Dr. Eduardo Cohen
Entendiendo el JudaĆ­smo

Mi linea directa con HaShem

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Desde sus orígenes, el hombre ha intentado comunicarse con D'os. Sea a través de sus hechos, sea a través de sus palabras. Su don parlante lo ha diferenciado de las formas inferiores de vida, pero sólo su uso para conectarse con lo divino, lo ha transformado en persona. Esto es lo que llamamos tefilá (rezo), la quinta esencia del hombre y el trampolín que nos permite elevarnos por encima de nuestras miserias cotidianas.

 ¿Quién no hizo tefilá alguna vez?  

No importa el idioma, la forma ni el lugar. Personas observantes de nuestras tradiciones o alejadas de ellas. Con el habla o con el pensamiento. Todos. Es una necesidad humana tan vital, que ocurre casi sin damos cuenta.

Parafraseando al Rab Efraím Diñes Shlitá "la tefilá es el diálogo con D'os y quien ha enmudecido en dicho diálogo, está seriamente mutilado en su anatomía espiritual".

Asombroso. Así como hay sensores cutáneos que informan al organismo de los cambios en la temperatura ambiental, así hay también sensores espirituales que me alertan de la humana necesidad de orar. Pero a diferencia de los primeros, éstos se atrofian, desaparecen cuando no son usados con asiduidad pudiendo caer en la trágica situación de no sentir la necesidad de comunicarme con mi creador.

Pero, ¿por qué es tan importante rezar?

Dos cuestionamientos se escuchan con mucha frecuencia a esta pregunta.

El primero; ¿acaso D'os no conoce mis necesidades desde antes que yo las verbalice? Y segundo; ¿quién se beneficia con el rezo? ¡Muchas veces pedimos por cosas que nos son denegadas!

Vayamos por parte. Primero debemos clarificar en nuestros corazones, que sin lugar a duda D'os explora y conoce nuestros secretos más recónditos aún antes que éstos nazcan; pero hay aquí un punto muy importante. No hacemos tefilá para informar a Él de nuestra situación, sino para refrescar en nuestra conciencia, nuestra total dependencia de Él y de sus designios.

A la segunda parte de la pregunta, contestaré con una frase del Rab Abraham Twersky "D'os no es un repartidor de premios". Solemos hacer depender su bondad (y a veces su existencia...) de la complacencia de nuestros pedidos.

Cuentan de una niña que lloraba desconsoladamente ante su muñeca rota. Reiteradamente le había pedido a su mamá que la arregle. Era erev Shabat (víspera), donde el tiempo y la paciencia escasean. Agotada de tanta insistencia, la mamá le dijo "¡Qué D'os te la arregle!". Al rato la niña dejó de llorar. Sorprendida, la señora se dirigió al cuarto, para contemplar sin entender, a su hija sonriente al lado de su muñeca rota. La niña le explicó, "¡le pedí a D'os que me la arregle y Él me contestó que no!".

La hija entendía mejor el concepto de la tefilá que la madre. ¡D'os puede decir no! a nuestros pedidos y seguir siendo el D'os piadoso y misericordioso de siempre. Está en nosotros saber anular nuestra voluntad frente a la suya y aceptar que, por nuestra condición humana, hay cosas que no podemos entender. Si no fuera así, o nosotros seríamos dioses o D'os sería humano.

¿Qué piensa esta generación de la tefilá?, ¿acaso es un rito caduco propio de los ancianos que se reúnen en los bate Kenesiot, al amanecer, porque carecen de otra ocupación en el día? ¿O de los jóvenes fracasados, de escaso coeficiente intelectual, que se refugian en los templos, para ocultar su baja autoestima?

¡Veamos!

 ¿Hicieron tefilá alguna vez?

Pablo: nunca sentí necesidad, quizá porque nunca me enseñaron cómo ni por qué.

Demian: a mi manera sí, en castellano, uno siente que se conecta a algo superior.

Ariel: entiendo que es un precepto a cumplir. La verdad, cuando yo voy al templo, no hago tefilá.

Alejandro: varias veces. Siempre en español ya que no manejo el hibrit. Creo que igual debe tener valor.

Diego: yo hago tefilá regularmente. Incluso me pongo íefilim todos los días. Es una experiencia única.

¿Para qué creen que sirve la tefilá?

Ezequiel: lo veo más como una necesidad para sentirse bien. Yo a veces la practico.

Diego: da un sentido comunitario. Por eso es mejor con un sidur. Al hacerla todos juntos y al mismo tiempo, estamos más unidos.

Hernán: no creo que me conecte con D'os. Cuando lo hice, fue a mi manera.

Maxi: puede ayudarnos; pero no creo que como algo fijo, sino cuando yo lo crea necesario.

¿La tefilá es para pedir? Y si es así, ¿no sabe acaso D'os mis necesidades antes que las verbalice?

Demian: D'os escucha; pero también hay un destino. Quizá el mío no es tener lo que pido y al pedirlo, lo tengo.

Daniel: no sabría que contestar. Es una contradicción.

Pablo: no estoy tan seguro que Él conozca mis necesidades. Siempre hay que pedir.

 

La tefilá, un arma maravillosa

En su gran sabiduría nuestros Sabios dispusieron que tres veces por día hagamos tefilá. Cuando la rutina diaria amenaza con alejarnos de nuestra conciencia espiritual, viene la tefilá a recordarnos nuestro designio superior y nuestra misión en el mundo.

¡Pero cuidado! Como todo acto repetitivo en el tiempo, está expuesto al acostumbramiento y a la insensibilidad. Si no ponemos atención a esto, nos vamos a encontrar, luego de un corto período, que nuestras oraciones se han convertido en algo mecánico y automatizado, carentes de la emoción requerida para merecer el nombre de tefilá.

Si mi tefilá de hoy fue igual a la de ayer, algo anda mal en mí. A tal punto esto es trascendente que el Rambam, en su Mishné Tora, Halajot Tefilá dictamina: "Toda tefilá sin cavaría (concentración) no es tefilá. Y si rezó sin cavaná, que repita su tefilá. Si su mente está embotada y su pensamiento disperso, está prohibido orar hasta que serene su espíritu".

Es tan relevante la tefilá para la construcción de nuestro ser judío, que el Rab Yejezkel Levenstein ztz”l nos dice: "La gente cree que la tefilá es un medio para solucionar los problemas. Se equivocan. El problema es el medio que D'os usa para que la persona se acuerde de hacer tefilá".

Por eso escribe el Rab Avigdor Miller, en su obra "¡Rejoice o Youth!": "Es el sufrimiento el mayor regalo que en este mundo puede recibir la persona, ya que cual crisol purificador, lo eleva y lo ayuda a intimar con su Creador".

A la inversa, una vida que es continua vacación, regocijo y abundancia, puede ser el reflejo del deseo Divino de abandonarnos y cortar toda relación con nosotros. Una tragedia disfrazada de fortuna.

Está escrito que desde la destrucción del Bet Hamikdash, se han cerrado todas las puertas del cielo para las tefilot, menos para las que se recitan con lágrimas. Provocarlas, es un acto que linda con lo ficticio. Que sean verdaderas y espontáneas, es la prueba que entendemos delante de Quien estamos orando y para qué.

D'os está deseoso de escuchar nuestra tefilá. Tenemos un arma maravillosa en nuestras manos. No la desaprovechemos.