SIN HUMILDAD, NO HAY TORA
“Y Hashem llamó a Moshe, y le habló desde la Tienda de la Reunión” (Vaikra 1,1)
La humildad de Moshe, la encontramos señalada en la primera palabra “Vaikra”. Cuando profundizamos en el Sefer Tora, en el primer versículo de la perasha, enseguida vemos que la letra “Alef”, ?, de la palabra “Vaikra”, se escribió más pequeña que el resto de las letras. Y ya escribió el “Baal Haturim” que esto viene a señalarnos la humildad de Moshe Rabenu, que no quiso escribir en la Tora la palabra “Vaikra”, sino “Vikar” (sin la Alef), como fue escrito con Bilam, como indicando que Hashem se le hizo ver en forma casual. Y Hakadosh Baruj Hu lo obligó a escribir la palabra con “Alef”, y finalmente llegaron a un acuerdo y la “Alef” se escribió más pequeña.
Con la “Alef pequeña”, el gaon rabi Iosef Jaim Soifer ztz”l, en su libro “Ismaj Israel” encontró una semejanza para relacionarla con la humildad. La letra “Alef” tiene que ver con el estudio, como encontramos en “enseñar” (veaalefja) sabiduría (Iov 33,33), y la “Alef” pequeña nos indica que para enseñar es necesaria la humildad.
Cuando no hay humildad, se le dificulta al que estudia, aprender de todos los hombres, como está escrito en el Pirke Avot, que es una de las condiciones necesarias para el aprendizaje. La Mishna (Pirke Avot 4,1): “dijo Ben Zoma, ¿quién es el sabio?, el que aprende de todas las personas”, como está escrito (Tehilim 119,99): “aprendí de todos mis maestros”. Y más está escrito (Taanit 7a): dijo rabi Janina hijo de Idi: ¿por qué se comparan las palabras de Tora con el agua?, como está escrito, “que todo el sediento vaya hacia el agua”, para decirnos que así como el agua parte de un lugar alto y se dirige a un lugar más bajo, también las palabras de Tora, no se mantienen sino en el hombre que se “baja” hacia el Creador…
Y el gaon rabi Moshe Atia ztz”l, de los sabios de Fes, en Marruecos, en su libro “Darash Moshe”, escribió que este es el motivo por el cual los niños pequeños comienzan a estudiar la Tora con el libro de Vaikra (y la “Alef pequeña” nos habla del que enseña a los pequeños), porque comenzamos enseñando sobre la humildad, para que los pequeños se acostumbren a esta virtud tan importante, desde su niñez, y así se hagan merecedores de estudiar y comprender la Tora.
Al respecto, nos cuenta rabenu Iosef Jaim ztz”l, en su libro “Od Iosef Jai”, el siguiente relato:
Un iehudi millonario de Bagdad, consiguió la grandeza y la Tora en el mismo lugar. Tenía una hija muy inteligente, de catorce años de edad, y pretendió que aumente su sabiduría. Para eso, contrató a un Talmid Jajam (un sabio, estudioso de la Tora) experto en el “Tanaj” (Tora, Neviim y Ketuvim), que vendría a su casa todos los días, para enseñarle a su hija durante determinado tiempo, hasta que ella sepa todo el “Tanaj” con sus comentaristas. El millonario calculó que dicho estudio llevaría unos dos años, y le pago al sabio por adelantado, con cien monedas de oro.
La hija se esmeró en su estudio, y con su rápida comprensión, en sólo siete meses ya era una experta en todo el “Tanaj”. De acuerdo al pedido de la niña, el maestro comenzó a enseñarle Guemara, y gracias a su gran deseo y esfuerzo, captaba muy bien todas las enseñanzas, hasta entender perfectamente el método de estudio del Talmud.
Así, siguió estudiando más de un año, sin que el padre supiera nada de estos avances. Después de pasados casi dos años, el millonario quiso saber en qué situación se encontraban los estudios de la hija, y para su sorpresa, la encontró sumergida en las profundidades del Talmud. Ante la pregunta, el maestro respondió: fui contratado por dos años, y recibí mi salario por adelantado. Gracias a la gran capacidad de su hija, ella terminó de estudiar el “Tanaj” en un tiempo muy corto. Acepté el pedido de la niña, para que le enseñe el Talmud en el tiempo que restaba, y en este corto período ya completó varios tratados.
El padre estaba confundido, y le dijo al sabio: le agradezco, pero hasta aquí llegó el “límite del Shabat” (como diciendo que no puede seguir adelante). Yo le perdono el tiempo que resta hasta completar los dos años que le pagué por adelantado…
La hija, no aceptó la decisión del padre, pero por respeto, permaneció en silencio. Esperó y pensó qué hacer, hasta que tomó la decisión: estudiaré escuchando, y seré sabia como Bruria (la esposa de rabi Meir).
¿Qué hizo?
Cada día, en el tiempo que el padre estudiaba Tora, se sentaba en el cuarto contiguo y escuchaba a su padre y a su compañero de estudios. Escuchaba atentamente a través de la ventana abierta al otro cuarto. Prestaba mucha atención, a las preguntas y a las respuestas. Entendía todo lo que estudiaban y en sus apuntes, escribía sus observaciones. Los padres creían que ella estaba ocupada en otros asuntos…
Pasaron años, y un día, sentada en la mesa con su padre, golpearon a la puerta. El padre se apresuró a abrir al visitante, le adelantó el saludo y le preguntó por su nombre. Contestó: me llamo “Jaim Jaim hijo de Shalom”. El padre se asombró por la duplicación del nombre, y le preguntó de qué ciudad era. Su respuesta fue: “Meair Moladteja” (de la ciudad donde naciste). Ahora ya le preguntó por una persona en especial de su ciudad, para saber por él, y el hombre contestó en forma extraña: “mira por detrás de los rimones” (granadas, como las que había en su mesa).
El padre observó la mesa. Detrás del plato de rimones había un plato con manzanas, y entendió que quiso decir que se “se hinchó su espíritu”, o sea que falleció (manzana, tapuaj… tapja es como abrirse o hincharse).
El millonario se lamentó por la mala noticia y le preguntó para qué venía y en qué podía ayudarlo. El hombre dijo que era un visitante en esas tierras y no tenía ni un centavo, que si le cayó en gracia, tal vez podía darle alguna moneda para comprar algo de comida y así revivir su alma…
El hombre llamó a la hija y le dio la orden: ve al segundo cuarto, y trae del bolsillo de mi abrigo, un dinar, para darle a este hombre. La hija fue y encontró un dinar de oro y otro de plata. Tomó el de oro y lo puso en la mesa para que el hombre lo recoja. Agradeció y se fue en paz.
Más tarde, el millonario fue a buscar su dinar de oro, y se enfureció cuando sólo encontró el dinar de plata. La hija le dijo que lo hizo con intención, porque no se trataba de un simple pobre, como suponía el padre, sino de un Talmid Jajam (un sabio), que merecía mucho más.
Cuando el padre le preguntó a la hija cómo sabía que era un sabio, la hija comenzó a responder: el hombre se dijo llamar “Jaim Jaim”, o sea “Jajam Jaim”, el sabio Jaim, porque la palabra “Jaim” tiene la misma Guematria (valor numérico de sus letras) que la palabra “Jajam”. Y lo dijo así debido a su gran humildad…
“Meair Moladteja”, el millonario pensó que era de su misma ciudad, de Batzra (en Babel), y por eso después preguntó por el estado de un antiguo amigo. En verdad, quiso decir de una ciudad de sabios, que la Tora la llama “Moladteja”, y que observe detrás de los rimonim quiere decir, como está escrito en el “Shir Hashirim”, que después de la palabra rimonim dice “Lo Iadati” (no lo sé), indicando que no sabía nada acerca de su conocido.
El millonario estaba asombrado de la sabiduría de su hija. Mandó a buscar al pobre y confirmó con alegría todas las explicaciones de la hija. Le dio al sabio varias monedas de oro y se despidió de él.
Le preguntó a la hija cómo adquirió tanta sabiduría y ella contestó “de la ventana”. Como el padre no entendió ella le explicó todo, que después de estudiar con su maestro, siguió estudiando de los estudios del padre.
El padre estaba feliz, pero de inmediato surgió la pregunta: si ella estudió lo mismo que él, ¿cómo era posible que supiera más que él? Y ella respondió que todo el mundo sabía que el padre estudiaba, pero ella estudiaba en secreto, y está escrito (Rambam, Talmud Tora 3,12) que todo el esfuerzo que se hace en secreto, aumenta en sabiduría.
Traducido del libro Otzaroteinu.
Leiluy Nishmat
Israel Ben Shloime z”l
Lea (Luisa) Bat Rosa Aleha Hashalom
Iemima Bat Abraham Avinu Aleha Hashalom