Volumen
I:
Los
cuatro problemas fundamentales del ser
Yo creo que si los
hechos no fueran compilados al azar, sino alcanzados mediante un procedimiento
lógico, ellos mismos se unirían para edificar una auténtica
teoría en el más puro sentido de la palabra, es decir, una
visión global de todos los hechos ofrecidos por la experiencia.
Hans
Spemann, Embryonic development and induction
Primera
Parte, capítulos 1-2
El
libro comienza analizando el problema fundamental que plantea la existencia
humana misma: el nexo mente-cuerpo, la unidad de la mente y un objeto
físico-químico, el cerebro. El examen de los diversos aspectos
de este problema lleva a la conclusión de que solamente existen
dos formas posibles de explicar este fenómeno, el cual constituye
el dato primario de la existencia humana. Una posible explicación
es que las categorías del pensamiento humano no coinciden con la
realidad. La segunda alternativa es que el mundo es diferente de lo que
parece ser. A partir de este punto la investigación se ramifica
en tres áreas de análisis: la esencia de la realidad física,
la naturaleza de la vida –cuyos parámetros hacen posible el pensamiento
y la observación– y la estructura de la percepción.
Segunda
Parte, capítulos 3-4
Los
descubrimientos y teorías de los físicos modernos (especialmente
en el campo de la mecánica cuántica) conduce a la conclusión
de que la física –que hasta principios de este siglo era considerada
el baluarte más firme del enfoque materialista– es precisamente
la disciplina científica que ha socavado los fundamentos mismos
del materialismo. El supuesto metodológico que sirve de base al
enfoque materialista afirma que es posible reducir todos los procesos
mentales a procesos cerebrales, y éstos a sus componentes físicos.
Esta hipotética reducción supuestamente confirmaría
que la sustancia de la cual la mente está constituida no difiere
esencialmente de la que constituye a la materia. Sin embargo, se ha comprobado
que más allá de las transformaciones materia-energía
hay una realidad completamente diferente cuyos componentes –“potencialidades”,
“probabilidades” o “campos de información” (information
fields)– no pueden ser visualizados. No sólo eso, sino que
además se sustraen en principio a cualquier intento por observarlos.
Según la mayoría de los físicos, el intento mismo
por observarlos provoca su "colapso" en la realidad concreta,
conocida, regida por los parámetros del continuo espacio-tiempo
(colapse of the wave-function). Así,
pues, según la física moderna, incluso las partículas
elementales que forman la realidad física no son materiales en
sí mismas. En palabras de Bertrand Russell: "La idea de que
hay una masa pequeña y dura que es el electrón o el protón
constituye una intrusión ilégitima de nociones del sentido
común derivadas del tacto." Además, la mayoría
de los físicos coincide en afirmar que la separación tajante
entre la realidad subatómica externa y el ser humano que la observa
solamente es una ilusión perceptiva. El mundo observable no existe
en forma independiente del observador.
Al
mismo tiempo, la mecánica cuántica al parecer apoya la tesis
dualista de que la distinción mente-cuerpo es el reflejo de una
dualidad inherente en el universo. La brecha abismal que existe entre
el mundo macroscópico conocido y el mundo subatómico que
lo constituye es análoga en todo sentido al abismo entre los aspectos
físico y psíquico del ser. La polaridad que divide las propiedades
respectivas de esos dos niveles es idéntica en todo a la polaridad
existente entre los dos aspectos de la naturaleza humana. Esto quiere
decir que aunque el dilema psico-físico hasta ahora solamente había
girado en torno a la naturaleza humana (o, si se prefiere, incluso en
torno a la naturaleza de todos los organismos vivos), el progreso en la
mecánica cuántica lo ha ampliado hasta abarcar el universo
entero.
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