdido tu temperamento y pensaste: Me encantaría estrangular a este pequeño monstruo?".

"Bueno… ocasionalmente… ocurre… yo soy humano".

Pero al preguntarle: "¿Todavía amas a tus hijos?".

Él te contesta: "Por supuesto, yo amo a mis hijos".

Vemos que ningún padre se levanta en la mañana y dice: “He decidido que me gustan más los hijos del vecino.  Ellos no tosen en la noche y tienen mejores resultados en matemáticas".  

Nosotros no nos desenamoramos de nuestros hijos porque entendemos que el amarlos no es sólo una “ocurrencia”.  No dejamos de preocuparnos sobre nuestros hijos porque nos hicieron enojar.  Aceptamos la obligación de amarlos a pesar de la irritación.

Si nos comprometiéramos de la misma manera con el matrimonio y las amistades estaríamos mucho mejor.  Esta es la manera judía de amar.

 

No Te Vengues Ni Guardes Rencor - y Ama a Tu Prójimo

Volvamos a nuestras preguntas.  Hay tres mandamientos en este versículo: No te vengues, no grencor y ama a tu prójimo como a ti mismo.  ¿Por qué estos tres mandamientos están en el mismo versículo?  

Al yuxtaponer estos mandamientos la Torá nos está revelando otros secreto de cómo amar.  

Si tú te entrenas para no intentar "empatar" (vengarte), entonces tu no te molestarás en recordar cosas erróneas que otras personas te hicieron (guardar rencor).  Entonces, todo lo que te queda es enfocarte en las cosas buenas.  Nada negativo te impedirá ver las virtudes del otro y amarlo.

Tomemos un ejemplo para entender cómo el resentimiento nos impide amar a otros:

Imagina que alguien te dice: "Yo odio a mi padre.  Yo no he hablado con él por años".

Si tú le dices a él lo siguiente: “Pero… ¿qué pasaría si fueras atropellado por un coche acabando en el hospital, y estaría por verse si quedarás paralizado de por vida o no?  ¿Quién viajaría 10000 millas para asegurarse de que tengas los mejores doctores?  ¿Quién dejaría todo de lado y dedicaría su vida para ayudarte?".

"Yo creo que mi padre".

"Bueno, ¿tú odias a ese hombre?".

"No, creo que no".

Entonces, formar o destruir una relación depende de tu enfoque.  Si te deshaces de tus resentimientos, es fácil amar.  El resentimiento es veneno.

Y si ahora le dices al muchacho: "Si, D-os no quiera, escucharas que tu padre murió.  ¿Cómo te sentirías?".

“Me sentiría terrible.  No le he hablado en años…”.

“Bueno, buenas noticias! Tu padre está vivo.  Llámalo y dile que lo quieres mucho!”.

Si quieres amar a tu esposa, a tus padres, a todos los judíos - si quieres amar a tu prójimo - no busques vengarte.

 

Para Evitar Vengarte, Toma Conciencia de que el Otro es Parte de Ti

El Talmud nos enseña cómo evitar vengarnos.  Si estás cortando una zanahoria y accidentalmente cortas tu dedo, ¿tomarías el cuchillo y deliberadamente te cortarías tu otra mano para vengarte?  Claro que no, porque tu otra mano es parte tuya.

Cuando nosotros apreciamos que todos somos un solo pueblo, entonces herir al otro - devolvérsela - es tan ridículo como herirse a uno mismo.  Es por eso que la Torá dice: ama a tu prójimo "como a ti mismo".  Si yo me doy cuenta de que yo y el otro somos parte de una misma unidad, entonces la venganza es tan tonta como cortarse la otra mano con el cuchillo.

Esto es tan importante que si nosotros no lo logramos por nosotros mismos, una fuerza externa nos hará darnos cuenta de que somos un solo pueblo.  Por ejemplo: los nazis (y Hamán también) no diferenciaron entre los distintos tipos de judíos.  Nos vieron a todos como un solo pueblo.  Obviamente que tener que aprender esto de nuestros enemigos es algo muy duro.  Es por eso que debemos aprenderlo por nosotros mismos.  Nosotros debemos aprender a amarnos unos a los otros como hermanos y hermanas.

Esto es lo que el Todopoderoso quiere de nosotros.  ¿Recuerdas la canción favorita de la escuela?  "Ine-ma-tov-u-ma-naim…" - "Qué bueno y agradable es cuando los hermanos están juntos".

Esta dinámica es natural entre padres e hijos, pero aquí tienes un secreto especial: el marido y la esposa pueden convertirse en "uno" - más que padres e hijos.  La clave para el matrimonio es darse cuenta de que necesitamos trabajar para crearlo.

Este concepto de unicidad, de unidad, nos lleva a nuestra próxima pregunta:

¿por qué la Torá se refiere a nuestro prójimo judío como amigo?

 

Una Historia de Verdadera Amistad

En el tiempo del Imperio Romano, dos jóvenes judíos habían crecido juntos y se habían hecho grandes amigos.  Después de un tiempo, la mitad de la tierra quedó en control del imperio romano y la otra en control del sirio.  Ellos se casaron y cada uno se quedó viviendo bajo un imperio distinto.  Sin embargo, siguieron siendo amigos muy cercanos.

Una vez, cuando el joven de Roma estaba visitando Siria , alguien falsamente lo acusó de ser un espía.  Entonces lo trajeron al emperador Sirio y lo sentenciaron a muerte.

Mientras estaba siendo llevado para ser ejecutado, le preguntaron si tenía algún último pedido.  Entonces el hombre pidió: “Por favor, déjenme regresar a Roma y arreglar mis negocios y despedirme de mi familia.  Después regresaré y me podrán ejecutar”.

El emperador se rió -  “¿Estás loco?  ¿Qué garantía tengo de que regresarás?”.  El judío le dijo:  “Tengo un amigo en Siria que se quedará en mi lugar hasta que yo regrese.  Él será mi garantía.  Si no regreso lo matarán a él en mi lugar”.

El Emperador estaba intrigado.  “Esto lo tengo que ver.  Bueno, trae a tu amigo”.

El judío sirio fue llamado.  Muy seguro aceptó tomar el lugar de su amigo en la prisión y ser matado en lugar de su amigo si el otro no regresaba.

El emperador estaba tan asombrado de ese arreglo que aceptó dejar ir al judío romano.  “Te daré 60 días.  Si no estás de regreso para el amanecer del día 60 tu amigo está muerto”.

El judío romano se apresuró a despedirse de su familia, poner sus cosas en orden y regresar.  Después de un tiempo muy agitado y muchas lágrimas, empezó su viaje con mucho tiempo de anticipación.  Pero aquellos días eran días de navegación a vela, y se podía esperar al viento correcto durante mucho tiempo.  Como no pudo ser de otra manera, no hubo viento por varios días, y el barco se retrasó.  Para el tiempo que el judío romano llegó a Siria, el amanecer del día 60 estaba comenzando.

Como fue acordado, los guardias tomaron al judío sirio para ejecutarlo.

En esos días, la ejecución era un evento de gala.  Temprano en la mañana el público empezaba a juntarse.  Finalmente, mientras estaban a punto de realizar la ejecución, el judío romano llegó corriendo diciendo: “Esperen, aquí estoy, no lo maten!”.

Pero el judío sirio protestó: “No lo pueden matar a él, llegó muy tarde, y yo soy la garantía.  Me tienen que matar a mí en su lugar”.

Cada uno se mantenía firme en su posición: “Mátenme a mí”.  “No, a mí en su lugar”.  El ejecutor no sabía qué hacer.  El público estaba escandalizado!

Finalmente el emperador fue llamado.  Con asombro y sorpresa se volteó hacia los dos judíos y les dijo: “Los voy a dejar libres a los dos con una condición.  Que yo pueda ser su tercer amigo!”.

Esto es amistad para el judaísmo, y esto es lo que la verdadera unidad nos brinda.

Es por esto que el mismo versículo de la Torá que dice "ama a tu prójimo", también dice "yo soy D'os".  La unidad y la amistad entre los hijos de D'os es tan preciada que D'os dice: "Si ustedes se aman unos a otros, Yo quiero ser su tercer amigo", lo que significa que si estamos unidos, tenemos el poder de D'os detrás nuestro.  Y podemos ver ejemplos de esto en la historia judía:

El rey judío Ajav, a pesar de que era malvado, tuvo más éxito en las batallas que cualquier otro rey.  ¿Por qué?  Porque bajo el reinado de Ajav, el pueblo judío estaba unido.  La unidad es la cualidad que D-os más desea para sus hijos.

Y por el contrario, cuando el pueblo judío está peleando contra sí mismo, pierde el poder de D-os.  Entonces, el peor enemigo del pueblo es que haya lucha interna, pues de ser la fuerza predominante que puede hacer que el mundo retorne hacia D-os, nos convertimos en una colección importante de individuos auto-absorbidos.

Cuando estamos unidos, el Todopoderoso está con nosotros.  Si estamos divididos, nos quedamos solos.

Biografía del autor:

Rav Noaj Weinberg fue el fundador y director de Aish HaTorah Internacional. Por más de 40 años con sus programas educacionales atrajo a cientos de miles de Judíos de vuelta a su herencia.

Que la lectura de este artículo sea un mérito para elevar su alma.





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