Mijael Polaj
Vida Judía

Viendo la mano de Hashem

“Un observante de la mitzvá no sabrá nada malo y  y el tiempo y el juicio sabrá el corazón sabio.” Eclesiastés capítulo 8 versículo 5 En un incendio en un barrio de Jerusalem hace unos pocos días se quemó completament
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“Un observante de la mitzvá no sabrá nada malo y  y el tiempo y el juicio sabrá el corazón sabio.” Eclesiastés capítulo 8 versículo 5

En un incendio en un barrio de Jerusalem hace unos pocos días se quemó completamente un departamento y muy pocas cosas se pudieron salvar.

Ayer me encontré con el dueño del departamento en el Beit hakneset, y me contó en parte la cadena de milagros que habían ocurrido.

La señora logró salir con 5 niños de inmediato cuando vio las llamas consumiendo una de las habitaciones, para cuando llegaron los bomberos un par de minutos después, todo estaba en llamas.

En la pieza donde comenzó el fuego, que al parecer fue por un desperfecto eléctrico, mi amigo tenía sus herramientas y ¡2 botella de trementina (solvente para pintura), que milagrosamente no explotaron!

Después de varios días pudieron entrar en el departamento, el olor era insoportable, pero tenían que ver que se puede salvar. Una de las hijas se le acercó al padre y le dijo, “lo que mas me duele es el sobre con dinero de tzedaka que fui lentamente recolectando para dárselo a gente pobre…” Sin titubear el padre saco de su bolsillo una cantidad equivalente y se la dio en la mano. No te preocupes le dijo, si tu hiciste esa mitzva con todo el corazón, esa plata no se perderá.

Un día fue la hija con el padre nuevamente para revisar y limpiar la habitación de los niños, vieron que el escritorio estaba completamente calcinado, sacaron la cajonera y era todo cenizas, pero… entre esos pedazos de hojas quemadas había un sobre negro por el hollín pero entero, ¡el dinero de la tzedaka se había salvado! mientras que la billetera de la otra hija, que estaba en el mismo cajón se quemo con el dinero que había adentro.

 

HaShem cuida la santidad de Su Nombre

Hace muchos años, mientras estaba por un corto tiempo visitando a mis padres A”H en Latinoamérica me encontré con el rabino de la ciudad. Hablamos sobre algunos adelantos o tal vez “sorpresas” en el ámbito comunitario y me contó especialmente sobre el interés de varios jóvenes de volver a sus raíces y estudiar para cumplir con lo que la Torá ordena.

Era el comienzo de la jazará beteshuva en ese país; había interés, pero faltaban educadores y lugares de estudio. Por otro lado la falta de medios económicos, a muchos de ellos, los varones, no les permitía cumplir con la mitzvá diaria de Tefilín. Cada judío mayor de 13 años debe usarlos en el momento de la Tefilá o en algún momento del día para recitar el Shmá Israel. Por lo general el padre le compra a su hijo los Tefilin —filacterias— para la Bar Mitzva,  pero la gran mayoría de ellos no tenían.

Yo había salido de ese país varios años antes con rumbo a Israel para estudiar en una Yeshivá, y en Jerusalem me había titulado como Sofer STaM (escriba de Sefer Torá,  Tefilin y Mezuzot).

Aprovechando la oportunidad el Rav me propuso una idea, ¿que tal si revisamos la Genizá y vemos si hay pares de Tefilín (uno para la cabeza y otro para el brazo) que se puedan usar todavía?  Su pedido me pareció interesante pero “raro”…

Este tipo de artículos sagrados, si no se les usa, o por algún motivo halajico se vuelven “pasul” — inválidos—y se deben depositar en lugares resguardados para no despreciar su santidad, ese lugar se llama genizá.

 

El Rav, sabiendo que en ese edificio hubo una comunidad observante, y que con el pasar de los años lamentablemente se asimilaron hasta el punto que muy pocos de los descendientes sabía que es un par de Tefilín y para que sirven, encontró la “geniza” el lugar donde se depositaron estos artefactos sagrados, la abrimos y la sorpresa fue desagradable.

En ese lugar había entrado la polilla y carcomido muchos artículos almacenados, Sidurim, libros de oración, bolsas de tela y… Tefilin.

Le propuse al Rav de todas maneras abrirlos y ver si los pergaminos por lo menos estaban en buenas condiciones para reusarlos. Con cautela los abrí cortando su costura y nos dimos cuenta que los gusanillos habían carcomido los batim —la caja de cuero—pero las parashot los pergaminos, ¡increíble!, no tenían ni una marca de peste, estaban intactas. En esas parashot  está escrito el nombre de HaShem varias veces,

¡HaShem no permitió que su sagrado nombre sea tocado!



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