Adaptación Rav Gabriel Guiber
La Hoja

La Hoja Parashat Ki Tavo 1

BS”D HASHEM NOS LLAMA... Y NOS AMA Rabi Shalom Shevadron ztz”l, cuando disertaba sobre el mes de Elul, específicamente, sobre la expresión “la Voz de mi Tío llama”, acostumbrabatraer este ejemplo: Había una familia en los Estados Unidos...
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BS”D

HASHEM NOS LLAMA... Y NOS AMA

Rabi Shalom Shevadron ztz”l, cuando disertaba sobre el mes de Elul, específicamente, sobre la expresión “la Voz de mi Tío llama”, acostumbrabatraer este ejemplo:

Había una familia en los Estados Unidos... el hijo mayor se casó, formó su familia y se fueron a vivir a la tierra de Israel.

Durante muchos años, no vieron a sus padres, porque en esos tiempos, los viajes exigían el desembolso de una gran cantidad de dinero, cuando la situación económica de su familia y de la familia de los padres, no lo permitía...

Los padres envejecieron, y el padre escribió una carta al hijo, que vivía al otro lado del mar: hijo querido, nosotros ya no somos jóvenes, y se nos escapa el alma de tanto extrañarte. Muchos años sin verte, no conocemos a tu familia, no tuvimos el mérito de conocer a tus hijos. Hijo querido, llegó el momento en que nos veamos, y si no es ahora – quién sabe si tendremos otra oportunidad...

Y como nosotros sabemos, que tú estás muy abocado al sustento de tu familia – agregó el padre en su carta – yo estoy dispuesto a viajar hacia ti, a la tierra de Israel.

El viaje es tan largo y agotador, por lo que pensamos que sería muy difícil de soportar para tu madre, por eso, iré yo solo...

El hijo recibió la carta, y respondió con alegría a la propuesta de su padre, esperando con ansiedad la visita del padre, en su casa.

El viaje se programó con un mes de anticipación. Desde el momento en que se fijó la fecha y hasta el día anterior al viaje, el padre visitó casi todos los comercios de la ciudad, comprando a derecha y a izquierda, todo tipo de cosas bonitas, que llevaría en su viaje para repartir regalos a su familia. Cada uno recibiría sus regalos. Y cada noche, antes de ir a dormir, hablaba con su esposa sobre el tan esperado encuentro, y le contaba sobre los regalos que había comprado ese día, explicando quién recibiría cada regalo.

Un día antes de la partida, el hombre preparó su maleta, con sus efectos personales, y una segunda maleta – con los regalos que compró. Esa noche no pudo dormir, de tanta emoción. En la mañana, inmediatamente después de la Tefila, el hombre abandonó su casa, rumbo al puerto, de allí embarcaría hacia la casa de su hijo, al otro lado del mar.

El viaje demandaba varias semanas. En cada conversación que tenía con otros pasajeros, el tema era uno solo: la emoción frente al encuentro con su hijo y su familia. A todos les contaba sobre sus nietos, detallando sus nombres y sus edades, y desde luego – también hablaba sobre la cantidad de regalos que traía, para su querida familia...

En la noche, cuando se recostaba a dormir, en el camarote del barco, pensaba en el tan esperado encuentro, con su hijo y con sus nietos... seguramente, lo recibirían en el puerto, en la tierra de Israel.

Su corazón latía con fuerza – por la emoción tan grande, y esperaba con ansiedad, el final de esa larga travesía, realmente agotadora.

Finalmente, el barco llegó al puerto, en la tierra de Israel. Bajó del barco, con muchas dificultades para arrastrar sus maletas tan pesadas.

Esperaba encontrarse en el puerto con su querido hijo – al que no veía durante tantos años – y a sus nietos – que nunca vio – portando carteles “¡Bienvenido querido abuelo!”.

Pero, ¡qué grande su decepción, al ver que nadie vino a recibirlo!

No sabía explicar la causa de la ausencia del hijo. Pensó en varias posibilidades, y sintió consuelo: al parecer, no sabían la fecha exacta de mi llegada, y quién sabe, tal vez, no pudieron llegar por algún otro motivo. Tengo la esperanza – pensó – de que todos estén sanos y fuertes, y ninguna cosa mala les haya

sucedido...

Arrastró sus maletas, y ahora, debería hacer – solo y por su cuenta – el camino hasta la casa de su hijo. En sus anotaciones tenía registrada la dirección donde vivía su familia. Alquiló un conductor para que lo lleve a su destino.

Durante todo el camino, las emociones iban en aumento. Trataba de imaginar el recibimiento en la casa de su hijo. Si no fueron a recibirlo al puerto, en la casa, le esperaba algo muy especial...

Le contó al conductor, con emoción: ya quiero ver los carteles en la puerta de la casa, en honor a mi llegada... en pocos minutos me encontraré con mi hijo, después de tantos años, y con mis nietos, que no conozco.

Seguramente, caerán sobre mis hombros, y gritarán: ¡Abuelo, abuelo!, y yo los abrazaré y los besaré con todas mis fuerzas...

Y llegaron a destino. Se separó del conductor, le pagó por su servicio, y, con sus maletas, ya sin fuerzas, pero con la fuerza de la emoción, se arrastró hasta la casa de su hijo...

Todavía no había amanecido, y las calles estaban desiertas...

Llegó hasta la puerta de la casa, miró aquí y allá... los carteles de bienvenida no estaban... ninguna señal de que hubiera algún recibimiento...

Con amargura, pensó: ¿qué pasa aquí? Rezó en su corazón, pidiendo que todo esté en orden...

Golpeó a la puerta. Su corazón latía más fuerte, más rápido. En un instante se encontraría con su querida familia, y, entonces, sabría por qué no lo recibieron como esperaba...

Golpeó la puerta, pero muy despacio, para no despertar a los vecinos, en horas de la madrugada – pero no escuchaba nada, no había respuesta. Aumentó la fuerza de los golpes, sin respuesta...

Y estaba confundido: ¿qué pasa ahora?, ¿a quién me voy a dirigir?

Decidió hacer el último intento, tal vez, algún integrante de la familia escuche los golpes.

Oh, Baruj Hashem, escuchó unos ruidos, y los pasos de alguien que se acercaba a la puerta, con lentitud.

Se abrió la puerta, ¿y quién estaba en la puerta?, su querido hijo, en persona.

Pero, el hijo estaba con ropas de cama, los ojos pegados por el sueño. Al parecer, los golpes sobre la puerta lo despertaron. El miró al padre, al que no había visto durante tantos años, y le dijo:

Ah, ¿eres tú?... ¿por qué llegas a esta hora tan temprana?, yo lo lamento mucho, toda la familia está durmiendo y yo no quiero molestarlos... en la calle contigua hay un pequeño hotel, puedes descansar allí, mientras tanto...

Al padre se le salía el alma. No esperaba esto. En los peores sueños no hubiera imaginado semejante recibimiento, de parte de su querido hijo...

Hizo un intento más: por favor, hijo querido, déjame entrar por un instante, yo quiero abrazarte... yo quiero – al menos – dejar las maletas, son muy pesadas...

Pero, el hijo, no cambió: no es momento... ve al hotel, nos veremos en la tarde...

El padre se arrastraba, camino al hotel. Se sentó en la cama de su cuarto, y lo primero que hizo fue, llorar. Un llanto amargo. Una tormenta atravesaba su alma...

Y decidió – al momento – llamar a su agente de viajes, en los Estados Unidos, aunque allá era de noche, muy tarde. Llamó a la casa particular de su agente y se disculpó con él por lo inapropiado de su llamado.

No quiso hacerle perder tiempo, simplemente le dijo: pensaba quedarme aquí por dos semanas, pero, lamentablemente, hubo un cambio de planes, y necesito que, por favor, me busques un lugar en el primer barco que salga de regreso – inclusive hoy mismo...

Llegaron las horas de la tarde, pero el padre no llegaba a la casa de su hijo. El hijo decidió ir a buscarlo, al pequeño hotel y averiguar qué pasaba.

Se acercó a la recepción y preguntó por el visitante que llegó en la madrugada, de los Estados Unidos.

El hombre le respondió: en efecto, llegó aquí un visitante, un iehudi muy anciano, que arribó desde los Estados Unidos... Resulta sorprendente, que su apellido – es el mismo que tu apellido...

Estuvo aquí durante una hora o dos, y se fue... Con mucha dificultad arrastró sus dos maletas... Le pregunté por qué se iba tan pronto y a dónde se dirigía, y me contó que hoy mismo, volvía a su país...

Dijo rabi Shalom: ¡la Voz de mi Tío llama! Hakadosh Baruj Hu golpea sobre las puertas del corazón: ¡Abranme, hijos míos!...

Hashem llega al pueblo de Israel en Elul – y pide que le abramos la puerta – porque llega con una maleta llena de regalos: larga vida, salud, sustento, satisfacciones de los hijos, parejas para los hijos... ¡todo!

Viene lleno de amor hacia nosotros, somos sus hijos, si nosotros somos para El, El será para nosotros, además de todo tipo de calificativos de amor y unidad... ¡cuánto amor!, ¡cuánta emoción por el encuentro!

¿Qué nos pide?, que le abramos una pequeña puerta...

¿Y qué respondemos?, ¡oy!, igual a ese hijo... ¿cómo se puede explicar la conducta de ese hijo? – que, en realidad, somos nosotros...

La respuesta es simple: nosotros no estamos dispuestos a realizar esfuerzos, no queremos “invertir”. Es muy difícil realizar un cambio en uno mismo, somos haraganes y decimos... ahora no – después... ahora quiero dormir, estoy cansado, Ein Li Coaj (no tengo fuerza).

Es cierto, hay un horario exacto para la Tefila, pero yo no soy un cronómetro... apenas dormí unas horas, y ya necesito levantarme... ¿qué pasa si me atraso un poco?... no pasará nada...

Elul pasa muy rápido – dice el rab hagaon Jizkiahu Mishkovsky Shlita – llega Rosh Hashana, Iom Hakipurim... y si después llegan problemas y sufrimientos – que no lleguen – de pronto nos acordamos de Hashem. Pero ya es un poco tarde, yo necesito al Creador, salvación, curación, su Piedad... Busqué y no encontré, llamé y nadie contestó... Estuvo, y lo dejamos ir...

Doresh Tov – Elul.

LEILUY NISHMAT

Israel Ben Shloime ztz”l

Daniel Israel Ben Iehuda ztz”l

Shlomo Ben Simi ztz”l

Rab Itzkaj Ben rabi Shalom Mordejai Shevadron ztz”l

 

Lea (Luisa) Bat Rosa Aleha Hashalom

Leah Guitel Bat Rajel Aleha Hashalom

Sofía Bat Baruj Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu Aleha Hashalom

Olga Bat Rosa Aleha Hashalom

Clara Bat Elías Aleha Hashalom

Rivka Bat Mordejai Jaim Aleha Hashalom



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