Rav Yehuda Levi
Temario Semanal

Parashat Itro-2

Temas de la Parashá Shemot (Éxodo) 18:1 - 20:23 Nuestra parashá habla sobre los siguientes temas: Primera aliá (18:1-12):  El reencuentro de Moshé con Itró. Segunda aliá (18:13-23):  Itró le aconseja a Mosh&eac
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Temas de la Parashá
Shemot (Éxodo) 18:1 - 20:23

Nuestra parashá habla sobre los siguientes temas:

Primera aliá (18:1-12):  El reencuentro de Moshé con Itró.

Segunda aliá (18:13-23):  Itró le aconseja a Moshé que cambie el sistema judicial.

Tercera aliá (18:24-27):  Moshé escucha el consejo de su suegro.

Cuarta aliá (19:1-6):  El pueblo de Israel acampa frente al Monte Sinai.

Quinta aliá (19:7-19):  La preparación anterior a la entrega de la Torá.

Sexta aliá (19:20 - 20:14):  La advertencia de Moshé y los Diez Mandamientos.

Séptima aliá (20:15-23):  El pueblo le pide a Moshé que intermedie entre D'os y ellos.  Algunas leyes referentes al culto y a la idolatría.
 

Comentario sobre la Parashá Yitro por el Rabino Yosef Bitton

EL CONSEJO DE YITRO

El suegro de Moshé, Yitró, escucha acerca de todos los milagros que Dios realizó por los judíos en Egipto y llega desde Midián al campamento israelita en el desierto, trayendo consigo a la esposa de Moshé y a sus dos hijos. Moshé lo recibe y le cuenta más detalles sobre todo lo que Dios hizo por ellos. Yitró alaba a Dios y ofrece sacrificios en agradecimiento.     Yitró ve que Moshé está actuando solo como juez y mediador en todas sus disputas que surgen entre los israelitas. Y le explica que esa carga tan pesada sobre los hombros de Moshé eventualmente lo desgastará. Yitró recomienda establecer un sistema de jueces, para lo cual es necesario seleccionar hombres sabios y justos. Moshé debe delegarles responsabilidades, mientras que él solo juzgaría los casos más difíciles. Esto también le permitirá a Moshé dedicar más tiempo a enseñar Torá a su pueblo. Moshé acepta la sugerencia de su suegro y establece el sistema judicial. Yitró regresa a su tierra natal.

 

LA PROPUESTA

Seis semanas después de salir de Egipto, el primer día del mes de Siván, los hebreos llegan al desierto y acampan al pie del monte Sinaí. Moshé sube a la montaña, donde Dios le propone el establecimiento de un pacto o alianza entre Él e Israel: Dios por su parte elegirá a los israelitas como su pueblo protegido, y los judíos por su parte, tendrán que convertirse en un reino de sacerdotes y una nación consagrada a Dios. Moshé le transmite la propuesta de Dios al pueblo y los judíos aceptan celebrar este pacto eterno. Dios le dice a Moshé que los hebreos deben prepararse para el evento. Tienen que purificarse y santificarse durante tres días. En la mañana del sexto día de Siván, se escuchan truenos y relámpagos y el sonido penetrante de un Shofar proveniente de la cima de la montaña. El monte Sinaí está cubierto por una densa nube, hay humo y fuego y el sonido del shofar se hace cada vez más fuerte. Moshe guía a la gente a la montaña y asciende. Dios le advierte a Moshé que nadie debe subir o acercarse durante este evento, excepto Moshé y su hermano Aharon.

 

LOS DIEZ MANDAMIENTOS

Dios revela los Diez Mandamientos a todo el pueblo de Israel 1) Aceptar a Dios como la autoridad suprema. 2) No creer en dioses paganos ni adorar ídolos o imágenes. 3) No usar el nombre de Dios en vano. 4) Observar el Shabbat. 5) Honrar a los padres. 6) No matar. 7) No cometer adulterio. 8) No robar o secuestrar. 9) No prestar falso testimonio. 10) No codiciar la propiedad ajena.

 

EL PUEBLO SOLICITA LA INTERMEDIACIÓN DE MOSHE

Los israelitas están abrumados por el encuentro cercano con la «voz» de Dios. “Ven los sonidos” y se sienten a punto de colapsar o morir a causa de este evento sobrenatural que están presenciando. Le ruegan a Moshé que sirva de intermediario entre ellos y Dios. Moshé los calma y acepta ser el portavoz de Dios (los rabinos explican que esto ocurrió entre el segundo y el tercer mandamiento. Por eso, el primero y el segundo mandamiento se expresan en primera persona, pero el resto de los mandamientos en tercera persona.

 

SIN IMÁGENES

La Parasha concluye con la advertencia de Dios al pueblo sobre la realización de imágenes o representaciones visuales de Dios, recordándole a la gente que cuando Dios se reveló, escucharon su voz, pero no vieron ninguna imagen. Esta exhortación concluye con el mandato de erigir un altar de sacrificios hecho de piedras, especificando que no se deben usar instrumentos de metal en su construccion y no se deben construir escalones en la rampa que lleva hacia el altar.



 

Comentario de la Parashá por el Rabino Yehuda Levi

"Y no subirás por escalones sobre Mi altar, para que no se descubra tu desnudez sobre él" (20:22).

A través de este versículo, la Torá nos quiere enseñar un detalle de la construcción del altar.  El altar era el lugar sobre el que se sacrificaban los animales ofrecidos en el Mishkán (Tabernáculo) - cuando los hijos de Israel estaban en el desierto - y más tarde, en el Bet Hamikdash (Templo Sagrado) en la ciudad de Jerusalem.  La Torá nos enseña que para ascender al altar no se podía usar una escalera sino que se debía utilizar solamente una rampa.

A pesar de que, si es posible, debemos entender las palabras del texto bíblico en forma literal, Nuestros Sabios en el midrash Mejiltá han comprendido que en nuestro caso esto es imposible.  Dice el midrash:   

"¿Qué significan las palabras "para que no se descubra tu desnudez" si ya está escrito: "y harás para ellos pantalones de tela" (28:42) [y por lo tanto es imposible que se descubran las partes íntimas de los sacerdotes]?  Quiere decir que no camine dando pasos largos, sino el talón al lado del pulgar y el pulgar al lado del talón."

Rabí Baruj Haleví Epshtein (1860 - 1942) en su libro "Torá Temimá", nos explica que Nuestros Sabios comprendieron que a pesar de que en este caso es imposible que se descubriese la desnudez de los cohanim (sacerdotes), de todas formas es algo inapropiado dar grandes pasos sobre el altar, pues generalmente es posible que se descubra la desnudez de la persona en un lugar inclinado si esa persona no está bien cubierta, y es por eso que la Torá ordenó subir al altar colocando el talón de un pié al lado del pulgar del otro, y el pulgar del último, al lado del talón del anterior, es decir dando pasos muy cortos.

Sin embargo, el midrash entendió que este precepto no regía en todos los lugares:

"¿Qué significan la palabras: "sobre él"?  Quiere decir que sólo en él
(en el altar) tú no puedes dar grandes pasos, pero sí puedes dar grandes pasos en el hejal y el kódesh hakodashim
(otros lugares del Templo)".

El autor del libro "Torá Temimá" nos explica que el motivo de esta diferenciación es que en aquellos lugares no habían rampas, y es por eso que no había razón para desconfiar de que se descubra la desnudez de alguien a causa de que pudiera dar grandes pasos.

Ahora bien.  Si queremos profundizar en la comprensión de esta mitzvá de la Torá, es necesario conocer las palabras del Rambán (Rabí Moshé Ben Najmán, 1190 - 1270).  Él nos dice que el motivo de este precepto es por el temor reverencial y la honra que debemos profesarle al altar, sin embargo, nos aclara que los preceptos de D'os tienen muchas razones, ya que cada mitzvá tiene mucho provecho - a través de distintas facetas - tanto para el cuerpo como para el alma.    

De todas formas, todavía hay un punto que todavía no está claro, ya que de acuerdo con el Rambán, no se comprende por qué esta mitzvá rige sólo en el altar y no en otros lugares del Templo.  Pero al observar lo que escribió Rabí Iaacov Báal Haturim (1275 - 1340) en su comentario extenso a la Torá, vemos que el motivo de la mitzvá es honrar específicamente al altar, ya que a través de los sacrificios allí ofrecidos, él es el medio de expiación de los pecados del pueblo de Israel, y es por eso que es correcto honrarlo.

Conceptos similares encontramos en el libro "Moshav Zekenim" de los Baalé Hatosafot (s. XII).  Ellos dicen que el altar hace la paz entre Israel y D'os, sin embargo, quien es presumido y arrogante provoca peleas en el mundo, y ese es el motivo por el cual desde que aumentó el número de personas engreídas, se incrementaron las disputas en el pueblo.  Es por eso que la Torá ordenó que se debe ascender al altar caminando lentamente en señal de humildad y sumisión.

Otra opinión encontramos en el comentario de Rashí (Rabí Shelomó Itzjaki, 1040 - 1105) que nos dice que quien asciende hacia el altar dando grandes pasos se comporta en forma despectiva.  Y de acuerdo con las palabras del midrash Mejiltá citadas por él:

"Debes aprender que si la Torá - refiriéndose a estas piedras que no tienen entendimiento para sentirse mal cuando las desprecian - dijo que está prohibido hacer alguna acción que pueda verse como despectiva para con ellas, por cuanto que son necesarias; con mucha más razón debes cuidarte de no despreciar a tu prójimo quien está hecho a imagen y semejanza del Creador, y verdaderamente le duele cuando es despreciado".

 

 

 



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