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Vida judía


La elección es tuya
Por. Rav Moishe Yoselevitz



Uno de los fundamentos del pensamiento judío es que el hombre es completamente libre de elegir entre hacer el bien o lo contrario. Como está escrito (Deut. 30:15) “Ve que he puesto hoy delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal…” Es por medio de este libre albedrío que el hombre es responsable por sus acciones, por las cuales recibirá un pago adecuado y merecido.

Nos fueron dados dos senderos para elegir, como vemos del versículo anterior y constantemente existe una batalla interna antes de seleccionar el sendero deseado. Es un error el creer que se puede evadir esta batalla y puedo dedicarme toda mi vida a todos mis asuntos, tanto personales como profesionales, sin tener que tomar dirección alguna entre estos senderos del bien y del mal. El ser humano no puede mantener una posición “neutral” en cuanto a si nivel moral, e incluso que ignore estas batallas, el acabará en uno de los dos lados, pero nunca neutral. Es como un niño que va bajando a toda velocidad con su bicicleta y al final de la calle hay una pared; en un par de segundos el tiene que decidir si gira a la derecha o izquierda, pero no girar no es una opción.

Igualmente cada uno de nosotros diariamente vemos la pared y los dos senderos, esta es una realidad de la que no se puede escapar, ¡decídete! Antes de que te estrelles contra la pared.

Este principio lo vemos expresado bellamente en la prohibición de construir escaleras para subir al altar (Éxodo 20:23). Este altar simboliza la habilidad de elevarse moralmente por medio de acercarse al creador. La Tora nos ordena que subamos a este altar por medio de una rampa y no por escaleras. Existen dos diferencias técnicas entre una escalera y una rampa. En la escalera el individuo tiene que realizar los pasos según el tamaño que el arquitecto decidió hacer los escalones, el que no se atiene a estos límites no tendrá un viaje muy placentero. Por otro lado, él puede después de unos pasos, parar a la mitad del camino y tomar un descanso. En la rampa él es libre de tomar sus pasos tan grandes o chicos como el quiera, en este aspecto no tiene límites, pero por otro lado, no puede pararse a la mitad de la rampa y tomar un respiro; cada momento tiene que subir o bajar; o mejor dicho, si no hace un esfuerzo por subir, automáticamente bajará.

Estas son dos lecciones que aprendemos del altar, por un lado subir y elevarse espiritualmente al paso que tu quieras y te sientas cómodo, sin embargo tienes que crecer y subir constantemente, no puedes huir de esta verdad del mundo: el que no se eleva, baja inmediatamente.

Analicemos este sistema con más detalle. Supongamos una persona que acostumbra fumar mucho y una noche siente un fuerte dolor en el pecho. En ese momento “decide” que de ninguna manera fumará mañana, pues sabe que el hacerlo le ocasionará el mismo dolor que siente ahora. Al otro día después de un tiempo, empieza a sentir un gran deseo de prender un cigarrillo; el tiene delante suyo dos deseos, el de fumar y el de no sentir mas dolores nocturnos. Sin embargo, el racionaliza que el fumar un solo cigarro no le causará ningún dolor, y basado en esto, abre la cajetilla y vuelve a su viejo hábito. Y así después de unas horas regresa el deseo y el miedo al dolor y este sujeto se vuelve a engañar a si mismo y se dice “un cigarro no me va a hacer daño”, y así transcurre el día y al recostarse en la noche sobre su cama, le llaga el mismo dolor de la noche anterior.
El sabe que si se deja llevar por su deseo incluso una sola vez, no tiene esperanza de salir victorioso, pero se ciega de la realidad del dolor.

Examinemos de cerca el proceso decisivo de este individuo y por medio de ello entenderemos como funciona este sistema.

Es obvio que si no fuera por este auto-engaño, y pusiera fríamente estos dos deseos delante de él, el deseo de evitar sufrir dolores sería mas fuerte que el de querer fumar un cigarro, y cabe la pregunta de como puede el deseo débil vencer a su contrario que es mas fuerte. De aquí vemos que los deseos no fuerzan a la persona a actuar, sino que él es quien elige que hacer. En este caso vemos que incluso tiene la habilidad de “olvidarse” de la realidad (el dolor) y elegir algo más débil e imaginario, por no querer luchar en contra de sus malos hábitos.

No son aquellos deseos los que los fuerzan a elegir la fantasía, pues como mencionamos el deseo de evitar el dolor es mas intenso, sino que el hombre mismo es el que decide que sendero tomar o que deseo satisfacer.

Es ridículo pensar que el deseo débil capturó y venció a la persona., pues el otro deseo es más fuerte.

La conclusión es clara, mi querido amigo, está en tus manos el decidir, e incluso entre una realidad clara y otro deseo.

Cualquier persona que tuvo un reto y siguió el camino del bien, de la vida, y venció el deseo de hacer el mal, sabe claramente que no somos presos de nuestros deseos y que la elección es únicamente nuestra.

Tu nivel espiritual depende de ti y tienes las fuerzas para conquistar cualquier deseo

siempre y cuando no te des por vencido y luches.

Este mundo es para gente que toma la vida en forma seria y responsable y está en control de sí mismo.

 

Rav Moishe Yoselevitz
(basado en los escritos del Rav E.E. Dessler)




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