Rav Elimelej Vanzetta
Pensamientos

Relatividad, Purim y Truma

First slide

Hace un par de años ocurrió algo bastante inusual e inesperado en Israel: un terremoto, que tomó a todos por sorpresa, ya que los temblores no son parte de la vida cotidiana del país.

Aunque su epicentro estuvo cerca del Mar Muerto, sus efectos se sintieron incluso en los países adyacentes. Duró aproximadamente 30 segundos y su potencia alcanzó alrededor de cinco puntos en la escala de Richter.

En situaciones como éstas podemos percibir, de manera práctica, el amplio espectro de nuestras reacciones a los innumerables mensajes que se nos transmiten a cada momento, así como la relatividad que cada ser humano atribuye al significado de la palabra “tiempo”; Al final del temblor me acordé de Albert Einstein y su teoría.

Es bastante interesante observar cómo, en general, el mismo espacio de tiempo puede parecer más largo o más corto dependiendo de la situación en la que nos encontremos. El placer inherente a una ocasión específica puede hacer que su duración ni siquiera sea perceptible; las horas se convierten en minutos, los minutos en segundos y así sucesivamente; Mientras que las situaciones desagradables tienden a hacernos sentir el peso de cada milésima.

Bajo tal lógica, podríamos decir que un minuto de nuestra música favorita pasa mucho más rápido que un minuto de ruido ensordecedor, cinco minutos de sueño pasan mucho más rápido que cinco minutos cuando estamos despiertos, así como decir que dos horas de ocio son infinitamente más cortas que dos horas de trabajo o estudio.

Después del terremoto en cuestión, por ejemplo, se observaron numerosas reacciones. Las personas que venían de lugares donde estos fenómenos naturales eran frecuentes parecían no dar importancia a lo ocurrido, mientras otros, procedentes de ciudades y países no acostumbrados a los terremotos, tenían una auténtica expresión de pánico en sus rostros.

De hecho, no hubo ningún daño material para el país ni para la población. Sin embargo, la mayor consecuencia de lo ocurrido se sintió en términos emocionales. La gente se preguntaba cómo era posible que Israel no hubiera sufrido víctimas ni bajas mientras que Turquía, no muy lejos, había quedado prácticamente devastada tras un terremoto similar ocurrido hace varios años años.

Desde un punto de vista puramente lógico y material humano, no podemos comprender cómo dos incidentes muy similares producen resultados tan diferentes.

Incluso en nuestra propia historia encontramos ocasiones en las que la similitud de ciertas festividades nos hace cuestionar por qué no nos comportamos de manera uniforme en situaciones aparentemente idénticas.

Dos ejemplos que podemos citar para ilustrar mejor lo anterior son las fiestas de Janucá, que se celebra en el mes de Kislev, y Purim, que celebraremos en unos días, en el mes de Adar.

En ambas ocasiones celebramos el triunfo de Bnei Israel contra sus opresores, que pretendían la destrucción de todo nuestro pueblo. Sin embargo, nuestro comportamiento en aquel momento era completamente diferente. 

Contra los griegos, en Janucá, luchamos físicamente por nuestra supervivencia, aunque carecíamos de capacidad militar o de contingente humano que pudiera, sin lugar a dudas, enfrentar el poderío militar de nuestros torturadores. 

Sin embargo, en Purim ni siquiera consideramos el poder físico persa y optamos por llevar a cabo nuestra batalla de otra manera, es decir, ayunando y orando para que HaShem venga en nuestro rescate.

¿Cómo podemos entender, desde un punto de vista puramente material, tanta diferencia en el comportamiento de Bnei Israel ante dos situaciones tan similares?

En realidad no podemos. Sin embargo, abstrayéndonos de conceptos puramente materiales, podemos, a través de un análisis más profundo, llegar a comprender qué motivó a los hijos de Israel a optar por dos tácticas tan radicalmente diferentes y, del mismo modo, lograr su objetivo.

Durante el régimen helenístico, nuestros opresores procuraron la destrucción espiritual de nuestro pueblo. Prohibieron el estudio de la Torá, profanaron el Templo Sagrado y su Altar, y alentaron la asimilación y el olvido de nuestros valores. Querían absolutamente reemplazar nuestra esencia con su esencia. Con ello atacaron explícitamente no sólo nuestros valores más sagrados, sino también a nuestro Creador, pues consideraban que sus designios eran inferiores a los propagados por la sociedad griega.

Nos damos cuenta de que atacaron directa e indiscriminadamente no sólo a Bnei Israel, sino también a la Torá y a Hashem. Ante esto, era nuestro deber luchar físicamente y sin medir nuestros esfuerzos, porque mucho más que nuestra supervivencia, lo que estaba en juego era nuestra lealtad irrestricta al Creador, la defensa de Su Nombre y Su Torá. Por lo tanto luchamos incansablemente y logramos derrotar a nuestros enemigos, reabilitando el Templo de Jerusalem con su Altar y gracias a esta gran victoria, actualmente podemos celebrar la fiesta de Janucá.

Sin embargo en Purim, contra Paras u Maday—imperio Medopersa adoptamos otra táctica. No luchamos físicamente, no tomamos las armas, no hubo derramamiento de sangre ni campo de batalla. Elegimos ayunar y orar, pidiendo a Hashem que nos ayude.

¿Pero por qué no luchamos? ¿Por qué nos sentamos y esperamos que venga ayuda del Cielo?

En Purim celebramos nuestra supervivencia física, ya que nuestros enemigos querían nuestro exterminio material, no les importaba  nuestra observancia religiosa. Así pues, sólo había una manera en la que podíamos asegurar nuestro triunfo, y era hacer que esa fuera la voluntad de Hashem; motivarlo a interceder en nuestro favor, pues como decimos en nuestras oraciones de Rosh Hashaná, en Sus Manos está la decisión de quién merecerá seguir viviendo, y tal decisión está íntimamente conectada a nuestra capacidad de reconocer a nuestro Creador a través de nuestras oraciones, las cuales constituyen una parte intrínseca de nuestro Servicio Divino (Avodas Hashem).

La Mishná en Pirkei Avot dice: “El mundo se basa en tres cosas: en la Torá, en el Servicio Divino y en los actos de bondad”.

Acerca de la Torá, implica nuestro estudio. El Servicio Divino implica nuestras oraciones y nuestras Mitzvot, así como nuestra relación con nuestro Creador. Los actos de bondad implican nuestras Mitzvot hacia nuestro prójimo, nuestro semejante.

Vemos, entonces, cuán diferentes fueron en realidad las causas que nos llevaron a la guerra contra los griegos en Janucá y a ayunar y orar a Hashem para que nos salvara de las manos de los persas en Purim.

En el primer caso, le correspondía a Bnei Israel defender el nombre de Hashem, mientras que en el segundo, le correspondía a Hashem interceder en nombre de Israel.

Podemos ver entonces cómo, a primera vista, es fácil relativizar simplemente acontecimientos aparentemente similares, incluso si sus consecuencias son diferentes. Sin embargo, cualquier análisis más detallado de la situación revela sin duda aspectos únicos y exclusivos inherentes a cada ocasión.

En Purim, por ejemplo, hay una halajá (precepto legal) muy interesante que nos instruye a no negar Tzedaká a nadie. Todo aquel que se acerca a nosotros pidiendo algo debe recibir respuesta. En otras palabras, aumentamos nuestros actos de bondad hacia los demás como una forma de agradecer a Hashem por todo el bien que nos concede.

Esta semana leemos la Parashat Trumá, que tiene como tema central la construcción del Mishkán (Tabernáculo de Hashem), así como la recaudación de fondos para hacer posible tal emprendimiento.

La Torá dice al comienzo mismo de la Parashá: “Y habló el Señor a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y apartad para Mí una ofrenda; de todo varón cuyo corazón le mueva a hacer esto, tomaréis Mi ofrenda”. (25:1-2)

Rashi nos explica que Hashem le ordena a Moshe transmitir Su mensaje a los Bnei Israel, pero deja muy claro que sólo deben hacerlo aquellos que se sientan ansiosos de hacer su aporte a la construcción del Mishkan, motivados por el amor al Creador y no por la presión social o la búsqueda del honor personal.

El comentarista Sforno nos explica que la expresión “tomarás para mi mi ofrenda”, no indica que lo hicieran como recaudación de impuestos, sino más bien como una forma de recibir lo que cada judío había decidido donar en nombre de Hashem para la construcción de Su Morada.

Esta semana leemos las instrucciones detalladas sobre cómo proceder en la construcción del Tabernáculo.

Leímos sobre la colección. La Torá dice: “Mira y haz conforme a la forma que te mostré en el monte”. (25:40) El Midrash Tanjuma nos enseña sobre este versículo que la dificultad para hacer la Menorá era tan grande que Hashem le mostró a Moshe Rabbeinu, cuando estaba en la cima de la montaña, una imagen de una Menorá para que entendiera cómo proceder, ya que Moshe no se sentía capaz de llevar a cabo esta instrucción en particular debido a su complejidad.

Sin embargo, comenzó a hacerlo, trabajando con todas sus fuerzas para hacer la voluntad de Hashem.

El Gur Aryeh nos explica que eso era precisamente lo que Hashem estaba esperando, es decir, que Moshe Rabenu comenzara, con sus propias manos, a realizar lo que le había sido asignado por su Creador, aun sin entenderlo plenamente, porque en ese momento Hashem intercedería en su favor y completaría su obra. Hashem le ordenó a Moshe que arrojara todo el lingote de oro sólido al fuego, de donde surgió la Menorá totalmente terminada.

Esto es precisamente lo que el Creador espera de cada uno de nosotros, es decir, que hagamos nuestra parte, aunque quizás no entendamos del todo cómo proceder, porque una vez que tomemos la iniciativa y demostremos a Hashem nuestra determinación de cumplir Su voluntad, Él ciertamente vendrá en nuestra ayuda.

Una de las expectativas que Hashem tiene para cada uno de nosotros está estrechamente ligada a la palabra que da nombre a esta Parashá, es decir, Trumá —una dádiva, una porción de nuestro capital destinada al Servicio Divino, una forma de hacer justicia redistribuyendo parte de nuestras ganancias a causas dignas o a personas necesitadas.

Imaginemos la siguiente escena: Necesitamos los servicios de un intermediario que destine el 10% de los fondos que le confiemos a una causa que defendemos, es decir, damos instrucciones claras a esta persona de que puede quedarse con el 90% de todo lo que le entreguemos siempre que cumpla con esa única cláusula. ¿Cuál sería nuestra reacción si tal persona no cumpliera con su obligación?

Probablemente lo elegiríamos nuevamente como nuestro intermediario.

Sin embargo, si tal individuo cumpliera su parte de manera impecable, demostrando ser digno de toda nuestra confianza, ciertamente aumentaríamos la cantidad que le destinamos, pues tal persona está cuidando lo que le fue concedido de manera ejemplar. De la misma manera actúa Hashem hacia Bnei Israel.

Hay innumerables ejemplos, tanto históricos como contemporáneos, en nuestra comunidad de personas extremadamente exitosas desde el punto de vista material que atribuyen toda su prosperidad al cumplimiento de la Mitzvá de Maasser (Diezmo), que abarca las subcategorías de Trumá, Tzedaká, etc.

Asimismo, hay personas que han terminado perdiendo grandes fortunas precisamente por incumplir esta obligación específica.

Como se dijo la semana pasada, uno de los nombres de Hashem es, precisamente, Av HaRachaman, es decir, Padre Misericordioso, porque dentro de Su Misericordia, Hashem envía mensajes a aquellos que incumplen con sus obligaciones, antes de tomar medidas drásticas contra dichas personas. Es poco probable que una persona pierda toda su fortuna sin que nuestro Creador le envíe primero señales e instrucciones sobre cómo proceder para corregir lo que no está haciendo.

Lo mismo puede decirse del cumplimiento de todas las demás Mitzvot. Refiriéndonos una vez más a la oración de Rosh Hashaná, en la que pedimos ser inscritos y sellados en el libro de la vida, podemos decir que es poco probable que Hashem le quite la vida a alguien, de manera trágica, sin antes enviarle una serie de advertencias destinadas a concientizar a esa persona para que corrija sus actos, justificando así su existencia continua.

Estos mensajes pueden adoptar diferentes formas, individuales o colectivas; público o privado; pequeño como una inquietud o un dolor de cabeza o tan grande como un... terremoto.

Vemos, entonces, por qué un terremoto en Israel no es exactamente igual que un terremoto en cualquier otro país. Sobre todo si tenemos en cuenta su nivel de intensidad, definido por los propios geólogos como suficientemente fuerte como para atraer la atención de todos y suficientemente débil como para no causar víctimas mortales o daños.

El Talmud de Babilonia afirma en el Tratado de Taanit que ningún edificio se derrumbará si en él hay al menos un Tzadik, una persona justa, una persona meritoria.

El Jazón Ish ZT”L, uno de los primeros habitantes de la ciudad de Bnei Brak, decía que nada malo le sucedería a esa ciudad mientras su razón de ser estuviera centrada en el estudio de la Torá y el cumplimiento de las Mitzvot. 

En 1991, durante la primera Guerra del Golfo, ocurrió un episodio que parecía indicar el fin de esa era. Un grupo de hombres golpeó la puerta de HaRav HaGaon R’ Chayim Kanievsky zz”l en mitad de la noche. Le dijeron que un misil había caído ¡en las afueras de la ciudad!, hecho que había asustado mucho a todos los habitantes de la ciudad.

La Parashá Trumá también sirve como incentivo para que incrementemos nuestros actos de bondad hacia nuestros semejantes, para aumentar nuestro sentido de justicia social y para poner un poco más de esfuerzo en cumplir las Mitzvot asociadas a uno de los tres pilares que sostienen al mundo, como se mencionó anteriormente (Mishná - Pirkei Avot) los actos de bondad.

Es sumamente oportuno leer esta porción semanal unos días antes de la fiesta de Purim, para que de esta manera podamos llegar al 14 de Adar (15 para algunas ciudades) imbuidos de la alegría que brinda este mes y más conscientes de nuestras obligaciones sociales para con nuestros semejantes gracias a lo aprendido esta semana.

Hay una expresión muy interesante que a menudo se menciona en ocasiones festivas como compromisos, bodas, bris milá, etc. a las personas que aún no han tenido el mérito de experimentar ese tipo específico de alegría. La frase se lee así: BeKarov Etzlechah, que significa pronto en tu vida (o literalmente en tu hogar).

Pero esta expresión tiene un significado más profundo, que puede entenderse como: Titkarev Otchah, es decir, ¡acércate!

Acércate a la posibilidad de ser feliz, haz tu parte para que la alegría se convierta en la norma en tu vida, y ese es el verdadero mensaje que nos transmite esta frase.

Así como Moshe Rabbeinu, a pesar de no estar seguro de cómo proceder, comenzó a hacer la Menorá de Oro y Hashem lo ayudó notando su iniciativa y su deseo de agradar al Creador, también nosotros debemos hacer nuestra parte en todo lo que nos concierne, debemos hacer nuestra hishtadlus, es decir, la actividad inherente a la posibilidad de alcanzar nuestras metas.

Ojalá que en este mes festivo intensifiquemos verdaderamente nuestra alegría y reflexionemos sobre lo que podemos hacer por nuestros vecinos y por nuestra gente. Nuestra Trumah (contribución) puede darse de innumerables maneras, además de la tradicional contribución financiera, que también es sumamente importante.

Como ya dijimos, en Purim debemos dar una mano y contribuir con todos aquellos que nos extienden la mano, ojalá tengamos el mérito y la inteligencia de llevar este precepto unos pasos más allá, es decir, que devolvamos una sonrisa a toda persona que nos regale una sonrisa, o incluso a aquellos que no lo hagan; que ofrezcamos palabras amables a todos los que las necesiten; que nos hagamos útiles a quienes nos necesitan, porque así seguramente estaremos creciendo como seres humanos y demostrando a nuestro Creador que nuestra parte la estamos cumpliendo, de ahí en adelante todo está en Sus Manos.

¡Ojalá Titkarev! ¡¡¡Acércate más!!!

De esta manera permitimos que Hashem también se acerque a cada uno de nosotros, haciéndonos sentir que cada una de nuestras horas en Su compañía pasan tan rápido como milisegundos, porque como dice Rav Moshe Chayim Luzzatto ZT”L, no hay placer más grande que la unidad total con nuestro Creador.

¡Shabat Shalom!

¡POR LA ELEVACIÓN DEL ALMA DE MI AMADO PADRE Y MAESTRO!