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Vida judía


Cuidemos nuestras palabras
Por. Rab Nissim Behar z"l



Muchos problemas en el mundo tienen su raíz en Lashán Harrá (palabras que dañan).
Cuantas amistades se han destruido, empleos se han perdido, matrimonios se han separado, etc. por este mal tan difundido en la humanidad.

Dijo el Rey Salomón en sus Proverbios: "La muerte y la vida dependen de la lengua". El Yaikut Shimoni sobre Tehilim relata una anécdota que ilustra este proverbio:

Un rey de Persia estaba enfermo y sus doctores le recetaron leche de leona. Uno de sus fíeles servidores se ofreció de voluntario para procurarle esta leche.

El hombre fue al bosque llevándose 10 cabras y caminó hasta percibir una leona que amamantaba. De lejos le echó una cabra que fue devorada inmediatamente por la leona. El segundo día se acercó un poco más y le lanzó una segunda cabra. Así hizo en los días sucesivos hasta que pudo acercarse completamente a la leona y sacarle de su leche.

En su camino de regreso, alegre y cansado de su odisea, se acostó y se durmió. Soñó que los miembros de su cuerpo discutían entre ellos, cada uno reclamando el honor del triunfo. Los pies pretendían que eran ellos superiores a los demás miembros, ya que si no hubiesen caminado hasta el lugar deseado, no se hubiese obtenido la leche. Las manos reclamaban la superioridad por ser los miembros que habían realizado la acción en sí. El corazón argüía que el honor le pertenecía por haber inspirado este acto de valentía. Interrumpió la lengua al final diciendo que el mérito era suyo por haber hablado al Rey. Los demás miembros se unieron en su contra para rebajar su valor declarándole: Tú que vives escondida entre dos fortalezas, no tienes derecho a compararte con nosotros, ni de dar tu opinión. La lengua respondió: Os voy a demostrar que mi poder es superior al vuestro.
Se despertó el hombre, se dirigió al Rey y le remitió la leche diciéndole: "Su majestad el Rey, le ha traído leche de perra". El Rey se enojó por esa ofensa y burla y ordenó que le ejecutaran. Todos los miembros del condenado se pusieron a temblar de miedo. Les dijo la lengua: “¿Se dan cuenta de que no valen nada? Ahora bien, soy yo quien os voy a salvar". En el momento en que le llevaban a la horca pidió que le dieran la posibilidad de presentarse al Rey una segunda vez para pedirle que le perdonara. Le llevaron ante el Rey, pidió excusas y declaró que la leche era en realidad de leona. Un análisis mostró que así era.

Explica el Talmud (Erjin 15b): Le dijo Di-s a la lengua: Todos los órganos del hombre están rectos, y tu, estás recostada; todas las extremidades del hombre están por fuera y tu estás adentro, y no solamente esto, sino que te rodié de dos murallas, una de huesos (los dientes) y otra de carne (los labios) Di-s puso a la lengua dentro de la boca con estos dos cuidadores para que no hable Lashon Harrá

Nuestros Sabios nos enseñan que D-s aborrece cuatro categorías de personas, a tal punto que son excluidas de entrar al Gan Edén, es decir que no gozarán del Esplendor Divino: los que menosprecian, los aduladores, los mentirosos y los calumniadores.

 

ALGUNAS LEYES DE DIVULGACIÓN - LASHON HARÁ "Palabras maliciosas".


Entre las prohibiciones de Lashon Harrá se encuentran: hablar, escuchar, creer, escribir y leer.
Cualquier cosa que se diga que le pueda causar daño físico, moral o material a una persona es Lashon Harrá.

Está prohibido hablar mal del prójimo, Lashon Harrá, aún si se dice la verdad.

Si a uno le insisten mucho que cuente lo ocurrido con fulano y sabe que en el relato de los hechos, forzosamente hablará Lashon Harrá de él, está prohibido ceder y contar, incluso cuando el que inquiere es el padre o el maestro de la persona en cuestión. (Salvo que sea con un propósito constructivo)

Hay que rehusarse de decir Lashon Harrá, aunque por ello reciba reprimendas, desprecio o ironía y aún si a causa de ello tendrá perjuicios en su trabajo, o perderá su empleo y permanecerá sin medios de mantener a su familia.

Se considera también Lashon Harrá el criticar al prójimo, aún si al mismo tiempo se critica a sí mismo.

Se prohibe hablar Lashon Harrá aún en plan de broma, sin mala intención.

Si uno no menciona claramente a la persona criticada, pero da a entender de quién se trata con insinuaciones o señales, también se considera Lashon Harrá.

Al igual que se prohibe hablar Lashon Harrá, también se prohíbe aceptar como verídico el Lashon Harrá que se escucha. Debe cuidarse mucho de no hallarse en un lugar en el que suelen hablar Lashon Harrá.

Si ocurre que hablan Lashon Harrá en su presencia, debe hacer todo lo posible por irse del lugar. Si le es imposible, actuará de la siguiente forma: decidirá en su interior no creer en lo que se está contando, demostrará signo de que no está de acuerdo con las críticas e incluso expresará su desaprobación por lo que hablan.

Se prohibe escuchar no sólo de una persona sola, sino incluso de varias personas que hablan juntas Lashon Harrá.

Afirmaron nuestros Sabios: "Por tres delitos mayores la persona recibe castigo en este mundo y es descartada del mundo venidero: idolatría, adulterio y crimen; la gravedad de Lashon Harrá es mayor que la de estos tres pecados". Por el pecado de Lashon Harrá fue quemado el Templo y fue destruida Jerusalén.

No sólo se prohibe criticar al prójimo por sus acciones sino también por la forma de vestirse.

El hablar mal equivale a lanzar una flecha y matar a su víctima. Por lo general, la víctima no sabe quién le disparó.

Aquél que habla Lashon Harrá es considerado como si renegara del D-s de Israel.

El que desea hacer Teshuva por el pecado de Lashon Harrá, debe arrepentirse sinceramente, confesar a D-os su pecado, declarando: "Pequé hablando Lashon Harrá y decido de todo corazón no volver a pecar". Si al hablar Lashon Harrá, causó daño a su prójimo, debe confesarle su delito y pedirle perdón.

 


VERDAD Y FALSEDAD


Nuestros Sabios dicen que la mentira es equivalente a la idolatría. La verdad debe ser el signo distintivo de Israel, como está escrito: "El remanente de Israel no cometerá injusticias y no mentirá. No habrá en sus bocas lenguaje engañoso”. "Ellos son Mi pueblo; Mis hijos nunca mienten'".

La Torá nos enseña: "Aléjate de palabras falsas". La Mentira es el único pecado del cual la Torá nos ordena "alejarnos", lo cual indica cuanto aborrece Di-s a la mentira, y cuanto debemos esforzarnos en evitarla.

Este es el castigo del mentiroso: aún cuando dice la verdad nadie le cree.

La mentira del comerciante, desafortunadamente tan difundida, es considerada una astucia del comerciante para obtener más ganancias. Uno no debe engañarse creyendo que tal comportamiento le hará prosperar. La ganancia derivada de la mentira son "riquezas acumuladas para el infortunio del que las gana".

“ Rabi Shimon ben Gamliel dijo: El mundo se sustenta en virtud de tres pilares: la justicia, la verdad, y la paz…". (Pirkei Avot 1-18)

El sello de Di-s es la Verdad, el EMET, y la Torá es la expresión de Su verdad. Feliz es aquel que vive y se comporta de esa manera.


Texto extraido del libro “Guía para la práctica del judaísmo” por el Rav Nissim Behar z”l con autorización de la familia.




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