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Para reflexionar


LA MUJER Y SUS CUALIDADES
Por. Rav Salomón Michan



La inteligencia de la mujer

Muchas personas creen erróneamente que las mujeres no están obligadas a estudiar Torá. En realidad, existen dos aspectos en el estudio de la Torá, que uno debe de estudiar para poder vivir apropiadamente una forma de vida judía, además de que debe de ser estudiada para el propio beneficio, es decir, únicamente por el hecho de estudiarla.

Las mujeres están obligadas a estudiar Torá para poder cumplir apropiadamente con sus obligaciones religiosas, sin embargo, están exentas de estudiarla para su propio beneficio, lo que es una obligación para los hombres.

Una explicación para esta exención es que las mujeres no necesitan del hecho de estudiar Torá por su propio beneficio para poder desarrollarse intelectual y espiritualmente; debido a que ellas tienen más biná (inteligencia). Sería extraño para ellas nutrirse por medio del análisis de detalles que caracterizan el estudio del Talmud, que constituye el estudio de Torá de los hombres, y en el cual tienden a ahondar en los detalles de los eventos y los mandamientos, incluyendo las distintas opiniones de cómo se debe realizar cada caso.

Comúnmente las mujeres están más interesadas en la profundidad de los mandamientos, las narrativas bíblicas y las lecciones morales que pueden ser obtenidas de ellas.

La inteligencia que poseen las mujeres es un regalo intelectual que debe ser valorado, así como lo es la cualidad de profundizar y ser meticulosos, de los hombres. Históricamente las mujeres han nutrido su inteligencia a través de la familia e interacciones personales, tales como transmitirles judaísmo a sus hijas en vez de estudiarlo por medio de libros.

En nuestros tiempos, es un poco extraño que la mujer obtenga este tipo de alimentación espiritual a través de su entorno. Esta es la razón por la que los Jajamim de la Torá, recomiendan que la mujer se nutra a través del estudio de la Torá de distinta manera que la de los hombres.

La intuición femenina

Se ha demostrado científicamente que la intuición femenina existe. Ésta es una capacidad especial de percepción que las mujeres, por genética y por educación, tienen más desarrollada que los hombres.

Las mujeres generalmente captan, de modo casi inmediato, mensajes implícitos en las situaciones concretas de la vida cotidiana. Se trata de una actividad intelectual fusionada con las sensaciones. Esta intuición femenina se basa en el porqué de las cosas o situaciones, en su valor y en su importancia. Esto permite valorar las situaciones y he ahí que cuando las relaciones se tornan especiales, diferentes o únicas, como es el caso de la relación de pareja, la intuición interviene en esa interacción, por lo que, viéndolo desde el punto de vista femenino, la intuición es un regalo divino que permite una percepción tan amplia y procura un mejor entendimiento de la otra persona y la actitud adecuada ante cada situación.

Por su parte, los hombres solo notan los sentimientos si es que existe un signo explícito como llorar, gritar o una explicación clara de lo que le pasa al otro. Se les ha instruido para dar más importancia a la comunicación que a la acción, para valorar los sentimientos y tener en cuenta cada detalle.

Así se explica, en parte, la habilidad natural que se les atribuye a las mujeres de descubrir los secretos más ocultos de alguien, de adivinar lo que realmente le pasa al que tienen en frente; en definitiva, de evaluar la emoción y así ‘intuir’ lo que le sucede al otro.

Es por eso que la mujer debe aprovechar esta virtud para poder ayudar a quien sea necesario.

La ayuda al prójimo por parte de las mujeres

Cuando la hija del Faraón, Batiá, llegó al río, se encontró a un niño pequeño, que sabemos que era Moshé Rabenu que se encontraba en una canasta. Y cuenta la Torá: “Vatiftaj Vatirehu Et Hayeled Vehine Hanaar Bojé Vatajmol Alav Vatomer: Miyaldé Haibrim Ze” – “Y abrió (la canasta) y vio al niño, y el joven estaba llorando, y se apiadó de él, y dijo: es uno de los niños judíos”.

Incluso que Batiá ya sabía que ese niño era judío y su padre el Faraón había decretado que todo niño judío debía morir, ella lo salvó y no sólo eso, sino también le consiguió una mujer para que lo alimente.

La pregunta es obvia: ¿Cómo es posible que Batiá haga algo en contra de su padre, que incluso él podría ser capaz de matarla por traspasar su palabra y decreto?

Dicen los Jajamim que cuando se trata de ayudar a alguien y salvarle la vida al prójimo, no se deberá pensar en nada más sino únicamente en salvarlo, incluso que corra en peligro su vida.

El corazón es para el compañero

Preguntó un Jajam: “Si la derecha es tan importante, ¿por qué el corazón está de nuestro lado izquierdo? ¡El corazón es el miembro principal que tiene el ser humano para vivir!

La respuesta es hermosa: realmente el corazón está inclinado hacia el lado izquierdo, pero cuando los demás nos ven de frente, está hacia el lado derecho. Aprendemos de aquí que el corazón no es para nosotros, sino para el prójimo.

Esa mujer enterró a miles de hombres

Durante la Segunda Guerra Mundial, en el campo de concentración de Auschwitz, una mujer sola se ocupaba diariamente —por la noche— en conseguir quién enterrara a los que habían fallecido ese día, pues no era honorable dejar a los muertos sin sepultar.

Esta mujer sobrevivió a la guerra y en el año 2004, en la ciudad de Bené Berak, esta gran mujer, ya anciana y que nunca tuvo familia, en pleno día cayó y falleció en la calle.

Como vivía en Ramat Gan y en Bené-Berak nadie la conocía, hubiera parecido que su muerte pasaría casi desapercibida.

Sin embargo, se escuchó una voz que decía:

—Esta mujer se ocupó de enterrar a miles de muertos en el campo de concentración y, entre otros, a mis padres.

Era la voz de otra sobreviviente, que sí vivía en Bené-Berak.

Anunció en toda la ciudad que había un Met-Mitzvá (un muerto que no tiene quién lo entierre) y fueron a la Levayá (cortejo fúnebre) más de tres mil personas.

La deuda de Rab Elazar Menajem Man Shaj

El famoso Rosh Yeshibá, Rab Elazar Menajem Man Shaj (1898-2001), estudió con el Rab Yeshayahu Clare, todos los viernes, durante 15 años.

Un viernes, Rab Shaj interrumpió su estudio y fue a pedir a Rab Reubén Karlenstein que buscara una Jabrutá (compañero de estudio) para que estudiara con un joven que había llegado de “Najalat Yaacov”. Y le dijo:

—Cada mes, ven a mi casa y te daré dinero para que pagues a ese Abrej que va a ayudar a estudiar a este muchacho.

En una ocasión, un día de junta de grandes Rabanim en casa de Rab Shaj, correspondía hacer el pago y no vinieron a recoger el dinero.

A la mañana siguiente, Rab Shaj llamó para que recogieran el dinero. Con mucha curiosidad, preguntaron a Rab Shaj:

—¿Por qué te preocupas tanto por este joven?

Él contestó así:

—Cuando yo era muy joven, tenía sólo una camisa. Cada semana la lavaba en el río, sin que nadie me viera, y me congelaba hasta que se secaba con el viento. Por tantas lavadas se le hizo un enorme hoyo en la espalda. Para no pasar vergüenza, era el primero en llegar al Midrash y el respaldo de la banca me cubría; y también era el último en salir. Así no veían el agujero. Una mujer piadosa se enteró. Me mandó dos camisas. Desde ese día, ya pude pararme de mi asiento y fue un gran alivio. Así, cuando lavaba una camisa, tenía la otra de reserva. Este joven que viene de “Najalat Yaacov” es el nieto de aquella mujer que me ayudó tanto. Baruj Hashem que puedo compensarlos un poco.

Utiliza tus palabras para bien

Está escrito en la Guemará algo aparentemente gracioso y sumamente real. Cuando fue creado el mundo, bajaron diez Kabin (una medida bíblica) de pláticas al mundo, de las cuales, nueve se las quedaron las mujeres y la décima, se repartió en todo el mundo. En otras palabras, la mujer posee una tendencia de platicar, dialogar, conversar, utilizar su habla, etc., mucho más que la del hombre.

Si analizamos el motivo de esto, podemos explicar que, el plan de Hashem era: por cuanto que la mujer tiene una cierta delicadeza y finura, es capaz de utilizar sus palabras y conversaciones para bien y no sólo eso, sino tiene la obligación de usar esa cantidad de labia que Hashem le regaló únicamente para buenos objetivos y finalidades en la vida. Si lo pensamos bien, podremos mirar a nuestro alrededor y fijarnos en la gran cantidad de mujeres que alientan a los demás con sus pláticas, que ayudan a otras personas con una buena palabra, etc.

La autoestima de la mujer

La autoestima se define como el conjunto de sentimientos y emociones que nos provocan la imagen que tenemos de nosotros mismos, así como lo que pensamos que somos.

Si bien explican que no se trata de algo innato, sino que se va creando y modificando a medida que crecemos y vivimos distintas experiencias. Así, en función de cómo hayamos interpretado y valorado esas experiencias, nos valoraremos también a nosotros mismos. Por eso, proponemos el siguiente decálogo de consejos para que esa valoración resulte positiva y por ende contribuya a mejorar nuestra autoestima:

1. Actitud. Como casi todo en la vida, la autoestima es también una cuestión de actitud, por lo que podemos decidir llevar hacia arriba nuestra autoestima o dejar que se hunda irreparablemente. La decisión es tuya, elige bien.

2. Conócete a ti misma y luego, acéptate. Hay que aceptarse para poder afrontar nuestros propios defectos y dificultades en vez de negarlos, dejándose destruir por ellos. Si dejamos de fortalecer las defensas destructivas, podremos utilizar las herramientas que poseemos para sacar lo mejor de nosotros y de las oportunidades que nos brinda la vida.

3. Destierra cualquier término ofensivo hacia ti misma. Escúchate hablar sobre ti y observa tus propios pensamientos ¿es así como hablarías a una amiga? Peor aún ¿hablarías así a alguien que te cayera muy mal? Probablemente nunca hablarías a nadie con la dureza con la que te hablas a ti misma. Toma conciencia de ello y empieza a tratarte con más dulzura y comprensión.

4. Recuerda que... ¡Tú sí vales! Es tan importante conocer en qué fallamos como ser conscientes de nuestros puntos fuertes. No sólo para potenciarlos, sino para fortalecer la confianza en nuestros propios recursos internos a la hora de encarar cualquier situación.

5. Reconoce tus propios éxitos. ¿Cuántas veces al día le das vueltas a una equivocación o una metedura de pata? ¿Y a algo que has hecho bien? Deja de castigarte sin límite por lo que haces mal y empieza a reconocer las cosas que sí haces bien.

6. No te compares. Eres única, tu ser es único, tu vida y tu camino son únicos. Compararte con otras personas sólo va a crear inseguridad y un falso sentido de competitividad hacia la vida. No tienes nada que demostrar ni nadie a quien superar salvo a ti misma. Si te consideras suficientemente justa, compárate sólo con la mujer que eras ayer.

7. Lleva un diario. Haz la prueba, ponte como meta llevar un diario sólo por una semana en el que escribas cada noche al menos dos cosas que hayas hecho bien, algún cumplido que hayas recibido o algún aspecto de ti con el que te hayas sentido especialmente a gusto. Al final de esa semana no te mirarás al espejo con los mismos ojos, puedes estar segura.

8. Dime algo bonito… y que sea de verdad. Utiliza tu lenguaje interno, tus pensamientos, para reforzar y fomentar tu auto concepto. Cuando te encuentres pensando algo negativo sobre ti misma, invierte la frase y repítela unas cuantas veces. Escúchate a ti misma decir, varias veces al día, lo guapa, lista, hábil, divertida, etc. que eres.

9. No te olvides de sonreír. Los músculos que utilizamos para sonreír están conectados con nuestro sistema nervioso central y, cada que vez que sonreímos, liberamos una hormona (la beta-endorfina) que lleva a la mente el mensaje de que todo está bien. Sonríe mucho y hazle saber a tu cerebro y tu corazón que todo está bien, incluida y, sobre todo, tú.

10. Eres hija querida de Dios. Recuerda que Dios te creó única. Eres muy especial para los ojos de Hashem. De ti depende continuar la cadena Yehudí en el mundo. Recuerda que tienes una gran responsabilidad en este mundo. Llévala a cabo y logra tus objetivos.

 

Aiken, Lisa. Ser una Mujer Judía; en nombre del Maharal sobre la Torá.

Shemot 2:6.

Escuchado de Rab Mordejay Tussie.

Mishkenot Shimon.

Mishkenot Shimon.

Masejet Kidushín 49b.




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