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Vida judía


Usted... ¿se quiere?
Por. Dr. Eduardo Cohen



Ocurrió hace muchos años atrás. Fui invitado a pasar Shabat a la casa del Rab de la ciudad. Luego del Shalom Aleijem tradicional, el anfitrión procedió a tomar la copa de vino en su mano y a recitar el Kidush.
Mientras lo hacia, gruesas gotas de vino caían por los bordes salpicando el mantel y los libros que estaban debajo. Recuerdo que en ese momento pensé "acepto que la copa deba estar llena, somos muchos los comensales, pero... ¿hace falta tanto? Al finalizar el Kidush, y mientras la gente se saludaba, el Rab, que había leído mi mirada, me dijo; "El Kos (vaso) de Kidush, debe ser un Kos de beraja, de abundancia, por eso debe rebosar y no estar a medio llenar".


Dicen nuestros Sabios, que esto también es aplicable a la persona. ¿Cómo? Una de las mitzvot básicas del judaísmo es "Beahabta Lereaja Camoja", amar a tu prójimo como a ti mismo.
Todos conocemos esta máxima; pero lo que muchos no saben, es que para poder querer y dar a mi semejante, debo primero quererme y respetarme a mi mismo, como el vaso de Kidush, que solo puede rebosar cuando está lleno.


Escribe el Rab Abraham Twersky, en sus tantos libros de autoayuda: "el sustrato mas frecuente de los cuadros depresivos es una sensación inexplicable de auto-desprecio y desvalorización".
En otras palabras, perdida gradual de la autoestima.
¿Un problema nuevo? No, tiene más de 3.000 años. Al cabo del 1er. año de la salida de Israel de la esclavitud egipcia, llegaron a las puertas de la Tierra Prometida, sobre la cual D'os había dicho que sería posesión eterna del Pueblo Judío. Como una demostración de falta de fe y confianza, doce espías fueron enviados a constatar las virtudes de la tierra. El informe que trajeron fue desalentador. La Tierra era un vergel, pero sus habitantes gigantes y sus ciudades fortificadas. ¿Cómo hacer para entrar? Dijeron ellos "comparados con los gigantes, nos veíamos como langostas y ellos nos veían como hormigas". Fíjense que interesante. Si yo me veo como una langosta, seguro que mi compañero me va a ver como una hormiga ¡mas pequeño aun! Y más, ¿cómo sabían la impresión que sobre ellos tenían los gigantes? ¿Acaso conocían el idioma? No, el auto-desprecio que sentían les hacia ignorar situaciones que no existían en la realidad.


¿Cómo nacen los problemas de baja autoestima?

Como padres, debemos saber que las experiencias de la infancia suelen dejar rastros indelebles en la personalidad. Una actitud hipercrítica hacia los niños puede ser la base de futuros problemas de auto-desprecio. Veamos un ejemplo: si mi hijo de cinco anos rompe nuestra más preciada copa de Kidush, recuerdo de mi bisabuelo lituano, en una de sus tantas correrías por el comedor de mi casa, no debemos cargar sobre él un sentimiento de culpabilidad.
¿Felicitarlo? Seguro que no, pero debemos entender que disciplinar no es culpar. A su edad, el hecho esta dentro de los parámetros de normalidad para que así ocurra. Si yo reacciono con los epítetos de torpe o inepto (por usar los mas suaves) y si esto es reiterativo (las travesuras de los niños las son), el niño va a crecer con el convencimiento que es un torpe y un inepto. No nos olvidemos que a esa tierna edad, la opinión de los padres es una verdad absoluta e irrefutable ante la cual el niño no pueden mas que aceptarla como real.
Otro error en el que solemos incurrir los padres, es en delegar funciones no acordes a la edad del niño, como bien puede ser dejar nuestro bebe de meses al cuidado de nuestra hija de ocho anos. Si al volver de nuestra salida, comprobamos un hermoso chichón en su frente fruto de alguna caída, no podremos reclamarle nada a su custodia de turno. De hacerlo, estaríamos incurriendo en el error de atribuirle responsabilidades que no le competen por la edad y estaríamos anidando en ella el germen de la auto desvaloración, con consecuencias impredecibles a futuro.
Ya como adolescentes y adultos, nos enfrentamos a una sociedad hedonista donde la ecuación valorización / productividad esta invertida. Nos hacen creer que valemos solo si producimos. Pero la riqueza material es un decreto divino y por lo tanto no es fruto de mi inteligencia ni habilidad comercial, entonces siendo el "fracaso económico" un fuerte motivo para nuestra baja estima personal, ahora estamos en condiciones de entender porqué las personas que se apegan a las enseñanzas de la Torá y del judaísmo autentico, están liberadas de este trauma. ¿No van a sufrir acaso por las carencias materiales? Seguro que si, pero nunca van a desmerecer su imagen por ello, por el simple motivo que no esta en sus manos lograrlo. Ahora puedo mirar tranquilo la riqueza material de mi compañero y no sentirme menos por ello. ¿Maravilloso no?


Todos padecemos de este problema. Si Ud. tiene dudas, lo invito a que veamos juntos algunos de los síntomas más comunes de esta enfermedad.


1) Sensibilidad a las criticas, la persona que no se valora, no puede tolerar que la critiquen.
Su propia imagen es para él como un castillo de naipes, cualquier brisa lo derrumba. Cuando alguien, con la mejor intención se le acerca a hacerle una "critica constructiva", automáticamente traga saliva y prepara todo su armamento para defenderse del "agresor". ¡No aceptamos que como seres falibles que somos (el único infalible es D'os) no solo podemos equivocarnos, sino mas aun, tenemos derecho a errar! Nada más maravilloso que poder ver nuestros errores y aprender de ellos.
Cuentan de un jazan que estaba recitando la jazara de Shemone Esre (repetición de la amida (una oración que se recita tres veces por día). Incurrió en un error, luego en otro y en otro. Se puso tan mal, que no pudo parar de equivocarse. Cuando bajo de la teba (pulpito), el Rab que lo observaba atentamente, lo llamo aparte y le dijo "¿tan perfecto te crees? ¡Como no pudiste aceptar la primera equivocación ya no lograste concentrarte en el resto!"


2) Búsqueda excesiva de la adulación de los demás.
¿Le gusta que lo aplaudan? ¿A quien no? Pero cuando se transforma en una necesidad, preocúpese. No podemos hacer depender nuestros estados de animo de la valoración que terceros hagan de nosotros, porque es posible que la persona que te evalúe se haya apoyado en parámetros injustamente elevados. Aquel que tiene una pobre imagen de si mismo, va a estar eternamente agradecido al que lo aplauda y le de una palmada de felicitación. Si yo se que valgo, nada me agrega que me aplaudan, y si en verdad el aplauso es inmerecido, se transforma en un daño.
Hay un midrash muy ejemplificador sobre este punto, que cuenta sobre dos ríos, el Tigris y el Eúfrates. Ambos igualmente caudalosos, pero con una diferencia. El Tigris no hacia ruido mientras que el ruido del Eýfrates era ensordecedor. Le preguntaron a éste, ¿Por qué hace tanto ruido? Contesto, para que la gente sepa que existo, que soy caudaloso e importante. Le preguntaron al Tigris, ¿.y por qué vos sos silencioso? Contesto, se que soy caudaloso e importante, no necesito hacer ruido para que la gente me considere. ¿A cual de ellos nos parecemos?


3) No disfrutar de los logros ajenos. Cuando mi compañero logra lo que yo no puedo lograr, ¿Qué siento? ¿Por qué deben los logros ajenos ser el motor para desencadenar una interminable lista de cuestionamientos personales? ¡No sirvo! ¡No valgo! ¡Qué va a ser de mi!
La Torá tiene un extraordinario ejemplo para que aprendamos de él. Uno de los motivos por los cuales Moisés rehusaba aceptar la orden Divina de ser el líder que sacaría a Israel de Egipto, era el no pasar por el honor de su hermano mayor Aaron. D'os le dijo "no tengas miedo, tu hermano se va a alegrar en su corazón cuando vea que vos fuiste elegido". Así fue. Cuando Moisés llegó a Egipto, su hermano Aaron salió personalmente a recibirlo, lo abrazó y sintió como si el hubiera sido el enviado por D'os. Como recompensa recibió el sacerdocio, el cargo de Cohen Gadol.
¿Se sintió identificado? No se asuste, es un problema muy frecuente, ¿pero por qué?


4) Es más fácil asumir que no valgo. Cuentan de un drogadicto que estaba recluido en una clínica recuperación. Llamó al médico y le solicitó que le hagan un estudio cerebral (electroencefalograma). Estaba aterrado ante la posibilidad de tener un daño cerebral irreversible por las drogas. Así lo hicieron y le dio bien, no tenia nada. Al día siguiente volvió a llamar al doctor con la misma propuesta. Este le respondió que no temiera, ya que el estudio del día anterior había dado bien. Esta situación se repitió varios días más. Cuenta el medico tratante "luego de la 4ta. consulta empecé a entender el mensaje de este paciente. El no temía tener una lesión cerebral, el quería tener una lesión cerebral, por la sencilla razón de que si pasa a ser un discapacitado, esta liberado de toda obligación social y más aun, ahora el entorno debe servirle a él". A veces, el considerarse inepto para todo servicio, es una salida fácil.


5) Confundimos autoestima con vanidad. Creemos que si aceptamos nuestras capacidades caemos en vanidad y si las negamos somos más humildes. ¡Gran error! Moshe, sobre quien está escrito que era la persona mas humilde que hubo en la historia, sabía perfectamente de su valor. Sabía que había D'os, hablaba cara a cara con El, que era el líder de Am Israel, y no por eso cayó en gaavá (soberbia). Cuentan que era común escuchar del Jafetz Jaim decir que "cargaba la generación sobre sus espaldas" y fue, sin dudas, un ejemplo de humildad sin par.
Negar las propias capacidades no es humildad, es ¡tontería! Aceptarlas no es soberbia; soberbia es creer que por ser apto en una función, soy mas que mi compañero. Ahora bien, todos, quien mas quien menos, estamos en este problema. ¿Cómo salimos de el? ¡Muy simple, adquiriendo valores! ¿Cuáles?


6) Aprender que es el éxito. Ser exitoso no es superar los logros del otro sino colmar mis propias capacidades. ¿Quién es mas exitoso y digno de elogio? ¿Un gorrión que construye su nido sobre la rama de un árbol, o el hombre que es capaz de llevar un rascacielos de cien pisos? Ambos. Uno no es más que el otro, cada uno con sus capacidades y posibilidades. Cuando el iehudi abandona este mundo, luego de ciento veinte años de existencia terrenal, no le preguntarán porque no alcanzo el nivel espiritual de los patriarcas, ya que quizá el no fue dotado con este potencial, pero sí deberá rendir cuentas por no haber colmado el potencial que si recibió.


7) No vivir por la belleza física. Esto es muy común en las mujeres, y acarrea serios problemas de auto desprecio y aislamiento. Pero no somos culpables. De pequeños nos inculcan que lo bello va de la mano con lo bueno y lo feo con lo malo. ¿Conoce la historia de la cenicienta? De niños nos venden que es el triunfo de la bondad (la niña huérfana, el hada madrina y el príncipe) sobre la maldad (la madrastra y sus hijas). Pero en verdad, según leí de un ensayo del Rab. Josef Bitton, hoy en Atlanta, EE.UU. el mensaje es otro. Piense: los tres personajes que representan la bondad son estéticamente bellos; los que personifican la maldad, feos. ¿Hubiera reparado el príncipe en la cenicienta si ésta hubiera sido obesa o deforme? Seguramente que no. El mensaje destructor que mamamos de niños, sin siquiera percibir, es que para ser exitoso y triunfar en la vida hay que ser bellos como la cenicienta (o las Barbies quizá) invariablemente. Un horror. Dice el Midrash Tanjuma que Nabucodonosor, el Rey babilónico, tuvo todas las riquezas materiales imaginables pero no fue feliz. ¿Por qué? Era petiso y gordo. Nunca superó su complejo físico.


8) El exceso de modestia puede ser un defecto. Viajaba el Jafetz Jaim a la ciudad de Vilna. Una gran multitud lo esperaba para rendirle los honores dignos de su estatura espiritual. Junto a él, sentado en el tren, un joven que desconocía la identidad de su ilustre acompañante, expreso alabanzas a la persona del Jafetz Jaim; a lo que el Rab replicó diciendo "no es tan así, yo lo conozco, no es tan grande como la gente cree". El joven se paró y empezó a golpearlo, "como se atreve Ud. a hablar así del Rab más importante de la generación". Cuando arribaron a Vilna, el joven comprobó horrorizado que había golpeado ni mas ni menos que al gran Jafetz Jaim. No cabía en su llanto ni en sus disculpas. El Rab lo consoló y le dijo "Te estoy muy agradecido. Me enseñaste que, así como la soberbia es un pecado, el auto desprecio no lo es menos".


9) Inculcar percepciones positivas en los niños.
Premiar las cualidades y no solo las capacidades, no adular los éxitos materiales en su presencia, no crear competitividad con los compañeros (¿qué nota sacó tu amiguito? ¿hubo notas más altas que la tuya?); que nuestros hijos crezcan con el convencimiento que valoramos más la esencia que los resultados.
Mejorar nuestra autoestima. Esa es la meta. El camino es largo y tortuoso, y los beneficios, muchos. Aprenderemos a adoptar una conducta positiva ante los problemas y disfrutaremos más de nuestros logros.

 

Volvi a la casa de aquel Rab un Shabat. La copa rebosó y el vino volvió a manchar el mantel y los libros que estaban debajo. Sonreí. Ahora comprendía el mensaje.

MUCHAS DE LAS IDEAS DE ESTE ARTICULO FUERON EXTRAIDAS DEL LIBRO NAASE ADAM, DEL RAB. ABRAHAM TWERSKY.




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