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Shabat Shalom


La Nueva Hoja - PERASHAT REE
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס"ד

¡TODO ES DE ELLA!

“tu ojo no le tendrá lástima” (Devarim 13,9)

Nuestros días, son los días “próximos a la venida del Mashiaj”, como dicen nuestros sabios, de bendita memoria (Sota 49b): “saldrá la última moneda del bolsillo, y los frutos aumentarán su valor”.

¿Quién no se preocupa y se esfuerza por el sustento? ¿Quién no lucha contra las deudas que debe saldar? Y más, cuando los alimentos suben sus precios. Todos corremos, ocupados, tristes. Nuestras cabezas se concentran en los negocios. Y si preguntamos qué ocurre con los cursos de Tora, sobre un poco del mundo venidero, nos mirarán con extrañeza. ¿De qué me estás hablando? Si ni siquiera tengo tiempo para respirar…

Pero, va a llegar el día, en que las corridas terminarán. Y sobre ese día, dijeron nuestros sabios (Ioma 35b): el pobre se presentará al Juicio, y le preguntarán: ¿por qué no te ocupaste de la Tora?

-¿Qué pregunta? Estuve ocupadísimo, los problemas sobrepasan la altura de mi cabeza.

Por eso, él contesta: yo fui pobre, y estuve ocupado para conseguir el sustento. No es suficiente que no tuve provecho de este mundo, ¿también tendré que sufrir en el mundo venidero?...

¿Y qué le preguntarán?

-¿Acaso fuiste más pobre que Hilel Hazaken?

Hilel era leñador, y cada día ganaba un “trefik” (aproximadamente 10 shekalim, unos 3 dólares). La mitad la entregaba al cuidador que estaba en la entrada del Beit Hamidrash (casa de estudio), que cobraba la entrada para cubrir los gastos de limpieza y mantenimiento, la iluminación y la calefacción. Así podía entrar a escuchar las clases de tora de Shmaiah y Avtalion, los grandes rabinos de la generación. La otra mitad de su salario, lo utilizaba para el sustento de su familia. Con 5 shekalim (o dólar y medio), pan para comer, con suerte…

Un día viernes, cayó una espesa nieve, y no pudo cortar leña. No tenía dinero para los gastos de Shabat, ni tampoco dinero para entrar a estudiar.

¿Qué hizo?

Se trepó al techo del Beit Hamidrash para escuchar la clase de Tora a través de la claraboya. Cayó la nieve sobre él, metro y medio de nieve, y quedó prácticamente congelado, a punto de morir si no se daban cuenta de que había quedado atrapado allí.

Así floreció un “grande” en Tora en el pueblo de Israel, Hilel Hazaken. Y dijeron (Sanhedrin 11b) que era digno de que la Divinidad se pose sobre él, como lo hizo con Moshe Rabenu…

Y cuando un pobre se presenta al Juicio, no puede poner excusas. No fue más pobre que Hilel Hazaken…

Pero no, no le exigirán que sea otro Hilel Hazaken. Pero si Hilel se sacrificó tanto para acercarse a Hakadosh Baruj Hu, a pesar de su pobreza, al menos, todo hombre puede sacrificar una hora al día para asistir a una clase de Tora…

Dijo un iehudi grande: iehudim como Hilel, que se conforman con lo poco entre lo poco, y todo su interés está en el estudio de la Tora. Que obtienen un “trefik”, un salario de hambre, y entregan la mitad para entrar a estudiar al Beit Hamidrash. Iehudim como éstos, todavía pueden encontrarse, y ellos son los que mantienen encendida la Luz de la Tora, su mente vuela y sus ojos brillan. Pero, ¿dónde encontrar la rabanit como la esposa de Hilel, que se conforma con el medio “trefik”?...

Es una pregunta fuerte, pero tiene respuesta: en nuestros días, en nuestra generación.

La rabanit, la justa mujer, la señora Margalit, Aleha Hashalom, esposa del Maran Harishon Letzion, rabi Ovadia Iosef ztz”l.

En una casa muy pequeña de un solo cuarto (o sea, comedor, habitación y cocina, todo junto) vivieron con un hijo, dos, tres y cuatro… Y no dijeron: el lugar es muy estrecho… Ella no empujó al esposo para que saliera a trabajar, sino que le dio la posibilidad de que estudie sin molestias. Era un joven estudiante, con poco más de veinte años, cuando sus rabinos, entre ellos rabi Ezra Atie, rabi Iaacov Ades y el gaon hamekubal rabi Efraim Cohen ztz”l, fueron a visitarlo en Jol Hamoed, y no pudieron entrar a su casa por lo pequeña, porque el armario, la mesa y la cama, llenaban todo el cuarto. Por eso rabi Ovadia salió al patio a recibirlos…

Una vez llegó un iehudi en la víspera de Pesaj, en la tarde, y vio al Maran concentrado en su estudio, con decenas de libros abiertos frente a él. Se asombró y dijo: ¿cómo es posible estudiar a esta hora?

Y contestó: usted debe asombrarse no de mí, sino de la rabanit, que se ocupa de todo el trabajo de la casa, y me da la posibilidad de estudiar Tora sin que deba preocuparme por nada…

Cuentan sobre la vez que se enfermó uno de los niños. La rabanit lo llevó al médico, y de allí al hospital. Lo internó en el hospital sin contarle a su esposo. No le pidió que la acompañe, para que no se distraiga de sus estudios de Tora. Así siguió estudiando, ocupándose de la Tora con gran profundización.

En el Beit Hakneset (casa de oración) le preguntaron por la salud de su hijo, y así supo que estaba internado…

La Guemara (Berajot 17a) dice que las mujeres merecerán el mundo venidero cuando le dan a sus esposos la posibilidad de ocuparse del estudio de la Tora y de concurrir a las clases de Tora. ¡Cuánto Olam Haba (mundo venidero) está preparado para la mujer, que permite que su esposo sea un “grande” en la generación! Y podemos pensar: dichosa la mujer del “Gadol Hador” (grande de la generación), sobre la que dijeron nuestros rabinos (Nedarim 50a): “lo mío (mi estudio) y lo de ustedes (el estudio de mis alumnos)… ¡es de ella!...

En toda mujer de Israel, aparece la exigencia de un sacrificio como éste: enviar a su esposo a las clases de Tora. Debe empujarlo a ir, a pesar de que esté cansado. Y así, tomará parte en su Tora. Y él podrá decir en el Cielo: lo mío, ¡es de ella!...

Y más, en nuestra perasha vemos que los días del Juicio se acercan para bien. Leemos sobre el incitador al pecado, y la Tora nos ordena castigarlo con todo rigor. No trataremos de salvarlo del castigo, y no le buscaremos méritos, tampoco cuando sepamos que tiene algún mérito, todo lo aplicamos en su contra, para castigarlo…

Y sabemos, que toda buena cualidad es más grande que cualquier sufrimiento, y toda persona que provoca que su compañero aumente en preceptos, y lo hace concurrir a una clase más de Tora, alentándolo para que asista, tendrá una recompensa inmensa. Por supuesto, su acción es la contraria al incitador al pecado. El lo está alentando para que cumpla un precepto más…

¡Qué más necesitamos, para tener un buen Juicio! ¡Qué más, para tener un buen año, y que todos nuestros deseos se cumplan para bien…

Traducido del libro Maian Hashavua.

 

 

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom




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