Rav Yehuda Levi
Haftara Semanal

Haftara Parashat Shelaj Leja

Haftara Parashat Shelaj Leja La Haftará de esta semana la encontramos en el libro de Iehoshúa (Josué) 2:1-24 "Y envió Iehoshúa Bin Nun desde Shitim dos hombres espías - en secreto - diciendo: 'Vayan, vean la tierra e Ierijó'. 
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Haftara Parashat Shelaj Leja

La Haftará de esta semana la encontramos en el libro de Iehoshúa (Josué) 2:1-24

"Y envió Iehoshúa Bin Nun desde Shitim dos hombres espías - en secreto - diciendo: 'Vayan, vean la tierra e Ierijó'.  Fueron y llegaron hasta la casa de una mujer que vendía alimentos que su nombre era Rajav, y pernoctaron allí" (2:1).

En la haftará de esta semana, encontramos un relato bastante parecido al tema de la parashá, ya que vemos que Iehoshúa - el conductor del pueblo de Israel después de la muerte de Moshé Rabenu - envió espías para que inspeccionen la tierra de Israel antes de su conquista, así como lo había hecho en su momento el mismo Moshé.  

Sin embargo, el Malbim (Rabí Meir Levush Ben Iejiel Mijal, 1809 - 1879) nos hace notar que aquí el texto nos aclara que esta vez los hombres fueron enviados "en secreto" y sólo Iehoshúa sabía sobre el asunto, a diferencia de como había ocurrido con los otros espías, que cuando ellos fueron hacia su misión todo el pueblo sabía lo que estaba ocurriendo.  Tal vez esa diferencia fue la que provocó que la misión de la época de Moshé fracasó y esta tuvo éxito.

Rajav - la mujer que los hospedó - sabía que ellos eran espías de los hijos de Israel y hasta expuso su propia vida para protegerlos, escondiéndolos, para que el rey de Ierijó no los descubra.  Ella sabía que D'os había prometido la tierra de Quenaan a los hijos de Israel y por eso, antes de que los hombres se vayan de la ciudad, ella les hizo un pedido:    

"Y ahora júrenme por favor a mí por D'os, pues hice con ustedes benevolencia, que harán también ustedes con la casa de mi padre benevolencia, y me daréis una señal verdadera:  Dejarán con vida a mi padre y a mi madre, y a mis hermanos y a mis hermanas y todo lo que ellos tienen, y salvarán nuestras almas de la muerte.  Le dijeron a ella los hombres: Nuestra alma estará en lugar de ellos para morir si no revelaréis esta señal, y será que cuando D'os nos entregue la tierra haremos contigo benevolencia y verdad" (2:12-14).

Rajav les pidió que cuando los hijos de Israel invadan la ciudad mantengan con vida a toda su familia y ellos le aseguraron que incluso expondrían sus propias vidas, en caso de ser necesario, para cumplir con su voluntad.  Lo único que le dijeron es que ellos le darían una señal para que los soldados de Israel los reconozcan al conquistar la ciudad, y ni Rajav ni su familia debían revelarla a nadie para que de esa manera puedan reconocerlos fácilmente.  

Sin embargo, llaman nuestra atención las palabras de Rajav, que les dijo: "Y ahora júrenme por favor a mí por D'os, pues hice con ustedes benevolencia, que harán también ustedes con la casa de mi padre benevolencia, y me daréis una señal verdadera".  

Para entender la profunda intencionalidad de las últimas palabras de este versículo, el gaón Rabí Eliahu de Vilna (1720 - 1798) nos explica en el libro "Divré Eliahu" que esto se asemeja a un comerciante que viajaba por su camino y por algún motivo le terminó faltando una suma determinada de dinero que él necesitaba para llegar a su casa.

Él escuchó que en esa ciudad vivía una persona muy rica y benefactora, y se encaminó hacia su casa para pedirle un préstamo de dinero.  Después de ser recibido por aquel filántropo, este comerciante le contó lo que le había sucedido y el adinerado se comprometió a prestarle la suma que necesitaba para que pueda regresar a su hogar.  Después de que el comerciante retornó a su hogar le envió por correo a aquel benefactor el importe que éste le había prestado.

Después de mucho tiempo ocurrió que aquel benefactor que le había prestado el dinero al comerciante fue a la ciudad donde éste vivía, y también se encontró en una situación donde necesitó dinero.  Él fue hasta la casa del comerciante al que él le había prestado dinero una vez, y después de que el comerciante lo vió, se apresuró a prestarle el dinero y a ayudarlo en todo lo que necesitaba.

Si nos preguntáramos si el comerciante le retribuyó a aquel filántropo como verdaderamente correspondía después de que éste le había prestado dinero una vez, contestaríamos en forma negativa.  Nosotros diríamos que el comerciante todavía no hizo con el hombre adinerado una buena acción acorde con la  buena acción del otro, pues el hombre rico cuando le prestó el dinero no tenía con el comerciante ninguna obligación ni ningún compromiso ético que lo obligaba a prestarle dinero a un hombre que no conocía, y es por eso que lo que hizo ese filántropo se debe considerar un "jésed gamur" (benevolencia absoluta).  

Pero por el lado del comerciante, diríamos que sólo le devolvió el favor a ese benefactor al prestarle dinero, ya que tenía la obligación ética y moral de hacerlo.  Pero si ocurriera que el nieto del benefactor viniera a la ciudad del comerciante y éste hiciera el bien con él, así como lo hizo su abuelo con él, entonces estaríamos hablando de una acción parecida en su magnitud a la de su abuelo, ya que para el comerciante el nieto del benefactor era un desconocido que nunca le hizo ningún favor y de todos modos éste no se abstuvo de prestarle dinero.

Y a esto se refirió Rajav cuando le dijo a los espías: "Y ahora júrenme por favor a mí por D'os, pues hice con ustedes benevolencia".  Ella les quiso decir que por cuanto que hizo con ellos benevolencia sin que ellos hubieran hecho algo por ella con anterioridad, su acción debe considerarse como una benevolencia absoluta.  Y por eso les pidió que le retribuyeran de una manera parecida al decirles: "y harán también ustedes con la casa de mi padre benevolencia y me daréis una señal verdadera", pues por cuanto que su familia no hizo con los espías ninguna bondad, si ellos harán el bien con su familia, su acción será similar a la benevolencia que hizo Rajav con los espías, y también el acto de ellos será considerado una benevolencia absoluta.  

 



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