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Vida judía


Siendo Padres Imperfectos
Por. Rabino Noaj Orlowek



Existe sólo una cosa perfecta en este mundo: hojuelas de nieve. Ellas son bellísimas, únicas y están moldeadas perfectamente… pero se derriten rápidamente.

La imperfección es el sello que caracteriza a este mundo. Esto también se aplica a los padres. Reconocer que no hay algo así como un padre perfecto es un paso importante para ser un buen padre.

Buenos padres ayudan a sus hijos a entender y aceptar la imperfección en el mundo y en sí mismos. Sin embargo, muchos padres bien intencionados y amorosos, sin querer le enseñan a sus propios hijos a ser perfeccionistas.

¿Qué es el Perfeccionismo?

Los perfeccionistas no pueden separarse de lo que son y de cómo lo hacen.

Cada vez que un perfeccionista tiene una meta o un examen, es una amenaza de muerte. Sólo se sienten bien si lo hacen correctamente. Si no lo hacen bien, entonces piensan que algo está mal en ellos.

Ser perfeccionista es una receta para el desastre! Después de todo, los perfeccionistas están viviendo en un mundo imperfecto.

Los niños así educados, desarrollan una auto-imagen muy baja, además de una carencia de confianza en si mismos y en su habilidad para hacer cosas - porque hacer cosas significa hacerlas perfectamente, y casi nunca ocurre así.

Si eres un perfeccionista, tu hijo está destinado a relacionarse con el mundo de la misma forma. El aspecto más importante para enseñarle a tu hijo a aceptar la imperfección es moldear ese comportamiento en ti mismo.

Cuando tu hijo llegue a casa y te diga que se sacó un 85 en su examen, no le digas, “Y ¿por qué no obtuviste mejor nota? Eso es homicidio.

Construye Sobre lo que es Correcto

Los niños tienden a estar atrapados en hacer las cosas bien. Una educación correcta para tus hijos - en cosas de la escuela o de la vida - es construir sobre sus éxitos. Considera la manera en la cual los niños aprenden a hablar: tú no te sientas con tu hija de 16 meses para que se familiarice con los sonidos de las letras del alfabeto y sus combinaciones, y después le haces practicar deteniendo su lengua en cada una. Simplemente, tú dejas que ella hable!!!

En España, a los padres y a las madres se les llama “mamá” y “papá”. En Israel, se los llama “Ima” y “Aba”.

Una niña de 16 meses de edad sentada en una silla diciendo “ma, ma, ma” está solamente balbuceando. En España, la mamá salta, le aplaude y llama por teléfono a su madre para contarle que la bebe empezó a hablar: “Trató de decirme mamá”.

En Israel, “ma, ma, ma” no significa nada, pero si dice “im, im, im” la abuelita recibe la llamada!

Entonces, ¿por qué no insistimos en una sintaxis perfecta desde el principio? Porque entendemos que un día “awa” se convertirá en “agua”. Aceptamos la imperfección que nos ayudará a acercarnos a la perfección.

Tu Hijo no es una Máquina de Satisfacciones

Unas décadas atrás, la prensa comenzó a hablar sobre un “abismo generacional” porque los niños sentían que sus padres no los entendían. En la comunidad judía, mi maestro, de bendita memoria, Rab Simja Wasserman, dijo que en parte esto se debía al fenómeno extraño llamado el síndrome de “Mi hijo, el doctor”.

Los padres querían lo que llamamos najes - satisfacción - de sus hijos; algo natural. Y definían que eso vendría del hijo médico.

El problema fue que se relacionaban con su hijo como si él fuera una máquina de satisfacciones: aquí está mi hijo para darme placer. Pero en realidad no está para eso! Esa actitud hace que el hijo sienta que las decisiones de sus padres no son necesariamente para su bien. “Los logros” por si mismos no son necesariamente para su bien.

Tu definición de éxito debe ser lo suficientemente amplia como para dejar que se presenten logros no académicos y que ellos representen lo que tu hijo realmente es. Tienes que averiguar para qué tus hijos son buenos. Eso significa que debes conocerlos.

Cualquier Logro es Grande

Siéntete bien tanto sobre tus logros como los de tus hijos. Ese es el antídoto para el perfeccionismo. Goza de la felicidad de los logros. Y no desacredites los logros pequeños, pues no son pequeños por dos razones:

Primero: ¿de qué crees que están hechos los grandes logros?

Segundo: ninguna acción buena se pierde. Así como en la física, la materia no se crea ni se destruye, de la misma forma funciona el mundo espiritual, todo es eterno. Inclusive la cosa más pequeña que hagas debe darte un placer eterno. Ningún bien se pierde. Ninguna sonrisa que des se pierde. Entonces disfrútala!




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