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Cuentos en Familia


9- Ni Rencor, Ni Venganza
Por. Editores de judaismohoy




En la ciudad vieja de Jerusalem hace como setenta años atrás, el lavado de la ropa era hecho completamente a mano y requería un enorme esfuerzo. Generalmente llevaba unas 6 horas de trabajo duro, y frecuentemente toda la familia ayudaba. Una familia había terminado de lavar toda la ropa y la esposa la colgó en la soga de la terraza, la cual compartía con otros vecinos.

Justo en ese momento, una de las vecinas entraba a la terraza y se molestó por ver la ropa colgada, la cual estaba en medio de su camino. En lugar de caminar por alrededor de la ropa, ella se enojó mucho y fue a su casa a buscar unas tijeras para cortar las sogas que sostenían a la ropa. Cuando ella retornó y cortó las sogas, todo cayó sobre la terraza no pavimentada y se ensució con barro.

Cuando la mujer que había colgado la ropa vió lo que había sucedido y se dió cuenta que seis horas de duro trabajo fueron desperdiciadas, ella sintió enojo y quiso vengarse de su vecina, quien estaba volviendo a su casa con una sonrisa malvada en su cara y sus tijeras bien guardadas en el bolsillo de su delantal. Pero después de algunos minutos, ella consiguió calmarse y decidió no hacer nada. Ella se dijo a sí misma: "Probablemente yo me merezco esto y ahora obtendré el perdón por mis pecados".

Y así ella fue a lavar su ropa nuevamente, y después de mucho trabajo, pudo una vez más colgar la ropa, pero esta vez en un lugar que no estaba a la vista de la vecina. Después de varias horas ella pudo volver a casa, completamente exhausta, pero con la ropa limpia. Cuando su marido regresó esa noche, ella no le reveló la terrible carga que había caído sobre ella ese día.

Todo el asunto pudo haber quedado como un secreto, si la vecina no hubiera venido a golpear la puerta esa noche para disculparse. Ella dijo que su hijo se había enfermado repentinamente con fiebre muy alta y ella temía que estabasiendo castigada por el mal que ella le había causado a su vecina. Sólo de esta manera es que la historia fue revelada.

La mujer que tuvo la valentía de reprimir su enojo fue compensada por el Cielo con el nacimiento de un hijo al año siguiente, quien más tarde se convirtió en uno de los más grandes Sabios de Jerusalem.




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